Datos personales

Mi foto
Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

domingo, 29 de diciembre de 2013

¿Qué pasa, Pussycat?, amargo debut cinematográfico.


http://da.feedsportal.com/r/148658781087/u/49/f/502949/c/32665/s/2573bb4f/a2.imghttp://pi.feedsportal.com/r/148658781087/u/49/f/502949/c/32665/s/2573bb4f/a2t.img
 
Woody Allen es uno de los cineastas más conocidos, imitados, respetados y admirados del planeta. También uno de los más activos, estrenando una película por año, algo digno de elogio teniendo en cuenta su edad (nació el 1 de diciembre de 1935) y que escribe sus propios guiones. Debutó como director en 1969, y lo hizo para evitar que se repitiera la mala experiencia de su primer trabajo en el cine, como guionista y actor en ‘¿Qué pasa, pussycat?’ (‘What´s New, Pussycat’, Clive Donner, 1965).
Me consta que para mucha gente, Allen es uno de esos “autores” (léase con tono despectivo) que cuentan con el apoyo casi incondicional de la crítica y un público intelectual, que de vez en cuando hace algo que también gusta al resto de los mortales; casi por azar, añadirían algunos. Sin embargo, este (desproporcionado) retrato no comenzó a dibujarse hasta el estreno de ‘Interiores’ (‘Interiors’, W. Allen, 1978), con el que el neoyorquino se esforzó por acercarse al estilo de su cineasta favorito, Ingmar Bergman. Era su séptimo largometraje como realizador y trató de hacer algo diferente, distanciándose de la legión de seguidores que fue acumulando durante su etapa cómica.

 
 
Allan Stewart Konigsberg comenzó a ganar dinero ya en su etapa de instituto, enviando chistes a diferentes periódicos de Nueva York con el alias de Woody Allen. Trabajó para una agencia de publicidad escribiendo frases ocurrentes que se ponían en boca de celebridades, fue guionista y cómico invitado en diferentes programas de televisión, grabó discos con sus mejores chistes y realizó giras por diferentes capitales de EE.UU. con sus espectáculos de “stand-up comedy” (o monologuista). Era una estrella cuando le ofrecieron entrar en el mundo del cine. ‘¿Qué pasa, pussycat?’ iba a suponer una estimulante colaboración entre Allen y Warren Beatty, autor de la idea original —y del título, que era su frase para ligar—, pero los productores se apoderaron del proyecto y lo condujeron en la dirección que se les antojó.
Beatty abandonó el barco cuando Allen se vio obligado a reescribir el guion para incluir las sugerencias y exigencias de los señores que ponían la pasta, quedando el papel de sufrido Don Juan en manos de Peter O’Toole, al que se sumó el genial Peter Sellers y un plantel de hermosas actrices encabezado por Romy Schneider, Paula Prentiss, Ursula Andress y Capucine, que por aquel entonces era la novia de uno de los productores. Echando la vista atrás, Allen solo tiene buenas palabras para sus compañeros de reparto, el director y la ciudad de París, donde filmaron —ahí se plantó la semilla para ‘Midnight in Paris’ (2011)—, pero acabó harto de que modificaran y destrozaran su guion para hacer la película más accesible y comercial, llegando a ser la única vez en toda su carrera que insultó a alguien durante un rodaje (al productor Charles K. Feldman).

Capucine, Andress, Schneider, Prentiss
Sellers, O'Toole y Woody
 
Sobre ‘¿Qué pasa, pussycat?’, Allen ha declarado que si se hubieran ceñido a su guion, “sería el doble de divertida y habría recaudado la mitad“. Efectivamente, fue un éxito de taquilla, lo que le ayudó a seguir trabajando en el negocio y optar a nuevas oportunidades, a pesar de que para él había sido una experiencia desagradable (no olvidemos que idolatra el cine europeo, más artístico que el industrial de Hollywood). Estoy convencido de que la película habría sido más ingeniosa conservando el texto de Allen (hay situaciones y diálogos hilarantes donde se nota claramente su firma) y comprendo su rechazo personal hacia el film, pero el resultado final no es ni mucho menos un trabajo despreciable. Y es que solo por las tronchantes escenas donde interviene Sellers (la del poema bajo el balcón es de carcajada) ya merece la pena ver ‘¿Qué pasa, pussycat?’.
La trama no tiene complicación, O’Toole da vida a una versión cómica y elegante de un adicto al sexo, que desea reprimir sus impulsos para poder casarse con la mujer que supuestamente ama. Para ello acude a la consulta del Dr. Fassbender, interpretado por Sellers; el problema es que el psicoanalista es un absoluto perturbado y solo agrava los problemas del protagonista, que a su pesar va acumulando conquistas mientras aparenta formalidad y compromiso hacia su pareja. En cuanto a Allen, se limita con el personaje de Victor a componer el nervioso, cobarde y torpe tipo desafortunado con las mujeres que esperaban de él. La única labor de las actrices es resultar atractivas y mostrar deseo ante las miradas seductoras de O´Toole, así que cumplen. Cabe destacar un divertido cameo de Richard Burton pero si uno pestañea se lo pierde.
Realizada con escasa imaginación, con una puesta en escena enfocada por completo a lucir a los actores, la película cumple su propósito como ligero y simple entretenimiento al alcance de cualquiera, con Sellers y Allen encargados de hacer reír mientras O´Toole y sus “pussycats” se ocupan de que suba la temperatura. Hay que tomársela como lo que es y verla con el ánimo adecuado, porque si esperas que te alegre un mal día o que te mantenga pendiente de la pantalla de principio a fin, te has equivocado de título. Para terminar, a continuación os dejo con un extracto de la descacharrante conversación que mantienen el Dr. Fassbender y Victor en una escena en la que el primero intenta poner en marcha un extravagante suicidio y el segundo (que celebraba un triste 29º cumpleaños, justo el día que los cumplía realmente Allen) lo interrumpe para contarle su gran problema sentimental…
 
 
Woody junto a Romy Schneider y Peter O'Toole
 
 
- Estoy enamorado de una chica y ella no me ama, ama o otro tipo. Y yo estoy en medio.
- Ya veo. Sí, sí…
- ¿Qué cree que debería hacer?
- Bueno, ¿porque no se compra un coche deportivo?
- ¿Un coche deportivo?
- Si, un pequeño y bonito biplaza. Francés, alemán, italiano. Y va por ahí “BROOOM”. Usted sabe, a ellas les encanta. Signo de virilidad masculina. Tal vez necesite dos, quizá.
- No sé conducir.
- Bueno, atropella a unas cuantas personas. Lo principal es que consiga la chica. Eso es lo único que importa.
- ¿Sabe?, para ser doctor, suena terriblemente poco ético.
- ¿Poco ético? ¿Qué demonios me importa la ética? Mi padre, el más querido ginecólogo de Viena, mientras se lo llevaban por exposición indecente en la Sala de Opera Estatal, dijo, y cito: “Por favor no me lleven, no lo volveré a hacer.”
- Brillante cita.
- Era un brillante pervertido.
- Oiga, es mi cumpleaños.
- Eso ya me lo dijo.
- ¿Podemos volver a él?
- ¿Qué pasa con mi funeral?
- Hagamos su funeral primero, luego mi cumpleaños.
 
Fuente: Blog de cine.

 

martes, 19 de noviembre de 2013

Nueva York según Woody Allen, segunda parte.


Woody y Central Park: una historia de amor
El repaso a Manhattan vista a través de los miopes ojos de Allen se adentra en los noventa hasta llegar a hoy. La ciudad cambia pero las historias siguen girando alrededor de los temas que indefectiblemente identificamos con él; la diferencia es que ahora podemos disfrutar de restaurantes y cines que siguen abiertos y tomarle el pulso a cómo funcionan sus neuróticos personajes en entornos que nos son más familiares. 
MARIDOS Y ESPOSAS
Tan devastadora como divertida, la cámara de esta volcánica obra se mueve nerviosa por espacios en los que la realidad y la ficción estaban confundiéndose peligrosamente. Hay pocos exteriores, pero destaca el Dean and Deluca de Prince Strett en el que quedan Judy Davis y Mia Farrow para hablar de sus respectivos matrimonios o la universidad de Columbia a la que acude Juliette Lewis en otro lolitesco papel de su carrera.
MISTERIOSO ASESINATO EN MANHATTAN
“Siempre que escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia”, una de esas frases que el director ha dejado para la historia, se pronuncia en esta película cuando los protagonistas salen de un concierto en el Lincoln Center. El apartamento maravillosamente decorado de los protagonistas (y su homicida –o no- vecino) está en el 200 de la calle 78 (puro Upper East Side), y es en ese mundo adinerado por donde se mueven los protagonistas: la obsesionante idea de que su vecina ha sido asesinada acompaña a Diane Keaton hasta un partido del hockey en el Madison Square Garden, al National Arts Club (desde donde ve a la presunta fallecida a bordo de un autobús) o al club 21, donde ella y su marido Larry llevan a cenar a su hijo y terminan encontrándose con una pletórica Anjelica Huston. El ficticio Hotel Waldron es en realidad el Hotel 17, en cuyo ascensor tiene lugar otra escena clave que también dejó su frase alleniana de rigor: “Claustrofobia y un cadáver, ¡el colmo de un neurótico!”

Misterioso asesinato en Manhattan
Misterioso asesinato en Manhattan
DISPAROS SOBRE BROADWAY
Para rodar esta historia ambientada en los años 20 sobre cómo el talento está en los sitios más inesperados, el director tiró de localizaciones art decó como el Hotel Edison, el teatro Belasco o el New Yorker Hotel; el escénico escenario junto a las vías del tren era el ya desaparecido Commodore, en Williamsburg. Por todos ellos –y obviamente por un Broadway lleno de carteles luminosos- se pasean coristas de voz chillona, mafiosos y divas del teatro sobredimensionadas soltando one-liners lapidarios.


Balas sobre Broadway


PODEROSA AFRODITA
Cómo no adorar una comedia que tras finalizar con la aparición de un Deux ex machina literal junta en su epílogo a los protagonistas en una tienda de juguetes? La tienda no podía ser otra que la FAO Schwarz (archifamosa por albergar el piano de Big), y los protagonistas son Mia Farrow -interpretando a una prostituta de voz de pito y corazón de oro- y Woody Allen –interpretando a Woody Allen una vez más-. Anteriormente les hemos visto en las carreras de caballos de Belmont Park o paseando por Central Park. Y aunque no esté en Nueva York y ni siquiera en el mismo continente, no se puede hablar de esta película sin mencionar el teatro griego de Taormina, donde un coro clásico tiene mucho que decir sobre los peligros de tentar al destino.


TODOS DICEN TE QUIERO

Todo lo demás
Todos dicen te quiero.
Aquí Allen decidió darse el capricho de rodar un musical con sus canciones favoritas y localizarlo en lugares predilectos del mundo –París, Venecia y obviamente NYC-. En la parte neoyorquina es una delicia contemplar Central Park a través de las cuatro estaciones y ver a sus muy pijos personajes de Park Avenue enamorarse a ritmo de números musicales que incluyen uno con gafas y bigote a lo Groucho Marx. Una celebración de la vida cuyo optimismo se extiende a Goldie Hawn colaborando con el Met, a Edward Norton comprando un anillo de compromiso en Harry Winston, a la adolescente Natalie Portman ligando en el E.A.T e incluso hasta un número musical en una sala funeraria en el 1076 de Madison Avenue en el que los muertos nos invitan a disfrutar del tiempo que nos queda.

LOS SECRETOS DE  HARRY
En esta historia de ficciones dentro de una ficción, la escena en la que Robin Williams descubre que es un actor desenfocado tiene lugar durante un rodaje en la Bethseda Terrace de Central Park (sí, de nuevo Central Park).
Si la cosa funciona
Si la cosa funciona

CELEBRITY
Allen se ríe de sí mismo hablando de “esos snobs directores que hacen películas en blanco y negro llenas de flashbacks” en esta reflexión llena de cinismo sobre lo absurdo de la fama y la suerte. Entre flashbacks y tiempo real, vemos el Elaine's Restaurant (ya desaparecido), el cine Ziegfield, el Stanhope Hotel (escenario del subidón de Leonardo di Caprio), la salida del metro de Franklin Street (donde propone una cita Winona Ryder) y a Charlize Theron fumando ante el puente de Queensboro o luciendo peluca al salir de los Cherokee Apartments. En una de las escenas más recordadas, Kenneth Branagh corre hacia el embarcadero de la zona más sur de la ciudad pero llega tarde: el barco ha salido ya y su ex novia arroja el único manuscrito de su novela a la aguas del Hudson.
LADRONES DE MEDIO PELO
La pareja protagonista pasa de vivir en un pisucho de New Jersey a establecerse en un apartamento de Park Avenue decorado como la casa de Juan Antonio Roca gracias a una exitosa tienda de galletas situada en el Upper Manhattan, en la calle 145. El camino hacia el refinamiento que emprende Tracey Ullman de la mano de Hugh Grant pasa por aprender de arte en el Metropolitan (qué mejor lugar para hacerlo) o revisar sus conocimientos literarios en Washington Square. Al personaje de Woody Allen le siguen tirando más calles donde hacer sus chanchullos, como la Doyers de Chinatown, que ya había lucido escaparates años atrás en “Alice”.
  
Granujas de medio pelo
Ladrones de medio pelo.

UN FINAL MADE IN HOLLYWOOD
Es muy meta que el director interpretado por Woody Allen discuta con su equipo de rodaje la idoneidad de la Bethesda Fountain de Central Park cuando el Allen real la ha empleado tantas veces en sus películas. Más juegos entre realidad y ficción se dan cuando el director propone filmar la película en blanco y negro, porque así es como hay que filmar la ciudad (Manhattan, guiño-guiño) en una suite del Hotel Plaza. Se luce también famoso restaurante Balthazar y repite el Café Carlyle, indisoluble ya de la figura del director, con o sin ceguera.
LA VIDA Y TODO LO DEMÁS
Central Park alberga las charlas maestro-alumno entre Woody Allen y Jason Biggs, normalmente sobre Amanda, el personaje interpretado por Christina Ricci que trae de cabeza al joven desde que tuvo un flechazo con ella al salir de Les Pierres Antiques (en la esquina de Bleecker Street y Charles Street). A lo largo de su tumultuoso romance asisten a un concierto de Diana Krall en el Vanguard, van al cine en el Quad, comen en Sant Ambroeus o tienen citas clandestinas con final catastrófico en el Hotel The Warwick. Con todo, la cita con peor final es la que tiene Jason Biggs con Danny de Vito en el Isabella’s. Todo un ejemplo de cómo tomarse mal un despido.
MELINDA Y MELINDA
Para esta ciclotímico experimento sobre la misma historia en versión comedia y en versión drama, el director despliega todo un arsenal de clásicos modernos neoyorquinos: es en una sobremesa en Pastis sonde se cuenta la anécdota que da pie a la historia; Melinda y sus amigas de infancia conversan por el Bow Bridge de Central Park; repiten aparición las carreras de caballos de Belmont; aparecen cafés famosos como el Boulud o el Gitane; los personajes de la parte dramática van al cine en el Town Hall, mientras que los de la comedia prefieren el más informal Cinema Village. Hay que darse prisa para ver otra de sus localizaciones funcionando: Archangel Antiques, donde el personaje de Will Ferrell encuentra una lámpara mágica, cerrará sus puertas en 2014.
SI LA COSA FUNCIONA
Hasta el momento la última (esperamos que la naturaleza sea benigna y haya muchas más) incursión de Woody Allen en su adorada ciudad, esta historia de romance anciano+jovencita tiene una estupenda combinación de sitios trendy con clásicos que nunca fallan, como si el director quisiera resarcirse de los años sin rodar en la ciudad. Larry David se reúne con sus amigos para despotricar sobre el mundo en el Café Vivaldi antes de que irrumpa en su vida Evan Rachel Wood, a la que descubrirá los encantos de la comida judía de Yonah Schimmel y con la que terminará casándose en el Ayuntamiento de la ciudad. Cuando ella recibe la visita de su madre hacen un poco de turismo mainstream a bordo de un autobús turístico, ofreciéndonos tomas del museo de cera, del edificio de la ONU o de Times Square. El café Mogador, los mercadillos callejeros y el Uniqlo son buenos lugares para que la joven flirtee con Henry Cavill a espaldas de Larry David. Pero no hay que temer: el final feliz está a la vuelta de la esquina. *
BLUE JASMINE 
No tenemos el gusto de encontrarnos de nuevo ante una película de Woody Allen ambientada en Nueva York, pero aunque aquí el escenario principal es San Francisco, vemos partes de la ciudad a través de flashbacks de la vida anterior de la protagonista. Y sabemos qué significa eso: Upper East Side y tiendas exclusivas.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

New York, segun Woody Allen, primera parte.


Mítico puente de Queensboro visto desde Sutton Square

De las infinitas versiones de la ciudad que se han mostrado en el cine, la de Woody Allen es una de las más reconocibles y paradigmáticas: una Nueva York llena de cines, restaurantes maravillosos, personajes en una constante montaña rusa emocional y fiestas con intelectuales.
No es la verdad absoluta ni más ni menos auténtica que las obras que nos muestran una ciudad oscura, peligrosa o fría, pero si tuviésemos que quedarnos a vivir en una encarnación cinematográfica neoyorkina, nos mudaríamos inmediatamente a una que empieza con créditos en blanco sobre fondo negro y en la que sólo suena jazz o música clásica. Qué fácil es tomar decisiones a veces.
ANNIE HALL
La primera película del nuevo Woody Allen que llegó para quedarse en 1977 (tan distinto del de “las primeras películas, las divertidas”, como machaconamente le recuerda el público en “Recuerdos”) es también un punto de inflexión en su relación con Nueva York y la primera vez que la ciudad se convierte en eso tan cacareado de “un personaje más”. El protagonista, Alvy Singer, es neurótico y orgullosamente neoyorkino, y añorará profundamente la ciudad en su experiencia en la hedonista, soleada y cocainística California.
El director comenzó aquí a sentar las bases de esa nuevayork woodyalleniana que habita en el inconsciente colectivo, pero muchos de los lugares que ayudaron a crear ese ambiente en su mayoría ya no existen -básicamente porque la película es de 1977 y eso en Nueva York es una eternidad-. El South Street Seaport en el que se besan los protagonistas (beso que tendrá un eco con los mismos actores en Manhattan) ha cambiado mucho: se mantienen las increíbles vistas al puente de Brooklyn pero el resto de la zona, con el Pier 17 convertido en un lugar de ocio más que de atraque de barcos, es otro mundo.

Secuancia de Anni Hall
Secuencia de Annie Hall.
Cerró el Wall Street Racquet Club en el que tras jugar al tenis se conocían Annie y Alvy; la montaña rusa Thunderball de Coney Island que dio lugar a la personalidad nerviosa del protagonista fue demolida y, ay, muchos de los cines de esta película en la que los personajes van constantemente al cine han desaparecido. Se mantienen pese a los achaques el Paris Theater, junto al Hotel Plaza, y sobrevive muy transformado el Thalia, donde al final del film Alvy se encuentra con Annie y su nuevo novio, pero cerró el Beekman (donde el protagonista es importunado por un fan) y cerró, sobre todo, el New York Theater, en cuyo vestíbulo se rodó una de las escenas más recordadas de la película.
Mientras hace cola para comprar entradas, Alvy Singer se mete en una discusión con un profesor universitario sobre el significado de la obra de Marshall McLuhan (papel que por cierto había sido escrito pensando en Buñuel), discusión que zanja de un plumazo porque se saca de la manga al propio autor para que le dé la razón y le diga a su oponente que está completamente equivocado. ¿Quién no ha soñado con hacerlo alguna vez?

Secuencia de Annie Hall
Secuencia de Annie Hall
MANHATTAN
Ya lo dijimos aquí. La película entera es una elegía a la ciudad y prácticamente cada uno de sus fotogramas en glorioso blanco y negro aluden a su espíritu y rincones. Aún así, es imposible no destacar el que es ya uno de los iconos de Nueva York: el puente de Queensboro visto desde Sutton Square con la silueta de Woody Allen y Diane Keaton recortados contra el amanecer.
La obra también ayudó a cimentar la fama de esos locales en los que aún hoy, treinta años después, sigue entrando gente por el recuerdo de la película, como Zabar’sJohn’s Pizzeria (una de esas “la mejor pizza de la ciudad” que degustan Isaac y Tracy, su novia adolescente –Allen siempre mostrando sus debilidades- interpretada por Mariel Hemingway), el apabullante Russia Tea Room o la librería Rizzoli (aunque no en su ubicación actual).
Central Park, una de las localizaciones favoritas del director, también asoma la cabeza para que los protagonistas den un paseo en barca en su lago. Además, el muy intelectual personaje interpretado por Diane Keaton es asidua a museos como el Gugenheim, el Metropolitan o el Whitney, aunque será en el planetario Hayden del Museo de Historia Natural donde se refugian de la lluvia Isaac y ella para susurrarse palabras en la oscuridad.
Secuencias de Manhattan
Secuencia de Manhattan

BROADWAY DANNY ROSE
La opulencia art decó  del Brill Building (en Broadway) y los interiores deluxe del Waldorf Astoria hacen por contraste más desastrado el aspecto del agente de artistas protagonista. Pero es el Carnegie Deli, el local en el que se cuenta la historia de Danny Rose, quién ofrece hoy el mejor homenaje posible al director que hizo famoso su nombre: un sándwich con kilos de pastrami.
HANNAH Y SUS HERMANAS
“Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene las manos tan pequeñas”. Cuánto le debe E.E. Cumming’s a esta película nunca lo sabremos. En este enredo familiar que transcurre de un acción de gracias al siguiente encontramos muchas de las piedras de toque del cine de Allen. Sus personajes son asiduos a ir a librerías tanto como a ir al cine, y claro, estas también han ido desapareciendo, como la Pageant Books, la del falso encuentro fortuito entre Michael Caine Barbara Hershey en la que compran el famoso libro de poemas. De este encuentro pronto pasan a las citas clandestinas (el adulterio, otro tema alleniano donde los haya) en el hotel St Regis.

Café Carlyle, protagonista en Hannah y sus hermanas
Cafe Carlyle, protagonista de Hannah y sus hermanas.
La hipocondría, otra de esas palabras asociadas ya para los restos al director, hace acto de presencia tras una revisión en el Hospital Monte Sinaí, que provocará la enésima crisis existencial del personaje woodyalleniano de la que sólo saldrá tras ver “Sopa de Ganso” en el cine Metro. En la película aparece también el famoso Café Carlyle que el director convirtió en doblemente mítico tocando el clarinete semanalmente en él, y hasta se permitió el lujazo de rodar algunos de sus edificios favoritos de Manhattan dando un tour arquitectónico que incluye un paseo por el Pomander Walk, una calle que parece un pueblecito inglés en el corazón del Upper West Side. Y en esta obra se incluye otro de esos gestos de ruptura entre persona y personaje que tanto se han dado en su carrera y que a veces dan grima: la casa de Hannah (Langham, 135 Central Park West), el personaje de Mia Farrow interpretando una versión muy aproximada de sí misma, era el auténtico hogar de la actriz.
DÍAS DE RADIO
Este sentimental film es otro homenaje a Nueva York, sí, pero a una que no existía ya ni en el momento en el que fue rodada: la de los años 40 vista por los ojos de un niño de extrarradio. La vida cotidiana, la real, se desarrolla en Rockaway, en la zona costera de Queens (la casa del protagonista y de su esperpéntica familia de comedores de pescado está en el 180 Beach 115th Street). Desde el cercano muelle se puede avistar un submarino nazi, pero a través de la radio se accede a un espectáculo igualmente sorprendente: el Manhattan de los clubs terriblemente glamourosos que ya no existen, como el Morocco.

Woody Allen en Días de Radio
Woody en Dias de radio.
Sí permanece la muy refinada King Cole Dining Room del Hotel St Regis, el escenario en el que Roger e Irene viven una excéntrica aventura con la cigarrera interpretada por Mia Farrow. En esta obra Woody Allen logra contagiar su capacidad de fascinación: nos muestra la increíble entrada del Radio City Music Hall y nos hace perder el aliento como si todavía fuese un niño de excursión en la ciudad con su adorable tía.
LA OTRA MUJER
En esta película sobre psicoanálisis y mal aislamiento acústico seguimos a Gena Rowlands recorriendo las calles del Village en pos de la embarazada y muy atormentada Mia Farrow. Por entre los edificios de ladrillo rojo de las calles Bedford y Barrow llega hasta el Cherry Lane Theatre de Commerce Street, aún en activo, donde se enfrentará a un recuerdo/fantasía/idea de olla de esos que pueden cambiar una vida.

Cherry Lane Theatre, protagonista en Otra Mujer
Cherry Lane Theatre, protagonista de La otra mujer.
CRIMENES Y PECADOS
El dilema moral en torno al drama de un oftalmólogo es también una de las más descacharrantes y redondas películas de Allen. Y sí, incluye la visita a un cine que ya ha cerrado, el Bleecker Street Cinema en esta ocasión. La muchas veces rodada Tavern on the Green de Central Park es el escenario de los roces entre Woody Allen y Alan Alda, y el estremecedor y lúcido final está ambientado en una fiesta en Waldorf Astoria. Paseos con su hija por el Village y con Mia Farrow por Central Park completan esta historia sobre nihilismo, adulterio y Dios.