Datos personales

Mi foto
Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 9 de marzo de 2017

Autobiografía en 35 milimetros.

El cineasta con más de 60 películas, una docena de libros y cientos de conciertos de jazz en su haber

Por  ÁLVARO P. RUIZ DE ELVIRA

"Él era tan duro y romántico como la ciudad que amaba. Tras sus gafas de montura negra se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar. Nueva York era su ciudad y siempre lo sería". Isaac (Woody Allen), en Manhattan
 
Woody Allen nació un 1 de diciembre de hace 75 años en Brooklyn. En la mitad del otoño, su estación favorita para rodar películas por sus cielos nublados y hojas naranjas, por su niebla misteriosa y la luz especial que alumbra Manhattan. Pero no nació con el nombre que todo el mundo conoce. Lo hizo como Allan Stewart Königsberg. No fue hasta 1952, 17 años después, que se transformó en Woody Allen sobre un escenario. Humorista casi desde que llegó al mundo, escritor, universitario de un solo semestre, actor, dramaturgo, adicto al psiquiatra antes de llegar a los 30, músico, director... el legado de Allen en estos tres cuartos de siglo es inconmensurable. En su faceta más conocida, la de cineasta, ha participado hasta la fecha en 60 películas, de las cuales ha dirigido 46. Y pretende seguir con su terapia de una película anual hasta que no pueda más.

 "Yo era un niño pasablemente feliz, ¿saben? Me criaron en Brooklyn durante la Segunda Guerra Mundial. Mi analista insiste en que mis recuerdos de infancia son exagerados, pero les juro que me criaron bajo una montaña rusa de Coney Island, en Brooklyn". Alvy Singer (Woody Allen), en Annie Hall.

Inquieto, delgado, bajito (no pasa de 1,65), tímido, con gafas, don Juan de Manhattan, pero, sobretodo, ateo judío poco ortodoxo. Así se ha representado Allen a lo largo de una filmografía que bien podría ser una autobiografía en 35 milímetros. Sobre su infancia, creemos saberlo todo tras ver al pequeño Alvy Singer en Annie Hall, al jovencito Sandy Bates en Recuerdos o al trasto de Joe en Días de Radio aprendiendo sobre la vida en un barrio de clase media baja en Brooklyn. De esta última, el cineasta siempre ha reconocido que todo está inspirado, aunque un poco exagerado a modo de cómic, en su infancia.

Dios mío, este infeliz es patético[....] Si yo tuviera valor para salir a contar mis chistes yo mismo. Alvy Singer (Woody Allen), en Annie Hall (1977).

La carrera humorística de Allen comenzó en los años 50 en los cabarets que luego plasmaría en Broadway Danny Rose y como escritor de chistes para otros cómicos. De ahí pasó a la televisión donde colaboró como guionista y como humorista en programas como el de Johnny Carson o el Ed Sullivan Show. En la que se puede considerar su trilogía de películas más memorables, Annie Hall, Manhattan y Hannah y sus hermanas el cómico hace un ejercicio autobiográfico con sendos personajes que se dedican a la escritura y producción de humor.

"Y si llega a decir algo mas sobre Ingmar Bergman le salto de un puñetazo las lentillas de contacto" Isaac Davis (Woody Allen), en Manhattan (1979).

Es en el cine y no en la televisión donde Allen ha depositado siempre su corazón. Desde que tuvo uso de esa razón tan humorístico-analítica tan personal, Allen ha disfrutado con las grandes películas de la historia del cine. De Chaplin a Scorsese pasando por Minelli, Bergman, Wilder, Kurosawa, Fellini o Hitchcock. Allen, miembro de la última gran generación del cine, la de Scorsese, Coppola, Spielberg, Mallick..., ha podido absorber de los maestros en las salas de cine.

Son constantes sus homenajes a los clásicos del cine estadounidense, japonés y europeo. En su obra de teatro y guión de cine Sueños de un seductor, Allen habla directamente en sus ensoñaciones con el Humphrey Bogart de Casablanca. Escenas de Annie Hall, Robó, huyó y lo pescaron o Todos dicen te quiero le sirven para homenajear a Groucho Marx, su cómico de cabecera. El expresionismo alemán está presente en Sombras y niebla. Como recalca Jorge Fonte en su libro Woody Allen (Cátedra), Manhattan le debe mucho a Vincent Minelli o a Billy Wilder. Y en casi todos sus trabajos, Bergman y Fellini son una constante.


En 1969 Allen rodó su primera película como director, Robó, huyó y lo pescaron, una historia de ladrones cómicamente desgraciados rodada a modo de falso documental (formato que repetiría en 1983 con Zelig). Fue un éxito de taquilla que le abrió las puertas en la industria para poder rodar una serie de comedias gamberras que funcionaron mejor o peor como Bananas (1971), Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972), El dormilón (1973) y La última noche de Boris Grushenko (1975).

Fue en los años 70 del siglo pasado cuando Allen alcanzó la mayoría de edad cinematográfica con Annie Hall (1977), Interiores (1978) y Manhattan (1979). Películas ambientadas en Nueva York, la ciudad que prácticamente no abandonaría como escenarios de sus conversaciones y obsesiones hasta 2006, cuando comenzó su viaje europeo por Inglaterra, Francia y España. Allen consiguió lo que nadie en Hollywood consigue jamás: ser el dueño de sus historias, desde que las concebía anotándolas en un trozo de papel hasta el montaje final, sin interferencias de los estudios o de los productores. Durante su época dorada a lo largo de los 70, 80 y 90 rodó también, entre otras, Broadway Danny Rose (1984), La rosa púrpura del Cairo (1985), Hannah y sus hermanas (1986), Días de radio (1987), Crimenes y pecados (1989), Misterioso asesinato en Manhattan (1993), Poderosa Afrodita (1995) o Los secretos de Harry (1997).

Mi psicoanalista me advirtió que no saliera contigo, pero eras tan guapa que cambié de psicoanalista. Isaac Davis (Woody Allen), en Manhattan.

En todas estas obras los temas fetiche de Allen aparecen sin descanso: las mujeres, las relaciones (siempre trabajó con sus parejas que eran actrices: Diane Keaton, Mia Farrow, Louise Lasser...), las infidelidades, el poder de la conversación, la muerte, la religión judía, el cine, el jazz, la magia, el psicoanálisis y el sexo. Ya estamos esperando su próximo trabajo, que llegará en 2011: Medianoche en París, con presencia de Carla Bruni - Sarkozy incluida.

Fuente: Diario El Pais, http://cultura.elpais.com/cultura/2010/12/01/actualidad/1291158001_850215.html

miércoles, 8 de febrero de 2017

Primeras revisiones sobre Crisis en seis escenas.

 
 
 

Crisis en seis escenas es la primera serie escrita y dirigida por Woody Allen. ¡Estará disponible exclusivamente en Amazon el 30 de septiembre! Y tenemos las primeras revisiones (con algunos detalles más de la trama) y un montón de nuevas imágenes.
 
Por ejemplo, resulta que el personaje de Miley Cyrusse llamada Lennie. Hasta ahora la gente se enganchaba en su actuación como punto culminante, otro hilo común parece ser sobre todo una película completa dividida en seis.


 
 
 
También aprendemos del personaje de Elaine May que se llama Kay. John Magaro parece ser el suplente de Woody Allen. Y es comparado con comedias de Allen pre-Annie Hall. Las comparaciones con películas como  La ultima noche de Boris Grushenko  y Los hermanos Marx.
 
 
SFChronicle la  llama divertida, pero le falta el peso de dramas de Allen. 'Inspirada tontería'.
Allen está trabajando en territorio familiar aquí, evitando la clase de complejidad del personaje que marca sus mejores películas recientes como "Blue Jazmine" y "Vicky Christina Barcelona." La televisión puede admitir caracteres más complicados estos días. Allen podría reflexionar para futuros proyectos de TV, pero mientras tanto, felizmente a revolcarse en la inspirada tontería de "Crisis".
 
Los E.e.u.u. hoy llama luz divertida. También comparan Cyrus a Diane Keaton.
Crisis no es Allen en su mejor momento, ni en su forma más grave y contemplativa como artista. La crisis es un adorno, una comedia ligera que comienza muy lentamente y construye una conclusión divertida.
 
Indiewire  la tiene a Elaine May como un punto culminante, pero la serie no se eleva por encima de
Allen. Wody siempre ha escrito para las mujeres, como lo demuestra en las 13 nominaciones a los Oscar (y cuatro victorias) para sus protagonistas femeninas. Yo no sería opuesto a la audición de Elaine May llamada para los premios Emmy el año que viene, pero ella tendrá que superar una serie mediocre agresivamente para hacerlo.
 
Sin duda vendrán más comentarios.


 




 

martes, 13 de diciembre de 2016

El nuevo film de Woody.

“Cafe Society”: lo nuevo de Woody Allen con Stewart y Eisenberg

La pareja de actores que protagoniza esta nueva película de Woody Allen. Imagen: woodyallenpages.com 

La pareja de actores que protagoniza esta nueva película de Woody Allen. 

La película más reciente de Woody Allen, "Cafe Society", inaugurará este año el Festival de Cine de Cannes.
Los organizadores dijeron que la película protagonizada por Kristen Stewart y Jesse Eisenberg tendrá su estreno con alfombra roja en el festival de la Riviera Francesa el 11 de mayo.
Blake Lively, Parker Posey y Steve Carrell son actores de reparto en el filme, ambientado en el Hollywood de los años 30.



El anuncio reafirma el viejo amor del cine francés por el director estadounidense de 81. Es la tercera vez que una película de Allen inaugura el festival, después de “Hollywood Ending” en 2002 y “Midnight in Paris” en 2011.

“Cafe Society” no competirá por la Palma de Oro ni los demás premios a ser otorgados por un jurado que preside el director de “Mad Max”, George Miller.
La 69na edición del festival se realizará del 11 al 22 de mayo.

Extraído del Diario Hoy de Paraguay, http://www.hoy.com.py/espectaculos/cafe-society-lo-nuevo-de-woody-allen-con-stewart-y-eisenberg

jueves, 17 de noviembre de 2016

Mis tres peliculas favoritas.

Woody Allen escribe y dirige. No para de trabajar desde hace años. Nos ha entregado películas mejores que otras, pero siempre es un placer tenerlo. Con sus reflexiones acerca del matrimonio, el sexo, la religión, la terapia, el amor... Todo depende de la suerte, nos ha dicho en casi todas sus películas, el pesimista nato.

La rosa purpura de El Cairo

Woody Allen ha hecho tantas películas (y aún me quedan tantas por ver, y eso que he visto más de 15 de sus películas) que es difícil elegir una como preferida. Aún así, mi corazoncito se inclina por "The Purple Rose of Cairo", porque no sólo nos habla del amor por el cine, de lo importante de trasladarnos a esos mundos, sino también se torna más realista en un final agridulce donde su protagonista (Mia Farrow, siempre divina) termina engañada y triste, pero se encierra en una sala de cine y vuelve a sonreír.

Los secretos de Harry

Otra película que me gusta mucho de Woody Allen es "Deconstructing Harry". Siento que es la película en la que Woody Allen es más Woody Allen que nunca. Es un escritor, al que le cuestan las relaciones, se interponen la fantasía y la realidad, y es tan neurótico como siempre.

Crimenes y pecados

Difícil dejar afuera otras películas, pero mi tercer lugar se la dejo a "Crimes and Misdemeanors", aquel drama (que también tiene su parte de comedia) del que luego se copió a sí mismo un poco para "Match Point", en el que el protagonista, un brillante Martin Landau, batalla contra su conciencia tras las decisiones tomadas. "Somos la suma de las decisiones morales que tomamos en la vida".



Extraído del blog Enjoylandia.blogspot.com 
http://enjoylandia.blogspot.com.ar/2012/09/mis-tres-peliculas-preferidas-de-woody.html

Inspiración de la película A Roma con amor.


Abr 09th, 2013 - por 
A Roma con amor - el intercambio de casas¿Qué tal un paseo cinematográfico en las preciosas calles de Roma? De Woody Allen, A Roma con amor , trae la ciudad italiana como uno de sus principales localizaciones, como lo hizo previamente con París, en Medianoche en París y Barcelona, Vicky Cristina Barcelona .Compruebe algunos de los lugares imperdibles de la película para conseguir algo de inspiración en el  intercambio de apartamentos en Roma a medida que se enamoran de la ciudad también.
Fuente de Trevi: situada en la plaza de Trevi, la plaza es el lugar donde un turista estadounidense, Hayley, se encuentra con el Michelangelo italiano, mientras que busca de la fuente de Trevi. La pieza central de la plaza se encuentra el monumento a Víctor Manuel II, que a menudo se llama el "pastel de bodas" o "máquina de escribir de Mussolini" debido a su tamaño y forma llamativa. Sí, es el escenario perfecto para que caigan en el amor, y SPOILER ALERT, lo hacen.
La Garbatella: el encantador barrio de la Garbatella es un secreto que Woody Allen le dio distancia en la película. Completamente fuera de la mayoría de los radares de turismo, es fácil llegar en metro y es perfecto para parar para un bocado: que sin duda desea probar uno de los restaurantes en los alrededores.
Plaza de España: éste no es un lugar de sólo-personas-locales-saber oculto, pero ha sido la inspiración para artistas y músicos durante siglos y es definitivamente algo que debe ir en Roma. Plaza de España está conectado a Trinità dei Monti en la colina arriba, por la escalera más ancha de Europa, la  Scalinata della Trinità dei Monti , conocido por los extranjeros como la Plaza de España.
Villa dei Quintili: una antigua villa fuera de los límites tradicionales de Roma, que fue construido en el transcurso de la 2do. siglo. El antiguo espacio de lujo todavía ha de baño bien conservado con una piscina, caldarium (sala caliente) y frigidarium(sala fría). Las ruinas forman una increíble vista y también puede ser el lugar para diálogos profundos, al igual que los de la película.


Extraído del portal Knok.com 
http://www.knok.com/knoleskine/2013/04/09/movie-inspiration-to-rome-with-love/

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Oh, Diane, Diane, al fin solos


Por José Antonio del Pozo



     
   Siempre me gustó mucho Diane Keaton, porque la encontré adorable en Annie Hall –éramos tan jóvenes-, porque estaba, y muy bien, en El Padrino, porque me la reencontré en ese golpe bajo que es Baby, tú vales mucho, porque el reencuentro fue ya toda una celebración en Misterioso asesinato en Manhattan, sobre todo porque es una actriz que sabe sonreír  sólo con los ojos, sin mover los labios. Esos ojos en almendra que se encendieran desde adentro.

   Entonces cayó en mis manos hará un par de meses el libro de sus memorias, “Ahora y siempre”. Lo picoteé un poco por la mitad, con intención sobre todo de ver los santos y… del todo me atrapó. Me dije, alto, alto, esto merece ir despacio y con buena letra lectora. Lo saboreé entonces de principio a fin, sin prisas, como deben hacerse las cosas que merecen la pena.
    
    Bueno, lo encuentro un libro maravilloso, y esto dicho de un libro de memorias, mayor mérito aún resulta. Escrito a raíz de la muerte de la madre, es en efecto un repaso de su vida y de su carrera pero llevado a cabo con una agilidad y con una destreza literaria más que cautivadora y repleta de logros narrativos y expresivos.

   Es fantástico el tono desenvuelto y en apariencia liviano con que Keaton retrata –siempre en acción- las figuras de sus íntimos (familiares, pero también entre otros W Allen, Al Pacino, Warren Beatty, Jack Nicholson) así como su propia peripecia: sus inseguridades, la bulimia, la autocrítica, la maternidad tardía y bajo adopción, el dolor por la enfermedad y muerte de los padres, la vida). Siempre encuentra Keaton un recurso expresivo vívisimo y nada grandilocuente para trasladarnos con eficacia literaria esa emoción, esa reflexión.
    
    No sé, para mí alguien que escribe de su hijo, “me encantan tus ojos color chocolate, de alegría impenetrable, sólo tienes que entornarlos al sonreír para que el mundo parezca un buen lugar” o “los recuerdos son sólo momentos que se niegan a ser ordinarios” o ante la manta azul marino que cubre el cuerpo muerto de su padre “al menos estaba envuelto en el color del mar al atardecer” –hay decenas de fragmentos así de inspirados-  es una persona que posee un don singular.

    Tan bien escrito está el libro que, quizás al principio por pura envidia, llegó a escamarme tanta pericia. Una persona que escribe con esa maestría  ha desperdiciado su vida si –y de nada de eso se hablaba allí-, siéndole del todo factible como lo sería en su caso tras el éxito profesional, no ha desarrollado ese enorme talento en al menos un puñado más de obras.  Además, que si Diane Keaton, sobre las cualidades interpretativas que ya le adornaban, atesoraba también ese consumado dominio escritor, empezaba a cobrar para mí el perfil de una diosa demasiado perfecta para estos tiempos tan descreídos.  

   Encontré, tanto en la dedicatoria como en los agradecimientos, dos nombres repetidos (David Ebershoff , Bill Clegg), que por el Internet se sabe que corresponden a dos reputados escritores a quienes quizás haya que felicitar por haber puesto todo su arte al servicio de lo que Diane les iba contando. Las vivencias, los sentimientos, la vida que en el libro brotan, discurren y palpitan son los de Diane, y  fueron ellos quienes supieron darle esa forma tan artística. Me alegré en el fondo de  que fuera así, paladeé el libro como la extraordinaria obra literaria que para mí es,  pues hallaron ambos la fórmula mágica para tras las páginas hacerme a la vez partícipe de la intensa sensación de hallarnos allí  Annie Hall y yo al fin solos, y tan divinamente, oiga. 

Extraído de El blog de Jose Antonio del Pozo, http://elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com.ar/2012/07/oh-diane-diane-al-fin-solos.html

domingo, 30 de octubre de 2016

El swing que Allen le pone al cine.

500 temas, 49 películas. “Woody Allen, músico y cineasta” es una obra monumental y reveladora sobre las bandas de sonido de sus filmes.

Por Nicolas Pichersky





 

Sí, el protagonista del último filme de Woody Allen es, como su director y guionista, un fanático del jazz. Y Allen es clarinetista: por su banda de jazz tradicional han pasado figuras como Marshall Brickman, coguionista nada menos que de Annie Hall y Manhattan, y Greg Cohen, bajista de Tom Waits y John Zorn. Por eso en su cine están las canciones de preguerra. Irreductiblemente suyas, al son de los créditos de comienzo y final: sobre fondo negro, Windsor serif cursiva, su tipografía desde que en 1977 el mundo conoció ese fragmento de la vida amorosa llamado Annie Hall.

Porque Woody Allen es una clase muy particular de director de cine, reconocible a ojos cerrados. Son los “directores DJs”: recurren sólo en contados casos a compositores y han creado todo un estilo de banda de sonido con música ya grabada. Así, podría mencionarse a Martin Scorsese, que se nutre con rhythm and blues y las canciones pop de la década del cincuenta, el blues eléctrico y hasta el punk. Stanley Kubrick se benefició de los tesoros de Strauss y Wagner, utilizó la música contemporánea de Ligeti y Shostakovich y, aún más, una canción tan trillada como “Singing in the Rain” acompañando una violación. Más cercanos en el tiempo, Wes Anderson, los hermanos Farrelly, Richad Linklater y Baz Luhrman (codirector de la actual serie The Get Down , sobre los inicios de la cultura DJ) recurren a originales o reinterpretaciones de clásicos de The Kinks, Nick Drake, Cat Stevens, Jonathan Richman, Radiohead, Nina Simone y Beyoncè. El resultado es una rockola específica y original, siempre reconocible en cada autor y justificada en cada escena.

Pero acaso “DJ Woody” es el más identificable de todos. O por lo menos así lo pensó y concibió Jorge Fonte en su paciente y absoluto libro Woody Allen, músico y cineasta . Fundamentalista y fundamental para melómanos y cinéfilos, es una obra enciclopédico de casi setecientas páginas con referencias a las más de quinientas canciones que el director viene usando desde Robó, huyó y lo pescaron (1969) hasta Magia a la luz de la luna (2014) (sólo se descartaron las películas no dirigidas por él). No existe ningún libro en castellano que se haya sumergido como este en el mundo de cada canción del director.

Ciertamente, las películas de Woody Allen, excepto un par de musicales, no son sobre música en sentido estricto, pero sus canciones son la sangre y el oxígeno que le dan el ritmo y el timing a su obra. No lo olvidemos, el señor NYC (nunca más adecuada la abreviatura: nacido y criado… en New York City) además de músico es coleccionista de discos. Fonte escribió una docena de ensayos sobre cine y su curiosidad lo ha llevado a firmar desde obras sobre un director de culto como Russ Meyer, hasta varios volúmenes sobre el universo animado de Walt Disney y Pixar. Tal vez en esta última temática radique el interés del autor por el universo alleniano, que como el de Disney es un cine inseparable de sus canciones.

Después de todo, ¿hay escenas tan universales y memoradas (descaradamente sustraídas a veces) como las del cine de Woody Allen, siempre acompañadas de su canción característica? La maratón interminable de Woody Allen/Isaac Davis para ver a Mariel Hemingway/Tracy, (agasajada en la escena final de Cuando Harry conoció a Sally , cuando Harry comienza a correr) mientras suena “Strike Up the Band” de Gershwin. O el encuentro meticulosamente casual que planea Michael Caine para cruzarse con la hermosura salvaje a cara lavada de Barbara Hershey al compás de “I’ve Heard that Song Before” por Harry James, previa lectura de E. E. Cummings (tributada también en el encuentro en el subte de la pareja de El mismo amor, la misma lluvia de Juan José Campanella).

Como en el comienzo de Annie Hall en la que el protagonista, Alvy Singer –alter ego del director–, evoca su juventud con digresiones –la pantalla lo muestra a los siete años con sus compañeros del servicio militar–, nuestros recuerdos, incluso los de las películas que amamos, son evanescentes.
Este libro viene a poner las cosas en su lugar: cada canción está detallada con su respectiva escena, información, fechas y anécdotas. Y como aclara el prólogo, se trata de un libro o bien de consulta o para leer de corrido… pero tomando aire como “un ejercicio de apnea literaria”. Si lo hacemos, la experiencia es culturalmente amplia: musical, cinematográfica y literaria. A priori, la pregunta que uno podría hacerse es sobre el “para qué” de un ensayo de estas características en tiempos en que todo circula en Internet. Pero es justamente esa la cuestión con la música en la actualidad: a medida que más escuchamos por streaming, más inaccesible se vuelve la corporeidad de un paratexto (tapa, librito, contratapa) y de un relato histórico sobre los músicos que vaya más allá del mero fetiche material.

Así, el libro es no sólo un recorrido cronológico por su filmografía musical que Fonte subdivide inteligentemente en un todo indivisible escena/canción, sino también una verdadera dècoupage musical donde las herramientas de montaje de ese raccord son compositores, letristas e intérpretes: una obra apasionante sobre música y clásicos, alrededor del estilo de Nueva Orleáns (pleno de ragtimes y de blues), y la belle époque de las big bands y el swing.

Es también un manual de standards de jazz casi sin parangones (junto con El canon del jazz de Ted Gioia) que sin embargo emprende un recorrido que atraviesa otros estilos de la música de Allen. ¿Existe acaso hoy un libro en castellano que le dedique casi cuatro páginas a una de las composiciones más fascinantes de la música moderna como “Sing, Sing, Sing”, a un blues fundacional como “Potato Head Blues” o que glose la importancia de compositores, ya no como Gershwin o Cole Porter, bastante transitados, sino de Sammy Cahn, Jimmy Van Heusen o Sammy Fain? Fonte logró trazar en letras elaboradas y horas de dedicación el anverso (el libro prescinde de cualquier imagen) de la famosa foto “A Great Day in Harlem” en la que posaron los héroes del jazz como Count Basie, Roy Eldridge, Thelonious Monk y Mary Lou Williams.

Si Woody Allen es uno de los grandes eruditos del jazz clásico, Fonte lo equilibra con una imaginería musical casi inagotable: si una canción de, por ejemplo, Bob Dylan es mencionada en uno de sus filmes –incluso sin ser parte de la banda de sonido– el autor explica el porqué y hasta la convivencia de su letra en la trama del argumento y sus personajes. Las recomendaciones de cada versión o trascendencia de cada compositor se ilustran también con ejemplos de versiones de Bruce Springsteen, James Brown o The Beatles. El cuadro de época es completo y su nivel de detalle y cinefilia es tan apabullante que hay referencias a canciones del cine de Allen que también acompañaron dibujos animados clásicos de la MGM como Tom y Jerry y los cortos de otro genio del humor, Tex Avery.

Y sin embargo en los “días de radio” de la educación sentimental de Woody Allen, no todo es swing y “todo lo que quiso saber sobre su música” también se puede conocer aquí. Como en el caso de “Adiós muchachos” de la película Scoop : podemos saber por Wikipedia que la grabó Louis Armstrong, pero difícilmente que la hayan registrado en un dueto estupendo Bing Crosby y Rosemary Clooney. El texto no se detiene allí y amplía con una semblanza de su autor, Julio César Sanders.

Woody Allen, músico y cineasta , libro osado, minucioso y también extremo, es la evidencia de que algunas de las escenas más memorables de la historia del cine no se evaporan, se añejan, innovadoras, acrisoladas y vivas, en nuestra memoria.


Extraído de Revista Ñ, http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/swing-Allen-pone-cine_0_1669033230.html