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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

sábado, 13 de abril de 2013

Comedia sexual de una noche de verano.


Woody Allen casi esquina Bergman.

Caricatura de Pratico.


Se titula “Comedia sexual de una noche de verano” y, aunque él niega todo parentesco con Bergman, el rótulo remite inevitablemente a “Sonrisas de una noche de verano”, que su colega sueco filmó hace más de veinte años. Son infidencias y enredos eróticos de una noche campestre, en alcobas por las que transitan el propio Woody, Tony Roberts, Mary Steenburgen y dos celebridades: Mía Farrow y José Ferrer.



Hace unos quince años atrás el inefable y múltiple Woody Allen era un tipo modesto que concedía todas las entrevistas y respondía serenamente a las incómodas preguntas que suelen formular los cronistas neoyorquinos que se especializan en el “show business”. Por entonces, Woody era ese libretista de televisión que de vez en cuando accedía al teatro con una pieza propia, y que cuando su rostro narigón y anteojudo aparecía en cámara era confundido con un empleado administrativo del canal.

Cuando cambió su suerte y la fama de “Interiores” y “Manhattan” lo proyectó a la pantalla internacional, los festivales y los análisis críticos más sesudos mimaron a este humorista, al punto de convertirlo en un geniecito, proclamado incluso por la revista “Newsweek” como una especie de “mini héroe nacional”. Entonces Woody se volvió mucho más displicente con el periodismo. Una entrevista con él llegó a valer oro; la grabación de un diálogo “ping-pong” con él durante cinco minutos era desesperadamente codiciada. Y él lo sabía.

Hasta que, de repente, la crítica le dijo cosas que no le gustaron. Porque “Stardust Memories” (Recuerdos, para el público argentino) no llegó a ser un fracaso pero le anduvo raspando. Los cronistas se tornaron duros y el genio se volvió a ablandar. Así fue que en estos días Woody Allen no solo se dignó anticipar el título de la película que está filmando sino que hasta concedió entrevistas, largas, tranquilas, como aquellas de la época en que su pieza “Play it again, Sam” (Sueños de seductor), que luego llegó al cine, se representaba en Broadway.

“Se trata de una película que celebra la alegría del verano en el campo”, dijo el actor y director. Se refería a este film en marcha, que se titula “Comedia sexual de una noche de verano”. La fórmula, sin duda, alude a un célebre y honroso antecedente: “Sonrisas de una noche de verano”, aquella “comedia” que el sueco Ingmar Bergman suscribió hace más de veinte años. La película estará lista para comienzos de la primavera (abril), y saldrá a la palestra en pleno verano (julio), para exhibirse en varios circuitos de ambas costas.

“La verdad es que no pensé en Bergman, pero si ustedes lo señalan es porque algún parentesco habrá”, dice Woody con una humildad de doble filo que suena un poco impostada.

En una entrevista concedida especialmente a “Variety”, el realizador puntualizó detalles de la trama: “El protagonista soy yo. Pero a mi lado hay otros papeles de primer nivel. Estos personajes se hallan ligados, sexual y afectivamente, y a veces los lazos secretos se concretan con la mujer o la novia de otro”. Y agregó Woody: “Los protagonistas se encuentran un poco confundidos, y esto da lugar que a veces no acierten con los dormitorios correctos, con la consiguiente confusión, vergüenza o verdadera alegría. Claro, todo esto depende del partenaire que a uno le toque en esa noche campestre”.

Junto a Woody actúan, su eterno compañero (y amigo en la vida real) Tony Roberts, Mía Farrow, José Ferrer y Mary Steenburgen.

 

Fuente: Diario Clarín, sección Espectáculos, Buenos Aires, sábado 13 de marzo de 1982.

 

jueves, 11 de abril de 2013

Querido diario español.



2 de enero.
He recibido una oferta para escribir y dirigir una película en Barcelona. Tengo que ser precavido. España es soleada y yo pecoso. El dinero no es mucho, pero mi agente se las ingenió para darme un décimo del uno por ciento de todo lo que la película recaude una vez que sobreapase los cuatrocientos millones de dólares. No tengo idea alguna para Barcelona salvo la de dos judíos que inician una firma de entrega de embalsamamientos. Puedo llegar a cambiarla.

5 de marzo.
Me he reunido con Penélope Cruz y Javier Bardem. Ella es arrebatadora y más sexual de lo que imaginaba. Durante la entrevista, mis pantalones echaban fuego. Bardem es uno de esos actores de genialidad desbordante que claramente necesitan mi mano dura.

2 de abril.
Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y por su madre. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambia de agentes, luego ambos cambian de madre. Scarlett tiene talento, pero da mucho trabajo.

1ro de junio.
Llegada a Barcelona. Asientos en primera clase. Hotel prometido de media estrella, el año que viene instalarán el agua corriente.

5 de junio.
La filmación ha comenzado agitada. Rebecca Hall, muy joven y en su primer rol importante, es un poco más temperamental de lo que pensé y me barrió del set. Le expliqué que el director debe estar presente para dirigir el film. Por más que traté no pude convencerla y debí disfrazarme del hombre que entregaba la comida para poder entrometerme nuevamente en  el set.
15 de junio.
El trabajo finalmente se encarrila. He rodado una tórrida escena de amor entre Scarlett y Javier. Hace unos años hubiese interpretado yo su papel. Cuando se lo he dicho a Scarlett, ha soltado un enigmático “uh-huh”. Scarlett llegó tarde al set y la he regañado, explicándole que no tolero retrasos de mis actores. Ha escuchado con respeto, aunque me ha parecido que mientras yo hablaba, ella ha encendido su iPod.

20 de junio.
Barcelona es una ciudad maravillosa. Multitudes salen a las calles para vernos trabajar. Por suerte se dan cuenta que no tengo tiempo para firmar autógrafos, entonces se los piden a los miembros del elenco. Más tarde traigo unas fotos mías de 8 por 10 en la que le doy la mano a Spiro Agnew (vicepresidente durante el gobierno de Nixon en USA) y me ofrezco a firmárselas, pero para entonces la multitud se había dispersado.

26 de junio.
Filmamos en La Sagrada Familia, la obra maestra de Gaudí. Pensaba que tengo mucho en común con el gran arquitecto español. Los dos desafiamos las convenciones, él con sus asombrosos diseños y yo usando un babero para langostas en la ducha.

30 de junio.
Las tomas diarias se ven bien. Y aunque la idea de Javier de agregar una escena con una invasión masiva de marcianos con miles de extras y elaborados platillos voladores no me pareció muy buena, igual la filmaré para dejarlo contento y quedará en el cuarto de edición.

3 de julio.
Scarlett ha venido hoy con una de esas preguntas que hacen los actores. “¿Cuál es mi motivación?”. He dado un respingo: “Tu salario”. Entonces me ha dicho que estaba bien pero que necesitaba mucha más motivación para continuar. El triple. De lo contrario amenazaba con irse. Le gané de mano con su treta y me fui primero. Luego se fue ella. Ahora estamos tan alejados que necesitamos gritar para oírnos. Entonces ella dijo que iba a saltar. Yo salté también… Pronto estábamos en un impasse. En el impasse corrí hacia mis amigos y bebimos juntos. Por supuesto quedé atascado con la cuenta.

15 de julio.
Otra vez he tenido que ayudar a Javier con las escenas de sexo. La secuencia requiere que él agarre a Penélope Cruz, le arranque la ropa y la arrastre a la cama. Ha ganado un Oscar y todavía necesita que le enseñe a interpretar una pasión. Agarré a Penélope y le arranqué la ropa sin saber que todavía no se había cambiado y que era su caro vestido el que había destrozado. Sin dudarlo la llevé frente a la chimenea y me eché sobre ella. Escurridiza como es, rodó a un lado una fracción de segundo antes que yo aterrizara en el piso causándome la fractura de ciertos dientes clave. Buen día de trabajo. Volveré a comer sólido en agosto.
30 de julio.
Las tomas diarias lucen brillantes. Probablemente sea muy temprano para planear la campaña para los Oscars. Sin embargo algunas notas para el discurso de agradecimiento, me ahorrarán tiempo más tarde.

3 de agosto.
Supongo que es parte de esta profesión. Como director uno es en parte maestro, en parte psicólogo, figura paterna, gurú. ¿Con el paso de las semanas ambas, Scarlett y Penélope, han desarrollado un enamoramiento hacia mí? El frágil corazón femenino. Me doy cuenta por el pobre Javier que observa envidioso cuando las actrices me regalan ciertas miradas, pero yo le explico que ese desenfrenado deseo femenino por un icono del cine, particularmente por uno que utiliza un desprecio de frío comando, es de esperarse. Mientras cuando me acerco al set cada mañana bañado y frescamente perfumado, entre Scarlett y Penélope hay un frenesí virtual. Nunca me ha gustado mezclar negocios con placer, pero quizá deba hacerme cargo de la pasión de cada una por una buena llegada a término del film. Tal vez le pueda dar a Penélope miércoles y viernes, satisfaciendo a Scarlett martes y jueves. Como en un estacionamiento alternativo. Esto dejaría el lunes libre para Rebecca, a quien detuve justo cuando se iba a tatuar mi nombre en su nalga. He bebido unos tragos con las damas del elenco para fijar algunas reglas. El viejo sistema de los cupones de racionamiento podría funcionar.

10 de agosto.
Escena emocional de Javier. He tenido que darle unas pautas. Mientras me imita, todo va bien, pero en el momento en que intenta su propia actuación, se pierde. Entonces solloza y se pregunta cómo sobrevivirá cuando ya no le dirija. Intento explicarle con educación y firmeza que debe hacerlo lo mejor que pueda sin mí y que debe intentar recordar mis consejos. Sé que le he animado, porque al dejar su camerino he escuchado sus risas y las de sus amigos.

20 de agosto.
He hecho el amor simultáneamente con Scarlett y Pénelope en un esfuerzo para mantenerlas felices. El trío me dio una idea para el clímax de la película. Rebecca golpeaba y golpeaba la puerta. Finalmente la dejé entrar, pero estas camas españolas son tan pequeñas que no entrábamos los cuatro y cuando ella se nos unió yo no paraba de rebotar en el piso.

25 de agosto.
Hoy terminamos la filmación. Con la fiesta usual y su tristeza. Baile suave con Scarlett. Se le quiebra un dedo. No es mi culpa. Cuando ella me empujó para alejarme se lo pisé. Penélope y Javier están ansiosos por trabajar conmigo nuevamente. Dijeron que si alguna vez tengo otro guión trate de encontrarlos. Trago del adiós con Rebecca. Momento sentimental. El equipo completo entra al lugar y me regala una birome. Hemos decidido llamar a la película “Vicky Cristina Barcelona”. Las cabezas de estudio han visto todo el material. Aparentemente aman el filme y están en conversaciones para estrenarla en una colonia de leprosos. Se está muy solo en la cima.

Con amor, Woody Allen.


sábado, 6 de abril de 2013

Los hermanos sean unidos.



El sueño de Cassandra

Por Mariel Diez

 
El sueño de Cassandra está entre las mejores de su carrera, a pesar de no ser una comedia. Así como lo hizo con Crímenes y pecados y Match Point, Woody vuelve al thriller en una película donde lo sueños,  los límites y los valores morales se ponen a prueba en todo momento en una historia fraternal.

 
Los fanáticos de Woody Allen, y los no tanto, consideran que es el mejor director de cine de los últimos tiempos. Su película El sueño de Cassandra, es la mejor evidencia de esta afirmación. Y la aceptación del público en aquellos países donde ya fue estrenada sorprendió hasta al mismísimo Allen: “Me sentí gratificado por la repercusión que tuvo entre la audiencia, a pesar de que la gente piense: “Es un director de comedia” y siempre esperan que haga comedias. Creí que con Crímenes y pecados había sido claro, pero tengo que demostrar que cada tanto me gusta hacer películas que no son graciosas y que, aun así, la gente disfrute viéndolas”.

Es el film más oscuro que hizo Allen en años y uno de los  mejores de su carrera. Vale la pena comprar la entrada y disfrutarlo en el cine, precisamente para ver la versatilidad que tiene el brillante hombrecito de Nueva York.

La Película

El sueño de Cassandra cuenta la historia de dos hermanos: Ian, interpretado por Ewan McGregor, es el mayor y el más ambicioso. Terry (Colin Farrell), es más honesto y trabajador, con un perfil mucho más bajo que el de su hermano. Ambos se presentan como gente trabajadora, con respecto hacia los demás y hacia su misma relación, tanto de amistad como de sangre, pero la adicción al juego lleva a Terry a endeudarse más de la cuenta y la ambición de Ian por tener una vida más glamorosa los hace recurrir a su acaudalado tío, quien los extorsiona a cambio de dinero que necesitan para resolver los problemas.





A diferencia de casi todas las películas de Allen, ésta se centra en la relación entre hermanos, en lugar de entre un hombre y una mujer. Pasan de ser unidos como gemelos que se confían hasta la vida, a tener opiniones encontradas, especialmente sobre valores morales, ambiciones al límite al que una persona puede llegar sin que el peso de la conciencia lo haga explotar. Woody se refiere al tema defendiendo la idea de que la gente comete todo tipo de crímenes en la vida real, sin sufrir las consecuencias. “Si no tienes conciencia moral y estás dispuesto a hacer cosas horribles, no te va a detener la idea del cielo o el infierno o el más allá. Simplemente te vas a detener cuando vos mismo te pongas un freno. La única moralidad que realmente tenemos es la que nos imponemos y eso es lo que traté de reflejar en mis películas. Como en El sueño de Cassandra, hay personas que pueden comete crímenes y no tener conciencia moral al respecto, y otros que no lo pueden soportar”.

El Director

Nacido en Brooklyn en 1935, Allen Stewart Konigsberg siempre se mostró tímido, gracioso y amante del cine. La primera película que vio fue Blancanieves a los tres años y, fue tal la emoción, que se acercó a la pantalla a tocar a los enanitos para ver si eran de verdad. Durante su adolescencia enviaba chistes a periodistas de los diarios de su ciudad, quienes empezaron a publicarlos en forma anónima. Recién a los 17 años, aparecieron bajo el seudónimo de Woody Allen. Nombre que adoptó por el resto de su vida.




Tras abandonar la Universidad de Nueva York, consiguió el primer contrato en el programa The Colgate Happy Tour y empezó su carrera de cómico en varios clubes nocturnos, donde logró vencer su timidez. “Fue la peor época de mi vida. Sentía un nudo en el estómago que empezaba cuando me levantaba y recién se deshacía a las once de la noche, cuando empezaba a recitar”, recuerda. Así creció su popularidad y, gracias a su humor, le ofrecieron escribir su primer guion para la pantalla grande. Aceptó a cambio de 35 mil dólares y un papel en la película, la cual llamó What’s new, Pussycat? Era 1964, Woody empezaba a escribir su historia. 44 años y 36 películas más tarde vuelve a sorprendernos.

Todavía a los 72 años, mantiene el ritmo laboral de cuando empezó: hacer una película por año (y cuando sus ideas lo inundan, nos deleita con dos). Sin embargo, hacía mucho tiempo que no se lo notaba tan orgulloso con uno de sus films: “Hacer El sueño de Cassandra fue para mí una experiencia placentera porque tuve la oportunidad de trabajar con actores y actrices cuyos trabajos siempre he admirado y a quienes nunca antes había conocido”. Otra de las razones por las que el director disfrutó tanto es porque filmó en Londres, una ciudad que ya había albergado a sus dos trabajos anteriores y que tiene un clima ideal para él, no sólo porque lo considera perfecto para sus películas sino porque además siente que es un reflejo de su temperamento.





Los Protagonistas

Ewan McGregor quedó fascinado al trabajar con Woody Allen, por lo organizado y riguroso que es: “La mayor parte de las películas se ruedan en un plano único, donde hay mucho diálogo y no se repiten tomas. El rodaje es tan rápido que tenés que dar todo en el primer momento”, comenta. Su interpretación se destaca por la sencillez con la que se desarrolla, como si el director lo hubiese dejado actuar sin darle ninguna indicación. Colin Farrell también brinda una performance que sorprende. Su personaje es muy diferente de los papeles en los que ha trabajado, ya que interpreta a un mecánico de autos que logra mantener la grasa debajo de las uñas hasta la última escena. Para el irlandés, esta película, junto con Pride and Glory e In Bruges, marcan el inicio de una nueva etapa en su carrera, después de superar adicciones y fracasos de taquilla. De Woody Allen dijo que es una persona muy gentil y muy ordenada: “Jamás lo sentí como el director, hicimos casi toda la película con las primeras tomas. A él le gusta ver cómo es tu interpretación, confía mucho en los actores y si siente que hay algo que corregir, te lo dice de una manera tan amable que dan ganas de hacer una segunda toma”.

 
Fuente: Revista Miradas.

  

domingo, 31 de marzo de 2013

Woody y la risa, número 9.

Sigamos riéndonos...







Extraído de Woody Allen, un libro de humor, número 1, Editorial Nueva Imagen, Mexico 1980.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los actores de Woody: Tony Randall.


Tony Randall, el amigo de Rock Hudson y Doris Day.


El actor Tony Randall, ganador de un Emmy, recordado en especial como secundario en las películas de Rock Hudson y Doris Day, como 'Confidencias a medianoche', ha muerto a los 84 años. Randall se llamaba en realidad Leonard Rosenbergin y nació en Tulsa (Oklahoma) el 26 de febrero de 1920.







Estuvo casado con Florence Gibbs desde 1942 hasta su muerte en 1992. En noviembre de 1995 contrajo segundas nupcias con Heather Harlan, una mujer 50 años menor a la que conoció en la representación de una obra teatral en Nueva York y con quien fue padre por primera vez cuando tenía 77 años. Le sobreviven dos hijos, Julian Laurette, de siete años, y Jefferson Salvani, de cinco, y sus dos hijos.


Comenzó su carrera en la radio en 1940 y se hizo famoso en los años cincuenta interpretando al amigo cómico de Rock Hudson en buena parte de las comedias que éste protagonizó con Doris Day, como 'Pijama para dos' (1961), 'No me mandes flores' (1964) y 'Confidencias de medianoche" (1959).

Esa serie de comedias marcó estilo por su temática edulcorada y su estética colorista, a las que en 2003 rendía homenaje la película 'Abajo el amor', en la que Randall hizo la que fue su última aparición en la gran pantalla.

Alumno de la Northwestern University de Illinois, tuvo su oportunidad en radio como Reggie en la serie 'I love a mystery', que se emitía en directo en Estados Unidos durante la década de los cuarenta. Como dato curioso merece destacarse que el actor sufría de tinnitus, una dolencia consistente en un zumbido crónico en los oídos.

Tony estudió interpretación en la prestigiosa escuela neoyorquina Neighborhood Playhouse bajo la dirección del legendario profesor Sanford Meisner. Además dio clases de ballet, consiguiendo alcanzar un nivel semiprofesional.

Ya en la década de los setenta interpretó al maniático Felix Unger en la versión televisiva de 'La extraña pareja', basada en una obra de teatro de Neil Simon. Fue por ese papel por el que consiguió el Emmy en 1975. Pero también protagonizó años más tarde 'The Tony Randall Show', donde interpretaba a un juez de Filadelfia, y 'Love, Sidney', durante la temporada 1981-1983, que en aquel entonces destacó como primer programa de televisión de EEUU en el que aparecía un personaje homosexual.

El cómico también se convirtió en invitado habitual en el programa “The Late Show”, de David Letterman, en el que apareció 70 veces y en el que nunca le importaba reírse de sí mismo.

Como homenaje al actor, conocido tanto por su trabajo encima de los escenarios como en televisión y cine, las luces de todos los teatros de Broadway se apagarán a las ocho de la tarde.

El año pasado Randall se sometió a cirugía cardiaca a finales del año pasado, pero la operación le dejó con una neumonía.

 
Randall, destacado militante antitabaco, fue hospitalizado tras actuar durante un mes en 'Right you are', un 'revival' de la obra teatral de Luigi Pirandello representada por la National Actors Theatre, compañía que el actor fundó.

Según la CNN, el actor murió mientras dormía en el hospital de la Universidad de Nueva York. La causa de la muerte, de acuerdo con la nota oficial, fueron 'las complicaciones derivadas de una prolongada enfermedad'.




Filmografia
Distracción fatal

Gremlins 2: la nueva generación  
 
El rey de la comedia

Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo y nunca preguntó  (1972)
 
Detective con rubia


No me mandes flores


Una vez a la semana


Pijama para dos


El multimillonario


Las aventuras de Huckleberry Finn


Como Atrapar a un Marido


Confidencias a medianoche

Más furte que la vida


Fuentes: Diario El mundo de España, elmundo.es
http://es.cine.yahoo.com/persona/tony-randall/filmografia.html;




viernes, 15 de febrero de 2013

A Roma con amor, romance y fama en la ciudad eterna.


 
Por Juan Luis Caviaro

 

 Tu madre ha tenido mucha suerte casándose con un “imbecille”.
Fiel a su cita anual, Woody Allen vuelve a las carteleras con la comedia romántica ‘A Roma con amor’ (‘To Rome With Love’, 2012), su séptima película ambientada (totalmente) en Europa. Tras ‘Match Point’ (2005), ‘Scoop’ (2006), ‘Cassandra´s Dream’ (2007), ‘Vicky Cristina Barcelona’ (2008), ‘Conocerás al hombre de tus sueños’ (‘You Will Meet a Tall Dark Stranger’, 2010) y ‘Midnight in Paris’ (2011) —el mayor éxito comercial de su carrera—, el cineasta visita la capital italiana, la ciudad eterna.

A sus 76 años, con más de 40 largometrajes a sus espaldas (solo como director) y un buen puñado de premios, Allen es además de un trabajador incansable uno de los autores más conocidos, respetados y admirados del planeta, fuente de inspiración para numerosos cineastas que han intentado, con mayor o menor éxito, imitar su especial enfoque tragicómico al retratar al ser humano y las relaciones amorosas.

 

Pero Allen no es de los que necesitan complacer a la audiencia; hace las películas que desea hacer. Desde que jugara a ser Bergman, su relación con el público ha sido irregular, y aunque muchas de sus historias son comedias ligeras, accesibles, su nombre va unido a la cultura intelectual y adulta, veneno para la mayoría de espectadores que llenan los multicines. Tampoco le ayudó que ciertos trapos sucios de su vida privada se convirtieran en objeto de debate público, ya sabemos que mucha gente se cree con derecho a juzgar a los demás —a pesar de contar con escasos detalles superficiales—, sobre todo si se trata de famosos.
Precisamente, la fama es uno de los ejes principales de su nueva película. En las cuatro historias en las que se divide ‘A Roma con amor’ se habla del éxito, las facilidades, los lujos y el atractivo que asociamos a las celebridades. Dejando a un lado Roma, una ciudad mágica, cautivadora, idealizada —como el París de su anterior trabajo o el Nueva York de ‘Manhattan’ (1979)—, el otro asunto que proporciona diversidad de puntos de vista es el amor. En cada uno de los relatos se reflejan diferentes maneras de entenderlo y de ponerlo en práctica, no siempre con el propósito de hacer reír.

 

Quizá por la presencia de Penélope Cruz —asociada al mal recuerdo de ‘Vicky Cristina Barcelona’— o por lo improbable de lograr otro éxito como ‘Midnight in Paris’ —que convenció incluso a detractores de Allen, ansiosos por encontrar un motivo que les devuelva a su cómoda postura—, pero también por la edad del realizador —al que muchos se empeñan en considerar agotado—, existía el temor de que ‘A Roma con amor’ estuviese en la línea de sus trabajos menos inspirados. Las primeras críticas no fueron benévolas y se extendió el prejuicio de que el film era poco menos que una excusa del director para disfrutar de vacaciones pagadas.
Nada más lejos de la realidad. Es bien sabido que Allen necesita mantener el control creativo de sus películas y que debe ajustarse a presupuestos limitados por lo que su “ruta turística” por Europa tiene un sentido práctico, es el mejor modo que ha encontrado para seguir plasmando en pantalla esas historias que tanto nos gustan a algunos (aquí tenéis mis cinco favoritas). ‘A Roma con amor’ es uno de esos trabajos con pocas pretensiones que cumplen su objetivo, lo que en el caso de Allen no se limita simplemente a ofrecer un simple entretenimiento —como la inmensa mayoría de estrenos—, hay también belleza, sensibilidad y reflexiones agudas sobre la vida.

 
Quiero destacar tres ideas que me cautivaron y por las que elevo esta película por encima de otras similares. En primer lugar, el viaje introspectivo del personaje de Alec Baldwin, tratando de impedir que su joven alter ego (Jesse Eisenberg) cometa un error cayendo en los brazos de la actriz neurótica (Ellen Page); es un recurso habitual del realizador y lo maneja con maestría —véase ‘Annie Hall’ (1977)—. Segundo, el absurdo circo mediático que se crea en torno al don nadie interpretado por Roberto Benigni —cuyo chófer expone la opinión de Allen sobre la fama—. Y tercero, la delirante representación que organiza ese jubilado adelantado a su tiempo (Allen, retomando en cierto modo el papel de Danny Rose) para aprovechar la fantástica voz de su consuegro (Fabio Armiliato).

Buenas interpretaciones, hermosas postales de Roma, ácidos comentarios sobre la fama y el amor, cómicos enredos, diálogos hilarantes, homenajes al cine italiano —el segmento del joven matrimonio está sacado de ‘El jeque blanco’ (‘Il sceicco bianco’, 1952) de Fellini, uno de los creadores favoritos de Allen—… ‘A Roma con amor’ no es ni lo más brillante ni lo más arriesgado de su director pero sí es una de las películas más deliciosas y divertidas de este año.
 

viernes, 8 de febrero de 2013

Engañarse para ser feliz.


ENTREVISTA A WOODY ALLEN

*Michel Ciment* y *Grégory Valens*:  ¿Cómo comenzó usted a escribir Encontrarás al hombre de tus sueños? ¿tenía alguna idea en mente, un personaje protagonista, o un grupo de personajes?

*Woody Allen*: En primer lugar, pensé en Helena, interpretada por Gemma Jones, una mujer que ya no confía en su Iglesia ni en el psicoanálisis y que se mantiene viva gracias a una vidente charlatana. Su hija consiente y es feliz porque este hecho la consuela. Pero aunque es un personaje que se engaña con ilusiones, y vive en un mundo irreal y fantástico, es la más feliz de todos. Creo que para conocer la felicidad, en gran medida hay que estar ciego. Los personajes que no se engañan a sí mismos son desgraciados. A menudo es algo que se constata en las personas muy religiosas: piensan que hay un ser superior que les cuida, que existe una vida después de la muerte y que podrán ir al paraíso, que su alma será inmortal. Todo esto es absurdo y ridículo, pero son más felices que aquellos que tienen una visión de la vida más realista.


Lo irónico es que ella y su marido (Anthony Hopkins), que son los más mayores, también son los más ingenuos. La experiencia no les sirve de nada.

Alfie en realidad no es ingenuo. Tiene miedo, está desesperado porque se da cuenta de que envejece, que la vida llega a su fin y al mismo tiempo, no quiere admitirlo. Su mujer no cesa de recordárselo y no quiere escucharla. Nadie quiere vivir con alguien que no deja de decir la verdad, porque escucharla no tiene ninguna gracia. Para ella ya no es un hombre joven y debe abandonar el ejercicio físico porque le hace daño. Entonces decide vivir una existencia que niega su verdadera edad y paga el precio que toca. Helena también está desesperada, incluso intenta matarse, pero termina por aferrarse a esta solución falsa que siempre es preferible a la ausencia de solución.

La situación que describe Ud. Podría tratarse desde un registro dramático. Usted ha elegido un tono más ligero. ¿tuvo al comienzo alguna duda acerca del registro del film?

Me gusta jugar con los dos registros. Hacer una película divertida permitiendo que aflore un tono más sombrío, más triste. Quiero que los espectadores se rían en la sala pero que, a continuación, cuando piensen en la película, se den cuenta de que el mundo en el que vivimos no es tan feliz. Lo que digo no es nada nuevo. Engañarse a sí mismo para ser feliz fue algo que observaron Freud, Nietzsche o Eugene O'Neil. En sus obras muestra que demasiada realidad, demasiada verdad, es difícil de soportar. Es necesario crear una existencia ficticia para sobrevivir. A esto lo denominaba el mecanismo de la negación . Estar todo el día sentado en casa, como mostró Tolstoi, y mirar la vida como es, es realmente una prueba deprimente. Es necesario algo más que ofrezca esperanza. A los intelectuales les cuesta tener fe. Observe las películas de Bergman: sus personajes quieren creer pero no lo consiguen. Además de Helena y Jonathan, a mis personajes les gustaría refugiarse en una creencia, pero no lo consiguen.

¿Por eso no está de acuerdo con la idea que contienen los versos de Keats que cita en su película? La verdad es la belleza, la belleza es la verdad.

Es cierto, no comparto en absoluto este pensamiento. La verdad es dolorosa, incluso fea. Lo que necesitamos es la ilusión. Es lo que hace que Blanche Dubois siga viva en Un Tranvía llamado deseo. Cuando se retira la pantalla de papel que rodea la bombilla, y la luz viva ilumina su rostro, las ilusiones desaparecen y su vida se convierte en algo terrible. Dice que no quiere la realidad, sino la magia. Esta huída ante la realidad es un mensaje difícil de superar en un arte popular como es el cine. Un novelista como Tolstoi, un dramaturgo como Tennessee Williams pueden formularla, pero los espectadores del mundo entero que van al cine, precisamente buscan escapar de la realidad, quieren ver a Fred Astaire o a Julia Roberts para creer que la vida puede ser maravillosa. Por eso un artista como Ingmar Bergman tenía un público limitado. A través del humor intento hacer comprender de manera más aceptable la misma reflexión sobre la vida.



Pero aunque los versos de Keats no sirvan para sus personajes, porque para ellos la verdad no es la belleza, como artista, Ud busca la verdad y esta búsqueda se transforma en belleza.

Claro, en la práctica de un arte puede buscarse la verdad, pero los espectadores también pueden mirar la película apreciando la historia y la interpretación de los actores y ser de la opinión de que la película es demasiado dura. Cuando vemos las obras de O'Neil, como The Iceman Coeth (El repartidor de hielo) o Long Day's journey Into Night (Larga jornada hacia la noche) puede apreciarse la belleza al mismo tiempo que no es agradable confrontarse con la verdad que ilumina estas obras.

En Melinda y Melinda trata Ud la misma historia de un modo cómico y trágico. Algunas de sus obras recientes como Match point o El sueño de Cassandra son deliberadamente oscuras. ¿qué le hace decidir la cantidad de comedia que va a introducir en una película?

Depende del tema. En las dos películas que cita, no hay nada divertido en esas situaciones. Ni en Match point, película en la que un hombre joven se halla en un callejón sin salida y termina por cometer un crimen para resolver la situación, ni en El sueño de Cassandra, donde unos hermanos muy unidos terminan por matarse en un barco. Al contrario, con Conocerás?, el punto de partida (una anciana crédula se deja manipular por una mujer que lee la fortuna en las cartas) ya es cómico. Incluso la historia de Roy (Josh Brolin), cuya ambición le lleva a robar el manuscrito de un hombre del que más tarde descubre que no ha muerto, se presta a un tratamiento humorístico, a pesar de lo angustioso de la situación. Como en la vida misma, donde se puede decir de un suceso que si no fuera tan atroz, podría ser divertido? Así la historia del paciente que va a ver al doctor, le dicen que está bien y al salir de la consulta muere de un ataque cardíaco. Algunas ideas del guión pueden ser dramáticas o cómicas, y desarrolladas en una u otra dirección. Me gustan mucho las obras que se debaten entre la risa y el escalofrío. En Un tranvía llamado deseo hay momentos muy divertidos. Este hombre simiesco, que no deja de criticar a Blanche por estar continuamente en el cuarto de baño, es tan divertido como inquietante.

El título de la película es ambiguo y revela esa dualidad: el desconocido bello y oscuro representa al mismo tiempo al príncipe encantador con el que sueñan las mujeres y a la muerte, que como dice su
yerno a Helena, nos espera a todos

Completamente de acuerdo. Por este motivo, lucho por que se traduzca literalmente el título en los países en los que se estrene. En los EEUU, está claro como el agua: es una frase típica de las echadoras de cartas. En algunos países, sin embargo, no significa nada. En inglés es perfectamente ambiguo


Fuente: Texto original: Fragmento de la entrevista a Woody Allen,  de Michel Ciment y Grégory Valens. Publicación: Revista Positif. Octubre 2010 /Nº 596
www.revue-positif.net