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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

lunes, 30 de enero de 2012

Respirar el mismo aire que Woody.

Por Jimmy Arias, Montreal, julio 25 de 2008

Y al fin, luego de un par de horas de espera y una larga fila, allí estaba el hombrecito menudo, enjuto, de pelo cano desordenado, y con las legendarias gafas gruesas, marco ineludible de sus ojillos de ratón acorralado. Y de ratón en el matadero, porque Woody, el gran Woody Allen, descendió del firmamento del cine mundial y osó poner su piececillo en un escenario distinto, exigente e implacable, muy lejano a sus amados sets de cine: el Festival de Jazz de Montréal.

Woody, sabiendo o tal vez no sabiéndolo del todo a lo que se exponía, después de un lobby de cerca de tres años, según los organizadores, aceptó la invitación del evento más importante del mundo de este género musical, para enfrentarse a conocedores, críticos y fanáticos del jazz, con su banda de New Orleáns, y su clarinete. Pobre Woody. Nada de cámaras, nada de argumentos, nada de claquetas,
nada de actores tras los cuales guarecerse. Solo el hombrecito gracioso de las gafas gruesas y su clarinete frente 2.300 pares de ojos y 2.300 pares de oídos comiéndoselo vivo.

El sólo, solito, evidentemente nervioso y un tanto vacilante, se entregó en cuerpo y alma a las fauces del auditorio, durante dos noches seguidas (29 y 30 de junio), con boletería agotada desde cuatro meses atrás. Y Woody sobrevivió, pero no su imagen como músico. O bueno, como músico aficionado sí sobrevivió. ¿Pero acaso qué esperaban? ¿Un virtuoso? ¿Un mago del clarinete? ¿Un visionario del jazz? Por favor, zapatero a tus zapatos, y antes estamos en deuda eterna con él, gracias a su maravilloso legado cinematográfico.

Y claro, la prensa de la ciudad le cayó al pobre Woody con todo: “le aconsejamos que se quede como director de cine”, dijo Alain de Repentigny, de La presse, el diario en francés más importante de la ciudad; “su sonido es almibarado y desprovisto de lirismo, es un amateur”, apuntó Philippe Rezzonico, de Le journal de Montréal; “lo hace bien, pero para seguir con sus amigos en el Café Carlyle de Nueva York, eso sí, se le abona  la intención”, comentó Claude Coté, de Le Journal Metro, en una nota titulada ‘Woody y los robots’.

Pero Woody siempre lo advirtió y lo repitió hasta la saciedad: “somos unos principiantes que amamos el jazz, no somos unos profesionales”, y al propio diario La Presse, en una entrevista anterior al concierto, le aseguró: “yo siento respeto por los músicos de verdad y hasta pena me da a veces estar en un concierto y enfrentar a un auditorio”.

Woody se presentó de pantalón y camisa caqui, con las mangas de esta última remangadas hasta la altura de los codos. Muy juicioso, sentado, como un buen muchacho disciplinado y aplicado, se despachó dos horas de música, sin siquiera descruzar la pierna derecha de la izquierda. A duras penas, nervioso, quizá, se tomó algún breve instante para alisarse los pliegues de su pantalón o sonrió cómplice con alguno de sus músicos. De hecho, solo habló un par de veces.“Estoy muy contento de estar aquí, gracias a todos, espero que les guste, vamos a hacer nuestro mejor esfuerzo”, y la otra, cuando presentó a los miembros de su banda, entre ellos Hedí Davis, en el banjo, y Gregg Cohera, en el contrabajo.De resto, su “mejor esfuerzo”, que desplegó por fanfarrias, aires de gospel, jazz y blues de New Orleáns, a lo largo de canciones como Down by the riverside (en el que interpretó un muy buen solo de clarinete), Over in the glory lord, Girl of my dreams y una versión de La vie en rose.

“No soy lo suficientemente músico como para llamar la atención”, dijo Woody Allen en el documental Wild Man Blues, filmado durante su gira de conciertos por Europa, en 1996. Y eso que estaba en gira, pero se equivocó, porque, fuera como fuera, llenó los dos días de concierto en el Festival de Jazz de Montréal. Eso sí, Woody no será un ‘maestro’, pero es un buen músico, divertido y, para nada, ‘chambón’, con una interpretación mucho más que ‘decente’ como algunos afirmaron.

No obstante, y siendo honestos, todo el mundo estuvo allí por la curiosidad, más que por la expectativa artística, por “respirar su mismo aire”, como afirmó (muy acertada por cierto) Kate Molleson, crítica musical de The Gazzette, el único diario en inglés de Montréal.

“No importaba el instrumento, ahí estaban sus gafas, queríamos oírlo hablar, no oírlo tocar, saber que existe, que es uno de nosotros, que ese tipo divertido y genial de Annie Hall, de Manhattan, es real…”, afirmó Molleson. Y, pese a los críticos de pergaminos, la gente disfrutó del concierto y fue cálida con Woody, nadie se salió ni le hizo el feo a su presentación.

Claro que no todo fue garrote para el gran Woody, porque, por ejemplo, Guillaume Bourgault, del diario conservador Le Devoir, lo calificó como “un clarinetista de buen nivel, concentrado y aplicado”.

Woody, en múltiples ocasiones, ha confesado que su gran sueño siempre fue ser un músico profesional, desde que oyó, a los 15 años, a Sydney Bechet en la radio. Sin embargo, le tocó contentarse solo con su ‘banda de aficionados’ porque el cine colmó casi toda su capacidad creativa, gracias a Dios. Así que, admirado y ojalá eterno Woody, no hagas caso a los críticos mala-leche y sigue almibarando nuestros oídos, pero especialmente, nuestros ojos, que seguro, sin tus películas, no, nunca, serían lo mismo.

Fuente:  ochoymedio - fundada por Germán Pardo García-Peña

sábado, 21 de enero de 2012

Los films de Woody: El Testaferro.

[el+testaferro+2.jpg] [el+testaferro+3.jpg]Woody Allen, cajero, impostor y héroe.
Entre las películas que estuvieron vedadas durante mucho tiempo al público argentino, figura “El testaferro”, de Martin Ritt, donde el gran Woody Allen circunscribe sus responsabilidades en el film al área meramente interpretativa. Compone el personaje de un oscuro cajero de restaurant convertido en falso y exitosísimo escritor, al firmar los libretos de un amigo suyo perseguido por el maccarthismo.

En su búsqueda constante de nuevas formas de expresión –índice no solo de un sano inconformismo sino también de la necesidad de quebrar moldes que pudieran tornarse esquemáticos- el talento de Woody Allen significa para el público una permanente caja de sorpresas. Luego de la brillante etapa cómico satírica, donde se imponía el histrionismo del actor-director (Bananas, Sueños de un seductor, La última noche de Boris Gruschenko, Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo…, Robo, huyo y lo pescaron), derivo a introspecciones valiosas como Dos extraños amantes, o deslumbrantes en su rigor: Interiores. En Manhattan, nuevamente su calidez e imaginación de realizador le ganaron encendidos elogios.

De alguna manera, quedaba atrás el intérprete. Simplemente, el intérprete, obediente en el acatamiento a un guion ajeno, a una dirección ajena. Desde Casino Royal –su revelación- Allen no había vuelto al rango de “soldado raso” en una producción cinematográfica. Sin embargo, ahora acepto serlo en “El testaferro” (The front), un film de Martin Ritt, con libro de Walter Bernstein, que se atrevió a dar un salto hacia el pasado para ubicar la acción, en la época de las famosas “listas negras” que se confeccionaron a inspiración del senador McCarthy. Precisamente, Woody Allen compone aquí el papel de Howard Prince, un oscuro cajero de restaurant en Nueva York, que “por debajo del mostrador” acepta apuestas llegadas para eventos deportivos.

De pronto, su vida se modifica en forma vertiginosa cuando su amigo Alfred Miller (Michael Murphy) –un escritor que ha sido incluido en la lista negra- le propone presentar libretos suyos para la televisión pero firmados con el nombre de Howard.

Este transa con el loable propósito de ayudar a su amigo, y los libretos son de inmediato aceptados. Prince debe presentarse en la emisora, donde conoce a la figura del programa, Hecky Brown (Zero Mostel), a la “script”, Florence Barrett (Andrea Marcovicci) y al productor Phil Sussman (Herschel Bernardi). La serie se convierte en un gran éxito y, desde luego, se le piden a Howard Prince más y más guiones. Llega una súbita celebridad, Florence se enamora de él, cautivada por su sensibilidad de escritor y Howard se enfunda complacido en los halagos de su falsa personalidad.



Cuando el talento debe disfrazarse

Crítica de Jorge Miguel Couselo

El director Martin Ritt se vale de la ironía para una crítica al maccarthysmo que hizo estragos en el mundo del espectáculo norteamericano. Sobre todo en diálogos filosos que revelan las tácticas intimidatorias que uso entre actores e intelectuales, “El testaferro” interpretado por Woody Allen no fue único y salvo a algunos de la desesperación.

De 1951 a 1958 el escritor Walter Bernstein, guionista de esta película, anduvo en eso de buscar testaferros que firmaran sus libretos destinados a la televisión. Estaba prohibido como consecuencia de la campaña represiva iniciada por el senador republicano Joseph McCarthy.

No fue el único en la pantalla chica o en el cine. El director Martin Ritt, y los actores Zero Mostel y Herschel Bernardi, entre otros créditos del film, integraron la lista negra confeccionada por el Comité de Actividades Anti norteamericanas y prestigiada por nombres como Charles Chaplin y Arthur Miller.

Aquella famosa caza de brujas pudo ser abordada desde la abierta protesta al reportaje de detallada fidelidad histórica. Pero Martin Ritt y Walter Bernstein prefirieron la ironía. Esta parte de un enfoque pequeño, casi ridículo. El hombrecito que muy bien interpreta Woody Allen pasa de humilde cajero y pasador de juego a personaje.

Ese rasgo exterior se lo adjudica la televisión para la cual el no cumple otro cometido que firmar y cobrar los guiones que los prohibidos no pueden suscribir. Como casi siempre suele ocurrir, los prohibidos son los mejores, de ahí el prestigio prestado de que se rodea el antihéroe.

Puestas ya en evidencia las tácticas intimidatorias que el Comité uso para presionar a artistas e intelectuales, hasta incitándolos a la delación (“es un honor ser espía de la libertad” se proclama), las cosas derivan a mayores. Debatiéndose entre el miedo, la tentación de ser confidente y la miseria, un actor se suicida. Es el único momento marcadamente patético del film, merced al extraordinario Mostel, que moriría en la vida real en seguida.

También en la mira policiaca, el testaferro no escapara a la sospecha de subversivo. De cómo reaccionara la nueva víctima depende el desenlace. No es licito aventarlo sino recalar la eficacia humorística del guion para hacerlo creíble e impactante en la figura de Allen.

Puede objetársele al conjunto una visión limitada de un ciclo intolerante cuya magnitud fue desgraciadamente extraordinaria en Estados Unidos de posguerra, con influencias y malos ejemplos hacia el exterior. A la vez no es poco que la sátira desempañe el espejo donde se han mirado los represores que en el mundo continúan. El acierto general es más de idea y libro que de realización. Los filosos diálogos, diciendo o insinuando, pesan sobre todo.

En la Argentina “El testaferro” estuvo prohibida durante cinco años.

Ficha Técnica

Titulo original: The Front
Dirección: Martin Ritt
Ayudante de dirección: Peter R. Scoppa
Producción: Robert Greenhut, Jack Rollins, Lester Persky, Martin Ritt, Charles H. Joffe
Guión: Walter Bernstein
Música: Dave Grusin
Fotografía Michael Chapman
Montaje: Sidney Levin
Vestuario: Ruth Morley
Intérpretes: Woody Allen, Zero Mostel, Michael Murphy, Andrea Marcovicci, Herschel Bernardi, Remak Ramsay
Origen: Estados Unidos
Año 1976
Género Drama, comedia
Duración 95 min.

Fuentes: Diario Clarín, Espectáculos, 30/9/79, 24/1/82 y 26/2/82


sábado, 24 de diciembre de 2011

A reirse con Woody.

Continuamos reproduciendo la historiera con Woody Allen como protagonista. Disfrutenla.




Fuente: Woody Allen, un libro de humor (1), Editorial Nueva Imagen, Mexico 1980.

martes, 13 de diciembre de 2011

Woody Allen, finalmente baja la guardia.


Woody2a

Woody Allen es uno de los cineastas más conocidos y distintivos de los Estados Unidos, pero también es sumamente difícil de alcanzar, personal y profesionalmente, debido a que una de sus actrices favoritas, Scarlett Johansson, lo describe como de una "timidez paralizante".

Rara vez concede entrevistas, incluso para promover sus películas, no aparece en programas de televisión y ha rechazado numerosas peticiones de la industria del cine para ser homenajeado o ser premiado por su trayectoria.

Sin embargo, Allen ha aceptado finalmente rodar un documental sobre su vida y carrera, de dos partes, "American Masters", documental titulado provisionalmente "En serio, divertido - El arte cómico de Woody Allen", que se estrenará el 20 de noviembre. El documental contará con clips de la vida de Allen, realizaciónes de stand-up en programas de variedades, en la década de 1960, tambien se muestra la visita a su viejo barrio de Nueva York y una muestra de clips de varias de sus películas precedentes, entre ellas "Annie Hall", "Manhattan" y "Match Point . "
 
En el documental también presenta al cineasta de 75 años, que está disfrutando de su mayor éxito, "Medianoche en Paris".

Robert Weide, quien produjo el documental y realizó varias entrevistas con Allen, dijo que tomó la persistencia durante varios años para convencer a Allen para dar una idea de su trabajo, pero finalmente lo convenció en 2008 cuando "ya era hora". El proyecto se puso de relieve el domingo en un panel de discusión durante la reunión de la Asociación de Críticos de Televisión. realizada en Beverly Hills.

"No lo puedo soportar", dijo Weide de Allen al referirse a la aversión de los cineastas a ser el centro de atención o de recibir honores. Si el Centro Kennedy se le incluye en su reconocimiento anual a los artistas, podría pasar la mayor parte de su tiempo detrás del escenario "vomitando", dijo Weide.

Pero Allen merece ser reconocido como el "cineasta independiente por excelencia", dijo Weide. "Las personas que financian sus películas no leen sus guiones, ni siquiera tienen un esquema. Lo suyo es, ofrecer sus películas en el tiempo y en presupuesto, y nadie puede meterse con eso."

También se muestra como un artista muy específico y crítico sobre su obra. Él cuenta con "La rosa púrpura de El Cairo", como una de sus películas favoritas, mientras que resta importancia a las películas más populares como "Annie Hall" y "Manhattan".

Allen no da comentarios a la dirección de sus intérpretes, una actriz que han trabajado con él, Mira Sorvino, quien ganó un Oscar a la mejor actriz de reparto por su interpretación de una prostituta con problemas, en "Poderosa afrodita", dijo que la animó a utilizar el script sólo como un modelo, y usar sus instintos para dar cuerpo a su personaje.

"Fue como ser tratada como una artista, no una artesana", dijo. "Fue muy liberador y aterrador."

la vida personal de Allen y sus relaciones con las mujeres también ha provocado críticas. Su romance y posterior matrimonio con Soon-Yi Previn, la hija adoptiva de la ex amante Mia Farrow, provocó un escándalo que dañó su carrera.

"Las controversias personales "podrían haber sido perjudiciales por un tiempo", dijo Mariel Hemingway, que fue nominada a un Oscar por interpretar a la menor de edad junto al personaje de Allen en "Manhattan". En esa película, la pareja se muestra muy sexual.

"Pero él es un genio creativo", dijo Hemingway. "Es un artista. Eso no quiere decir que no sea una persona extraña, o tome decisiones que no estén de acuerdo con uno."

Fuente: Los Angeles Times, http://latimesblogs.latimes.com/showtracker/2011/07/tca-2011-woody-allen-finally-american-masters.ht

jueves, 8 de diciembre de 2011

Woody Allen y Roberto Benigni, la nueva pareja.

Por Ricardo Albillos
Woody Allen filma su nueva comedia, "Bop Decameron”, en 69 lugares distintos de Roma, en lo que parece un homenaje a la capital italiana.

El actor italiano Roberto Benigni (i) durante el rodaje de la película "Bop Decameron" en Roma, Italia. Foto EFE

Madrid, España.- Benigni y Allen son una nueva pareja cinematográfica. El actor italiano da vida a Leopoldo Pisanello, un hombre de mediana edad que, sin esperarlo, pasa a ser famoso y perseguido por los paparazis, algo muy común entre las celebridades de hoy en día y que recuerda a los famosos fotorreporteros de Federico Fellini, cuando perseguían a la espléndida Anita Ekberg por las calles de la Roma en blanco y negro de “La dolce vita” (1960).

Y es que, en cierto sentido, esta nueva película de Allen pretende ser, como ha reconocido el propio director de “Midnight in Paris”, "un homenaje a Fellini y a otros grandes directores italianos", además de a la propia Roma.

Igual que en aquella película de 1960 protagonizada por Marcello Mastroianni, en ésta el nuevo “famoso”, Roberto Benigni, es perseguido por periodistas y fotógrafos, como en la secuencia que hace unos días se rodó en la céntrica plaza de "Campo dei Fiori".

Gracias a este rodaje tan vivo, de un escenario a otro, de una recóndita plazoleta a otra, del Campo de Fiori, al museo del Ara Pacis, este verano las calles de Roma han cobrado un nuevo brillo porque se han vuelto a convertir en un improvisado plató.

Desde el pasado 11 de julio, Woody Allen rueda el filme "Bop Decameron", inspirado libremente en cuatro episodios del “Decameron”, de Giovanni Boccaccio, y el equipo prevé terminar de grabar a finales de agosto.

Entre el sinfín de lugares romanos donde ya han rodado, por ejemplo se pudo ver al director estadounidense en el museo del Ara Pacis presenciando un desfile de modelos, tocadas con velos y cónicas pelucas de flores.

El personaje al que da vida Benigni se encuentra allí con una chica, cuando descubre a un numeroso grupo de periodistas que intentan fotografiarle. En ese momento, el italiano sale corriendo e intenta huir por las estrechas calles del centro histórico romano, pero se topa con una procesión religiosa que le impide continuar el paso. Finalmente, consigue alcanzar una gran limusina que le aleja momentáneamente de sus perseguidores.

Entre el elenco de famosos que intervienen en la cinta, destacan también Alec Baldwin, Ornella Muti, Ellen Page o Jesse Eisenberg, protagonista de “Red social”, así como la española Penélope Cruz, con quien Allen ya había trabajado en "Vicky, Cristina, Barcelona", lo que le valió un Óscar a la intérprete.

SIEMPRE ROMA

Antes del comienzo del rodaje, el director neoyorquino reconoció que "Roma es una ciudad bellísima". Para buscar los lugares donde filmar visitó el Campidoglio, sobre una colina romana, un edificio precedido de una escalinata y una plaza diseñada por el artista italiano Miguel Ángel: "Estas vistas son un espectáculo, un sueño. Son fantásticas, de verdad", advirtió Allen.

Ésta es la primera vez que el estadounidense ambienta una película en Roma, después de haberlo hecho en otras grandes ciudades europeas, como Londres o Barcelona. No obstante, Allen conocía ya el interior del Campidoglio, porque en el año 2002 interpretó allí el clarinete con su banda de jazz "New Orleans Jazz Band Live".

Después, de visitar una escuela de cine de Roma, llamada Centro Experimental de Cinematografía, el director de “Annie Hall” aconsejó a los jóvenes alumnos dejar de lado las reglas y seguir el instinto de cada uno. "Chicos, seguid vuestro instinto, intentad entender qué cosas necesitáis, olvidaros de las críticas o de las cosas que os digan en la escuela y seguid hacia delante", señaló, para después añadir que "el resto es suerte".

Con “Bop Decameron”, Allen quiere ser fiel a sus propios hábitos de trabajo, por lo que el filme podría estar preparado para primavera y listo su estreno, quizás, para el Festival de Cine de Roma de 2012.


Fuente: Diario Vanguardia de Mexico http://www.vanguardia.com.mx/woody_allen_y_roberto_benigni,_la_nueva_pareja-1074311.html

martes, 29 de noviembre de 2011

Los actores de Woody: Lou Jacobi.


El actor Lou Jacobi, falleció el 23 de octubre a la edad de 95 años. Apareció en Broadway y en películas que van desde Irma la Dulce a Mi año favorito.



Lou Jacobi nació Louis Harold  Jacobovitch el 28 de diciembre de 1913 en Toronto. Empezó a actuar a una edad temprana, aparece en El rabino y el sacerdote en un teatro de Toronto en 1924, fue un niño prodigio del violín. Como adulto, trabajó como director de teatro de la YMHA Toronto, director social en un centro vacacional de verano, comediante, y como entretenimiento en funciones tales como despedidas de soltero y bodas. Jacobi fue a Londres, donde apareció en Guys and dolls, musicales americanos y Pal Joey. En 1952, fue parte de una actuación en el London Palladium.

Jacobi realizó su debut cinematográfico en la película británica de 1953, Es su luna de miel realmente necesaria. Hizo su debut en televisión en un episodio de Douglas Fairbanks Jr. Presenta en 1953. Fue en 1955 que hizo su debut en Broadway, interpretando el Sr. Van Daan en El Diario de Ana Frank. Que repetiría en la adaptación cinematográfica de 1959. Ese mismo año actuó en Broadway en la obra El décimo hombre.




Jacobi se mantuvo ocupado en los años sesenta. En el cine apareció en Irma la Dulce, El último de los agentes secretos, Penelope y Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar. En televisión como estrella invitada en The Defenders, El agente de CIPOL, y Esa chica. En Broadway apareció en Come Blow Your Horn, Fade Out - Fade In y No bebas el agua. En los años setenta apareció en películas como Harlem, Barrio bohemio, Roseland, y El mago de Lublin. En la televisión fue principal intérprete en el programa de televisión Iván el Terrible en el verano de 1976. También fue estrella invitada en el show de Dean Martin, El noviazgo del padre de Eddie, Love American Style, Barney Miller, y Sanford and Son. En Broadway apareció en Norman es que tú, Héroes insólitos, The Sunshine Boys, y Los tramposos.

En los años ochenta apareció en las películas Chu Chu y el flash de Filadelfia, Mi año favorito, Littlefeathers Isaac, y La esposa del jefe ". Actor principal en la serie Melba 1986, y fue estrella invitada en Demasiado cerca para la comodidad, San Elsewhere. Otra parte, y LA Law. Fue en los años noventa que hizo su aparición en la última película, en No compro besos más y Coeficiente intelectual




Lou Jacobi era un actor versátil capáz de jugar muchos papeles. Él podía interpretar a un genio, como amigo de Albert Einstein, en Coeficiente intelectual o alguien menos que honorable, como el señor Van Daan en El Diario de Ana Frank. En su carrera interpretó caracteres cómicos y étnicos, papeles dramáticos con la misma facilidad. En pocas palabras, él era uno de los mejores personajes de la última parte del siglo XX.

Largometrajes

IQ (1994), Kurt Gödel.
No compro besos ANYMORE (1992) como abuelo.
Avalon (1990) como Gabriel Krichinsky.
Amazonas en la Luna (1987) como Murray.
Littlefeathers Isaac (1987) como Abe Kapp.
El Boss 'Wife, (1986), Harry Taphorn.
El Lucky Star,  (1984) como Elia Goldberg.
Mi año favorito (1982) como el Tío Morty.
Arthur (1981) como dueño de la planta de almacenamiento.
Chu Chu y el flash de Filadelfia (1981) como propietario.
Mejor tarde que nunca (1979), Milton Cohen.
El mago de Lublin,  (1979), Wolsky.
Roseland (1977) como Stan.
Barrio bohemio (1976) como la hierba.
Café, té o yo? (1973) como camarero.
La Juez y Jake Wyler,  (1972) como el teniente Wolfson.
Little Murders (1971) como juez severo.
La batalla de Retorno del amor (1971) como cabeza parlante.
Algodón en Harlem (1970), Goodman.
Penélope (1966), Ducky.
Irma La Dulce (1963) como bigote.
Sueño de amor (1960), Potin.
El diario de Ana Frank (1959) como el Sr. Hans Van Daan.
Un chico para dos cuartos (1956) como Blackie Isaacs.

Especiales

juicio de Adolf Eichmann, El (1997) como la voz del juez Yitzhak Raveh.
Deep Dish TV (1990) como Floyd Miller.
Old Reliable, El (1988) como Jacob Glutz.
Día de los Niños se hizo cargo, El (1986) como el alcalde de R Van Winkle.
Arena, La (1986) como "Stormtrooper" Bernie Sagowitz.
San Pedro (1981) como Max.
Retaguardia (1976) como Raskin.
Allan (1971) como Harold Fisher, padre.

jueves, 17 de noviembre de 2011

La entrevista.

 Entrevista. Woody Allen Entrevista. Woody Allen

Lleva 30 años haciendo películas (acaba de rodar la vigesimooctava) y proyectando a través de ellas sus obsesiones, neurosis y ansiedades. Pero, a pesar de haber creado a partir de sí mismo el personaje ficticio de más larga trayectoria en la historia del cine, niega parecerse a sus alter egos fílmicos. El pasado diciembre cumplió 62 años y se casó por tercera vez. Cuatro días antes de su enlace con Soon-Yi Previn, y en una suite del Hotel Palace barcelonés, Allen desprendía seriedad, autoconfianza e imperturbabilidad. Genial cineasta prolífico y hombre público de reciente perfil controvertido, su discurso y talante radian serenidad. 

Pregunta.-Lleva cinco años siendo protagonista de noticias escandalosas alimentadas por los medios sensacionalistas. Sin embargo, no ha dejado de trabajar. ¿No logra el escándalo afectar a su vida profesional y personal?
Respuesta.-No. Y, al principio, fui el primer sorprendido. No sé si llamarlo virtud, pero he llegado a saber compartimentar las cosas de una manera incluso sorprendente para mí. Esto me ha permitido no alterar mi vida en base a lo que algunas personas poco honestas y cierta prensa han dicho o publicado sobre mí. Considero que la acción es un antídoto para la ansiedad. De alguna manera, he podido seguir haciendo mis películas y mi música, he ido a juicios para defender mis derechos ante mis hijos y, aunque me considero víctima de una injusticia judicial, he continuado mi vida habitual. 

P.-¿Cómo es un día habitual en su vida?
R.-Tranquilo, quizá incluso le parezca aburrido. Escribo todos los días, sin excepción. Bueno, sí. Una, ayer, en París. No pude escribir por dos razones: un constipado y tener que coger un avión a Barcelona. Por lo general, me levanto no muy tarde y trabajo. Escribo, salgo a comer, practico mi música, vuelvo a escribir, veo algún partido interesante, si lo hay, en la televisión o en alguna cancha, y no hago ningún tipo de vida pública. No soy una persona social. 

P.-Los dos últimos personajes que ha creado para sí mismo, el Joe Berlin de Todos dicen te quiero, y Harry Block de Los secretos de Harry, han sido escritores. El último, en pleno bloqueo creativo. ¿Ha sufrido algún estado mental parecido?
R.-Nunca, jamás, no sé lo que es. Sólo recuerdo haber sufrido pánico escénico el primer día, fue en 1960, en que escenifiqué mi primer one man show en el club Blue Angel, de Nueva York. No vomité, pero no pude comer en todo el día. Pero, desde hace 40 años, escribo todos y cada uno de los días de mi vida. Escribir es mi vida. Y siempre escribiré. Nadie va a lograr que me detenga. 

P.-El público tiende a relacionarle con los personajes que interpreta, como si sus películas fueran episodios autobiográficos. ¿Cuánto hay de cierto en ello?
R.-Una película es un acto creativo, y ésa parece ser una idea a la que no mucha gente parece acostumbrarse. Las relaciones que he descrito con mujeres no son las mías... en su totalidad. O cuando un personaje va al psiquiatra, es una parte de la narración. Parece que hay que hacer un esfuerzo de imaginación suplementario para no relacionarme con todos mis personajes.

P.-Sin embargo, ¿considera Los secretos de Harry una de sus películas más personales?
R.-Harry habla por mí, lo hace en mi nombre: sus ideas filosóficas, sus pensamientos acerca de las relaciones entre la gente, sus opiniones sobre la religión judía o las demás religiones... todo lo que dice a lo largo de la película expresa mis sentimientos más profundos acerca de las cosas que pienso. Pero, esto ocurre también en la película que acabo de rodar, Celebrity. Lo que ocurre es que Harry no es como yo: yo no vivo su vida. Si lo hiciera, con todo ese ajetreo de mujeres, alcohol, sabotajes sentimentales, pastillas, mentiras y traiciones emocionales, no tendría tiempo para crear. Es un personaje muy extremo y por eso, divertido. Pero, filosóficamente habla por mí. 

P.-Harry Block es neurótico, infiel, creativo, mujeriego... ¿No teme que el público pueda establecer afinidades entre usted y el personaje que interpreta?
R.-En primer lugar, no quise interpretar el papel, en absoluto. Busqué a los actores que me parecían idóneos para el personaje: Dustin Hoffman, Elliott Gould, Robert de Niro, Robin Williams, Albert Brooks... pero todos estaban de gira o en otra película. A mi pesar, me tuve que contratar. Soy el último actor en el que pensé, lo cual no me convierte en el más idóneo. Y, en segundo lugar, no soy en la vida real lo que parezco ser en el cine. Los personajes que creo para mí tienden a ser exagerados para resultar graciosos. En esta película soy cobarde, histérico, nervioso, incompetente y neurótico. Y en la vida real... sólo comparto algunos de esos defectos.

P.-¿Es cierto que quiso subtitular la película, El peor hombre del mundo?


"Mi prioridad ahora es el amor, es la mujer que está conmigo, Soon-Yi Previn
R.-Sí, porque es un tipo desagradable, vacío, superficial y obsesionado sexualmente. Aunque él, en su defensa y cuando una de sus mujeres le acusa de ser el peor hombre de mundo, dice que es el cuarto en la lista, tras Hitler, Goebbels y Goering. 

P.-Su humor es muy cruel, ¿hasta dónde puede llegar y qué es capaz de sacrificar por un buen chiste?
R.-Cualquier cómico profesional de cabaret, cine, teatro o televisión aspira a llegar muy lejos por un buen chiste, por alcanzar la carcajada de su audiencia. Yo suelo ir extremadamente lejos, aunque escribo líneas que no pretendo que hieran. Pero suelo ir muy lejos, sobre todo si soy yo el personaje central y los chistes son sobre mí. Aspiro a crear carcajadas, pero lo único que quiero evitar es insultar la inteligencia del público. 

P.-Al igual que usted, Harry se relaciona con numerosas mujeres bellas, inteligentes y jóvenes.
R.-Las mujeres de la película son mucho más superiores que él. Son jóvenes, inteligentes, competentes, estables y fuentes de su inspiración. Pero, les hace algo terrible, convertirlas en sus víctimas, algo que no puede evitar por el componente autodestructivo de su carácter. En mi vida personal, siempre he encontrado a las mujeres más fiables, sustanciales y con mayores contenidos que los hombres. Y también, por lo que observo alrededor de mí, sienten una mayor afinidad con la vida que los hombres. De hecho, mis mejores y más largas relaciones de amistad, las mantengo con mujeres. . 

P.-Usted ha sido comparado con Chaplin en genio y en lo prolífico. Ambos comparten haber creado en plena libertad y con el control absoluto sobre sus obras.
R.-Le considero un creador infinitamente superior a mí. En mi caso, me siento afortunado. Puedo hacer la película que quiero, con el total control sobre todo. Puedo hacer una comedia o un drama y elegir a los actores. Todo eso gracias a un grupo de gente que me da apoyo y libertad, y yo no he hecho nada para merecerlo. Me ha sido dado por personas llenas de generosidad.


"Me considero víctima de una injusticia judicial"
P.-¿Ve sus películas antiguas?
R.-No las he vuelto a ver, sobre todo aquellas que realicé en los años sesenta. Me resultaba una experiencia brutal, siempre pensando en que querría rehacerlas, para mejorarlas. Si pudiera, de cada una de ellas cambiaría diez escenas que hoy me resultan embarazosas. Dejar de verlas me evita sentirme deprimido durante semanas. 

P.-Los estrenos de sus películas son acogidos como eventos y tiene un público extraordinariamente fiel.
R.-Es algo que no me explico. Yo he tratado justamente de que ocurriera lo contario: de que ninguna película mía fuera un acontecimiento. Yo simplemente amo hacer una película. No leo las críticas ni sigo los resultados en taquilla. Las hago, las dejo a un lado e intento hacer otra. En eso es en lo que encuentro el máximo placer. El resto no es más que incertidumbre y azar. 

P.-¿Qué es el éxito para usted?
R.-Poco menos que nada. El éxito aporta menos alegría de lo que se piensa, está sobrevalorado. En cuanto al fracaso, tampoco es tan terrible como se dice. Por eso, lo que hago es concentrarme en el trabajo. Yo ruedo una película, la estreno y hay gente que va a verla. A veces me preguntan, ¿cuál es su público? Jamás lo he sabido. 

P.-¿Con qué se quedaría si se viera obligado a elegir entre el trabajo y el amor?
R.-Elegiría... nunca he sido un perfeccionista, al contrario, soy un imperfeccionista y el trabajo no ha sido nunca mi prioridad. Trabajo mucho, pero tengo otras prioridades. Pero, ciertamente, el amor es para mí personalmente más prioritario que el trabajo. Mi prioridad ahora es el amor, es la mujer que está conmigo.

P.-Usted ha permitido en el documental Wild Man Blues filmar su relación privada con Soon-Yi.
R.-Sí, porque es mi mejor relación, la más armónica, tranquila y feliz que he tenido nunca. Ella es una mujer estupenda que me hace muy feliz.

Fuente: Revista El mundo, España,  http://www.elmundo.es/magazine/num117/textos/entrevista1.htm