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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

viernes, 15 de febrero de 2013

A Roma con amor, romance y fama en la ciudad eterna.


 
Por Juan Luis Caviaro

 

 Tu madre ha tenido mucha suerte casándose con un “imbecille”.
Fiel a su cita anual, Woody Allen vuelve a las carteleras con la comedia romántica ‘A Roma con amor’ (‘To Rome With Love’, 2012), su séptima película ambientada (totalmente) en Europa. Tras ‘Match Point’ (2005), ‘Scoop’ (2006), ‘Cassandra´s Dream’ (2007), ‘Vicky Cristina Barcelona’ (2008), ‘Conocerás al hombre de tus sueños’ (‘You Will Meet a Tall Dark Stranger’, 2010) y ‘Midnight in Paris’ (2011) —el mayor éxito comercial de su carrera—, el cineasta visita la capital italiana, la ciudad eterna.

A sus 76 años, con más de 40 largometrajes a sus espaldas (solo como director) y un buen puñado de premios, Allen es además de un trabajador incansable uno de los autores más conocidos, respetados y admirados del planeta, fuente de inspiración para numerosos cineastas que han intentado, con mayor o menor éxito, imitar su especial enfoque tragicómico al retratar al ser humano y las relaciones amorosas.

 

Pero Allen no es de los que necesitan complacer a la audiencia; hace las películas que desea hacer. Desde que jugara a ser Bergman, su relación con el público ha sido irregular, y aunque muchas de sus historias son comedias ligeras, accesibles, su nombre va unido a la cultura intelectual y adulta, veneno para la mayoría de espectadores que llenan los multicines. Tampoco le ayudó que ciertos trapos sucios de su vida privada se convirtieran en objeto de debate público, ya sabemos que mucha gente se cree con derecho a juzgar a los demás —a pesar de contar con escasos detalles superficiales—, sobre todo si se trata de famosos.
Precisamente, la fama es uno de los ejes principales de su nueva película. En las cuatro historias en las que se divide ‘A Roma con amor’ se habla del éxito, las facilidades, los lujos y el atractivo que asociamos a las celebridades. Dejando a un lado Roma, una ciudad mágica, cautivadora, idealizada —como el París de su anterior trabajo o el Nueva York de ‘Manhattan’ (1979)—, el otro asunto que proporciona diversidad de puntos de vista es el amor. En cada uno de los relatos se reflejan diferentes maneras de entenderlo y de ponerlo en práctica, no siempre con el propósito de hacer reír.

 

Quizá por la presencia de Penélope Cruz —asociada al mal recuerdo de ‘Vicky Cristina Barcelona’— o por lo improbable de lograr otro éxito como ‘Midnight in Paris’ —que convenció incluso a detractores de Allen, ansiosos por encontrar un motivo que les devuelva a su cómoda postura—, pero también por la edad del realizador —al que muchos se empeñan en considerar agotado—, existía el temor de que ‘A Roma con amor’ estuviese en la línea de sus trabajos menos inspirados. Las primeras críticas no fueron benévolas y se extendió el prejuicio de que el film era poco menos que una excusa del director para disfrutar de vacaciones pagadas.
Nada más lejos de la realidad. Es bien sabido que Allen necesita mantener el control creativo de sus películas y que debe ajustarse a presupuestos limitados por lo que su “ruta turística” por Europa tiene un sentido práctico, es el mejor modo que ha encontrado para seguir plasmando en pantalla esas historias que tanto nos gustan a algunos (aquí tenéis mis cinco favoritas). ‘A Roma con amor’ es uno de esos trabajos con pocas pretensiones que cumplen su objetivo, lo que en el caso de Allen no se limita simplemente a ofrecer un simple entretenimiento —como la inmensa mayoría de estrenos—, hay también belleza, sensibilidad y reflexiones agudas sobre la vida.

 
Quiero destacar tres ideas que me cautivaron y por las que elevo esta película por encima de otras similares. En primer lugar, el viaje introspectivo del personaje de Alec Baldwin, tratando de impedir que su joven alter ego (Jesse Eisenberg) cometa un error cayendo en los brazos de la actriz neurótica (Ellen Page); es un recurso habitual del realizador y lo maneja con maestría —véase ‘Annie Hall’ (1977)—. Segundo, el absurdo circo mediático que se crea en torno al don nadie interpretado por Roberto Benigni —cuyo chófer expone la opinión de Allen sobre la fama—. Y tercero, la delirante representación que organiza ese jubilado adelantado a su tiempo (Allen, retomando en cierto modo el papel de Danny Rose) para aprovechar la fantástica voz de su consuegro (Fabio Armiliato).

Buenas interpretaciones, hermosas postales de Roma, ácidos comentarios sobre la fama y el amor, cómicos enredos, diálogos hilarantes, homenajes al cine italiano —el segmento del joven matrimonio está sacado de ‘El jeque blanco’ (‘Il sceicco bianco’, 1952) de Fellini, uno de los creadores favoritos de Allen—… ‘A Roma con amor’ no es ni lo más brillante ni lo más arriesgado de su director pero sí es una de las películas más deliciosas y divertidas de este año.