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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 4 de abril de 2017

Los actores de Woody: Nick Apollo Forte.

Original









Nick Apollo Forte trabajando con Woody Allen... y en los cruceros

Por Jon Solomon

Nick Apolo Forte, que podrá realizar en Denver por primera vez en dos décadas el domingo 22 de abril en Clocktower Cabaret de Lannie, es mejor conocido por interpretar al cantante de salón Lou Canova en Broadway Danny Rose. pero es mucho más que un cantante: él comenzó como baterista y ha estado tocando el piano durante décadas.
Recientemente hablamos con Forte, que ha estado casado 54 años y tiene siete hijos y 22 nietos, sobre Broadway Danny Rose y la realización cruceros durante quince años, y cómo consiguió su apodo medio "Apollo".

Nick Apollo Forte: Estoy haciendo grandes trabajos, y tambien preparo mi barco para ir a Rhode Island.



Oigo que estás en la pesca.

Venga, sí. Por supuesto, he trabajado en cruceros durante más de quince años en cruceros. Me mantengo muy ocupado. Aquí y allí se muestra. Es tan agradable para su reproducción en Denver. Voy a decirte algo: la mayor cantidad de dinero que he hecho en cualquier grabación fue una canción que escribí llamada "Amor a su país" aunque yo soy un chico de ciudad. Es entonces cuando estaban tratando de obtener la música de mi país en el área de Nueva York, aquí en la costa este.

Así que cuando Lannie me llamó por teléfono y dijo, "¿consideraría salir de aquí? Tengo un lugarcito aquí, dije,"Oye, trabajaremos hacia fuera." Vamos a hacer ejercicio por lo que puedo hacer mi show. Sé que tengo unos fans ahi. Sólo recibió un e-mail de un abogado en la ciudad y dijo que iba a bajar una pequeña banda de allí.

Mi todo es redondo. A trabajar con Tony Bennett, Frank Sinatra, Dean Martin. En cualquier lugar del país en los años 50, cosas de los años 60. Lo Mezclo todo. Por supuesto, soy conocido por la película con Woody Allen, Broadway Danny Rose. Escribí una canción divertida para él, llamada "Agita", que trata de indigestión ácida, y el otro se llamaba "Mi Bambina". La canción "Mi Bambina" ha vendido dos CDs para mí con el tiempo. 

La cosa sobre ella es que Lannie ha conseguido ya un par de buenos músicos, que es muy importante porque los chicos tienen lo que llaman en nuestro negocio "orejas grandes". Los chicos tienen que tener las orejas grandes porque soy tan espontáneo; Si no son "standard" superior, no van a hacerlo. Créeme. Detrás de mí, que he tenido en cualquier parte de la Tonight Show bandas y orquestas de tipo gran Hotel, pero cuando se trata de mi teclado, un tambor y un bajo, no te equivocas. Hace años, preguntaba Tony Bennett, "¿por qué siempre usas un trío?" le dije "menos posibilidades de errores",que tiene sentido porque cuando no tienes ese combo pequeño, estás a merced del eslabón más débil en una orquesta. Y es muy mecanizado. En otras palabras, es un conjunto.

Doy a los músicos una lista de canciones voy a interpretar y digo: "Son todos temas comunes". Si conoce, conoce. Si no, no te preocupes es porque toco el bajo a mano izquierda, de todos modos. Un baterista tiene que seguir el ritmo. Sé que te gusta lo que hago porque es bien redondeado. Mi show es bien redondeado. Toca todas las bases.



¿Cuándo fue la última vez que usted interpretó aquí?

Dios mío. Eso hace veinte años.

¿Así que esta será la primera vez desde entonces?

Sí. Primera parte posterior del tiempo allí. Es simplemente increíble. Recibo llamadas de teléfono, porque tengo mucho trabajo en Nueva York, Nueva Jersey, Boston y todo aquí. Cuando hice la película, Woody no quería tocando el piano. Mucho de la gente, ellos me conocen como actor. Ellos dicen: "este chico es actor. Él es un tipo gracioso". Mezclar en algo de humor con mi show. No es sólo rígida música. Es feliz. No me gusta bajar canciones. Pero en la película, Woody dice, "quiero estar de pie." Dije: "Woody, juego mucho piano. Voy de pie en el teclado." Él dice: "no, no, no... vamos a tener músicos detrás de usted. Queremos que ese tipo dé en la cosa." Digo, "Bueno, lo que quieras." Así lo hice, pero por años, la gente nunca supo que yo tocaba el piano.

Si va todo el mundo en un crucero, usted dirá, "es el chico, Nick Apollo Forte". Pero nunca llegaron detrás de él a decir: "Caray, que es el chico que protagonizó la película de Woody Allen". El cabaret que estaba haciendo en los salones más pequeños. Recibí cartas de directores de crucero diciendo: "En cualquier momento usted quiere jugar, es sin duda escenario y entretenimiento."



Pero a decir verdad, más bien jugaría cualquier día para 500 plazas que interpretaría fuera de conciertos. No es personalizado. Van a verme en un cabaret y vas a decir, "Dios mío, podía oír todas las palabras. Pude oír lo que está hablando." No es mucho ruido hacia fuera en el campo o algo así.

¿Qué voy a hacer? Tengo arreglos para 22 músicos. ¿Cómo pueden olvidarse los chicos pequeños, donde son mis raíces? Sabes, mis raíces son todos pequeños cabarets, pequeños clubs y esto y aquello. Y les hago. Es muy personalizado. Sé que las personas van a pasar un rato agradable porque tocamos las bases con todo tipo de música. Soy lo que llamaría en el negocio "subexpuesto". [Se ríe].

Me gusta la persona que todos los días a dice, "¿sabes qué? Él hizo esa canción. Es uno de mis favoritos. Él hizo esto, o lo hizo. O que acabo de hacer el día de San Patricio, dos ubicaciones diferentes. Ellos dijeron: "¿Cómo diablos Sabe usted tantas melodías irlandésas?" Es el mismo con melodías judías, canciones italianas. Si no sé canciones italianas, no sé nada. Pero sabes qué, yo soy un orgulloso italo americano. Yo no soy de la barca. Yo no soy italiano italiano. Así que cuando canto una canción, no es italiano italiano, es italo americano. Mi canción "Agita", lo que hace decir, "indigestión ácida". "Mi Bambina" es todo sobre el casamiento de mi hija. Recuerde su patrimonio. Solo tiene que decir algo a todo el mundo, estar orgullosos de su patrimonio sin importar lo que sea.



Sabes, tengo un regalo. No sé lo que estoy haciendo en los teclados. Realmente. No sé lo que estoy haciendo. Sé que tengo un regalo quizás porque toqué en la iglesia por más de veinte años y no sabía lo que estaba haciendo entonces. Tal vez tengo a un angelito a mi lado que dice: "Nick, aquí está tu regalo". Me gusta siempre hacer sentir feliz. Es todo feliz. Todo tiene que ser feliz. 

Por lo que entiendo, la gente de Woody Allen lo ha encontrado a través de su registro en Colonia Records en Times Square.

Sí. Aún recuerdo ese día. Pongo tal vez cinco o diez álbumes allí, derecho, y que estaban buscando música para la película. Entonces supongo que Woody estaba en una alcantarilla tapizado en el Bronx y escuchaban la rockola y comenzó a jugar a una de mis canciones divertidos llamados la "Scungilli Song." Es una de las canciones más locas que yo escribí. Él dijo, "vamos a ver este chico."

Fui y conocí a Woody y me miró hacia arriba y hacia abajo. Estoy hablando de unos diez minutos. Él dice, "Podría hacer una película conmigo?" Dice, "sí. No hay problema." Pero Déjame decirte algo, que nunca vi una de sus películas. De hecho, realmente no voy mucho al cine, especialmente la primera que vi realmente fue una cosa llamada Zelig. Fui a la proyección de él y me senté detrás y dije, "Oh, Dios mío, esto es como una broma". Esta cosa era sólo una película terrible.

Es historia desde entonces porque cuando entré en el estudio, no podía creer que las personas que estaban allí. Fueron allí para mi parte. Y mi parte era solo una pequeña parte. Woody le preguntó, "¿Te importaría si teñimos el pelo?" Dije, "sí."
Pero hay más de una historia. La historia era que chicos tiraron bromas sobre mí todo el tiempo. Recibí una llamada de alguien que dijo que estaba con el estudio de Woody Allen y le preguntó si podría enviar un curriculum vitae. Dije, "No tenemos ningún curriculum vitae". Dijo, "aquí es una dirección, mi correo". De todos modos, era Woody Allen con alguna chica. Tomé un pedazo de papel amarillo y escribí que toco en el piano, canto y yo pesco. Y eso es todo lo que escribió en un pedazo amarillo de papel de desecho. Lo pongo ahí con un comercial que hice donde estoy cantando una de mis canciones loco. Afortunadamente, era uno que Woody había oído. Así que Woody me miró y Vi todos los otros pesos pesados que estaban allí para la película.

Decía, "Me pregunto cuánto van a pagarme?" Creo que me pagaban cacahuetes. Cuando hice esa película hice cacahuetes! No sabía que mi música valía la pena. No tenía ni idea. Estas personas, si puede comprar algo y en vez de darle $25.000 para una canción, ellos darle $2.000. ¿Entiendes?

Una cosa que sé es el negocio. Sé que el negocio del entretenimiento. Me llaman todo el tiempo y dicen que quieren entrar en acción o esto, "escuchar, seguir empujando. Hacer lo que vas a hacer. Y quién sabe, usted necesita un poco de suerte o algo como eso." Pero tienes que ir por ahí y sacó un disco como yo lo hice y de repente alguien recoge y tienes suerte. Es como ganar la lotería".

Estuve leyendo acerca de como conseguiste tu segundo nombre, "Apollo" de interpretar el teatro Apollo cuando abrió con Della Reese.

Sí. Toqué el Teatro Apollo con Della Reese en 1958. Jugué segunda factura a Della Reese tocando la guitarra bajo. Que es cuando la guitarra baja salió por primera vez. Lo único que tuve que aprender fue cuatro o cinco acordes. No es como jugar a los teclados. Originalmente, yo soy un baterista, Sabe usted. Entonces yo siempre tocaba el piano. Siempre he engañado con el piano. Pero créeme, no sé lo que estoy haciendo en el piano. Simplemente sale y lo aman. No me preguntes por qué. Sé que 1 millón de canciones.

Cuánto tiempo había que estado interpretando antes de Broadway Danny Rose?

Toda mi vida. Escuchar a Woody se llama contribuir, pero por supuesto no obtener un crédito de la escritura para. No ser codicioso. Quiero decir, me dieron un papel protagonista, ¿por qué voy a ser ambicioso? Pero dije Woody, Él se rompió para arriba. Lo mismo hizo a Sinatra. Alguien que está en el negocio del cabaret... Una semana estás jugando entre la cocina y la sala de estar. La semana que viene estás jugando en un pasillo de la iglesia. Luego pasará la gorra y la iglesia se va a poner el 95 por ciento, para llegar a $6. Es lo que se trata. 

Has hecho alguna otras películas además de Broadway Danny Rose?

Lo unico que puedo decir de un monton de veces, el tiempo lo es todo. Tuve un par de scripts que estaban limpios, número uno. Cuando Los Sopranos salió y me ofrecieron una parte, me tiré a la basura. No pude hacer Los Sopranos. Mi esposa dijo: "Usted no obtiene más allá de la primera página." Seré un orgulloso italo americano pero no uso ese tipo de lenguaje. Hice Johnny Carson y todos los shows y nunca utilicé cualquier inmundicia. Hoy en día no es mugre, es aceptado. Pero tal vez no querían un Nick Apollo Forte en algo, o tiene miedo de Woody Allen.

No entiendo por qué no consigo una buena película. Este día, dices, "Tal vez el teléfono va al ring", pero no persigo. Obtener secuencias de comandos de cada año. Pero sabes lo que no tienen: dinero. No tienen dinero para hacer la película. Es lo que se trata. Si algo surge, voy a mirar el guión y decir, "me gusta porque puedo identificar."

Cuando Woody entregó las dos canciones que están en la película, dice: "Woody, dos canciones de aquí, quizá quieras tener en cuenta para la película." Bueno, volvió a mí un día más tarde y él dice: "Nick, no voy a usar una de esas canciones, voy a usar ambos. ¿Sabes por qué? Porque caben derecho en la película."

Cuando la película se realizó, el productor ejecutivo dijo: "Fue un gran día cuando conociste a Woody Allen, pero fue un día mejor cuando te conocí Woody Allen". Y que era el más alto cumplido que nunca podría tener, sobre todo cuando sé que mi música es en todo el mundo. No hacer dinero. Me tomó veinte años para recoger el dinero. He demandado por 1 millón de dólares. Personas ataron mi dinero porque pensaban estaba infringiendo, y luego a la larga no infringir. No tengo dinero para ir en contra de algunos de estos bandidos grandes que existen.

Soy un chico pequeño y quiero poner un buen espectáculo para la gente. Me mantengo en buena forma. No quiero dormir en el escenario. 



lunes, 3 de abril de 2017

¿Importa la moral del autor?





Polémica. La denuncia por abuso de la hija adoptiva de Woody Allen provocó un debate sin fin sobre las obras y autores acusados de maltratar a sus hijos.

Por Andres Hax

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La hija adoptiva de Woody Allen y Mia Farrow publicó una larga carta en un blog de The New York Times alegando que fue abusada sexualmente por el cineasta,  El relato de Dylan Farrow  ocurrió en 1992 cuando era una niña de ocho. En un placard del altillo, según cuenta el escalofriante relato, Woody la asaltó sexualmente mientras le hablaba con suavidad y le prometía llevarla a París y convertirla en estrella en una de sus películas. 


Se trata de un caso más complejo de lo que aparenta. Legalmente, Woody Allen fue absuelto por la investigación que se hizo en su momento y ahora mismo no está bajo sospecha legal. A los ojos de la ley, no es sospechoso. Sin embargo, es una verdad documentada (según una nota en Vanity Fair titulada 10 Undeniable Facts About the Woody Allen Sexual-Abuse Allegation ) que Woody había estado en terapia por su comportamiento inapropiado con su hija adoptiva. Además, el juez en el caso original dijo que la actitud de Allen hacia Dylan era “grotescamente inapropiada y que se tenían que tomar medidas para protegerla.” Allen, se sabe, salió a declarar su inocencia caracterizando la historia de su hija adoptiva como una fabricación de su ex pareja Mia Farrow. Otro hijo adoptivo de Allen y Farrow, Moses Allen, ha tomado la partida de su padre. El único hijo natural de Allen-Farrow, Ronan Seamus Farrow, está al lado de su madre.

La familia en cuestión es digna de una tragedia clásica. Tendríamos que resucitar a Sófocles para escribirla –también a Sigmund Freud. Woody Allen está casado con una mujer 35 años menor que él, la que fue, además, la hija adoptiva de Mia Farrow y el músico y compositor, Andre Previn. Woody y Soon-Yi tienen dos hijos adoptivos a su vez.

Se lo mire por donde se lo mire, en el peor de los casos se abre la posibilidad de incesto de padre a hija adoptiva (abuso de una menor agravado por el vínculo); en el mejor escenario, se trata de un desmadre doméstico, un embrollo de parentescos transgredidos.

Fíjense en el árbol genealógico y político. Ronan es el sobrino de Soon-Yi y, a la vez, su hermano. Woody Allen, al haber sido el padrastro (político) de Soon-Yi, es tanto el padre como el abuelo de sus hijos. Por su lado, en total, Mia Farrow tiene 15 hijos, cuatro biológicos: todo un clan. Entre los hijos naturales, el parentesco de uno está en duda. En 2013, en una entrevista con Vanity Fair , cuando le preguntaron directamente si Ronan era el hijo de Frank Sinatra, Mia contestó: “posiblemente”.

En todo caso, tras la carta de Dylan en The New York Times (publicada por un periodista amigo de Mia), arrancó un debate mediático acerca de las películas de Woody Allen en vísperas del Oscar. ¿Podemos seguir viéndolas con la conciencia limpia? ¿La moral de un artista importa? ¿O hasta qué punto? ¿Es más sencillo soslayar el fascismo y las posiciones antipatrióticas de Ezra Pound, el antisemitismo de T. S. Eliot o el colaboracionismo de Heidegger? ¿El incesto no constituye en sí otra categoría aparte?

En defensa de Woody Allen, la prolífica novelista Joyce Carol Oates tuiteó el 8 de febrero: “Aunque Woody Allen ha sido muy denunciado, seguramente muchos de sus denunciantes tienen gran admiración por Lolita. ¿No es contradictorio?” Previamente, había tuiteado: “La predilección de hombres viejos (hasta ancianos) por mujeres jóvenes no es infrecuente en otras culturas”. Ver La casa de bellas durmientes de Kawabata; y también “lo que difiere en estas culturas es la norma legal/moral/ética de la sociedad: en algunas se tolera, en otras es tabú”. Agrega Oates, además, que en la cultura estadounidense las celebridades tienen licencia para cruzar el límite del tabú. Aclara que condenar las películas de Allen castiga a otros –actores– que nada tienen que ver con el caso.

La defensa más fuerte de Allen –y la explicación más efectiva de la ambigüedad del caso– podría ser el timeline de Oates. Evoca, por ejemplo, un caso de maestros acusados de pedofilia porque en su momento se creyó, sin cuestionamiento, el testimonio de la supuesta víctima. Y lo pone todo en perspectiva diciendo: “Ojalá hubiera tanto escándalo público por crímenes de guerra, por criminales de guerra, que causaron muertes, desfiguraciones de centenares de miles de vidas”.


En el nombre del padre

En el debate mediático del affaire y toma de posición sobre este árbol genealógico excéntrico de Allen-Farrow, consideramos que se ha soslayado una pregunta central, que lo excede. ¿La práctica del arte en su más alto nivel de compromiso es incompatible con la buena paternidad? ¿Se puede ser un gran cineasta, pintor, novelista o poeta y quedar con un resto emocional –y de tiempo– como para criar hijos de una manera atenta y bondadosa?

A primera vista, la respuesta pareciera ser que no es tan fácil. Si nos limitamos a la literatura podríamos confeccionar rápidamente una lista de padres y madres negligentes, hasta malignos: Ernest Hemingway, William Burroughs, John Cheever, Doris Lessing, Ted Hughes, Saul Bellow, Philip Dick, James Joyce, J. D. Salinger, Norman Mailer, William Faulkner, León Tolstoi, Charles Dickens...

Seguramente hay lectores en desacuerdo con uno o dos de los nombres de la lista. El tema es largamente discutible y además, es histórico, cambia a través del tiempo. ¿Doris Lessing fue una mala madre por abandonar a dos hijos en Sudáfrica y dejarlos con el padre, para ir a Londres y comenzar una nueva vida fuera de las restricciones machistas de su época y su país? ¿Carlos Fuentes –supuestamente, un padre abandónico de tres hijos– es responsable de la muerte dramática de su hija? Su cuerpo fue encontrado debajo de un puente, estaba embarazada de ocho meses de una criatura y era una adicta severa. ¿William Burroughs hizo bien o mal en dejar a su hijo con los abuelos, tras matar accidentalmente a su esposa? ¿Pablo Neruda es un cretino por haber abandonado, literalmente, a su única hija, que nació con macrocefalia y a quien ni siquiera solventó en sus necesidades básicas? ¿O Arthur Miller, que hizo lo mismo con su hijo con síndrome de Down, internándolo de por vida en un asilo y a quien no menciona ni siquiera en su larguísima autobiografía? ¿Cuánta responsabilidad tiene Ted Hughes en los suicidios de sus dos esposas? Y la primera, Sylvia Plath, ¿fue una mala madre por suicidarse una fría madrugada londinense tras servirles la leche a sus hijos que aún dormían en sus camas?

Sin embargo, acaso habría que acotar más la muestra y justificar a los elegidos para responder a la pregunta con mayor precisión. Quizá habría que encontrar una forma de atacar la pregunta –¿El arte es incompatible con la paternidad?– rigurosamente.

Una posibilidad es circunscribirnos a ese robusto género literario que combina biografía, psicología y autoconfesión. Me refiero a las memorias escritas por los hijos e hijas de grandes escritores. Una bibliografía inicial, pero suficiente como para armar un buen seminario, debería incluir: la muy reciente Saul Bellow’s heart (2013) de Greg Bellow, Papa: a personal memoir (1976) de Gregory Hemingway; Home before dark (1974) de Susan Cheever; My father is a book (2006) de Janna Malamud Smith; Dream catcher (2001) de Margaret A. Salinger; Correr el túpido velo (2010) de Pilar Donoso; Reading my father (2011) de Alexandra Styron; Townie (2011) de Andre Dubus III.

Hay una imagen que se repite en todas estas memorias y es la de la puerta cerrada. Greg, el hijo de Bellow, escribe: “La puerta de su estudio estaba firmemente cerrada todas las mañanas, un signo de la barrera que Saul erigió entre la escritura y la vida”. Alexandra, la hija del novelista William Styron escribe en su libro que la oficina donde escribía su padre era sacrosanta y allí no se podía entrar de ninguna manera. Sobre ella había un letrero de una sola palabla: Verboten (prohibido en alemán).

La puerta cerrada es una realidad y también un emblema del artista como madre o padre. La primera condición necesaria para escribir una obra es tiempo. Océanos de tiempo. Es famosa la anécdota de Gabriel García Márquez quien, al ocurrirsele la idea para Cien años de soledad , le dijo a su esposa que se ocupara de mantenerlo abastecido de cigarrillos y whisky hasta que saliera de su cuarto con la obra escrita. Entró y cerró la puerta. Se demoró más de un año en salir.

Hay una anécdota al comienzo de la memoria de la hija de Styron. Era una infante, de dos o tres años, y sus hermanos la dejaron sola por un rato en la cocina. Cuando volvieron, descubrieron que se había caído por las escaleras del sótano y estaba en el piso con la cabeza seriamente lastimada. Por no molestar a su padre, que estaba en plena composición de La decisión de Sophie , esperaron dos horas a la madre, para llevar al médico a la niña, en grave estado. 


Arte y responsabilidad

Aunque el nivel de abuso o negligencia de los padres, sujetos de estas biografías, varía considerablemente, la clave está ejemplificada en la desafiante pregunta que Gregory, el hijo de Ernest Hemingway, le hace a su padre: “¿Cuándo al fin todo está sumado, papá, la cuenta será así: escribió unos cuantos cuentos buenos, tuvo una manera novedosa de encarar la realidad, y habrá destruido a cinco personas –Hadley, Pauline, Marty, Patrick y posiblemente a mí mismo? (La lista son los cuatro hijos del escritor, más su tercera esposa, Martha Gelhorn). ¿Qué consideras que es más importante? Tu mierda egocéntrica, los cuentos o las personas?” Se nos agrega otra pregunta existencial para analizar este problema: ¿una obra brillante vale más que la felicidad de una persona? Un ejemplo concreto: la novela y los cuentos de Salinger han hecho a millones de personas profundamente felices. En una hipotética balanza moral, ¿eso pesará más o menos que la infancia miserable de su hija?

Sería incorrecto afirmar que este conjunto de memorias son categórica y exclusivamente despectivas hacia los padres involucrados. Lo que se aprende leyéndolas es el nivel de sacrificio necesario para lograr una obra brillante, o para intentar estar entre la primera fila de los creadores. Lleva mucho, mucho tiempo escribir (o hacer cine o matemática o poesía) y requiere una enorme concentración. Es un trabajo solitario, alejado de las rutinas de un oficinista, que puede sobrevivir a la jornada laboral por un esquema que comparte con otras compañeros y que, a cierta hora está liberado de la obligación diaria. Se corre el riesgo de no cumplir con expectativas propias y de terceros porque no hay garantía de que el capital de tiempo, solo en un cuarto, redundará en un producto que justifique el sacrificio. Esto aparece muchas veces en las memorias de los hijos.

También muchas veces se vislumbra un gesto de rechazo a la familia que viene, irónicamente, desde el amor. En su memoria sobre William Styron, Alexandra cuenta una carta que el novelista Irwin Shaw le escribió a su amigo para felicitarlo por el nacimiento de su primer hijo: “Aprende de mí y no te intereses demasiado en tu hijo. Desde que nació el mío apenas he escrito una palabra, ya que es mucho más interesante mirar todas las sutiles y complejas corrientes que fluyen de un ser humano complejo, que batallar con el material inerte y chato del arte. Préstale atención en dosis medidas a la criatura, por el bien de tu carrera”.

Una cosa más sobre las memorias de los hijos de los escritores: no son libros excepcionalmente buenos. En si mismos no suben a la categoría de Literatura. Son intrigantes por sus contenidos y por lo que puden aportar sobre la comprensión de los procesos creativos. Pero pasa algo fascinante entre líneas. El sujeto –hijo o hija– al enfrentarse con el problema de escribir un libro, entra en el problema básico de su padre y comienza a aprender, de primera mano, las dificultades reales que implicaba su vocación. Allí, invariablemente, nace el perdón o una aproximación al perdón. Sí, sus infancias fueron complejas, pero al fin, sus padres dejaron algo. La mayor parte de la humanidad ha tenido pésimas infancias y, llegados a la adultez, han comprobado que sus padres dejaron una obra. La excepción es Pilar, la hija adoptiva del chileno Donoso. En la dedicatoria de su libro confiesa: “Escribir este libro tuvo grandes consecuencias para mí, pérdidas irreparables y, seguramente, habrá más...” Pilar se suicidó, dejando atrás a tres hijos.

William Faukner, en su entrevista con The Paris Review en 1956, dijo: “La única responsabilidad del artista es su arte. El será completamente despiadado si es uno bueno. Tiene un sueño. Le angustia tanto que se tiene que deshacer de él. Hasta entonces no tiene paz. Todo queda relegado: honor, orgullo, decencia, seguridad, felicidad, todo, para lograr que el libro se escriba. Si un escritor tiene que robarle a su madre, no dudará. Un poema de Keats vale cualquier cantidad de viejas.”

Extraído de Revista "Ñ".



jueves, 9 de marzo de 2017

Autobiografía en 35 milimetros.

El cineasta con más de 60 películas, una docena de libros y cientos de conciertos de jazz en su haber

Por  ÁLVARO P. RUIZ DE ELVIRA

"Él era tan duro y romántico como la ciudad que amaba. Tras sus gafas de montura negra se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar. Nueva York era su ciudad y siempre lo sería". Isaac (Woody Allen), en Manhattan
 
Woody Allen nació un 1 de diciembre de hace 75 años en Brooklyn. En la mitad del otoño, su estación favorita para rodar películas por sus cielos nublados y hojas naranjas, por su niebla misteriosa y la luz especial que alumbra Manhattan. Pero no nació con el nombre que todo el mundo conoce. Lo hizo como Allan Stewart Königsberg. No fue hasta 1952, 17 años después, que se transformó en Woody Allen sobre un escenario. Humorista casi desde que llegó al mundo, escritor, universitario de un solo semestre, actor, dramaturgo, adicto al psiquiatra antes de llegar a los 30, músico, director... el legado de Allen en estos tres cuartos de siglo es inconmensurable. En su faceta más conocida, la de cineasta, ha participado hasta la fecha en 60 películas, de las cuales ha dirigido 46. Y pretende seguir con su terapia de una película anual hasta que no pueda más.

 "Yo era un niño pasablemente feliz, ¿saben? Me criaron en Brooklyn durante la Segunda Guerra Mundial. Mi analista insiste en que mis recuerdos de infancia son exagerados, pero les juro que me criaron bajo una montaña rusa de Coney Island, en Brooklyn". Alvy Singer (Woody Allen), en Annie Hall.

Inquieto, delgado, bajito (no pasa de 1,65), tímido, con gafas, don Juan de Manhattan, pero, sobretodo, ateo judío poco ortodoxo. Así se ha representado Allen a lo largo de una filmografía que bien podría ser una autobiografía en 35 milímetros. Sobre su infancia, creemos saberlo todo tras ver al pequeño Alvy Singer en Annie Hall, al jovencito Sandy Bates en Recuerdos o al trasto de Joe en Días de Radio aprendiendo sobre la vida en un barrio de clase media baja en Brooklyn. De esta última, el cineasta siempre ha reconocido que todo está inspirado, aunque un poco exagerado a modo de cómic, en su infancia.

Dios mío, este infeliz es patético[....] Si yo tuviera valor para salir a contar mis chistes yo mismo. Alvy Singer (Woody Allen), en Annie Hall (1977).

La carrera humorística de Allen comenzó en los años 50 en los cabarets que luego plasmaría en Broadway Danny Rose y como escritor de chistes para otros cómicos. De ahí pasó a la televisión donde colaboró como guionista y como humorista en programas como el de Johnny Carson o el Ed Sullivan Show. En la que se puede considerar su trilogía de películas más memorables, Annie Hall, Manhattan y Hannah y sus hermanas el cómico hace un ejercicio autobiográfico con sendos personajes que se dedican a la escritura y producción de humor.

"Y si llega a decir algo mas sobre Ingmar Bergman le salto de un puñetazo las lentillas de contacto" Isaac Davis (Woody Allen), en Manhattan (1979).

Es en el cine y no en la televisión donde Allen ha depositado siempre su corazón. Desde que tuvo uso de esa razón tan humorístico-analítica tan personal, Allen ha disfrutado con las grandes películas de la historia del cine. De Chaplin a Scorsese pasando por Minelli, Bergman, Wilder, Kurosawa, Fellini o Hitchcock. Allen, miembro de la última gran generación del cine, la de Scorsese, Coppola, Spielberg, Mallick..., ha podido absorber de los maestros en las salas de cine.

Son constantes sus homenajes a los clásicos del cine estadounidense, japonés y europeo. En su obra de teatro y guión de cine Sueños de un seductor, Allen habla directamente en sus ensoñaciones con el Humphrey Bogart de Casablanca. Escenas de Annie Hall, Robó, huyó y lo pescaron o Todos dicen te quiero le sirven para homenajear a Groucho Marx, su cómico de cabecera. El expresionismo alemán está presente en Sombras y niebla. Como recalca Jorge Fonte en su libro Woody Allen (Cátedra), Manhattan le debe mucho a Vincent Minelli o a Billy Wilder. Y en casi todos sus trabajos, Bergman y Fellini son una constante.


En 1969 Allen rodó su primera película como director, Robó, huyó y lo pescaron, una historia de ladrones cómicamente desgraciados rodada a modo de falso documental (formato que repetiría en 1983 con Zelig). Fue un éxito de taquilla que le abrió las puertas en la industria para poder rodar una serie de comedias gamberras que funcionaron mejor o peor como Bananas (1971), Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar (1972), El dormilón (1973) y La última noche de Boris Grushenko (1975).

Fue en los años 70 del siglo pasado cuando Allen alcanzó la mayoría de edad cinematográfica con Annie Hall (1977), Interiores (1978) y Manhattan (1979). Películas ambientadas en Nueva York, la ciudad que prácticamente no abandonaría como escenarios de sus conversaciones y obsesiones hasta 2006, cuando comenzó su viaje europeo por Inglaterra, Francia y España. Allen consiguió lo que nadie en Hollywood consigue jamás: ser el dueño de sus historias, desde que las concebía anotándolas en un trozo de papel hasta el montaje final, sin interferencias de los estudios o de los productores. Durante su época dorada a lo largo de los 70, 80 y 90 rodó también, entre otras, Broadway Danny Rose (1984), La rosa púrpura del Cairo (1985), Hannah y sus hermanas (1986), Días de radio (1987), Crimenes y pecados (1989), Misterioso asesinato en Manhattan (1993), Poderosa Afrodita (1995) o Los secretos de Harry (1997).

Mi psicoanalista me advirtió que no saliera contigo, pero eras tan guapa que cambié de psicoanalista. Isaac Davis (Woody Allen), en Manhattan.

En todas estas obras los temas fetiche de Allen aparecen sin descanso: las mujeres, las relaciones (siempre trabajó con sus parejas que eran actrices: Diane Keaton, Mia Farrow, Louise Lasser...), las infidelidades, el poder de la conversación, la muerte, la religión judía, el cine, el jazz, la magia, el psicoanálisis y el sexo. Ya estamos esperando su próximo trabajo, que llegará en 2011: Medianoche en París, con presencia de Carla Bruni - Sarkozy incluida.

Fuente: Diario El Pais, http://cultura.elpais.com/cultura/2010/12/01/actualidad/1291158001_850215.html

miércoles, 8 de febrero de 2017

Primeras revisiones sobre Crisis en seis escenas.

 
 
 

Crisis en seis escenas es la primera serie escrita y dirigida por Woody Allen. ¡Estará disponible exclusivamente en Amazon el 30 de septiembre! Y tenemos las primeras revisiones (con algunos detalles más de la trama) y un montón de nuevas imágenes.
 
Por ejemplo, resulta que el personaje de Miley Cyrusse llamada Lennie. Hasta ahora la gente se enganchaba en su actuación como punto culminante, otro hilo común parece ser sobre todo una película completa dividida en seis.


 
 
 
También aprendemos del personaje de Elaine May que se llama Kay. John Magaro parece ser el suplente de Woody Allen. Y es comparado con comedias de Allen pre-Annie Hall. Las comparaciones con películas como  La ultima noche de Boris Grushenko  y Los hermanos Marx.
 
 
SFChronicle la  llama divertida, pero le falta el peso de dramas de Allen. 'Inspirada tontería'.
Allen está trabajando en territorio familiar aquí, evitando la clase de complejidad del personaje que marca sus mejores películas recientes como "Blue Jazmine" y "Vicky Christina Barcelona." La televisión puede admitir caracteres más complicados estos días. Allen podría reflexionar para futuros proyectos de TV, pero mientras tanto, felizmente a revolcarse en la inspirada tontería de "Crisis".
 
Los E.e.u.u. hoy llama luz divertida. También comparan Cyrus a Diane Keaton.
Crisis no es Allen en su mejor momento, ni en su forma más grave y contemplativa como artista. La crisis es un adorno, una comedia ligera que comienza muy lentamente y construye una conclusión divertida.
 
Indiewire  la tiene a Elaine May como un punto culminante, pero la serie no se eleva por encima de
Allen. Wody siempre ha escrito para las mujeres, como lo demuestra en las 13 nominaciones a los Oscar (y cuatro victorias) para sus protagonistas femeninas. Yo no sería opuesto a la audición de Elaine May llamada para los premios Emmy el año que viene, pero ella tendrá que superar una serie mediocre agresivamente para hacerlo.
 
Sin duda vendrán más comentarios.