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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 15 de octubre de 2020

‘Día de lluvia en Nueva York’...

 

...cómo Woody Allen llevó a Holden Caulfield al siglo XXI


El romance neoyorquino de Woody Allen con Timothée Chalamet, Elle Fanning y Selena Gomez comparte ciertas similitudes con 'El guardián entre el centeno'.



Por 









Pagar una entrada de cine para ver una película de Woody Allen solo puede significar dos cosas: o bien no sabes dónde te has metido, o bien sabes que presenciarás al menos una hora y media de quejas existencialistas, chistes sobre comunistas y judíos y un ligero pero penetrante miedo a la muerte que se instaurará en ti irremediablemente al presenciar el efecto que causa esta idea de la nada -o el todo- en la gran mayoría de los personajes.

Nos hablara del amor y del sexo, de relaciones sociales y de poder. Seguro que también toca el tema del sentido de la vida y de la muerte; o el misterioso y desconcertante sexo femenino y, por el contrario, la simpleza del sexo masculino, también dos de sus temas favoritos. Despotricará contra su propia patria, contra la estupidez humana y el conformismo. Desgranará cada uno de los aspectos de la sociedad occidental y lo hará a través de personajes neuróticos, situaciones descabelladas o incluso ilusorias y con un ritmo narrativo de los acontecimientos muy similar al de las tragedias griegas.

Es por ello que, cuando Día de lluvia en Nueva York se estrenó fuimos a las salas de cine para presenciar otra tragicomedia basada en su querida Nueva York, con un reparto tan sublime como variopinto -formado por Timothée Chalamet, Elle Fanning, Selena Gomez, Jude Law o Diego Luna, entre otros tantos- y las expectativas de pasar una bonita, aunque frenética, tarde en la isla de Manhattan.

Aparte del sello personal de Allen, encontramos ciertas similitudes con un libro escrito en los años 50 por un americano que también idolatraba Nueva York, aborrecía la falsedad de la sociedad y cuestionaba todo acto y pensamiento humano: J. D. Salinger (1919-2010), y más concretamente, su novela El guardián entre el centeno.

Esta, publicada en 1951, narra los sucesos ocurridos en un período de 4 o 5 días a un joven de 16 años al que acaban de expulsar de un colegio privado de Pensilvania. El joven, de nombre Holden Caufield, icónico personaje masculino de la literatura contemporánea por su representación del estado anímico del adolescente promedio y su afilado e ingenioso sarcasmo, deambula por la ciudad de Nueva York en busca de algo que lo mantenga cuerdo, evitando hundirse en el pozo de depresión en el que desde hace ya tiempo está inmerso.

68 años más tarde nos encontramos con Gatsby Welles (Timothée Chalamet), pintoresca mezcla entre Jay Gatsby (protagonista de El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald) y Orson Welles, un joven neoyorkino estudiante de una prestigiosa y costosa universidad de las afueras de la ciudad. Tan perdido en cuestiones del futuro a corto plazo como Holden Caulfield, se prepara para pasar un romántico fin de semana junto a su novia, Ashleigh Enright (Elle Fanning), una inocente e impresionable estudiante de periodismo, quien debe ir a la ciudad para realizar una entrevista a un famoso director de cine (Liev Schreiber).



Con este tablero como punto de partida, los esfuerzos y planes de Gatsby por enseñar cada rincón de Manhattan a Ashleigh comenzarán a desmoronarse debido a los contratiempos ocasionados por las personas con las que la joven periodista se mezclará. Es por ello que la historia se bifurca en dos viajes.

El de Ashleigh hacia la jet set neoyorquina, que le hará asistir a fiestas y conocer a actores y representantes, terminando por resultar una experiencia aislada y superficial de la vida de una joven veinteañera de Tucson, Alabama. Y por otro lado el de Gatsby, quien precisamente intentará evitar a esa beautiful people con la que ha crecido y por la que experimenta un evidente desprecio dada su fingida naturaleza y comportamiento.

A diferencia de su novia, este buscará experimentar la esencia de una ciudad que añora e idolatra, con su lluvia, sus pubs de jazz, sus grandes hoteles y avenidas y ese encanto otoñal con el que nos deleita Allen en cada plano de la película, como ha hecho con tantas otras localidades a lo largo de su filmografía.

La conexión entre ‘Día de lluvia en Nueva York’ y ‘El guardián entre el centeno’ Es precisamente este Gatsby el que nos transporta al Holden de El guardián entre el centeno. Un protagonista masculino joven y de rumbo difuso, incomprendido por su familia, su novia y parte de sus amistades, que vaga por la ciudad tratando de descifrar el enigma de su presente, sumiéndose cada vez más en una desesperación y tristeza que lo empujarán a encontrar ciertas respuestas.

A su vez, Holden Caulfield dejaba Pencey Prep (la escuela de donde le expulsan) en mitad de la noche para adentrarse en una Nueva York siniestra y adulta, lejana a esos mundos adolescentes del extrarradio que no hacen más que acrecentar su soledad y su depresión. La ciudad se les presenta a ambos como una oportunidad para resolver ciertas cuestiones existenciales, como quiénes son, qué hacen allí y hacia dónde se dirigen, entre otras tantas.

Tanto el Holden de la novela como el Gatsby de la película se apoyarán, llegados a un punto de la trama, en relaciones pasadas. Holden quedará con una antigua novia con la que solía salir años atrás, así como con un compañero del colegio, y todas esas interacciones con el exterior solo le servirán para acrecentar su tristeza y confirmar la pérdida de la fe en lo auténtico y espontáneo de las relaciones humanas.

Aprovechará cada ocasión en la novela para destacar lo falso que le parece absolutamente todo. Parecido a Gatsby, aunque este se reencontrará con la hermana pequeña (Selena Gomez) de una antigua novia del colegio, con quien pasará parte del día visitando museos, compartiendo taxis o caminando bajo la lluvia neoyoquina, logrando ser capaz de encontrar en la relación que ambos desarrollan esa autenticidad que busca en cada rincón de su ciudad natal.

Otra de las grandes similitudes que tienen la película y el libro es el encuentro que ambos protagonistas tienen con una prostituta. Llegados a un punto de la novela, a Holden se le ofrece la compañía de una mujer en su habitación de hotel, mientras que Gatsby se encontrará con Terry (Kelly Rohrbach) en un piano bar que solía frecuentar antes de asistir a la universidad.



Esta escena nos transporta directamente a la novela, ya que Holden frecuentará diversos cafés y bares de música en los que ahogar su depresión en alcohol. O al menos intentarlo, ya que ninguno de estos le permite pedir bebidas con alcohol en vista de su joven apariencia.

Igualmente, no será la primera vez que Allen utiliza un personaje como el de la prostituta para definir la ética de sus personajes en base a sus acciones para con esta. Veremos situaciones parecidas en Café Society (2016) o A Roma con amor (2012), entre otras.

Sin embargo, en Día de lluvia en Nueva York, Gatsby requerirá los servicios de Terry como acompañante en una fiesta organizada por su propia madre, a quien intentará engañar haciéndole creer que esta es su novia Ashleigh. Fiesta de la que Gatsby tratará de librarse por todos los medios, ya que es el germen de todo lo que desprecia. Una esfera social de la que huye al sentir, una vez más, que todo su alrededor, por muy cultivado y decente que intente aparentar ser, es tan falso como siempre ha sentido.

 

El carrusel de Central Park

Finalmente, tras las idas y venidas de ambos protagonistas, Gatsby comprenderá que Ashleigh y él no están hechos el uno para el otro, por lo que decide no solo romper con ella, sino también dejar el campus de Yardley y regresar a su querida Nueva York. Caminará hacia el reloj de Delacorte de Central Park, un emblemático punto de la ciudad que abre camino al Zoo del propio parque, donde al dar las 18h los animales del reloj, virando en una especie de carrusel, comienzan a dar vueltas.

Es en este preciso momento cuando Shannon (Selena Gomez) aparece y deciden darse una oportunidad, poniendo punto y final a la película. Esta escena, guarda un parecido muy semejante a la escena del carrusel de El guardián entre el centeno, donde mientras la hermana de Holden, Phoebe, da vueltas subida a uno de los animales de la atracción, Holden experimenta por primera vez en la novela un pensamiento positivo de felicidad y bienestar, al igual que Gatsby.



Es en ese punto del libro en el que el protagonista decide quedarse en la ciudad y mejorar, haciéndose cargo de su estado mental. Gatsby tomará la misma dirección, quien tras un fatídico pero revelador fin de semana, decide apostar por sí mismo e intentar perseguir aquello que le hace feliz. Por supuesto, en Nueva York.

Extraido de cinemania.20minutos.es/noticias/woody-allen-guardian-centeno-dia-lluvia-nueva-york/










jueves, 27 de agosto de 2020

La escalera real de Woody Allen

 A sus 84 años, el cineasta ha decidido que "el sentido común" no se va a imponer solo y hace pública su versión de los hechos en A propósito de nada

  • Igual que el aficionado al cine encontrará también un decálogo de consejos, el fetichista recogerá un puñado de curiosidades que probablemente ya conozca.

Cuando Woody Allen relata el momento en que le pidió matrimonio a Soon-Yi, aprovecha para anunciarle al lector que abordará más adelante su historia con Mia Farrow, "y sí, hay algo que contar al respecto". Estamos en la página 219, más o menos en la mitad del volumen autobiográfico A propósito de nada, publicado en español por Alianza Editorial. "Y espero que no sea la razón por la que habéis comprado este libro", añade el cineasta, alimentando la intriga. Desde luego, Allen tiene claro que precisamente lo que quiere contar, más que ninguna otra cosa, es que su fama de abusador de niñas no tiene fundamento real, se cimenta en esa "nada" del título: "¿Por qué no me otorgaron el beneficio de la duda ante una muy cuestionable acusación que iba en contra del sentido común? Nunca he conseguido entender exactamente qué he hecho para acumular toda esta mala voluntad hacia mí, pero ya sabemos que un perro no ve su propia cola".



Al final Allen cumple su palabra y pone sobre el tapete todas sus cartas, que son fundamentalmente datos contundentes, sellados con agradecimientos a los que le han apoyado e incomprensión hacia los que lo han atacado, a quienes acusa de haberse dejado llevar por la corriente sin molestarse en leer las evidencias. Incluye en este capítulo al New York Times que leía todas las mañanas. Lo hace con una cortesía que a menudo suena protocolaria, y lo hace contando historias, que es su fuerte. Al fin y al cabo, él se considera, sobre todo, escritor, "y esto es una bendición, porque un escritor nunca depende de que lo contraten para trabajar, sino que genera su propio trabajo y elige su horario". Hacer cine viene a ser una prolongación de ese oficio, según Woody Allen, que repite lo que él mismo ha dicho ya otras veces, y quizás hemos oído a otros cineastas, que "es mucho más difícil escribir que dirigir; un director mediocre puede realizar una película buena a partir de un guion bien escrito, pero un gran director nunca podrá convertir un guion flojo en una película buena".A sus 84 años, Woody Allen ha decidido que "el sentido común" no se va a imponer por sí solo y hace pública su versión de los hechos: "Es como estar jugando al póker con una escalera real en la mano. Te mueres de ganas de que todos hagan sus apuestas y de que muestren sus cartas. Pero ¿y si la oportunidad de jugar mis propias cartas no llega nunca? ¿y si desaparezco antes de que pueda recoger las ganancias?". En contra de lo que podíamos esperar, el cineasta no entra a saco, se muestra prudente y respetuoso, da rodeos, se autoinculpa de no haber hecho caso de los indicios que apuntaban a que profundizar en su relación con Mia Farrow era meterse en la boca del lobo: "¿Debería haber percibido alguna señal de alarma? Supongo que sí, pero si uno está saliendo con una mujer de ensueño, aunque vea esas señales de alarma, mira para otro lado. Y recordad que yo no era el tipo más avispado del barrio, en especial en los asuntos relacionados con Cupido".

De este modo, Allen va dejando aquí y allá afirmaciones sobre el séptimo arte que no se proponen ser definitivas. Las expone con una modestia rutinaria: son fruto de las enseñanzas que recibió en sus primeros años, de la experiencia acumulada en las más de 50 películas que ha realizado, y a veces de su peculiar carácter: "No soy una persona paciente en lo que respecta a las exigencias de los ensayos. Esa es la razón por la que, con los años, ruedo planos largos y no filmo planos-recurso ni tomas extra. No soporto tener que repetir las mismas escenas una y otra vez. A mí me gusta rodar, irme a casa y ver un partido de baloncesto".

Igual que el aficionado al cine encontrará un decálogo de consejos diseminados en el libro, el fetichista recogerá un puñado de curiosidades que probablemente ya conozca, pero que aquí vienen contadas por el personaje Allen, en su rol de monologuista de largo recorrido, y envueltas en unas tapas negras de best-seller. Hablo de anécdotas, como por qué decidió adoptar el nombre de Woody Allen, si su nombre originario era Allan Stewart Konisgberg, o cómo eran sus padres, a los que caricaturiza un poco y maltrata bastante, o cómo lo engañó su primer agente, o de qué forma casi surrealista se libró del servicio militar, o de las filtraciones que sufría en su ático, situado en una planta 20 de Manhattan frente a Central Park. Algunas de las historias resultan casi fantásticas, y sin embargo sabemos que a veces la realidad es más fantástica que la ficción, por lo que nos conjuramos a creerle.


Extraido www.infolibre.es/noticias




lunes, 17 de agosto de 2020

Las actrices de Woody: Mary Beth Hurt.



Mary Beth Supinger (n. 26 de septiembre de 1946) ​más conocida como Mary Beth Hurt, es una actriz de cine y teatro estadounidense.



Biografía

Nació en 1946 en Marshalltown, Iowa, como Mary Beth Supinger, hija de Delores Lenore (nombre de soltera, Andre) y Forrest Clayton Supinger.​ Durante su infancia, tuvo por niñera a la actriz Jean Seberg, también natural de Marshalltown. Estudió arte dramático en la Universidad de Iowa y en la Escuela Tisch de Artes de la Universidad de Nueva York.

Estuvo casada con el actor William Hurt durante 10 años (entre 1971 y 1981). Tras el divorcio de ambos, en 1983 se casó nuevamente con el director y escritor Paul Schrader, con quien tuvo un hijo y una hija.



Carrera

Teatro

Hurt hizo su debut teatral en Nueva York, en 1974. Estuvo nominada a tres Premios Tony por sus interpretaciones en Broadway de Trelawny of the 'Wells' (obra de Beth Henley ganadora de un Premio Pulitzer, en la que representaba el papel de Meg), Crimes of the Heart (por la que ganó un Premio Obie) y Benefactors.

Cine

Debutó en el cine en la película de Woody Allen Interiores, interpretando el papel de Joey, la mediana de tres hermanas que ha de lidiar con las consecuencias emocionales de la desintegración familiar y el padecimiento de su madre de una enfermedad mental. Otros trabajos incluyen el de Laura en Chilly Scenes of Winter; Helen Holm Garp en The World According to Garp; y Regina Beaufort en el filme de Martin Scorsese La edad de la inocencia.



Doblaje

Hurt interpretó a Jean Seberg, en voz en off, en el documental de 1995 de Mark Rappaport From the Journals of Jean Seberg.

Filmografía

  • Interiores (1978)
  • Chilly Scenes of Winter (1979)
  • The Five Forty-Eight (1979)
  • A Change of Seasons) (1980)
  • El mundo segun Garp (1982)
  • D.A.R.Y.L. (1985)
  • Compromising Positions (1985)
  • Parents (1989)
  • Esclavos de Nueva York (1989)
  • Light Sleeper (1992)
  • Seis grados de separación (1993)
  • My Boyfriend's Back (1993)
  • La edad de la inocencia (1993)
  • Boys Life 2 (1997)
  • Affliction (1997)
  • Al límite (1999)
  • Otoño en New York (2000)
  • The Family Man (2000)
  • El dragón rojo (2002)
  • El exorcismo de Emily Rose (2005)
  • Lady in the Water (2006)
  • The Dead Girl (2006)
  • Untraceable (2008)


Extraido de es.wikipedia.org/wiki/Mary_Beth_Hurt

lunes, 29 de junio de 2020

Woody Allen, por Miles Palmer.

Vodevil en video


Charles K. Feldman, un productor de alto vuelo, descubrió a Woody en el Club Blue Angel de Nueva York y le contrato para escribir el guion de "Que pasa, Pussycat? (What's New, Pussycat?, de Clive Donner, en 1965.



La película iba a ser una de esas ¡locas, locas!, ¡tronchantes! ¡irresistibles! comediolas de los sesenta, con un "gancho" solo comparable al encuentro de los hermanos Marx con los Beatles. Peter Sellers hacia de psiquiatra chiflado. Ni el ni Woody pueden dar golpe en tanto el director de una revista de modas, Peter O'Toole, se la pasa en grande con chicas como Romy Schneider, Paula Prentiss (poetisa y experta del strip tease), Capucine (una modelo despampanante) y Ursula Andress (una amazona vestida de piel de serpiente).

"Que pasa Pussycat?" es un film norteamericano dirigido por un ingles, muy influenciado por "Socorro" (Help), "Anocheser de un día agitado" (Hard Day's Night) y "El Knack y como lograrlo" (The Knack), tres películas inglesas dirigidas por el norteamericano Richard Lester. Lamentablemente es una nadería, pero la taquilla fue buena, Woody sabia que el film seria una basura, pero secundo la idea porque significaba poner el pie en el cine. Mas tarde aparecería en "Casino Royale", producida asimismo por Feldman.

En este periodo aparecio muchas veces en televisión y escribió dos exitosas comedias para Broadway "No te bebas el agua" (Dont drink the water) y "Tócala de nuevo, Sam" (Sueños de seductor en Argentina) (Play It Again, Sam). En esta ultima también desempeño el papel principal. Otro proyecto que muestra a que alturas volaba su imaginación en los años sesenta se plasmo en "Que pasa, Tiger Lily? (What's Up, Tiger Lily), una barata producción japonesa de espías hecha al modo de 007 cuyos derechos para los Estados Unidos adquirió para modificar los diálogos y lanzárla al mercado, donde obtuvo mucho éxito.

Hacer películas es realizar un trabajo en equipo; y la alquimia de la colaboración es a veces engañosa, por decirlo de un modo amable. Films diferentes se realizan de diferentes maneras. Los actores productores como Robert Redford y Warren Beatty a veces compran un guión y establecen  el reparto antes de ir en busca de un director. En otros casos, el productor manda hacer a la medida un guión para una estrella que de pronto cae, obligandole a salir en buscar de otra, la cual solicita otro director. Grandes escritores de cine pueden verse, y así sucede a menudo, obligados a trabajar en el guión alterado de un guión alterado de un guión alterado. No es raro que este proceso lleve varios años; y por mucho empeño que pongan los patrocinadores de un proyecto, en general, conducirlo a buen puerto requiere de una tenacidad rayana en la obsesión.



Es claro que sí alguien puede realizar por sí sólo varias de las funciones esenciales, necesita menos gente. En teoría al menos, encontrará menos obstáculos, Woody Allen, al comenzar como escritor y actor, se ha constituido en un comediante auto-contrato y auto-obsesionado que trabaja sin descanso para definir, refinar y redefinir la visión que pretende llevar a la pantalla. Ha trabajado para darnos una versión del mundo de Woody. A una década de reverencia por los directores como fue la de los setenta, Woody supo sacarle partido. Se diría que aún vivimos en la era del director superstar: no dejamos de oír hablar de magnates tales como Altman, Spielberg y Coppola. Los "mocosos del cine", como se les ha dado en llamar. Como diría Billy Wilder, los chicos barbudos se han quedado con todo. Los comediantes más gustados, como Elaine May, Mel Brooks y Woody Allen son todos ellos escritores-actores-directores y han venido a demostrar que el estilo "hágalo usted mismo" puede ser fuente de films extraordinariamente graciosos. En los últimos años Alan Alda ha resuelto seguir el mismo camino y se ha puesto a escribir y a dirigir.

Es un hecho indudable que ser actor es mucho más que ser actor es mucho más fastidioso que ser director. El actor ha de esperar a los demás y depender de ellos. Se sienta junto al teléfono esperando que suene, se somete a pruebas y, si es religioso, se dedica a rezar para que alguien le otorgue un papel. El director Paul Mazursky habló de esto con John Higgins en una entrevista publicada en el "Times", al ser interrogado sobre su película "Next Stop Greenwich Village" (Barrio bohemio, en Argentina), la cual tiene que ver con un joven y luchador comediante de los cincuenta que trata de sacudirse el yugo familiar. Dijo que comenzó tratando de ser actor. "En aquellos días lo probé todo: fui actor, director (de films menores) y hasta trabajé como animador de un club nocturno durante cinco años. Lo malo fue que en ningún caso obtuve mayor éxito; y no tardé en comprender que una de las cosas más humillantes, tediosas y tristes que puede arrastrar a un ser humano consiste en ser un actor a quien no se le dejan de ofrecer papeles insignificantes,si es que le dan alguno".

Woody no acepta en principio papeles en películas de otros. Sin embargo, en alguna ocasión ha sido persuadido para desempeñar el papel estelar en obras ajenas, porque el tema le resultaba interesante. Tal fue el caso con "The Front" (El testaferro).

Dirigida por Martin Ritt, la película abordaba el tema del "Terror rojo", que en la década de los cincuenta hizo que se redactaran listas negras de actores sospechosos de comunistas, a los cuales se les impidió trabajar en el cine, la radio y la televisión. El Comité Parlamentario de actividades antinorteamericanas persiguió asimismo a aquellos sospechosos y dificultó todas sus tareas. Los actores que resultaron víctimas del acoso dejaron los Estados Unidos o se pasaron al teatro. Directores como Joseph Losey y Jules Dassin ser fueron a trabajar a Francia y a Inglaterra y los guionistas vendieron su trabajo bajo nombres supuestos o haciéndolos pasar por obras de otras personas. Muchos excelentes escritores se negaron a colaborar con el comité, entre ellos Dashiell Hammet, Irwin Shaw, Lillian Hellman, Ring Lardner Jr. y Dalton Trumbo. El tema de "The Front", primer intento de Hollywood por exorcisar aquellos fantasmas de principios del cincuenta, se desarrolla no en Los Angeles, sino en el ambiente televisivo de Nueva York hacia 1950. Por entonces Walter Bernstein y Martin Ritt, respectivamente autor y actor en un telefilm seriado, se hallaban en la lista negra del comité. Se trataba, claro, de un maravilloso material para hacer un film: los aspectos morales, políticos y psicológicos de aquellos sucesos suministraban el contexto ideal para hacer una película fuerte. Pero, tras veinticinco años de esperas y muchos intentos para hallar el dinero demandado por tema tan controvertido, Ritt lo frutró, quitándole agallas. Hizo un film inteligente pero sin pasión. En definitiva perdió la oportunidad.

Allen se cuida de la caja registradora de un bar. Lleva apuestas clandestinas y en general pasa el tiempo. Es un fracasado, pero no un fracasado al modo típico de Woody Allen, en el terreno social y sexual, sino del tipo caótico y torpe, aunque no por eso incapaz de interponer algún comentario faux nair y agudo.

Uno de sus amigos es guionista de la televisión (Michael Murphy) y acaba de ser puesto en la lista negra, razón por la cual se halla sin trabajo. Le ofrece a Woody el diez por ciento de todos los beneficios, si es capaz de vender sus trabajos. Woody logra lo deseado y obtiene excelentes beneficios. Una vez por semana llega despreocupadamente a los escritorios de los agentes y "sus" escritos le son literalmente arrebatados de las manos. Hasta que se ve en aprietos, porque un editor de guiones (Andrea Marcovicci) le brinda demasiada atención y termina por llevarle ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas para que explique sus antecedentes políticos.

"El Testaferro" suscita muchas carcajadas. En el film, Allen es más actor cómico que un comediante. Hay algunos atisbos de la víctima perpetua, pero también se ven algunos momentos dramáticos planteados en los que la víctima no puede salirse con la suya apoyándose en unos cuantos chistes. Aquí Allen nos resulta algo diferente al usual; pero sigue siendo un Allen eficiente y acertado.

La mayor parte de los críticos se mostraron comprensivos. Alan Brien expresó sus reservas, aunque halló el film en general "extraordinariamente divertido, personal e inventivo". David Robinson, tras pasar revista a todo el film obtuvo la conclusión de que "El testaferro es sensato, culto, humorístico e inteligentemente interpretado, en especial por Woody Allen, que hace un sonado debut como hombre corriente, y por Andrea Marcovicci, siempre gracioso". Sin embargo se trata de una película que es melancólica y contenida cuando debería ser, aun hoy, colérica. El papel desempeñado por Zero Mostel me parece sintomático. Colocado en la lista negra en 1950, Mostel era celebrado por la beligerancia de las actitudes. (Al ser llevado ante el comité, en 1955, agitó los cinco dedos de una mano para indicar que invocaba la quinta enmienda y, al terminar su testimonio, que era televisado, agradeció formalmente al Comité por haberle facilitado reaparecer en televisión, de la cual permanecía al margen en los últimos cinco años por haber sido colocado en la lista negra)".

En el Chicago Tribune, bajo el título "Woody y la jovialidad escenifican el mensaje", Gene Siskel muestra haber visto el film bajo un ángulo diferente. "Una equivocación en el reparto anula lo que "El testaferro" tenía que haber sido y lo transforma en una película a menudo cómica sobre un tema serio".
¿Puede hacer eso un reparto equivocado?
Si, desde luego, en especial cuando el personaje erróneamente incluído se llama Woody Allen.
"El testaferro" no es la comedia más nueva de Woody Allen. Al menos tal es el mensaje que la Columbia Pictures y Woody Allen pretenden que el espectador crean".

Esta actitud es fácil de comprenden cuando se piensa en algunas frases cortas, típicas de Woody, que saltan de improviso para darle a uno en las costillas.

Ella: Yo soy de Connecticut
El: Estupendo
Ella: Si, vengo de una familia muy decente, la clase de familia donde lo peor que puedes hacer es hablar demasiado alto.
El: pues lo peor que puede hacerse en la mía es comprar al detalle.

Lo incongruente de la broma sirvió para acelerar la destrucción de la carrera del cómico de televisión Heckey Brown, ya medio perdido bajo una barrera de previas carcajadas.

El propio Allen se había visto atraído a "El testaferro" (entre otras cosas) por su afición al drama serio. Con este film se le presentaba la oportunidad de hacer cine a un nivel aún no experimentado por él. Sin embargo nada de eso sofocó las dudas.

"¿Y si contrataras a Peter Falk para hacer mi papel?" le dijo al director Martin Ritt pocos días antes de comenzar el rodaje. Y dijo antes del estreno: "Decidí correr el albur. Desde el principio albergaba enormes reservas sobre esto de hacer un film cuyo guión yo no había escrito y sobre el cual no tenía el control de dirección. No sabía cómo era la sensación de ser un actor contratado para hacer una película dramática, de modo que dije: "Si queréis a alguien que haga bien un papel conversado, ¿porque no  ofrecérselo a Jack Nicholson?" Me sentía incómodo a todo lo largo del rodaje, porque no era posible improvisar ni cambiar nada. Además, no podía apreciar cómo iban desenvolviéndose las cosas. ¡Mi único metro es la comicidad!".

La ambivalencia experimentada por Woody Allen con respecto a su papel en "El testaferro" era compartida por Russel Davier, quien escribió:
El problema con esta película no radica en que Allen haya pechado con un papel "serio" que le queda grande, sino que el director Martin Ritt le hizo sentirse a sus anchas. Al advenir el clímax político Woody sigue siendo gracioso -graciosísimo- y entonces su choque final con el Comité de Actividades Antinorteamericanas no es captado por el espectador como un autosacrifícío histórico, sino apenas como el gesto culminatorio de una comedia. Que Ritt calculó al detalle el alcance de sus propias actitudes es cosa que puede darse por descontada, ya que él y también su guionista Walter Bernstein figuraban en la lista negra. Pero en este caso, ambos parecen haber querido evitar las amargas conclusiones que podían extraerse de los hachos acaecidos en la primera mitad de los años cincuenta".


Extraído de Woody Allen, biografía ilustrada, por Miles Palmer, Los libros de Plon, Barcelona, Septiembre 1981.

Crisis en seis escenas: el debut y despedida de Woody Allen en la televisión.





Colaboración de: Mario Xavier Larrea

A un poco más de un mes del estreno de Crisis en seis escenas tenemos ya las primeras impresiones. La serie que fue la primera y, probablemente, la última incursión en la televisión del director estadounidense Woody Allen. La vinculación del cineasta con la plataforma de contenidos digitales de Amazon generó altísimas expectativas en quienes han seguido su carrera por más de cincuenta años. Esto a pesar  de que él mismo anticipara que el proyecto sería una “vergüenza cósmica”, ya que como jamás ve series, se le dificulta la escritura para ese formato.

Los problemas de «Crisis en seis escenas»

Ya sabemos cómo es Woody Allen: criticón, negativo, fatalista, autodestructivo. Pensábamos que quizá esta sería una más de sus jugarretas o dudas existenciales que culminarían con una producción exitosa, por más que él haya anticipado el fracaso. Parecía mentira, pero sucedió y su primera serie generó un sinnúmero de críticas negativas. Sin embargo nadie mejor que nuestros lectores para darnos su opinión, por lo que aquí exponemos seis razones que quizá les motiven a ver la serie (aunque sea para criticarla).





LO MALO

Empecemos por los malos tragos, aunque la serie sí aporte a su espectador.

6. No tiene formato de serie

Los éxitos de televisión del momento pretenden emular al cine con duraciones de hasta 90 minutos, pero quienes conocen las obras de Woody Allen saben que muy pocas de sus películas se extienden más allá de una hora y treinta minutos. Así que en la  TV apuesta por historias cortas. Seis capítulos, de unos 20 o 25 minutos, por lo que puedes ver Crisis en seis escenas de una sola sentada. Y resulta mejor  así porque sino  posiblemente no regreses al sofá.

Crisis en seis escenas no tiene el formato típico de una serie, sino el de una película cortada en seis trozos. No esperes que en cada capítulo haya una historia diferente, con cierta independencia y progresión. Menos aún con puntos de acción impactantes y un cliffhanger al final de cada episodio. La crítica especializada es particularmente dura con los cuatro primeros capítulos, a los que ha calificado como una innecesaria y larguísima introducción.

5. Woody Allen de protagonista

Nos cautivó como director y escritor en Annie Hall, Manhattan y Hannah & her manas en los 70 y 80; Los secretos de Harry en los 90 y más recientemente en Match Point, Vicky Cristina Barcelona, Medianoche en Paris y Blue Jasmine...Sus participaciones como actor dejan mucho que desear. 






Resulta imposible no enternecerse al recordar al icónico Alvy Singer de Annie Hall, quien después se convertiría en Isaac Mortimer, Mickey Blochs, Joe Berlin y muchos otros. Situado en diversos tiempos y espacios, pero con rasgos idénticos: romántico a morir, obsesivo-compulsivo, hipocondríaco, paranoico, negativo y que se niega a cambiar, mientras el resto del mundo se lo exige. El eterno personaje biográfico de Allen ahora se llama Sidney Munsinger. Un publicista que ha publicado dos novelas de poco éxito y que sueña con dirigir y escribir una serie de televisión. Aunque logra provocar algunas risas, su paranoia cansa, así como su exceso de diálogo.

4. Inconseguible

Amazon Studios aún no logra superar el altísimo nivel de aceptación que ha logrado Netflix, pero avanza con algunos Emmys en la repisa. Sin embargo, Crisis en seis escenas se estrenó de manera limitada. Únicamente puede verse en Amazon Prime de Estados Unidos, Alemania y Reino Unido. Esto unido a que en Latinoamérica muy poca gente costea este servicio, pues siguen considerando a Amazon como un sitio de comercio electrónico. Así quien quiera ver la serie tendrá que realizar una búsqueda intensa, mas afortunadamente nada puede ocultarse en tiempos de internet.

Miley encarna a Lennie Dale, una activista socialista, prófuga de la justicia que se refugia en casa del matrimonio octogenario. Sidney y Kay (Elaine May), psicóloga y terapeuta matrimonial, viven sujetos a la rutina y con poco entretenimiento. Lennie representará la “crisis” y el caos para esta pareja de jubilados de clase alta neoyorquina que viven acomodadamente en un barrio residencial donde hay poca delincuencia.





2. Vuelve la nostalgia

El argumento no solo está ambientado en la década del 60, sino que Allen decidió filmar la serie al estilo de las comedias de esa época. Si aspiran ver una maravilla técnica y grandes efectos visuales, mejor vean otra serie, pues se encontrarán con tomas fijas por largos ratos y escasos movimientos de cámara. Pero eso sí, disfrutaremos de un humor sorpresivamente irreverente, de chistes rápidos, inteligentes y muy gestuales, que a veces logran hacernos olvidar al eterno y cansino personaje del “Woody actor”.

1. El trabajo más político de Woody Allen

El mensaje cala profundo y resulta demasiado relevante en nuestra época, más aún en tiempos de Donald Trump y un Ecuador cercano a elecciones presidenciales. Allen acierta en su crítica a los liberales/capitalistas que desconocen las realidades sociales; los niños ricos que pretenden ser “pueblo” y los protestones socialistas que una vez dentro de la casa de los anteriores, se comen su comida, influyen en su gente y no se quieren ir nunca.

El liderazgo es otra de las fortalezas de la serie.  Las ideas de Lennie contagian a todos, menos a Sidney. Kay llevará libros de Mao Tsé Tung a su club de lectura,y Alan (John Magaro), un joven inquilino del matrimonio Munsinger, empezará a fumar marihuana, leer a Karl Marx y dejar atrás al “sistema” por irse a vivir a Cuba y colaborar con la revolución.





LO BUENO

La serie tiene un mensaje que aporta y puede aplicarse a los fenómenos de nuestro tiempo.

3. Miley Cyrus y su innata rebeldía

Definitivamente Miley Cyrus se roba el show y motiva a las audiencias jóvenes, además luce bellísima con una larga peluca rubia que nos permite imaginarla como una adulta Hannah Montana. La incorporación de Cyrus, quizás haya sido una jugada publicitaria tan buena como la inclusión de Wynona Rider en Stranger Things, aunque Woody Allen sostuvo que le ofreció el papel por interés personal y recomendación de sus hijos pequeños (que son fans de Miley).


Extraído: makia.la/crisis-en-seis-escenas/

viernes, 19 de junio de 2020

6 cosas que necesita saber para comprender el cine de Woody Allen



Por: Luis D.




Woody Allen es un director que pasará a la historia como uno de los más prolíficos produciendo una película anual durante ya casi 40 años. Se incorporó al mundo del cine casi recién cumplidos los 30, tras haber tenido una interesante carrera como escritor de gags para televisión y ser comediante de stand up.

El periodista Eric Lax ha tenido la oportunidad de conversar durante décadas con él y recopilar información de primera mano; la concepción que tiene del oficio como cineasta y los distintos procesos creativos en los que se ve envuelto son sólo algunos puntos que se muestran en el libro de entrevistas: “Conversaciones con Woody Allen”.

Sin querer revelar todo lo que contiene este ejemplar (que es bastante extenso, contiene mucha información fascinante sobre la figura de Woody Allen desde un punto de vista profesional, que seguramente deleitara a más de un fanático de sus películas, y con apoyo del documental “A Woody Allen Documentary” (2012) de Robert. B. Weide), hemos creado este artículo con el  objetivo resumir algunos de los aspectos más característicos en la manera de trabajar del cineasta.


Sobre el guión y las ideas




Para él, escribir comedia no se puede enseñar o aprender, “lo tienes o no”, pero una de las cosas que más le han ayudado a su desarrollo fue su etapa como escritor para televisión, donde tenía que estrujarse los sesos hasta sacar algo en menos de una semana y a veces en menos de dos horas, siendo la disciplina el mayor de sus aprendizajes de aquella época.

Desde hace más de 40 años Woody Allen escribe a mano (lápiz o bolígrafo) el primer borrador de sus historias, dejando anotaciones aparte que pueden ser engrapadas o pegarse en pequeñas notas dentro del manuscrito; cuando la idea está terminada por completo lo transcribe con la máquina de escribir que ha utilizado durante cuatro décadas; fue una de las primeras posesiones que obtuvo con su sueldo de escritor de gags y sigue estando en perfectas condiciones. Su proceso de escritura es muy rápido, un guión puede estar listo en dos o tres semanas (sorprendente, ¿no?), pero esto tiene un pequeño inconveniente, a veces lo más difícil no es escribir la historia en sí, sino pensar en qué escribir en principio. Con los años, el “truco” ha consistido en simplemente no dejar de pensar nunca en la idea… ¡Nunca!; ya sea en el cumpleaños de sus hijos, en las vacaciones en la playa, incluso en la ducha, que resulta ser uno de los lugares perfectos para estar solo y simplemente dejarse llevar para resolver problemas de la trama.

Otros trucos son válidos, por supuesto, pero pensar todo el tiempo en la historia e idear la estructura de los arcos argumentales es un trabajo fundamental.

Actores



Mucha gente se sorprende cuando a la pregunta: “¿Qué tipo de indicaciones le dio al actor para llegar a obtener esa interpretación?”, él responde: “Nada. Sólo lo dejé hacer su trabajo”.

En esta frase se resume mucho el trabajo que tiene con los actores: les da un papel, los hace repetir sus líneas y listo; aunque algunas veces hay indicaciones como “quiero que suenes más decepcionado” o “sólo tienes que ser una persona dulce, naturalmente, sin esforzarte”.

Las audiciones de Woody Allen son míticas en Hollywood, generalmente el actor entra a una de sus oficinas y no está más de dos minutos ahí, pues con sólo ver su rostro o escuchar algún diálogo, él sabe si es adecuado para el papel. Cuando se trata de un actor que ya tiene en mente porque lo ha visto en otra película o porque lo conoce, no tarda mucho en darle el papel correcto.

Otro de los rasgos que caracterizan a este director es que la relación con sus actores es muy cordial, él considera que deben tratarse con el respeto profesional que merecen y nunca dudar de sus capacidades. Sabe reconocer quién tiene talento o potencial para un papel cómico o dramático. Los actores que han trabajado con él, aun cuando llevan ya algunas películas bajo su dirección, se refieren a su personalidad con un: “No sé…la verdad es que nunca he hablado mucho con él”.

Durante el rodaje




Su personalidad es muy relajada en todos los aspectos, incluso cuando se trata de un rodaje, el cual tiende a ser una de las actividades más estresantes (incluso él lo reconoce así), pero como en todo lo demás, se considera una persona bastante perezosa.

Prefiere grabar en planos master (es decir, un toma continua sin necesidad de hacer muchos cortes o cambios de perspectiva para una misma escena). Aunque esto también es una forma de reducir los costos de la producción, sólo es una excusa para no pasar mucho tiempo en una misma escena, ha confesado que no soportaría el proceso de repetir una de ellas más de dos días consecutivos; sin embargo, entiende que para que esto no se vea mediocre, busca inventar coreografías con la cámara y el foco, que le permiten dotar a la propuesta de un valor mucho más cinematográfico.

Este cineasta sabe que su profesión es de trabajo en equipo, y reconoce la importancia de escuchar las recomendaciones de su Director de Fotografía, simplemente hay que adaptarse y entenderse con cada uno de ellos. Gordon Willis, por ejemplo, fue un gran colaborador durante sus primeras películas “serias”, siendo también el nivel de disciplina que éste le exigía una gran ayuda para que Allen desarrollara un mayor cuidado por la imagen en sus películas: “Quizás no quieras hacer eso…se vería feo por tal motivo”, era una de las frases que ayudaron a que Allen descubriera la magia de su estética, en la que usa colores cálidos; el rojo y el amarillo es abundante en su trabajo, le gustan las propuestas coloridas y detesta el azul o los colores fríos en el plató.

La mayoría de sus historias están ambientadas en New York, no sólo porque le gusta, sino porque es cómodo, sabe en qué restaurantes puede comer y le encanta ir a su apartamento por las noches para dormir, pero sobre todo, porque sabe con quién trabajar: mucho de su personal lleva años en su equipo. Sin embargo, cuando rueda en el extranjero confía en que las personas serán igual de profesionales como en Estados Unidos. Sobre "Match Point", considerada por él como una de sus mejores películas, ha dicho que gran parte de su genialidad fue gracias a la disciplina de los británicos, de los franceses y de los escoceses. Cuando todo sale bien siente que fue una suerte que coincidiera con gente tan buena.

Dirección



Cuando se ha tratado de reconocer su genialidad, ha confesado que todo aquel que quiera aprender sobre dirección tomando como referencia sus consejos podría decepcionarse, ya que a menudo no hay ningún truco ni gran ciencia. Para Allen, mucha gente está lo suficientemente capacitada para dirigir sin saberlo, incluso considera que podrían llegar a hacerlo mucho mejor él. Como otros, piensa que la clave está en contar una buena historia desde el principio, y que tomar una cámara y contarlo en imágenes no tiene mayor dificultad, el reto es poner la técnica a disposición del contenido.

Es un sujeto relajado, no ensaya las escenas porque le causa aburrimiento, al igual que gran parte del trabajo de mesa; sus procesos consisten en reunirse y decidir hacer una película; no necesita de un storyboard o una planificación detallada de toda la película, ya que afirma que una secuencia planificada puede ser desechada al día siguiente porque no funciona tan bien en la pantalla como en el papel. También considera que el guión es sólo una guía de la historia, muchos de los diálogos o la coreografía puede cambiar por razones de practicidad o naturalidad.

Sobre dirigirse a sí mismo, sabe que no es un gran reto, ya que estando dentro de la escena puede comprobar cuando una acción o reacción está mal ejecutada, no se preocupa mucho por sus diálogos, ya que podría inventárselos e improvisar algo gracioso.

Al ser el responsable del proyecto sabe que cualquier cosa que salga mal será su culpa y se pondrá del lado del público si lo odian por haber hecho una mala película.

Montaje



A Woody le gusta estar involucrado en todo el proceso creativo de una película, por lo que no es extraño que esté dentro de todo el montaje, ya que éste es el momento de reescribir la historia, y es cuando observa lo que funciona y lo que no, en pocas palabras, lo que está mal escrito en el guión. Editores como Susan Morse comentan que él es de los pocos directores/guionistas que no tienen ninguna contemplación en quitar una escena en particular, personajes secundarios, secuencias enteras o tramas que quedan eliminadas por completo y pasan al olvido.

Se rehúsa a editar durante el rodaje, prefiere guardar todo el material y poner su esfuerzo en que la primera versión del montaje sea la mejor posible, como si esa fuera la que será proyectada en las salas de cine, por supuesto que no pasa, ya que es en éste donde puede ver los errores que tiene la cinta. A menudo, el montaje sirve para descubrir lo verdaderamente valioso cinematográficamente, cinco páginas de diálogos de dos personajes que están casados puede ser cortado a sólo una mirada entre los actores.

Música



La música es parte fundamental en su vida, desde niño es fanático del jazz, y al igual que el cine, es su medio de expresión, por lo que no pueden faltar piezas de su preferencia en sus películas, sabe que una buena selección puede salvar una secuencia del aburrimiento y servir como un contrapunto irónico para lo que se ve en pantalla. Ralph Rosenblum le enseñó esto cuando lo ayudó en su primera película, le dijo “¿Por qué borraste todo este material cómico cuando con un poco de música en el fondo puedes arreglarlo?”.

Prefiere utilizar lo que ya conoce y no llamar a un compositor para que componga música original, en gran parte por comodidad y por que gusta tener a su disposición todos sus discos en la sala de montaje, es algo bastante costoso pero se le ha permitido durante años; si no pueden adquirir los derechos de la canción no hay problema, vuelve a revisar y escoge otra, y gracias a su conocimiento casi enciclopédico del jazz, puede hacerlo muy fácilmente.

Conocer este tipo de detalles sobre la personalidad, procesos y forma de pensar de uno de los directores más polémicos de las últimas décadas, hará que disfrutes de sus filmes de una manera diferente.


Extraído de https://culturacolectiva.com/cine/curiosidades-de-woody-allen-para-comprender-sus-peliculas