Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.
What's New, Pussycat Título ¿Qué hay de nuevo, Pussycat?(Hispanoamérica) ¿Qué tal, Pussycat? (en España). Ficha técnica Dirección Clive Donner Producción Charles K. Feldman Diseño de producción Jacques Saulnier Guion Woody Allen Música Burt Bacharach Hal David (letra) Fotografía Jean Badal Montaje Fergus McDonell Vestuario Gladys de Segonzac, Fonssagrives & Tiel
Protagonistas Peter Sellers Peter O'Toole Romy Schneider Capucine Paula Prentiss Woody Allen Ursula Andress País Estados Unidos / Francia Año 1965 Estreno 22 de junio de 1965 Género Comedia Duración 108 minutos Idioma Inglés Compañías Productoras Famartists Productions S.A. Famous Artists Productions Distribución United Artists Recaudación $18,820,0002
What's New, Pussycat (¿Qué hay de nuevo, Pussycat? en Hispanoamérica o ¿Qué tal, Pussycat? en España) es una película cómica de 1965, que supuso el debut cinematográfico de Woody Allen como actor y guionista, además de satirizar el espíritu swinger de mediados de los sesenta. Dirigida por Clive Donner y protagonizada por Peter O'Toole y Peter Sellers, tiene varios momentos hilarantes que ya denotan el estilo sardónico de Allen. A pesar del numeroso elenco, es indudable que la estrella era Woody Allen, con su ingenioso guión y su actuación, muy en la línea slapstick (comedia física) de Buster Keaton o Charlie Chaplin, opacando incluso a Peter Sellers. La música de la película fue especialmente compuesta por Burt Bacharach, cuyas canciones eran omnipresentes en estas películas swingers.
Argumento Michael James, un mujeriego irremediable (Peter O'Toole) va con un afamado psicólogo alemán (Peter Sellers) porque tiene miedo a comprometerse con su novia Carole (Romy Schneider). El psicólogo, a su vez, está enamorado de una paciente neurótica que está enamorada de Michael. Victor, un torpe y acomplejado joven (Woody Allen) intenta conquistar en vano a Carole, creando un círculo de amores que desemboca en una fiesta en un lujoso hotel, entre enredos e intrigas. Producción A mitad de la película, Allen se desvinculó del guión, tanto los productores como los actores querían modificar los diálogos. Allen se cansó de seguir reescribiendo escenas y se limitó a retocar sus propios argumentos.3 La película que se estrenó en los cines se parecía muy poco a lo que Allen había escrito originalmente. Woody Allen comentó respecto a esta película: Los productores nunca comprendieron el guión, ni una sola palabra. Y claro, yo no tenía ni voz ni voto. Solo con alzar la voz me harían callar o me echarían. Así pues, no me gustó la experiencia y no me gustó la película. Fuente: es.wikipedia.org/wiki/What New_Pussycat
Su humor inteligente ha dado la vuelta al mundo. Ahora, Allen estrena Conocerás al hombre de tus sueños, una comedia coral con Antonio Banderas presentada en el pasado festival de Cannes, donde habló con Tiempo.
“¿Una película mía en 3-D? Soy mejor en una sola dimensión”
WOODY ALLEN REGRESA a las pantallas con Conocerás al hombre de tus sueños, una comedia sobre las aventuras y desventuras de un padre (Anthony Hopkins), una madre (Gemma Jones) y una hija (Naomi Watts) en el Londres actual. Antonio Banderas, Josh Brolin y Lucy Jones completan el reparto.
En la película están presentes el amor, el sexo, la crisis creativa, la culpa... En definitiva, la vida y los problemas amorosos. Como en casi todas sus películas.
Efectivamente, una vez más. Es que eso es lo que hay. Los hombres y las mujeres componen la población y, después de miles de años, siguen teniendo los mismos problemas que tenían en la antigüedad, y lo ves leyendo a Sófocles o a Aristófanes.
El personaje de Anthony Hopkins cae en lo ridículo queriendo recuperar su juventud. ¿Qué opina?
Creo que es muy triste. Es un hombre que se despierta en mitad de la noche y por primera vez se da cuenta de que es mortal y de que no vivirá para siempre. No es que no lo supiera, pero de pronto lo ve claramente y ve lo que implica. Se siente tan traumatizado que empieza a hacer ejercicio, a comer sano, a intentar negar la mortalidad... y su mujer, Gemma Jones, se convierte para él en un tostón. Le dice: “Oh, deja de hacer ejercicio, que ya no tienes 20 años y te vas a hacer daño en la espalda”.
Conoceras al hombre de tus sueños
¿Por qué eligió a Antonio Banderas?
Al principio no pensé en él, pero le llamé porque quería que fuera alguien muy amable. Naomi Watts tiene un marido (Josh Brolin) torturado, difícil, y cuando va al trabajo está contenta porque su jefe (Banderas) es encantador, guapo, muy dulce... y Antonio en la vida real es así. Todo lo que tiene que hacer es aparecer, porque es de esas personas que tiene un encanto natural.
¿El título lo eligió por él? [El título original es: You Will Meet a Tall Dark Stranger, “Conocerás a un extraño alto y moreno”]
No, el título de la película no tiene nada que ver con Antonio. En Estados Unidos, si alguien va a una adivina o a una gitana y le dicen: “Conocerás a un extraño alto y moreno”, generalmente la mujer dice: “Oh, qué bien, fenomenal”. Ese extraño alto y moreno es el símbolo de la mortalidad. En Estados Unidos ese extraño representa la experiencia romántica que uno quiere tener, pero también es ese extraño que nos espera a todos.
Qué triste. Y eso que es una comedia muy divertida. Sigue usted con su visión pesimista.
Sí, y casi todos los personajes están perdidos, excepto los que se mienten a sí mismos y se hacen ilusiones. Suena muy pesimista, pero yo lo siento así. Creo que la vida es muy inestable y da miedo. Y la gente está desesperada por creer en algo y que les den una respuesta mágica. A algunos les llega de un sacerdote, a otros de un rabino, todos se engañan a sí mismos. Creen que la vida tiene un sentido, o que hay cielo, y al final... Algunos de mis personajes creen en una vida anterior, hay mucha locura en cuanto a ese pensamiento de la nueva era. La gente está desesperada por creer en una nueva religión, o en la medicina alternativa. Te dicen: “No vayas al médico porque tengo un amigo que va a fulanito y es fantástico”. Y tienen métodos locos. Una nueva terapia para el reúma, el culto a los alimentos sanos... En América se han convertido en algo religioso. Te dicen: “Tómate estas vitaminas porque han cambiado mi vida”. Y les replicas: “Pero la medicina ha probado que no te hacen nada”. E insisten: “No, no me digas eso, porque yo cuando las tomo me encuentro mejor. Quizá no tenga ningún sentido, pero me hacen sentir bien”. La gente está desesperada por creer y agarrarse a algo.
Las películas también son terapia.
Sí, y la gente también se engaña a sí misma en el arte. Incluso los artistas se engañan a ellos mismos creyendo que su vida sí tiene sentido porque su arte permanecerá, pero lo cierto es que ellos morirán y el hecho de que su trabajo les sobreviva no significa nada, ya que sólo permanecerá durante un tiempo. Todo lo que escribió Shakespeare y lo que pintó Goya y lo que compuso Beethoven... Todo desaparecerá, es un panorama triste, pero la gente se agarra a lo que sea, y la clarividencia les sirve más que la medicina. La medicina es ciencia, y la ciencia es limitada. El médico puede ayudar, no puede hacer todo. Y con la clarividencia, vas al cura, al mago, y es magia. Pueden hacer que cualquier cosa ocurra, y eso te reconforta.
Y usted, ¿ha probado alguna vez lo de ir a una bruja o a una adivina?
¿Yo? No, nunca. Sería estupendo poder hacerlo, levantarme una mañana y poder engañarme a mí mismo diciendo: “He encontrado a alguien que tiene las respuestas mágicas para mí”, pero no, tengo una mente demasiado científica, y es una pena, porque ese es un don, como el que nace en una familia católica y cree en Jesucristo, pero no por la presión o porque esté de moda, sino porque lo cree en su corazón, y es un afortunado. Yo creo que se engañan a sí mismos, igual que si van a un adivino o una gitana, pero son felices. Tuve una conversación con Billy Graham, el famoso evangelista, y me dijo: “Incluso aunque tú tuvieras razón y yo estuviera equivocado, y no existiera Dios, aun así yo tendré una vida mejor que la tuya”. Y no pude rebatírselo.
¿Cómo lleva eso de ser un filósofo del siglo XXI?
Simplemente creo que las cosas que me interesan de una forma natural, como el cine o la escritura, son cosas que encajan en un área filosófica. Hay directores a los que les interesan los temas actuales de política o asuntos sociales, como Oliver Stone o Spike Lee, y hacen películas maravillosas. A mí nunca me interesó plasmar eso en el cine. Como ciudadano voto y hago campaña, pero cuando escribo me interesan cosas que caen en un área más filosófica, siempre por accidente. Siento que existen problemas
filosóficos, no políticos. Aunque se cambiaran los regímenes políticos de algunos países y todos fueran democracias, o todos vivieran bajo el islam o el comunismo, no todos entenderían qué hacemos en el mundo, por qué estamos aquí o por qué tenemos que morir. Y las relaciones entre hombres y mujeres también serían difíciles, porque los problemas reales son siempre filosóficos. Los otros, los políticos, se pueden cambiar.
Woody en rodaje.
Es curioso, pero usted no tiene una relación difícil con la muerte.
No puedes evitar el hecho de que naces y de que vas a morir para siempre y de que el universo acabará y de que vives en el contexto de una experiencia sin sentido, y de que es importante para ti encontrar alguna razón para continuar en el día a día. Dices: “Si nada tiene sentido, ¿para qué seguir viviendo?”. Y tienes que descubrir por ti mismo qué sentido tiene, porque si te paras a pensarlo... Yo siempre he sentido que este es un tema no intelectual y que cuando lo piensas no puedes ganar, porque no tiene sentido y la vida es triste y trágica y todo se desvanece, pero si coges una pistola y me apuntas, te diré: “¡No, no me dispares, no me dispares!”. Y dirás: “¿Por qué? Si nada tiene sentido”. Y te diré: “No sé, pero no, no lo hagas”. Buscar esas respuestas es el trabajo más extraño, y por eso me interesa más eso que la política en el arte.
Habla de los cambios políticos. Usted apoyó a Obama. ¿Está contento con él?
Sí, estoy encantado con Obama. Es estupendo, y ojalá los republicanos se quitaran de su camino y dejaran de intentar herirlo. Le hacen más daño que ninguna otra cosa, pero él es genial y está consiguiendo cosas. Soy admirador suyo.
Antes mencionaba a Oliver Stone y a Spike Lee. ¿Todavía va al cine y ve lo que se hace?
Sí. Si se trata de una película seria y de un buen director como Oliver Stone, sí que la veo, porque le considero inteligente y quiero ver su trabajo. Pero no me molesto en ver muchas de las películas que se estrenan en EEUU y que están muy de moda, porque son demasiado infantiles o tontorronas. Pero las de Scorsese, Stone... siempre voy a verlas.
Y hace homenajes a películas clásicas. En Conocerás al hombre de tus sueños la chica que toca la guitarra en la ventana de enfrente a la de Josh Brolin recuerda a Desayuno con diamantes.
La verdad es que no lo había pensado. Lo hice porque desde la ventana trasera de mi apartamento de Nueva York veo muy bien al vecino y desgraciadamente es un hombre que está ante el ordenador. Pero pensé: “¿Y si fuera una mujer guapa? Qué idea tan romántica, con el jardín, se saludan con la mano...”. Pero he visto muchas películas porque me encanta el cine y me resulta un placer. Ahora menos placer, porque hay películas menos buenas. Y las buenas generalmente no son estadounidenses. Veo una película a la semana, y me doy cuenta de que las mexicanas, iraníes, francesas, españolas o chinas que me inspiraban eran tan buenas como algunas americanas. Ahora hay algunas americanas que vería, y las que no vería, las malas, son las que recaudan 400 millones de dólares [unos 300 millones de euros]. Se estrenan películas que los adultos no quieren ver pero que recaudan fortunas y tienen un gran público.
21 nominaciones al Oscar, tres estatuillas (por el guión de Manhattan y el guión y la dirección de Annie Hall) y nunca fue a recogerlas. Y en Cannes siempre fuera de competición. ¿Por qué?
Es mi quinta vez en Cannes, pero nunca he estado en competición. No creo en la competición en el arte. La gente hace su trabajo artístico y otros lo disfrutan. ¿Cómo podrías decir que un Picasso es mejor que un Matisse, o al revés? Ambos son maravillosos. Y lo mismo ocurre en el cine. ¿Por qué tenemos que decir que una película es mejor que otra? No hay mejores. Si alguien hace una película maravillosa y otro también, ambas son maravillosas.
¿Qué piensa del 3-D? ¿Habrá una película de Woody Allen en 3-D?
No, no puedo, pero me han dicho que Playboy va a sacar una edición en 3-D y te dan las gafas, y eso sí que lo puedo entender, porque con esas mujeres en tres dimensiones tú ganas algo, pero nadie querría verme a mí en tres dimensiones. No tendría sentido. Yo soy básicamente mejor en una sola dimensión.
¿Y ve positivos los avances tecnológicos en el cine?
Sí, creo que pronto todo será digital, y eso es bueno porque ya no habrá proyeccionistas que pierdan el hilo al cambiar el rollo, ni saltos de pantalla en negro... Ahora se meterá el disco en el reproductor o se verá a través del satélite y lo verás sentado desde tu butaca. Lo que ocurre es que cada vez se ve más cine en casa, la gente se hace su salita de cine con una gran pantalla plana, y llaman y dicen: “Quiero ver la nueva película de Michael Douglas”, y la ven. Pero eso ayudará al teatro en vivo, porque el ser humano necesita la experiencia de sentarse con otras 500 personas y ver y compartir algo, así que volverán al teatro y a los conciertos de música para vivir su experiencia. Cuando yo era pequeño, veía a los hermanos Marx con otras 500 personas y todos nos reíamos. En el futuro serán diez amigos en casa, pero no esa comuna del cine, así que eso enviará a la gente al teatro a ver comedia y drama.
Conocerás al hombre de tus sueños, al igual que Vicky, Cristina, Barcelona, está producida por Mediapro. ¿Qué tal le ha ido con los productores españoles?
Fenomenal. Los de Mediapro, desde el punto de vista personal, son estupendos y muy sensibles con el artista. Te apoyan mucho y, a diferencia de los americanos, que se meten en tu película y quieren saberlo todo, aquí son extremadamente beneficiosos para el artista. Ha sido una experiencia maravillosa y como personas también son gente agradable con la que salir a cenar.
¿Volverá a rodar en España?
Seguro que sí, porque tuve una experiencia maravillosa. Fue un gran placer.
¿Y rodará en Brasil el año que viene?
Pues no lo sé, estamos explorando esa posibilidad y mi productor fue a Brasil para mirar cómo van las cosas allí. Pero lo único cierto es que este verano ruedo en Francia Medianoche en París. Más allá de eso, ni idea.
Extraído de www.tiempodehoy.com/entrevistas/woody-allen/
Han pasado muchos años desde que me llamé fan de Woody Allen. A principios de la década de los 80, cuando comencé mi duro viaje de servicio al cine, la querida crítica de finales de la década de los 70 había empezado a producir comidas más ligeras, que tuve la tentación de descartarlo por completo. En el momento en que había entrado en una carrera de revitalización de la mitad de su carrera con obras tan importantes como Hannah y sus hermanas , Crimenes y pecados, y Maridos y esposas. Rutinariamente valoré sus obras sin ser vistas con el ojo con ictericia tan característico del adolescente. Desafortunadamente, los años subsiguientes me han dado pocas razones para derribarme, y ahora incluso las supuestas grandes obras de Allen de los 70 han desinflado a bagatelas, su importancia anterior parece ser un efecto de la alucinación de masas. Sí, hay mucho encanto en Annie Hall, digamos, pero la película está en gran parte unida por el ziggurat más descarado de referencias intelectuales y el levantamiento de nombres jamás erigido. Debo admitir que tomé notas mentales al ver estas películas que informaron mis lecturas y exploraciones estéticas durante bastante tiempo, pero ahora, casi al final de los 2000, la era más no intelectual hasta ahora conocida por el hombre moderno, se pueden ver por lo que son: productos de una sensibilidad en gran medida anti-visual con un talento arraigado en una brillante exhibición de pirotecnia verbal absurdista más adecuada para el simulacro satírico. ¡ Mira cuánto sé, cuánto he leído! ", Parecen gritar. "¡Soy el bromista de Nebbish que soy, todavía debo ser tomado en serio! ¡No soy solo un hombre divertido! He leído a Proust, Kafka, Freud y Flaubert, mi director favorito es Jean Renoir, ¡y qué hay de ese Sol LeWitt! " Etcétera etcétera.
El éxito financiero de este enfoque es un testimonio de la base social de la comedia: seguramente no hubo hordas de estudiantes graduados haciendo estas películas. Los que obtuvieron las referencias se rieron para informar a todos que estaban al tanto, y los que no se rieron para ocultar su ignorancia. Todo este juego de semi / pseudo erudición hecho para reír hizo que las audiencias estuvieran felices de gastar dinero, pero también por resultados estéticos desafortunados. Love and Death(La última noche de Boris Grushenco, enArgentina) aplicó la fórmula estrictamente a la literatura rusa del siglo XIX (más una parte saludable de las referencias del Séptimo Sello incluidas en buena medida), mientras que la alabada Manhattan combinó a Annie Hall con el libro de fotografía de la mesa de centro para producir una de las amalgamas más extrañas de la historia del cine: es una hermosa orgía de cinematografía en blanco y negro con pantalla panorámica basada en un profundo conocimiento del arte fotográfico, y una comedia romántica dramáticamente asombrosa y no visual: Si bien es cierto que gran parte de su paleta emocional se expresa mediante imágenes, la mayoría de sus destacados dramatúrgicos y cómicos se pueden ver únicamente al escuchar su banda sonora.
Sin embargo, los dioses sobrecargaron el gran talento de Woody, y hay excepciones a la regla: obras que encuentran su hogar dentro del Templo del Cine Verdadero. Sleeper(El dormilón) es una de esas películas. Combinando slapstick, un género que amenaza siempre las inclinaciones pequeño-burguesas hacia el decoro y la estabilidad social, y por lo tanto despreciado por los críticos de los periódicos, con la ciencia ficción y la comedia romántica, y repleto de referencias más tópicas que el intelectual, Allen evoca en El dormilón algo cercano al espíritu anárquico de sus amados Hermanos Marx. Rebosante de inventiva visual, ya sea en términos de una alegre dirección artística, de comedia física o de la manera segura, pero sencilla, en la que Allen crea tomas y las une: Sleeper es cinemáticamente vivo.
Los interiores son otra excepción, aunque de una variante. La primera película "seria" de Allen, estoy hablando MUY MUERTA, y su primera película en la que no apareció como actor, Interiores fue recibida con una conmoción colectiva por el público y la crítica. Sin duda, los ejecutivos de Studio tuvieron la misma respuesta cuando vieron por primera vez el guión. Hasta el día de hoy, ningún estudio de Hollywood ha financiado nada tan remotamente austero, de hecho, funerario, al menos por un director estadounidense. Pero, ¿qué podrían hacer los peces gordos? Las películas de Allen no costaron mucho, y acababa de ganar un guante lleno de Oscar para Annie Hall. Muchos críticos lo calificaron como una obra maestra, mientras que otros se rascaban la cabeza. Las audiencias rápidamente se dieron cuenta, y la saltaron. En los últimos treinta y un años, la amnesia colectiva se ha afianzado, y es casi como si los interiores nunca hubieran existido. Sorprendentemente fotografiado por el legendario Gordon Willis (Las películas del Padrino , y todo de Woody Allen desde 1977 hasta 1985), Interiores sumerge a la audiencia de Allen en un universo alienígena señalado por la virtual ausencia de música (solo dos de los números de jazz de Dixieland clásicos de la firma de Allen encuentran su camino en la película) y relativamente tarde. Los extraterrestres son una familia de WASP adinerados cargados de fatalidad que giran en torno a una madre, Eve, que posee una atracción gravitatoria de agujero negro. Eve ha tenido una brillante carrera como decoradora de interiores durante varias décadas, pero en algún momento las cosas se rompieron y la severidad de su visión minimalista se filtró en cada rincón de la vida psíquica de su familia. Un período de institucionalización completo con terapia de choque fue seguido por un regreso al centro de la familia, y su viaje lleno de baches desde entonces ha dejado a todo el clan emocionalmente destrozado. Hacia el comienzo de la película, el padre decidió tomar un polvo, y es difícil no simpatizar, sus tres hijas han pasado toda su vida en un mundo tratando de darle sentido a todo, y no le queda mucho tiempo. La hija del medio, Flyn (Kristin Griffith) ha encontrado un éxito ansioso como actriz en películas de televisión "terribles". La más joven, Joey (Mary Beth Hurt), revolotea de trabajo en trabajo, de arte en arte, en un intento de capturar el poder de su madre. La mayor, Renata (Diane Keaton), es la única de las tres en alcanzar una expresión artística —como poeta— a un nivel equivalente al de su madre, pero se está desmoronando: “Mi impotencia se estableció hace un año, "Ella le dice a su terapeuta," ... mi parálisis. De repente me di cuenta de que ya no podía dedicarme más a escribir ... Pensé en que me iban afectando los pensamientos sobre la muerte ". Estas líneas, que Allen se habría entregado previamente, jugaban para la comedia, Se hablan aquí en serio. Así como parece imposible que las cosas empeoren, el padre regresa con una nueva novia, y todo el infierno se desata ...
Desde su lanzamiento, se ha descrito a los interiores como a la manera del ídolo de Allen, Ingmar Bergman. Si bien esto es cierto, Allen ha interiorizado muchas de las influencias de Bergman: Chejov, Ibsen y Strindberg, y ha agregado un par de las suyas: Eugene O'Neil y Tennessee Williams. Todo este trasfondo cultural de teatro de alta potencia podría hacer que los interiores. Un poco pretencioso, pero no soy nadie para decirlo. Mi propia experiencia infantil del minimalismo de paredes blancas de Manhattan de los 70 y los recuerdos de algunas figuras matriarcales de mi propia familia que, si se combinan, serían, según mi opinión, un muerto para Eva, también mi respuesta a esta película, personalmente visceral para que yo pueda emitir un buen juicio. Sin embargo, creo que en comparación con otras películas de Allen de este período, el guión de Interiores nace. Cada situación, cada línea es tan maldita en el dinero. Al igual que el mundo que retrata, este script no tiene aire. Entonces, ¿cómo puedo estar claramente en el camino para calificar la película hecha con esta? La película estadounidense moderna se basa en la tiranía del guión. La mayoría de las producciones cinematográficas (incluida la mayoría de Allen) intentan resucitar la inspiración que inspiró su escritura, y luego congelan y secan los resultados en celuloide. Interiores, sin embargo, son disciplinados, pero orgánicos. Su cámara es precisa, pero permite que las actuaciones cobren vida y tomen forma antes que ellas. Si tuviera espacio y tiempo, podría escribir una página o dos sobre las excelentes actuaciones que pueblan esta película, no solo por sus hombres: Richard Jordan, y un Sam Watterston bastante joven como dos de los esposos de las hermanas, y E.G. Marshall, en su actuación más sensible en la pantalla como el padre, Arthur. Geraldine Page, a menudo citada como la actriz de teatro más importante de su generación, presenta una imagen de Eve tan sutil, compleja y misteriosamente envolvente como cualquiera que haya conocido, pero sorprendentemente, cuando Arthur regresa con su reemplazo, la aparición de Maureen Stapleton en este papel evoca inmediatamente una fuerza tan vital que está claro al instante que el partido de Eve se ha cumplido. Al igual que en el trato que le dio a sus artistas, Allen permite que la decoración, la tierra y el paisaje marino se conviertan palpablemente vivos delante de su cámara. Su uso de los símbolos y los arquetipos humanos y naturales, como el mar, será incómodamente obvio para algunos, pero lo que se pierde en matices es más que compuesto por fuerza bruta.
Woody Allen es un director con muchísimo peso propio dentro de la industria del cine moderno, siendo quizás uno de los pocos realizadores a los que la palabra “cine de autor” le calza perfecto.
Obviamente al ser un artista que se embarca en un nuevo proyecto cinematográfico todos los años (de forma religiosa desde 1982, siendo su primer largometraje del año 1969) y un personaje más que interesante también delante de las cámaras, Allen despierta pasiones y emociones que se manifiestan de mil formas en el público y la crítica.
Personalmente soy de los que piensan que si tuviéramos que graficar la calidad de los proyectos de los últimos años en la carrera del realizador neoyorquino el resultado se asemejaría bastante al electrocardiograma de un hipertenso.
Es decir, Allen en los últimos años se encargó él solito de borrar con los codos lo que escribió con sus propias manos, dejando un sabor semi-amargo en todos los consumidores (frecuentes, momentáneos, devotos y debutantes) de sus películas.
Por un lado ese panorama es obvio, ya que como dije más arriba, un tipo que todos los años emprende la difícil tarea de escribir un guión y filmarlo puede caer en el más previsible de los errores que presenta ese escenario: la repetición.
Por otro lado tampoco dicha situación actual no parece tan grave debido a que, paradójicamente, luego de una extensa carrera dentro del cine (algunos arriesgados hablaban incluso de que la misma estaba cerca de fin) el éxito, tanto económico como por parte de la crítica acompañado del reconocimiento de diferentes círculos y grupos del cine, por primera vez van firmes de la mano a las películas del inoxidable Woody.
Dentro de ese marco es donde aparece “Blue Jasmine”, su nuevo trabajo que viene a levantar los niveles de calidad que se desparramaron por el piso gracias a “A Roma con Amor” y que lamentablemente no pudieron seguir la línea de “Medianoche en París”, film con el que Allen volvió a levantar un Oscar y gracias al cual logró un record personal en la apertura de taquilla norteamericana.
Y precisamente porque la carrera de Allen en los últimos años parece un subibaja, “Blue Jasmine” irrumpió este año en los cines de Estados Unidos arrebatándole ese lugar a “Midnight in Paris” posicionándose así como el mayor éxito de apertura de taquilla en el país de donde el bueno de Woody no debería salir muy seguido.
Retratando con lentes hermosos San Francisco y algunas partes de Nueva York (de la mano de Javier Aguirresarobe, con quien ya había trabajado en “Vicky Cristina Barcelona”) Allen se mete de lleno en un guión bastante aceitado, dinámico y con ritmo sobre la vida de una snob con problemas psiquiátricos que pierde todo su status social de forma inesperada y decide irse a vivir con su hermanastra para tratar de reconstruir su vida, la cual es desprolija desde mucho antes del incidente.
En esa pequeña sinopsis de “Blue Jasmine” encontramos varias pistas para hablar de los pilares que sostienen este trabajo, entre ellas los personajes creados por Allen que desataron las grandes actuaciones de Cate Blanchett (Jasmine, el personaje central), Sally Hawkins (la hermanastra, Ginger) y Alec Baldwin (Hal, el ex-marido de Jasmine).
Sin lugar a dudas, lo de Blanchett es un trabajo descomunal, de esos que pagan por completo la entrada del cine. Va mucho más allá de lo que supieron ofrecer las últimas actrices con las que Woody trabajo en sus anteriores proyectos de este último tiempo y difícilmente el realizador pueda dar vuelta la hoja de un nuevo guion sin pensar en esta actriz como protagonista.
Pasó y seguramente volverá a pasar que, actrices de talento irregular, se luzcan con los guiones escritos por Allen, pero ojalá que el panorama de aquí en los próximos años sea el mismo que el de “Blue Jasmine” donde una gran actriz tenga entre sus manos un gran guión que le permita construir un personaje maravilloso.
Jasmine cumple ese rol dentro del film, porque atrae desde el minuto cero debido a su personalidad avasallante, pero al mismo tiempo solitaria y necesitada de ayuda para salir de una crisis personal gravísima.
Por si fuera poco, “Blue Jasmine” es por lejos la película que mejor retrata esa belleza característica que tiene Blanchett y que algunos se animan a discutir.
Luego se acomodan en el podio Sally Hawkins (a quien el próximo año veremos en “Godzilla” de Gareth Edwards) quien como la hermana de Jasmine ofrece algunos momentos realmente brillantes, ácidos y bastante polémicos como para discutir a la salida del cine.
El personaje de Alec Baldwin es quien completa el combo, aunque poco se puede hablar de él sin desmenuzar la trama y una de las características más importantes que esta presenta: el ritmo y el misterio.
Porque en definitiva “Blue Jasmine” es un gran trabajo de Allen en materia de guiones aceitados que te mantienen pegado a la butaca hasta el final, acompañado siempre de risas y situaciones incomodas, algo que el realizador no había podido lograr últimamente.
Quizás por eso la única falla que tiene esta producción es que, una vez que conoces todas las razones que desencadenan esta historia, Allen se toma un par de minutos más para cerrar la historia y le quita ese ritmo perfecto que la caracterizaba.
De cualquier forma, frente a un año que ofrece espectáculos cinematográficos impresionantes gracias a un gran presupuesto y guiones con firmas multiples, “Blue Jasmine” es la muestra de que el buen cine se construye en base a tres elementos fundamentales que muchas veces se dejan de lado.
Una gran película necesita de un muy buen guión, una ágil dirección y una fuerte interpretación.
La última producción de nuestro amigo Allen cumple con esa regla antigua e inoxidable, como la pasión del realizador por el cine de la vieja escuela.