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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los actores de Woody: Tony Randall.


Tony Randall, el amigo de Rock Hudson y Doris Day.


El actor Tony Randall, ganador de un Emmy, recordado en especial como secundario en las películas de Rock Hudson y Doris Day, como 'Confidencias a medianoche', ha muerto a los 84 años. Randall se llamaba en realidad Leonard Rosenbergin y nació en Tulsa (Oklahoma) el 26 de febrero de 1920.







Estuvo casado con Florence Gibbs desde 1942 hasta su muerte en 1992. En noviembre de 1995 contrajo segundas nupcias con Heather Harlan, una mujer 50 años menor a la que conoció en la representación de una obra teatral en Nueva York y con quien fue padre por primera vez cuando tenía 77 años. Le sobreviven dos hijos, Julian Laurette, de siete años, y Jefferson Salvani, de cinco, y sus dos hijos.


Comenzó su carrera en la radio en 1940 y se hizo famoso en los años cincuenta interpretando al amigo cómico de Rock Hudson en buena parte de las comedias que éste protagonizó con Doris Day, como 'Pijama para dos' (1961), 'No me mandes flores' (1964) y 'Confidencias de medianoche" (1959).

Esa serie de comedias marcó estilo por su temática edulcorada y su estética colorista, a las que en 2003 rendía homenaje la película 'Abajo el amor', en la que Randall hizo la que fue su última aparición en la gran pantalla.
Alumno de la Northwestern University de Illinois, tuvo su oportunidad en radio como Reggie en la serie 'I love a mystery', que se emitía en directo en Estados Unidos durante la década de los cuarenta. Como dato curioso merece destacarse que el actor sufría de tinnitus, una dolencia consistente en un zumbido crónico en los oídos.

Tony estudió interpretación en la prestigiosa escuela neoyorquina Neighborhood Playhouse bajo la dirección del legendario profesor Sanford Meisner. Además dio clases de ballet, consiguiendo alcanzar un nivel semiprofesional.

Ya en la década de los setenta interpretó al maniático Felix Unger en la versión televisiva de 'La extraña pareja', basada en una obra de teatro de Neil Simon. Fue por ese papel por el que consiguió el Emmy en 1975. Pero también protagonizó años más tarde 'The Tony Randall Show', donde interpretaba a un juez de Filadelfia, y 'Love, Sidney', durante la temporada 1981-1983, que en aquel entonces destacó como primer programa de televisión de EEUU en el que aparecía un personaje homosexual.

El cómico también se convirtió en invitado habitual en el programa “The Late Show”, de David Letterman, en el que apareció 70 veces y en el que nunca le importaba reírse de sí mismo.

Como homenaje al actor, conocido tanto por su trabajo encima de los escenarios como en televisión y cine, las luces de todos los teatros de Broadway se apagarán a las ocho de la tarde.

El año pasado Randall se sometió a cirugía cardiaca a finales del año pasado, pero la operación le dejó con una neumonía.

 
Randall, destacado militante antitabaco, fue hospitalizado tras actuar durante un mes en 'Right you are', un 'revival' de la obra teatral de Luigi Pirandello representada por la National Actors Theatre, compañía que el actor fundó.

Según la CNN, el actor murió mientras dormía en el hospital de la Universidad de Nueva York. La causa de la muerte, de acuerdo con la nota oficial, fueron 'las complicaciones derivadas de una prolongada enfermedad'.




Filmografia
Distracción fatal

Gremlins 2: la nueva generación  
 
El rey de la comedia

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo y nunca preguntó  (1972)
 
Detective con rubia


No me mandes flores


Una vez a la semana


Pijama para dos


El multimillonario


Las aventuras de Huckleberry Finn


Como Atrapar a un Marido


Confidencias a medianoche

Más furte que la vida


Fuentes: Diario El mundo de España, elmundo.es
http://es.cine.yahoo.com/persona/tony-randall/filmografia.html;




viernes, 15 de febrero de 2013

A Roma con amor, romance y fama en la ciudad eterna.


 
Por Juan Luis Caviaro

 

 Tu madre ha tenido mucha suerte casándose con un “imbecille”.
Fiel a su cita anual, Woody Allen vuelve a las carteleras con la comedia romántica ‘A Roma con amor’ (‘To Rome With Love’, 2012), su séptima película ambientada (totalmente) en Europa. Tras ‘Match Point’ (2005), ‘Scoop’ (2006), ‘Cassandra´s Dream’ (2007), ‘Vicky Cristina Barcelona’ (2008), ‘Conocerás al hombre de tus sueños’ (‘You Will Meet a Tall Dark Stranger’, 2010) y ‘Midnight in Paris’ (2011) —el mayor éxito comercial de su carrera—, el cineasta visita la capital italiana, la ciudad eterna.

A sus 76 años, con más de 40 largometrajes a sus espaldas (solo como director) y un buen puñado de premios, Allen es además de un trabajador incansable uno de los autores más conocidos, respetados y admirados del planeta, fuente de inspiración para numerosos cineastas que han intentado, con mayor o menor éxito, imitar su especial enfoque tragicómico al retratar al ser humano y las relaciones amorosas.

 

Pero Allen no es de los que necesitan complacer a la audiencia; hace las películas que desea hacer. Desde que jugara a ser Bergman, su relación con el público ha sido irregular, y aunque muchas de sus historias son comedias ligeras, accesibles, su nombre va unido a la cultura intelectual y adulta, veneno para la mayoría de espectadores que llenan los multicines. Tampoco le ayudó que ciertos trapos sucios de su vida privada se convirtieran en objeto de debate público, ya sabemos que mucha gente se cree con derecho a juzgar a los demás —a pesar de contar con escasos detalles superficiales—, sobre todo si se trata de famosos.
Precisamente, la fama es uno de los ejes principales de su nueva película. En las cuatro historias en las que se divide ‘A Roma con amor’ se habla del éxito, las facilidades, los lujos y el atractivo que asociamos a las celebridades. Dejando a un lado Roma, una ciudad mágica, cautivadora, idealizada —como el París de su anterior trabajo o el Nueva York de ‘Manhattan’ (1979)—, el otro asunto que proporciona diversidad de puntos de vista es el amor. En cada uno de los relatos se reflejan diferentes maneras de entenderlo y de ponerlo en práctica, no siempre con el propósito de hacer reír.

 

Quizá por la presencia de Penélope Cruz —asociada al mal recuerdo de ‘Vicky Cristina Barcelona’— o por lo improbable de lograr otro éxito como ‘Midnight in Paris’ —que convenció incluso a detractores de Allen, ansiosos por encontrar un motivo que les devuelva a su cómoda postura—, pero también por la edad del realizador —al que muchos se empeñan en considerar agotado—, existía el temor de que ‘A Roma con amor’ estuviese en la línea de sus trabajos menos inspirados. Las primeras críticas no fueron benévolas y se extendió el prejuicio de que el film era poco menos que una excusa del director para disfrutar de vacaciones pagadas.
Nada más lejos de la realidad. Es bien sabido que Allen necesita mantener el control creativo de sus películas y que debe ajustarse a presupuestos limitados por lo que su “ruta turística” por Europa tiene un sentido práctico, es el mejor modo que ha encontrado para seguir plasmando en pantalla esas historias que tanto nos gustan a algunos (aquí tenéis mis cinco favoritas). ‘A Roma con amor’ es uno de esos trabajos con pocas pretensiones que cumplen su objetivo, lo que en el caso de Allen no se limita simplemente a ofrecer un simple entretenimiento —como la inmensa mayoría de estrenos—, hay también belleza, sensibilidad y reflexiones agudas sobre la vida.

 
Quiero destacar tres ideas que me cautivaron y por las que elevo esta película por encima de otras similares. En primer lugar, el viaje introspectivo del personaje de Alec Baldwin, tratando de impedir que su joven alter ego (Jesse Eisenberg) cometa un error cayendo en los brazos de la actriz neurótica (Ellen Page); es un recurso habitual del realizador y lo maneja con maestría —véase ‘Annie Hall’ (1977)—. Segundo, el absurdo circo mediático que se crea en torno al don nadie interpretado por Roberto Benigni —cuyo chófer expone la opinión de Allen sobre la fama—. Y tercero, la delirante representación que organiza ese jubilado adelantado a su tiempo (Allen, retomando en cierto modo el papel de Danny Rose) para aprovechar la fantástica voz de su consuegro (Fabio Armiliato).

Buenas interpretaciones, hermosas postales de Roma, ácidos comentarios sobre la fama y el amor, cómicos enredos, diálogos hilarantes, homenajes al cine italiano —el segmento del joven matrimonio está sacado de ‘El jeque blanco’ (‘Il sceicco bianco’, 1952) de Fellini, uno de los creadores favoritos de Allen—… ‘A Roma con amor’ no es ni lo más brillante ni lo más arriesgado de su director pero sí es una de las películas más deliciosas y divertidas de este año.
 

viernes, 8 de febrero de 2013

Engañarse para ser feliz.


ENTREVISTA A WOODY ALLEN

*Michel Ciment* y *Grégory Valens*:  ¿Cómo comenzó usted a escribir Encontrarás al hombre de tus sueños? ¿tenía alguna idea en mente, un personaje protagonista, o un grupo de personajes?

*Woody Allen*: En primer lugar, pensé en Helena, interpretada por Gemma Jones, una mujer que ya no confía en su Iglesia ni en el psicoanálisis y que se mantiene viva gracias a una vidente charlatana. Su hija consiente y es feliz porque este hecho la consuela. Pero aunque es un personaje que se engaña con ilusiones, y vive en un mundo irreal y fantástico, es la más feliz de todos. Creo que para conocer la felicidad, en gran medida hay que estar ciego. Los personajes que no se engañan a sí mismos son desgraciados. A menudo es algo que se constata en las personas muy religiosas: piensan que hay un ser superior que les cuida, que existe una vida después de la muerte y que podrán ir al paraíso, que su alma será inmortal. Todo esto es absurdo y ridículo, pero son más felices que aquellos que tienen una visión de la vida más realista.


Lo irónico es que ella y su marido (Anthony Hopkins), que son los más mayores, también son los más ingenuos. La experiencia no les sirve de nada.

Alfie en realidad no es ingenuo. Tiene miedo, está desesperado porque se da cuenta de que envejece, que la vida llega a su fin y al mismo tiempo, no quiere admitirlo. Su mujer no cesa de recordárselo y no quiere escucharla. Nadie quiere vivir con alguien que no deja de decir la verdad, porque escucharla no tiene ninguna gracia. Para ella ya no es un hombre joven y debe abandonar el ejercicio físico porque le hace daño. Entonces decide vivir una existencia que niega su verdadera edad y paga el precio que toca. Helena también está desesperada, incluso intenta matarse, pero termina por aferrarse a esta solución falsa que siempre es preferible a la ausencia de solución.

La situación que describe Ud. Podría tratarse desde un registro dramático. Usted ha elegido un tono más ligero. ¿tuvo al comienzo alguna duda acerca del registro del film?

Me gusta jugar con los dos registros. Hacer una película divertida permitiendo que aflore un tono más sombrío, más triste. Quiero que los espectadores se rían en la sala pero que, a continuación, cuando piensen en la película, se den cuenta de que el mundo en el que vivimos no es tan feliz. Lo que digo no es nada nuevo. Engañarse a sí mismo para ser feliz fue algo que observaron Freud, Nietzsche o Eugene O'Neil. En sus obras muestra que demasiada realidad, demasiada verdad, es difícil de soportar. Es necesario crear una existencia ficticia para sobrevivir. A esto lo denominaba el mecanismo de la negación . Estar todo el día sentado en casa, como mostró Tolstoi, y mirar la vida como es, es realmente una prueba deprimente. Es necesario algo más que ofrezca esperanza. A los intelectuales les cuesta tener fe. Observe las películas de Bergman: sus personajes quieren creer pero no lo consiguen. Además de Helena y Jonathan, a mis personajes les gustaría refugiarse en una creencia, pero no lo consiguen.

¿Por eso no está de acuerdo con la idea que contienen los versos de Keats que cita en su película? La verdad es la belleza, la belleza es la verdad.

Es cierto, no comparto en absoluto este pensamiento. La verdad es dolorosa, incluso fea. Lo que necesitamos es la ilusión. Es lo que hace que Blanche Dubois siga viva en Un Tranvía llamado deseo. Cuando se retira la pantalla de papel que rodea la bombilla, y la luz viva ilumina su rostro, las ilusiones desaparecen y su vida se convierte en algo terrible. Dice que no quiere la realidad, sino la magia. Esta huída ante la realidad es un mensaje difícil de superar en un arte popular como es el cine. Un novelista como Tolstoi, un dramaturgo como Tennessee Williams pueden formularla, pero los espectadores del mundo entero que van al cine, precisamente buscan escapar de la realidad, quieren ver a Fred Astaire o a Julia Roberts para creer que la vida puede ser maravillosa. Por eso un artista como Ingmar Bergman tenía un público limitado. A través del humor intento hacer comprender de manera más aceptable la misma reflexión sobre la vida.



Pero aunque los versos de Keats no sirvan para sus personajes, porque para ellos la verdad no es la belleza, como artista, Ud busca la verdad y esta búsqueda se transforma en belleza.

Claro, en la práctica de un arte puede buscarse la verdad, pero los espectadores también pueden mirar la película apreciando la historia y la interpretación de los actores y ser de la opinión de que la película es demasiado dura. Cuando vemos las obras de O'Neil, como The Iceman Coeth (El repartidor de hielo) o Long Day's journey Into Night (Larga jornada hacia la noche) puede apreciarse la belleza al mismo tiempo que no es agradable confrontarse con la verdad que ilumina estas obras.

En Melinda y Melinda trata Ud la misma historia de un modo cómico y trágico. Algunas de sus obras recientes como Match point o El sueño de Cassandra son deliberadamente oscuras. ¿qué le hace decidir la cantidad de comedia que va a introducir en una película?

Depende del tema. En las dos películas que cita, no hay nada divertido en esas situaciones. Ni en Match point, película en la que un hombre joven se halla en un callejón sin salida y termina por cometer un crimen para resolver la situación, ni en El sueño de Cassandra, donde unos hermanos muy unidos terminan por matarse en un barco. Al contrario, con Conocerás?, el punto de partida (una anciana crédula se deja manipular por una mujer que lee la fortuna en las cartas) ya es cómico. Incluso la historia de Roy (Josh Brolin), cuya ambición le lleva a robar el manuscrito de un hombre del que más tarde descubre que no ha muerto, se presta a un tratamiento humorístico, a pesar de lo angustioso de la situación. Como en la vida misma, donde se puede decir de un suceso que si no fuera tan atroz, podría ser divertido? Así la historia del paciente que va a ver al doctor, le dicen que está bien y al salir de la consulta muere de un ataque cardíaco. Algunas ideas del guión pueden ser dramáticas o cómicas, y desarrolladas en una u otra dirección. Me gustan mucho las obras que se debaten entre la risa y el escalofrío. En Un tranvía llamado deseo hay momentos muy divertidos. Este hombre simiesco, que no deja de criticar a Blanche por estar continuamente en el cuarto de baño, es tan divertido como inquietante.

El título de la película es ambiguo y revela esa dualidad: el desconocido bello y oscuro representa al mismo tiempo al príncipe encantador con el que sueñan las mujeres y a la muerte, que como dice su
yerno a Helena, nos espera a todos

Completamente de acuerdo. Por este motivo, lucho por que se traduzca literalmente el título en los países en los que se estrene. En los EEUU, está claro como el agua: es una frase típica de las echadoras de cartas. En algunos países, sin embargo, no significa nada. En inglés es perfectamente ambiguo


Fuente: Texto original: Fragmento de la entrevista a Woody Allen,  de Michel Ciment y Grégory Valens. Publicación: Revista Positif. Octubre 2010 /Nº 596
www.revue-positif.net