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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

lunes, 16 de octubre de 2017

Soñar, soñar.

Medianoche en París, de Woody Allen


Medianoche en París, de Woody Allen
 
por Sebastián Santillán
Yo no quiero realismo, quiero magia.”
Blanche DuBois en Un Tranvía Llamado Deseo
Desde su origen la historia del cine ha estado íntimamente ligada a la urbanidad. La ciudad, epicentro material y conceptual de la modernidad, excedió desde un comienzo el carácter de eventual telón de fondo. Las ciudades tienen su propia personalidad, determinan no sólo el espacio sino también las relaciones posibles que se establecen entre las personas. Así, el cine ha mantenido un vínculo especial con dos ciudades, New York y Paris, sin dudas las más representadas en las pantallas cinematográficas (también Los Ángeles, aunque como brillantemente expuso Thom Andersen en su seminal Los Ángeles plays itself el cine operó sobre ella una sistemática falsificación).
Con Medianoche en Paris, su película más popular en bastante tiempo, Woody Allen, el cineasta que mejor ha expuesto la psicosis que caracteriza a New York (o, mejor dicho, la que el cine nos ha enseñado que la caracteriza), desembarca en Paris, la otra gran ciudad cinematográfica, sin ocultar en ningún momento una mirada marcada por la fascinación e idealización. La Paris de Allen no es la de Sarkozy, el ascenso de la derecha conservadora y los graves conflictos raciales, sino la Paris de la cultura, los ideales, el buen vivir y la vida de ensueño (aunque no se lo explicite como personaje, la figura de André Breton atraviesa toda la película).
Así establecido, el comienzo del film de Allen deja en evidencia que su recorte tendrá que ver con el ensoñamiento: vemos una serie de imágenes de lugares turísticos habituales de Paris (el Sacré Cœur, el Moulin Rouge, la catedral de Notre Dame, etc.), cual postales listas para enviar. Ese cliché turístico de la ciudad definirá un pacto explícito con el espectador: la visión que se propondrá será la del extranjero, del que aún puede asombrarse.
Esta vez Allen delega su rol de soñador en Gil Pender (Owen Wilson en una de sus mejores interpretaciones, a la altura de esa subestimada gema que es Los Rompebodas), guionista estadounidense con cierto prestigio en la escritura de guiones industriales, que está comprometido (por razones no establecidas) con una insoportable señorita de clase alta tilinguera, y que tiene la mala suerte de visitar su amada Paris junto con los padres de ella, estereotipo de la familia conservadora, que incluso simpatizan con el Tea Party. Todo sigue el sinuoso camino que tal combinación de personalidades anticipa, hasta que acontece el suceso fantástico, añorado y a la vez inesperado: un vehículo cada medianoche le brindará el ticket mágico para transportarse a la Paris de los años veinte, su época añorada, la de la bohemia a flor de piel, donde los artistas, intelectuales y marginales se entremezclan. Cada encuentro con afamados le significará una revelación, ya sea con la visionaria editora Gertrude Stein, el pasional Ernest Hemingway (que se roba las mejores líneas) o un dubitativo Luis Buñuel (el chiste sobre el origen de El Ángel Exterminador se le computará entre los mejores de la carrera de Allen). Pero la revelación mayor la encontrará en una señorita anónima, olvidada por la historia, cuya belleza inspiró a grandes maestros. De ella se enamorará, naturalmente, en un arrebato de amour fou, de los que Paris suele provocar.
Medianoche en Paris es una fábula que encierra en sí una metáfora sobre el cine mismo, el lugar donde se nos permite transportarnos en tiempo y espacio hasta los lugares más recónditos y añorados. Pero Allen, consciente de los riesgos de la nostalgia, deja una luz de esperanza. El presente, inexorable e inevitable, también puede ser un lugar de ensoñación, de caminatas bajo la lluvia en un puente mítico junto a una belleza radiante. Y allí está el cine para capturarlo. Porque, como decía André Bazin, el cine sustituye nuestra mirada por un mundo más en armonía con nuestros deseos. Y Medianoche en Paris también es una historia de ese mundo.

TítuloMedianoche en Paris
Titulo originalMidnight in Paris
Año: 2011
Duración: 100 minutos
Origen: Estados Unidos - España - Francia
Intérpretes: Owen Wilson, Marion Cotillard, Rachel McAdams, Carla Bruni, Kathy Bates, Adrien Brody, Michael Sheen
Director: Woody Allen
Guionista: Woody Allen
Director de fotografía: Darius Khondji
Montaje: Alisa Lepselter
Sitio oficial: http://www.sonyclassics.com/midnightinparis/
Estreno en Argentina: 30 de junio de 2011


Fuente: http://www.marienbad.com.ar/critica/medianoche-en-paris