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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

sábado, 23 de agosto de 2014

La vida es una mudanza.


La influencia de Woody Allen en el cine no tiene fin. A veces sale un simulador que revela una maravillosa autenticidad: Noah Baumbach

Por JAVIER OCAÑA




La influencia de Woody Allen en el cine contemporáneo no tiene fin. Y, sin embargo, a pesar del reflejo, a pesar de la evidencia, de vez en cuando sale un aparente simulador que, paradójicamente, revela una maravillosa autenticidad. Por ejemplo, Noah Baumbach.

En Frances Ha, el autor de las magníficas Una historia de Brooklyn (2005) y Margot y la boda (2007), excéntricas, luminosas y, al mismo tiempo, desesperanzadoras películas alrededor de la familia, y coguionista de Life aquatic y de Fantástico Mr. Fox, ambas dirigidas por Wes Anderson, se centra esta vez en una veinteañera neoyorquina que bien podría ser la sosias del joven Woody de Annie Hall, Manhattan y Recuerdos: una chica maravillosamente descentrada, amorosamente torpe, fundamentalmente excéntrica, ni guapa ni fea sino todo lo contrario, de la que te acabas enamorando sin remedio. Las letras blancas sobre fondo negro que inician la película, tipografía casi exacta, y las que van dando paso a los distintos capítulos de la odisea por la ciudad de la protagonista, enmarcados cada uno en un cambio de casa, en un cambio de barrio, remiten de forma clarísima al cine de Allen.

También el tono de comedia con tintes complejos e incluso dramáticos, armada sobre las excentricidades de su joven criatura. Pero siempre hay algo que se separa de Allen para convertirlo en puro Baumbach. Como esa insólita, casi mágica, utilización de la banda sonora, nada acomodaticia, siempre pertinente con el tono de la secuencia, aunando elegancia y estrambote para acabar conformando un universo cómico con un afilado matiz dramático alrededor del doloroso devenir de una joven bailarina sin la suficiente brillantez para dejar de ser una suplente, de una chica que a veces ni siquiera sabe controlar su simpatía, de una mujer guapa pero no tanto, de una persona con aspiraciones de primera, siempre relegada al segundo plano, de un ser que ambiciona la independencia mientras quiere estar rodeada de amistad, que busca y busca la cúspide. Una contradicción. Quizá como todos nosotros. Una chica que borda Greta Gerwig, musa del llamado cinemumblecore, algo así como la puesta al día del cine de guerrilla de palabrería e identificación.






FRANCES HA

Dirección: Noah Baumbach.

Intérpretes: Greta Gerwig, Mickey Sumner, Michael Esper, Adam Driver, Michael Zegen.

Género: comedia. EE UU, 2012.

Duración: 86 minutos.

En glorioso blanco y negro, Frances Ha, prima hermana gamberra de la alemana Oh boy, se constituye así como un soplo de autenticidad salido de un terreno tan reconocible como el del Woody de finales de los años setenta, de conversaciones de apariencia intrascendente que esconden una gran complejidad, de charlas sobre los grandes temas del ser humano desplegadas sin alharacas. Una película de apariencia sencilla y espectacular armazón emocional.



Extraido de http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/03/actualidad/1396541271_474238.HTML