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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 26 de julio de 2011

Woody Allen escribe sobre Ingmar Bergman.


                            Harriet Andersson en Un verano con Monica

Vida de un genio.

Por Woody Allen

¡La voz del genio! "Día tras día me llevaban o me arrastraban, gritando de angustia, al colegio. Vomitaba encima de cualquier cosa, desfallecía y perdía el sentido del equilibrio." Sobre su madre: "Intenté abrazarla y besarla, pero me apartó con una bofetada." Sobre su padre: "Las palizas brutales eran su argumento favorito." "Me pegó, y yo le devolví el golpe. Se tambaleó, y acabó sentado en el suelo." "Llevaron a mi padre al hospital, para operarle de un tumor maligno en el esófago. Mi madre quería que yo fuese a visitarle. Le contesté que no tenía tiempo ni ganas." Sobre su hermano: "Mi hermano tenía escarlatina... (naturalmente, yo esperaba que se muriera. La enfermedad era peligrosa en aquellos días)." "Cuando mi hermano abrió la puerta, le golpeé con la garrafa en la cabeza. La garrafa se hizo añicos y mi hermano se desplomó mientras la sangre manaba de la herida. Alrededor de un mes más tarde, me agredió sin previo aviso, y me saltó dos dientes. Respondí pegándole fuego a la cama mientras dormía." Sobre su hermana: "Mi hermano mayor y yo, normalmente enemigos mortales, hacíamos las paces y tramábamos planes para asesinar a ese diablillo repulsivo." Sobre él mismo: "Una o dos veces en mi vida he acariciado la idea de suicidarme."

Un entorno religioso: "La mayor parte de nuestra educación se basaba en conceptos tales como el pecado, la confesión, el castigo, el perdón y la gracia. Este hecho bien pudo contribuir a nuestra sorprendente aceptación del nazismo." Y finalmente, una evaluación de la vida: "Se nace sin objeto, se vive sin sentido... Y al morir, no queda nada."

Con esos antecedentes uno tiene que ser un genio. O eso, o hacer muecas en una celda cerrada a cal y canto y con paredes almohadillas con cargo al Estado. No me inspiraban motivos precisamente nobles cuando vi mi primera película de Ingmar Bergman. Los hechos fueron así: yo era un adolescente que vivía en Brooklyn, y corrió la voz de que iban a dar en un cine del barrio una película sueca, donde una muchacha se bañaba completamente desnuda. Raras veces he pasado la noche en la calle para ser el primero en la cola de una película, pero cuando Un verano con Mónica se estrenó en el cine Jewel, en Flatbush, un chico pelirrojo con gafas de negra montura fue visto atropellando a ciudadanos respetables en su afán por conseguir la butaca más selecta y discreta.

Yo no sabía quién era el director de la película, ni me importaba, ni tenía sensibilidad entonces para apreciar su fuerza: la ironía, las tensiones, el estilo expresionista alemán con su poética fotografía en blanco y negro y los toques eróticos sadomasoquistas. Yo salí pensando únicamente en el momento en que Harriet Andersson se quita la ropa, y aunque era mi primer contacto con un director que acabaría considerando con fervor como el mejor de todos, no lo comprendí entonces. Hasta que unos pocos años más tarde, en busca de algo más estimulante que una tarde de minigolf, la chica con que me había citado y yo fuimos paseando para ver una película titulada Noche de circo. Yo era un poco mayor y empezaba a sentir un más amplio interés por el cine, y la experiencia fue decididamente más profunda esta vez. El sentido alemán seguía siendo su influencia principal y había una paliza tremenda, sádica en el clímax; aunque el argumento no estaba del todo centrado, la película había sido dirigida con tan inmenso talento, que estuve en vilo en mi butaca hora y media, con los ojos como platos. Realmente, la secuencia en la que Frost, el payaso, va a buscar a su casquivana esposa, que chapotea desnuda en el agua para divertir a unos cuantos soldados, era tan magistral en su planificación, ritmo de montaje e inspirada evocación de la humillación y el dolor, que había que retroceder hasta Eisenstein para hallar una fuerza cinematográfica comparable. Esta vez, desde luego, anoté el nombre del director, que era sueco y que, como me pasaba siempre entonces, archivé y olvidé.

Hasta fines de los cincuenta, cuando llevé a la que era mi mujer entonces a ver una película muy comentada y con el título no muy prometedor de Wild Strawberries (Fresas silvestres) no comenzó lo que se convertiría en una adicción de por vida a las películas de Ingmar Bergman. Todavía me acuerdo que la vi con la boca seca y el corazón latiendo con fuerza desde la primera y misteriosa secuencia inicial del sueño hasta el sereno primer plano final. ¿Quién podría olvidar tales imágenes? El reloj sin agujas. El carruaje tirado por un caballo que se atasca. El sol cegador y el rostro del viejo arrastrado al ataúd por su propio cadáver. Evidentemente, había ahí un maestro con un estilo inspirado y personal; un artista de profunda inquietud e intelecto, cuyas películas se revelarían a la altura de la gran literatura europea. Poco después vi El mago, una audaz dramatización en blanco y negro de ciertas ideas de Kierkegaard presentadas como un cuento de ocultismo, potenciadas por una cámara hipnótica, original, cuyo estilo hallaría su crescendo años más tarde en la onírica Gritos y susurros. La referencia a Kierkegaard no acarrea que la película sea árida o didáctica en exceso. Tengan la plena seguridad, por favor, de que El mago, como la mayoría de las películas de Bergman, posee un brillante sentido del espectáculo.

Porque, además de todo eso –y quizá lo más importante– Bergman sabe entretener, es un gran narrador de historias que jamás pierde de vista un hecho: sean cuales fueren las ideas que desea comunicar, las películas tienen que emocionar al público. Su teatralidad es realmente inspirada, e imaginativo su empleo de la iluminación gótica, pasada de moda, y las elegantes composiciones. El exagerado surrealismo de sueño y símbolos, el montaje inicial de Persona, la cena de La hora del lobo, y en La pasión de Ana, el descaro de parar a intervalos el absorbente relato, para que los actores expliquen al público lo que intentan expresar, constituyen momentos de gran espectáculo.

El séptimo sello fue siempre mi película favorita, y me acuerdo de cuando la vi, con no mucho público, en el viejo cine New Yorker. ¿Quién podría imaginar que un tema semejante pudiese proporcionar una tan agradable experiencia? Si tuviese que explicar el argumento, para convencer a un amigo de que la viese conmigo, ¿qué podría yo decir? "Bueno, transcurre en una Suecia medieval azotada por la peste y explora los límites de la fe y de la razón a partir de conceptos filosóficos daneses y hasta cierto punto alemanes." Eso no guarda gran relación con lo que se entiende por pasar un rato divertido, pero está todo contado con imaginación, suspenso y olfato tan pasmosos, que uno se queda clavado como un niño oyendo un desgarrador cuento de hadas. La negra silueta de la Muerte aparece de pronto en una playa, y el Caballero de la Razón la desafía a una partida de ajedrez, intentando ganar tiempo y descubrir algún sentido en la vida. La fábula arranca y se despliega con siniestra inevitabilidad. ¡Y las imágenes, una vez más, quitan el aliento! Los flagelantes, la quema de la bruja (digna de Carl Dreyer), y el final, con la Muerte que conduce el baile de los condenados al infierno, en uno de los planos más memorables de todos los tiempos.

Bergman es prolífico, y las películas que siguieron a sus primeras obras han sido ricas y variadas, según sus obsesiones se desplazaron del silencio de Dios a las torturadas relaciones de almas llenas de angustia que tratan de comprender sus sentimientos. (En realidad, las películas descritas no son exactamente sus primeras, sino obras medias, porque había dirigido algunas películas, desconocidas hasta que su estilo y reputación fueron generalmente reconocidos. Estas primeras películas son muy buenas, pero sorprendentemente convencionales, sabiendo adónde irían a parar.) En los cincuenta había asimilado sus influencias, al tiempo que su genio se afirmaba. Los alemanes todavía le impresionaban. Yo veo a Fritz Lang en su obra, y a Carl Dreyer, el danés. Y también a Chéjov, Strindberg y Kafka.

Yo divido sus películas entre las que son sencillamente soberbias ( Detrás de un vidrio oscuro, Luz de invierno, El silencio, La fuente de la doncella, La pasión de Ana, por citar algunas) y las obras maestras verdaderamente notables (Persona, Gritos y susurros y Escenas de la vida conyugal), junto con otras que había visto antes. Hay también películas atípicas como Vergüenza y Fanny y Alexander, que proporcionan sus propios placeres particulares, e incluso algún traspié ocasional como El huevo de la serpiente o Cara a cara.

Pero hasta en los experimentos menos afortunados de Bergman hay instantes memorables. Ejemplos: el sonido de una sierra fuera de la ventana durante una escena íntima entre los amantes adúlteros en El toque, y el momento en que Ingrid Bergman enseña a su patética hija cómo debe interpretarse al piano cierto preludio en Sonata de otoño. Sus fracasos son con frecuencia más interesantes que los logros de otros. Y pienso ahora en De la vida de las marionetas y Después del ensayo.

Una digresión sobre el estilo. El ámbito predominante en las películas acostumbraba a ser el mundo físico, externo. Sin duda, así ha sido durante años. Ahí están las películas cómicas y los westerns, y las películas de guerra, y las de persecución, y las películas de gángsters, y las películas musicales, para atestiguarlo. Pero, al afirmarse la revolución freudiana, sin embargo, el ámbito más fascinante del cine derivó hacia lo interior, y las películas se encontraron con un problema. La psique no es visible. ¿Y qué hay que hacer cuando las batallas más interesantes se libran en el corazón y en la mente? Bergman desarrolló un estilo para abordar el interior del hombre, y es el único director que ha explorado los campos de batalla del alma hasta el último confín. Impunemente, ha escrutado con su cámara los rostros hasta perder la conciencia del tiempo, mientras sus actores y actrices lidiaban con su propia angustia. Y veías grandes interpretaciones en tremendos primeros planos que duraban mucho más tiempo del que los libros de texto consideran conveniente para el arte del cine. Los rostros lo son todo para Bergman. Primeros planos. Más primeros planos. Extremados primeros planos. Creó sueños y fantasías, para combinarlos con tanta delicadeza con la realidad, que gradualmente un cierto sentido de la interioridad humana salió a la superficie. Y empleó enormes silencios con increíble eficacia. El territorio de las películas de Bergman es diferente del de sus contemporáneos. Hace juego con las playas desoladas de la isla rocosa donde habita. Ha encontrado un medio para mostrar el paisaje del alma. (Ha dicho que ve el alma como una membrana, una membrana roja, y así la mostró en Gritos y susurros.) Al rechazar la norma de acción convencional establecida en el cine, ha permitido que en el interior de los personajes bramen guerras tan agudamente visuales como los movimientos de un ejército. Vean Persona.

Por si esto fuera poco, damas y caballeros, Bergman es un director barato. Es rápido, sus películas cuestan poco, y su minúscula banda de colaboradores es capaz de completar una verdadera obra de arte en la mitad del tiempo y por una décima parte del dinero que muchos dilapidarían en un suntuoso desperdicio de celuloide. Y, además, escribe los guiones él solito. ¿Qué más se puede pedir? Significado, profundidad, estilo, imágenes, belleza visual, tensión, instinto narrativo, rapidez, economía, fecundidad, innovación, una dirección de actores sin par. A todo eso me refiero cuando digo que es el mejor. Tal vez otros directores le superan en áreas aisladas, pero nadie es un artista tan completo como él.

De acuerdo, volvamos a Linterna mágica, su libro. Habla mucho de problemas del estómago. Pero es interesante. Es informal, anecdótico. No es cronológico, como se supone que debería ser la historia de la vida de uno. No se monta una saga acerca de cómo empezó y, poco a poco, dominó el teatro y el cine de Suecia. La narración da saltos, hacia delante y hacia atrás, aparentemente a capricho de la inspiración del autor. Contiene extrañas anécdotas y sentimientos tristes. Una extraña anécdota: de niño se quedó encerrado en un depósito de cadáveres, donde le fascinó el cuerpo desnudo de una muchacha. Un sentimiento triste: "Mi mujer y yo vivimos muy próximos. Uno de los dos piensa, y el otro responde, o al revés. No sé cómo definir nuestra afinidad. Pero un problema es insoluble. Algún día un golpe caerá para separarnos. Y ningún dios afable nos convertirá en árboles que den sombra a la granja." Omite cosas que uno creía que iba a considerar. Sus películas, por ejemplo. Bueno, tal vez no las omita exactamente, pero dice mucho menos de lo que cabía esperar, considerando que ha hecho más de cuarenta. Tampoco se habla mucho de sus esposas en este libro. Las ha tenido en abundancia. (Y montones de hijos también, aunque apenas se les mencione.) Entre ellas está Liv Ullmann, que vivió años a su lado, fue la madre de unos de sus hijos, y una gran estrella en sus películas. Tampoco se dice mucho sobre los actores y las actrices de sus películas.

¿Y qué hay entonces? Pues hay muchas revelaciones apasionantes, pero sobre su infancia en la mayor parte. Y sobre su trabajo en el teatro. Detalle interesante, dibuja cada escena antes de ensayarla. Y hay un relato emocionante de cómo dirigía a Anders Ek, un actor en varias de sus películas, enfermo de leucemia y que utilizaba su miedo a la muerte próxima para interpretar un personaje de Strindberg. Bergman adora el teatro. Es su verdadera familia. De hecho, la cálida, entrañable familia de Fanny y Alexander nunca existió en la realidad, es un símbolo del teatro. (Eso no está en el libro. Pero lo sé.) Bergman habla también de sus enfermedades: "He padecido varias dolencias indefinibles, y no puedo decir a ciencia cierta si deseaba sobrevivir o no." Y sobre sus funciones corporales: "En todos los teatros donde he trabajado un cierto tiempo, he tenido siempre mi propio retrete."

Su crisis mayor también está aquí, el escándalo de los impuestos. Uno se queda hipnotizado leyendo su recuento. En 1976, Bergman fue groseramente sacado de un ensayo y llevado a la jefatura de policía para declarar sobre el dinero que debía al gobierno, porque su declaración era incorrecta. Eso es algo que puede pasar cuando uno recurre a un gestor, presume que él lo llevará todo estupenda y abiertamente, y descubre luego que, confiadamente, ha firmado papeles sin entenderlos, o siquiera leerlos. La cuestión está en que Bergman era inocente de la acusación de fraude premeditado, pero la hacienda sueca no evitó que las autoridades le trataran de forma desabrida y cerril. El resultado fue una depresión nerviosa, una hospitalización, y un exilio autoimpuesto en Alemania, entre sentimientos de rabia y profunda humillación.

En fin, la imagen que uno saca es la de una personalidad altamente emotiva, no fácilmente adaptable a la vida en este mundo frío y cruel, pero muy profesional y productiva, y desde luego un genio del arte dramático. A juzgar por la traducción, Bergman escribe muy bien y, con frecuencia, sus descripciones prenden y emocionan. Yo devoré cada página, pero no se me puede hacer demasiado caso, porque siento el mayor interés hacia este artista particular. Se me hace difícil creer que ha cumplido ya los setenta años. En su libro recuerda que, cuando tenía diez años, le regalaron una linterna mágica, que proyectaba sombras en la pared. Eso despertó en él una pasión amorosa por el cine, conmovedora en la intensidad de su sentimiento. Ahora que su fama es mundial y ya no hace más películas, escribe lo siguiente: "La butaca es cómoda, la habitación acogedora, se hace la oscuridad y las primeras imágenes tiemblan en la pantalla blanca. Todo está en calma, el proyector susurra débilmente en la insonorizada sala de proyección. Las sombras se mueven, vuelven sus rostros hacia mí, quieren que preste atención a sus destinos. Han pasado sesenta años, pero la emoción sigue siendo la misma."

Fuente: La Jornada Semanal. Domingo 22 de junio de 2003. Num. 43

jueves, 21 de julio de 2011

Woody Allen, un tipo muy bien educado.

El director neoyorquino promociona en Oviedo su nueva película, Conocerás al hombre de tus sueños - "Los actores españoles son de los mejores del mundo"


Por GREGORIO BELINCHÓN - Oviedo - 24/08/2010
 
Woody Allen es el invitado perfecto. Agradecido, bien educado, con palabras amables para todos. ¿Qué le preguntan por Asturias? "Gran tierra" ¿Qué si vuelve a rodar a España? "No sé dónde haré la próxima. Rodaré donde lo pida la historia, y aún no me he puesto a ello. Nueva York o Europa pueden ser. Madrid, San Sebastián, Pamplona, Santander [se detiene unos segundos] son muy pintorescas". ¿Qué tal los actores españoles, ahora que suma a Antonio Banderas en Conocerás al hombre de tus sueños, a la pareja Penélope Cruz y Javier Bardem en Vicky Cristina Barcelona? "Los actores españoles son muy buenos y han ganado popularidad en los últimos años, son de los mejores del mundo. Hubo un momento en que los intérpretes internacionales eran italianos (Sofia Loren, Marcelo Mastroianni), luego franceses y suecos y ahora son españoles. Tengo suerte de haber trabajado con los mejores. Nuestra colaboración ha sido muy fácil y una gran experiencia. Si la historia lo pide, sería un gran placer repetir con ellos". ¿Y su colaboración con el Centro Niemeyer, responsable de su visita a Asturias, y del que es asesor? "Mi única conexión actual con ellos es hablar con otros directores americanos para que participen en los programas de filmes. Haré y ayudaré en todo lo que me pidan. Pero mi participación es pequeña, no tengo nada ver con otros programas culturales como el de ópera, teatro. Mis filmes están disponibles para lo que el Niemeyer quiera".
 
 
Woody Allen, Lucy Punch y Gemma Jones en Oviedo.- AFP


En fin, que en la rueda de prensa tuvo comentarios positivos para todo el mundo... a excepción del único momento en que se le vio nervioso. Justo cuando se anunciaba la última pregunta, Allen respondió al móvil. Era la una de la tarde y Soon Yi Previn, su mujer, quería saber dónde estaba: la rueda de prensa había empezado tarde por culpa de una de las actrices que le acompañaban, Lucy Punch, y a esa hora debería de haber terminado. Por megafonía se oía gritar a Soon Yi inquiriendo sobre el paradero de su esposo, mientras este, a duras penas, era capaz de decirle: "Ahora te llamo, ahora te llamo".

Del resto quedó una imagen del Allen más amable. Enjuto, sordo, pero incluso divertido. Para el neoyorquino, ya con 74 años, le resulta fácil seguir con el ritmo de un rodaje por verano. Porque este fin de semana estrena en España Conocerás al hombre de tus sueños, pero el sábado acabó el rodaje en la capital francesa de Midnight in Paris. "No es duro rodar un filme al año. El problema es el dinero, y yo tengo suerte. Si tienes el dinero para hacer la película no es un gran esfuerzo: preproduces, ruedas y montas. Bergman y Buñuel llegaron a rodar más de una por año. La mayor parte del tiempo se desperdicia buscando el dinero".

Sólo tuvo dos momentos de mayor seriedad, cuando habló del actual cine estadounidense y de la posibilidad de pinceladas autobiográficas en sus películas. Ante lo primero, dijo: "El cine estadounidense actual solo piensa en hacer dinero, no en la originalidad. Lo contrario a las películas europeas. Aunque es verdad que a mi país solo llega un puñado de filmes europeos, supongo que las que nos llegan serán las mejores. Desde luego hoy es una cultura más creativa. En Estados Unidos ya nadie piensa en la originalidad". El otro momento para la reflexión lo encaró así: "Hay muy poco autobiográfico en la mayor parte de mis películas. Incluso la gente dice que algunos de mis trabajos eran autobiográficos cuando estaban escritos por guionistas con los que yo colaboraba en ese momento. Son fabulaciones. Lo de la autobiografía es un bulo". Y a comer, que Soon Yi no esperaba más. Esta noche, estreno en Avilés, a dormir de vuelta a Oviedo, y mañana regreso a Nueva York, que hace ya mucho que Allen no pasea por su Manhattan.


Fuente: http://www.elpais.com/articulo/cultura/Woody/Allen/tipo/bien/educado/elpten/20100824elpepucul_3/Tes

martes, 12 de julio de 2011

Las actrices de Woody: Janet Margolin.






Janet Margolin, nació el 25 de julio de 1943 en Nueva York, Estados Unidos.
y falleció el 17 de diciembre de 1993, (50 años), en Los Angeles, California, Estados Unidos.
Estuvo casada con Ted Margolin, desde 1979 y tuvo dos hijos.





Primeros años

Janet Margolin nació en Nueva York , hija de Benjamin Margolin, un contador que nació en Rusia, fundador y presidente de la Fundación Nefrosis, ahora la fundación del riñón de Nueva York. Su madre era Annette Margolin (Lief nombre de soltera, hija de Abraham y Lief Nina). Asistió a la Escuela de Artes Escénicas . En 1961, a los 18 años, mientras que recibio apoyo en el New York Shakespeare Festival , ganó un papel en el escenario de Broadway como en Anna  Hijas del Silencio  de Morris West, el New York Times , clasificó la obra en la categoria de  un buen elenco", y dijo que "su Anna tiene un papel frágil y  atormentado".

 

Carrera

En 1962, interpretó su primer papel cinematográfico como protagonista femenina de la película  David y Lisa . Ella jugó el interés amoroso del personaje principal en la película Enter Laughing (1967).
En Robó, huyó y lo pescaron (1969) interpretó el interés amoroso del ladrón torpe interpretado por Woody Allen, y en Dos extraños amantes (1977) interpretó a la esposa de ascenso social del personaje de Woody Allen.
Su papel fue en la última película Los Cazafantasmas II en 1989, y su papel de la televisión como un asesina en un episodio de ha escrito un crimen ("malentendido mortal") y como víctima en Columbo ("Asesinato en Malibú") en 1990.
 

Vida personal

Janet Margolin murió de cáncer de ovario a la edad de 50 años,  el 17 de diciembre de 1993, en Los Angeles, California . Fue incinerada y sus cenizas fueron colocadas en una urna en el jardín de Westwood Memorial Park de Los Angeles . Ella dejó en el camino a sus hermanos, Emily, Barbara y Laura, su esposo, el actor / director Ted , y sus dos hijos, Julian y Tilly.
Janet Margolin es a veces identificada como la hermana del actor Stuart Margolin y su hermano, director Arnold Margolin . Sin embargo, los obituarios de Margolin y su padre indican que ella no tenía hermanos.

 

Filmografía

Fuente: en.wikipedia.org/wiki/Janet_Margolin

viernes, 8 de julio de 2011

Un geniecillo de voz multiplicada entre muchas voces.

Por Claudio España, Domingo 26 de julio de 1992
Caricatura por Sócrates

Elocuencia: el notable creador norteamericano del personaje de "Zelig" -su alter ego sin querer- continúa abriendo un camino inteligente y sensible, en donde la palabra y la imagen se convierten en expresión única y necesaria.

"The Woody Allen New Project" se llama por ahora el film que está rodando Woody Allen para Columbia/TriStar. No tiene título aún, simplemente es un proyecto en producción, pero los financistas no pueden dejar de anunciarlo para dar confianza al público que espera del notable creador norteamericano una película más.

Cada uno de los films de Woody -escrito y dirigido por él, a veces actuado- es una vuelta más sobre la película anterior o sobre las anteriores.

Woody Allen se niega a filmar en Hollywood -sólo apareció recientemente, apenas como actor, en el film del sello Touchstone "Escenas en el centro comercial"- y prefiere sentar reales en Nueva York, cuyas estructuras industriales más reducidas respecto de las de la costa Oeste tiene una tradición que vinculas las realizaciones de Allen como lo mejor del cine independiente norteamericano. Para Woody Allen, el cine neoyorquino se asocia con las corrientes del llamado New American Cinema, que surgió a comienzos de los años '60 y les dio a sus productos un toque nada espectacular y el sabor europeo del cine de autor que se hacía evidente por aquellos años.






Una sonrisa que trasciende

Dueño del humor judío contemporaneo, la sonrisa de Woody Allen se extiende más allá de los Estados Unidos y de la colectividad donde nacen sus divertidas observaciones. En Francia es uno de los directores predilectos y no faltan quienes atribuyen el gran traspié financiero de Orion -la empresa que lo tuvo largamente bajo contrato- al escaso atractivo de "Alice", uno de sus films recientes, en París y otras ciudades europeas. Los franceces creen que Orion, ya en las últimas, no tuvo el necesario aliento para seguir impulsando la figura del cómico con públicidad rotunda.

Intensamente verbal, el cine de Woody Allen no pierde méritos por falta de acción. Se sabe que sus discursos fílmicos -imagenes siempre muy atractivas y diálogos impecables y renovados- superan apenas los 70 minutos de duración. Hay consenso: en algo menos de la hora y media, Woody puede decirlo todo.

"Zelig" (1982), uno de los grandes títulos de este creador, es en buena medida paradigma de sus otros films. Allí se expresa el enmascaramiento del personaje, un "camaleón" que toma la imagen de quien tiene delante. También el film está enmascarado: una gran ficción vestida de documental y un documental con innegable fondo y forma ficcionales.

Woody Allen se ha enmascarado largamente bajo el estilo de otros realizadores, habitualmente europeos. Quiso ser Fellini en "Comedia sexual de una noche de verano", fue Bergman en "Interiores", en "Hanna y sus hermanas", en "La otra mujer" y en "Crimenes y pecados". No obstante, cada film invita al creador a una vuelta sobre si mismo, a reencarnarse en su humor propio y a hacer jugar en cada película infinitas voces en un permanente dialogismo y hacer que cada una de sus obras anteriores sea una voz más entre las muchas del film.

Voces entre otras voces

Voces no son sólo diálogos escritos y dichos. Son ideas personales, expresiones compartidas y sentimientos populares encontrados en la palabra filmica (audiovisual) y trascriptos para que el espectador haga suya una expresión creadora, sin que haya una voz única -hegemónica- que dirija normativamente la conducta del público.

Sobre esta base enmascara el creador su presencia.

En "El laberinto de la soledad", vieja y restallante declaración del espiritu mexicano debida a Octavio Paz, el autor recuerda que la autenticidad del pueblo azteca nace de la máscara, del carnaval y la embriagez creadora.

Woody Allen comenzó como actor, pasó a ser guionista y recaló finalmente en la dirección, sin abandonar lo anterior. Al descubrirse como director se dio el gusto de mostrarse como actor sólo en ocaciones. Tampoco expuso su reconocible figura en "La rosa púrpura de El Cairo", en "Septiembre", en "La otra mujer" ni en "Alice" entre otras. Sin embargo, nadie duda de que todos los personajes están dialogando, si no con él, como él.

Se espera verlo asomarse tras un decorado o frente a algún personaje. Aunque no aparezca, uno sale del cine con la impresión de haberlo visto, de haberlo escuchado y de haber diálogado con su figura esmirriada, con su gesto delicado y con sus ojillos tras las infaltables gafas.

Expresionismo

"Sombras y niebla" -un título que recuerda el del famoso corto de Alain Resnais "Noche y niebla", recuerdo nefasto de la orden de exterminio dada por los nazis- es el film (terminado) más reciente de Woody Allen. Lo rodó entre 1990 y 1991 y lo recuperó para el público europeo, para el latinoamericano y para el espectador culto o adicto norteamericano.

El elenco de "Sombras y niebla" que estrenará UIP/Columbia, trae un elenco impresionante. Entre los actores, algunos solo aparecen sólo unos minutos, Mia Farrow, por duodecima vez como protagonista de una película de Woody Allen; Julie Kavner, quinta vez; Kennet Mars, segunda vez -éstos entre los asiduos-, y Madonna, Kathy Bates, John Malkovich, John Cusack, Jodie Foster, Kate Nelligan, Donald Pleasence y Lily Tomlyn. También Woody Allen, que protagoniza la historia.

"Sombras y niebla" está ambientada en una ciudad figurada de los años 20, en una región centroeuropea -según la iconografía-, con reminiscencias del expresionismo Alemán. Woody Allen sale a buscar a un estrangulador que sale por las noches, exactamente cuando llega un circo. El motivo le sirve al artista para reconstruir una nueva voz entre las muchas que se entrelazan con su palabra: la de Kafka, la de los expresionistas alemanes de la Republica de Weimar, la de Fritz Lang, las de la prostitución, el circo y la megalomanía, la de Jack el Destripador y algunas otras, seguramente.

Fuente : Diario La Nación, Espectáculos, 26/07/1992