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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

miércoles, 28 de enero de 2015

Magia a la luz de la luna.




Asumo que vivimos ya una época enrevesada en la que incluso hablar bien de Woody Allen como cuentista es ya también asunto espinoso.




Por Jorge Hernández


En realidad, el agua del azar fluye constante y en los escenarios menos esperados baña como bálsamo impredecible. De paso por Chicago, que es ciudad azul por saudade y saxofón, aparece en pantalla el mago que yo siempre he querido ser: que me llamara Stanley Crawford (que me interpretara Colin Firth) y que yo fuera capaz de desaparecer a un elefante en pleno escenario o esconderme tras una cortina de seda delante de un público expectante y aparecer siete segundos después, sentado entre los atónitos espectadores que me aplauden incrédulos.

Con tantas cosas que se han vuelto de cabeza parece políticamente incorrecto elogiar la película Magic in the Moonlight de Woody Allen. Supongo que se ha traducido como Magia a la luz de la Luna, aunque no descarto que algún genio de la interpretación la haya rebautizado como Todo lo que Usted siempre quiso saber sobre el Amor, pero temía volver a preguntar. Antes de intentar mis elogios, asumo que vivimos ya una época enrevesada en la que incluso hablar bien de Woody Allen como cuentista, guionista o evocar sus obras maestras de otros tiempos es ya también asunto espinoso a la luz de la amnesia y corrección política con la que ahora se murmura su nombre en sobremesas.





Considerado lo anterior, diré que Magia a la luz de Luna narra la aventura de un escapista, escéptico empedernido de todo azar o todo instante inexplicable ante la razón. Se llama Stanley Crawford y triunfa en escenarios de todo el mundo bajo el disfraz y seudónimo de Wei-Lin-Zu. El cuento que ahora narra en pantalla Woody Allen es la historia de un sofisticado intelectual que vive de mago, prestidigitador y escapista a lo Houdini, un modelo a seguir que vive del cuento chino y que de pronto es invitado por su mejor amigo a la Riviera Francesa para intentar socorrer a una familia de millonarios norteamericanos que han caído en las manos de una supuesta espiritista, una seductriz del más allá que a todas luces pretende sacarle a la familia todo el dinero posible con sus sesiones de contactos con sus muertos, adivinación de biografías y combinaciones numéricas que supuestamente dictan el orden del Universo.

La musa del más allá se llama Sophie Baker y desde el primer encuentro con Stanley teje una red de hipnóticos encantos, más allá de las mesas que oscilan, las velas que levitan o los ronquidos con los que se comunican los espíritus. Sophie parece saberle todos sus pasados a Stanley y al mago que suele disfrazarse de chino le basta mirarla a los ojos para empezar a sentir el inexplicable cosquilleo de la incredulidad ante un milagro: al parecer, sí es posible que una mujer nos conecte directamente con el mundo metafísico y eche por tierra toda creencia supuestamente irrebatible que se finca en lo racional; al parecer, sí es posible que una mujer sea capaz de leer nuestra biografía por la sinceridad que no ocultamos en la piel o en los abrazos y uno empieza a dudar de que sólo seamos animales racionales con sólo cinco sentidos, en el instante en el que una sola mirada, una caminata a la luz de la Luna sobre adoquines de pueblo viejo o eso que convierte un solo beso en el único a lo largo de toda una vida como prueba de que hay otro sentido, impalpable, inasible e inexplicable que conecta a las almas. Believe it or not!




Según avanza la fábula que Woody Allen ubica en el año 1928 para irónica sincronía del vestuario que hoy mismo podrían portar Emma Stone en el papel de Sophie y Colin Firth, que pasa de ser rey tartamudo a genial mago disfrazado de chino. Vestidos para la ocasión, la incredulidad del racional se abate ante los encantos de la musa, la increíble mujer que cautiva con espasmos donde dice estar sintiendo mensajes del más allá, tanto como enamora a cualquiera con su dulce ignorancia de tantas cosas y una suerte de asombro ante cualquier cosa.

No narraré más detalles de la película para no echar a perder los posibles trucos o verificables ectoplasmas que podrían entusiasmar a quien aún no la ha visto, pero no quiero dejar sin mencionar que Woody Allen ha trazado una vez más la sencilla cuadrícula donde el absoluto amor se debate entre un mundo de opulencia y falsedad que suele ofrendarse a los pies de las mujeres bellas, a contrapelo de una vida quizá más plena o edificante o por lo menos más aterrizadamente honesta que normalmente merece su desdén: a contrapelo de todas las joyas e ingresos asegurados que propone como matrimonio el millonario hipnotizado por Sophie Baker, el mago que se sabe mago revelado, mentiroso en su disfraz chino, ofrece una vida en libros de Dickens y música de Beethoven; a contrapelo de toda la ropa cara y los viajes en yate por las islas ignotas de Bora-Bora que garantiza el millonario insulso, el otrora chino de los escenarios ofrece a Sophie contemplar las estrellas desde un planetario abandonado como si fuese santuario milagroso o recorrer por tierra la costa azul de cualquier mar en conversación interminable y abonar entre ambos eso que llaman la soledad del silencio que se comparte. Se trata de una posible confirmación de que por encima de los bíceps de las esculturas huecas o la cartera abultada de quienes creen tener siempre la razón en todo, hay motivos para suponer que la química inasible de quienes comparten de veras su mutua respiración profunda se impone como una rara magia, que en realidad quién sabe cómo funciona.





Magia a la luz de la Luna es un guiño para quienes creemos en la serendipia y trabajosamente nos resignamos a ocupar las sombras a la espera de calladas confirmaciones de que es preferible sobrevivir con verdades a seguir viviendo con puras mentiras. Es un apapacho para quienes sabemos que una sola mirada encierra la revelación o no de ciertas virtudes y resguarda la calidad moral o vera honestidad de las almas buenas, distinguiendo entre próximos y prójimos. Quizá el mundo no tenga un sentido fijo y eso que tantos claman como destino inapelable no sea más que un contagio inevitable en los espejismos que nos engañan, pero tengo para mí que el mismo mundo no podría girar sin algún tipo de magia que se transpira a la luz de la Luna y seguirá bañándonos con agua de azar.


Extraido de:
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/21/actualidad/1413920139_002369.html

miércoles, 14 de enero de 2015

martes, 6 de enero de 2015

Cara a cara con Diane Keaton.



La ansiedad, las dudas, los balbuceos. Warren Beatty y Woody Allen. El Oscar, las nominaciones y ese modo de vestir que marcó a una generación.

Encuentro con la musa más atípica de Hollywood


por JOSEBA ELOLA





Diane Keaton, a sus 68 años, tiene tres estrenos pendientes. Entre otras, será una de las voces de la secuela de 'Buscando a Nemo'. / foto RUVEN AFANADOR


Suena el inolvidable Love theme de Nino Rota, melodía inconfundible de El Padrino. Marlon Brando, en la piel de Don Vito, baila, magnífico, con Talia Shire, en el papel de su hija, en la legendaria escena de la gran boda a la siciliana. Se está gestando una de las más memorables secuencias de la historia del cine.

En medio de esa prodigiosa concentración de talento en el set, una joven actriz californiana con su traje largo y peluca rubia de más de cuatro kilos se pregunta qué demonios hace una chica como ella en un lugar como ese. Su nombre artístico: Diane Keaton. Tiene entonces 25 años. Y recuerda esos días de leyenda en la habitación de un hotel de Los Ángeles. La luz entra con fuerza por la ventana, son las tres y media de la tarde. “Y yo, mientras, pensando: ‘No comprendo esta película, no sé de qué va; no sé qué hago aquí. No la vi hasta 15 años más tarde. No quería verla.

– ¿Por qué?

– No me quería ver… ¡¿Qué locura, no?! Es que estoy medio loca. No tenía interés en verla. No conseguí ningún trabajo a raíz de hacerla, no cambió mi carrera. No sé cuál fue mi problema con ella, ¿debería verla?

– Bueno, muchos la consideran una de las mejores películas de la historia…

– ¡Qué te parece! Pues la volveré a ver”.


Woody Allen tiene razón. Soy una fuente de problemas. Soy demasiado sensible. Me siento herida con facilidad”

Este intercambio de preguntas y respuestas podría encajar en alguno de los diálogos que Woody Allen escribió para ella. Pero, no; esto no es ficción. Keaton, de 68 años, habla de la obra magna de Francis Ford Coppola con esa espontaneidad, y ese aire despistado que tanto le gusta cultivar, y un punto excéntrico marca de la casa.

Sus rarezas, dice, le vienen de familia. Keaton se dispersa en sus respuestas, salta de una cosa a otra, toma un camino, circula, cambia de carril, regresa, vuela. Tiene vis cómica, y la cultiva. Se expresa con palabras atropelladas y se para en seco. Al más puro estilo Annie Hall.

En su repertorio humorístico ocupa un lugar de privilegio la autocrítica despiadada. Le encanta desmitificar. Las reflexiones sobre su papel en la historia del cine le traen al fresco. Ahondando en El Padrino, de hecho, recuerda que gran parte del equipo estaba bebido cuando se rodó la escena de la boda. “Servían bebidas de verdad, algo que luego nunca volvieron a hacer”. Eso sí, cuando cita a Brando, el mundo se para. Así describe el baile del maestro. “Magnífico. Todos estábamos boquiabiertos”.

La actriz californiana a la que Woody Allen inmortalizó como Annie Hall sigue bien activa. No todas sus compañeras de generación pueden decir lo mismo. A sus 68 años, Diane Hall (así se llama en realidad) acaba de publicar su segundo libro de memorias, Let’s just say it wasn’t pretty (Digamos simplemente que no fue guapo, título extraído de una frase de su madre en alusión a Dean Martin), una reflexión sobre la belleza que pronto se convierte en relato abierto de las inseguridades físicas de una mujer que se movió en un mundo que entroniza a las bien parecidas.




                Retrato de Keaton al principio de su carrera. / foto ALBUM

Además de su intensa actividad como fotógrafa y compradora y diseñadora de hogares –es devota de la arquitectura–, tiene dos películas pendientes de estreno. Una comedia que protagoniza junto a Morgan Freeman, Life itself. Y un relato de amor, con tintes de comedia, entre un abuelo solitario y cascarrabias (Michael Douglas ) y su vecina, una mujer dulce que por las noches canta estándares de jazz en pequeños bares de Connecticut. Su título: Así nos va “Es una película sobre segundas oportunidades”, dice, “esas que llegan cuando menos las esperas”. Se muestra encantada de haber podido cantar en esta película, como ya hizo en Annie Hall. Y se oirá su voz, también, en Buscando a Dory, la secuela de Buscando a Nemo, prevista para finales de 2016.

Keaton se parece mucho a Annie Hall. Woody Allen escribió el papel inspirándose en ella tras años de relación. El personaje de esa chica ansiosa que, cuando se pone nerviosa se trabuca, vacila y recurre a su ya célebre “la di da di da” para escurrir el bulto, fue construido en torno a la personalidad de Keaton. “De mis defectos he hecho virtudes”, afirma la actriz. “El guion que escribió Woody de esa mujer ansiosa…, eso es convertir un defecto en virtud. De algún modo, eso me dio una oportunidad”.

Su madre corroboró el parecido entre la actriz y el personaje el día en que acudió a la proyección de Annie Hall. “Solo vi a Diane”, relata en una carta que Keaton recoge en las memorias que publicó en 2011, Ahora y siempre (Lumen). “Annie con la cámara en mano, masticando chicle, la falta de seguridad en sí misma; Diane en estado puro”, escribió su madre, Dorothy, cuyo apellido de soltera, Keaton, adoptó su hija como nombre artístico.

Allen, por su lado, adoptó el apellido real de Keaton, Hall, para bautizar al personaje. La actriz, además, le transfirió su look. El prolífico director neoyorquino le dio libertad. Le pidió que se soltara en los diálogos, que se olvidara de las marcas –las señales que en el suelo delimitan los movimientos de los actores–. Y le dijo que se vistiera como quisiera. Así nació esa imagen setentera de pantalones anchos, chaleco, corbata y sombrero que la actriz compuso observando a las mujeres del Soho neoyorquino. Un look que la actriz convirtió en su estilo. El mismo que viste y calza en esta soleada tarde californiana: elegante pantalón negro, camisa blanca con el cuello levantado y gafas de carey.



Diane Keaton junto a Woody Allen en 'Annie Hall', por la que recibió el Oscar. / foto CORBIS

Keaton sostiene que se lo debe casi todo a su gran amigo y mentor Woody Allen, uno de los hombres de su vida, su padrino cinematográfico. Trabajaron juntos en siete largometrajes. Sobre seis de ellos, los que rodó en los setenta –desde Sueños de un seductor (1972) a Manhattan (1979)–, cimentó su carrera. Recuerda perfectamente el día en que vio a Allen por primera vez en aquel enorme y desierto teatro de Broadway. Fue en el casting de la obra de teatro, y luego película, Sueños de un seductor. Acudió por recomendación de su profesor de arte dramático en Orange, el condado californiano en que se crió. Su profesor era amigo de Joe Hardy, que iba a dirigir en Broadway el montaje escrito por ese cómico neurótico que tanto éxito estaba teniendo en televisión; un jovenzuelo llamado Woody Allen.

Ella acudió sin saber si Allen estaría en la audición. “¡Pero estaba ahí!”, recuerda. Ella subió al escenario. “Sabía quién era porque con mi familia solíamos verle en la tele en el show de Johnny Carson. ¡Era tan gracioso, tan mono! ¡Esa expresión usé en aquel entonces! Me subí al escenario con él y pensé: ‘Es bajito”.

Keaton se ríe. Recuerda que Allen estaba tan nervioso como ella leyendo el texto de la obra. Así empezó todo. “Woody Allen no habría salido conmigo de no ser porque hicimos esa obra juntos durante nueve meses. Es una de esas personas que es difícil llegar a conocer; no deja que la gente acceda a él fácilmente; pero como estaba allí todo el tiempo, lo conseguí. Obviamente, fue un flechazo,hello, da, tenía sentido del humor, nos reíamos mucho”.

– Allen llegó a decir que vivir con usted era como caminar sobre cáscaras de huevo.

– Sí. Soy demasiado sensible. Soy una fuente de problemas, creo que lo soy; me siento herida con facilidad. Tiene razón.

Usted se describe a sí misma como un bicho raro y suele decir que no hace las cosas como los demás…

– Sí, tengo algo de bicho raro. Todos los miembros de mi familia lo son. Mis hermanas son inusuales. Somos un poco raros.

– ¿Cómo describiría esa rareza?

– Diría que no somos muy sociales, nos quedamos un poco al margen. Es una pena porque, a medida que te haces mayor, te das cuenta de que es fundamental socializar y mantener buenas amistades. Casi siempre estamos un poco aislados.




    Una instantánea de su próximo filme, 'Así nos va', con Michael Douglas.

– ¿Por qué?

– Porque somos muy sensibles, vamos abrumados por la vida, un poco asustados, somos gente ansiosa…, pero no en plan mal.

Sus rarezas fueron materia prima para Allen. “Él es un gran imitador y escritor. Los papeles que ha escrito para mujeres son extraordinarios. Personajes muy fuertes. Lo consigue porque escucha; y eso le hace único. ¿Cuántas mujeres han ganado el Oscar gracias a él? Dianne Weist, Cate Blanchett, Mia [Farrow], nominada varias veces; Mira Sorvino…”.

Y ella. Ella, también. Diane Keaton recibió su Oscar a la mejor actriz por Annie Hall en 1977. Subió al escenario con una larga falda y un fular, saltándose todas las convenciones del glamour y la alfombra roja. Quedaba así sellado el símbolo de esa mujer liberada e intelectual que inspiró a toda una generación.

Keaton se llevó su Oscar por un trabajo de comedia, algo poco habitual. A partir de ese momento, saludó cada una de las décadas siguientes con una nueva nominación, aunque sin llevarse la estatuilla. En los ochenta, por Rojos (1981), película de Warren Beatty sobre el periodista John Reed; en los noventa por La habitación de Marvin (1996), donde unió su talento al de su admirada Meryl Streep y al de un Leo DiCaprio en tiempos mozos, y en el nuevo siglo por Cuando menos te lo esperas (2004), junto a Jack Nicholson, con la que puso fin a unos duros años de sequía.

Keaton recuerda que el rodaje de Rojos fue larguísimo. Beatty era entonces su pareja. Es uno de los hombres más tenaces que ha conocido. “Creo que le tenía envidia. Era el príncipe de Hollywood. Un tipo brillante que manipulaba maravillosamente a la gente para seducirla”, explica.

Pacino, Coppola, De Niro, Nicholson. Hay figuras clave en la carrera de Keaton con las que trabajó en los setenta y ochenta, y con las que se vuelve a cruzar veinte años más tarde. En 1990 se reencuentra con Coppola y Pacino para rodar la tercera parte de El Padrino, donde su personaje, Kay, demuestra que es capaz de ser tan malvada como su marido, Michael Corleone. Con su amigo Jack Nicholson rueda Rojos y se reencuentra en 2003 con Cuando menos te lo esperas. Con De Niro, tras El Padrino, vuelve a coincidir en La gran boda (2013).

Lo mismo ocurre con Allen. En 1993 vuelve a ponerse a sus órdenes para rodar Misterioso asesinato en Manhattan; la actriz ha construido gran parte de su carrera sobre la comedia. Ya se lo dijo Allen cuando daba sus primeros pasos. “Si eres graciosa, tendrás una carrera larga”. Larga está siendo. Ella recuerda que entonces se preguntó: “¿O sea que seré capaz de seguir trabajando cuando tenga 40 o 45 años?”. Así nos va, el largometraje que está punto de estrenar, la vuelve a colocar en ese terreno en el que se siente tan cómoda; esta vez, junto a Michael Douglas, con el que no había trabajado nunca. Dice que si por algo la recordará es por el mensaje que envía en una de las secuencias, cuando su personaje, Leah, tras cantar, se dirige a la audiencia y dice: “Seguir cantando a estas alturas y soñando con el amor es suficiente para mí”. Eso se lleva de esta película. “No siempre puedes tener el amor como tú quieres; pero puedes soñar con él; puedes seguir cantando, expresarte, seguir vivo en este mundo”.

– Usted habla de sus rarezas. ¿Tiene esto que ver con eso que dice de que llegó tarde a muchas cosas en la vida, entre otras, a la maternidad –adoptó a los 50 a su hija Dexter, que ahora tiene 18 años; y poco después a su hijo Duke–?




Keaton entre Jack Nicholson (izquierda) y Warren Beatty (entonces su pareja) en 'Rojos' (1981).

– Sí, por supuesto. Los hombres para los que no fui material de matrimonio, las decisiones que tomé a lo largo de mi vida siendo soltera… Recuerdo cuando era pequeña y decía: ‘Mira esa solterona, nunca llegó a casarse’. Un día, en la escuela secundaria, un chico llamado Dale Finney, creo que ese era su nombre, dijo: ‘Algún día vas a ser una buena esposa para un hombre’. Y recuerdo que pensé: ‘¿Quiero yo eso? No creo que quiera que mi papel en la vida sea el de una buena esposa’.

Pero ha tenido relaciones muy fuertes.

– Sí, y creí que eso es lo que quería; pero en realidad no lo deseaba. Supone demasiado compromiso. Fui muy inmadura, o incapaz de asumir mi papel de un modo más amable.

Keaton dice que su expareja Warren Beatty eligió muy bien a la hora de casarse, que forma buen tándem con la actriz Annette Bening. “¡Uno no puede casarse solo porque está enamorado! Hay que pensar si uno puede funcionar con esa otra persona en el día a día; cada cual, aceptando su papel, para bien y para mal. Pero yo nunca me pude adaptar cuando estuve enamorada. Así que fui inteligente: mejor no casarme a tener que hacer frente a uno de esos horribles divorcios…”.

De sus exparejas, con el único que mantiene una relación de amistad es con Woody Allen. Por encima de todo. Cuando el cineasta fue acusado de abusos sexuales por su hija adoptiva, Dylan Farrow, Keaton salió en defensa del realizador neoyorquino. La criticaron duramente por ello. Preguntada por la cuestión, se reafirma en sus palabras: “No tengo nada más que decir, es mi amigo y yo le creo. Pero ese escándalo ya es una cuestión pasada, ¿no cree?”.

Keaton es una mujer con fuerte apego familiar. El mayor amor de su vida, ha dicho en repetidas ocasiones, fue su madre. “La echo mucho de menos”, asegura, “no entiendo la vida sin ella; echo de menos ser la hija”.

La pequeña Diane Hall se crio en una familia de cuatro hermanos (tres de ellas chicas). Su padre, Jack Hall, ingeniero de caminos y agente inmobiliario, siempre andaba corrigiendo esas expresiones tan marca de la casa que ella popularizó con su personaje de Annie Hall; esos “ah”, “bueno”, “ehh”, “estoo”. Esas expresiones de duda exasperaban a su progenitor.


Keaton en 1978, recibiendo el Oscar a la mejor actriz. / foto MARY EVANS (ACIONLINE)

Su madre, Dorothy, ejerció gran influencia sobre su hija. Era aficionada a la fotografía, tocaba el piano, cantaba con un trío vocal, fue declarada Mistress Los Angeles, en un concurso de televisión destinado a elegir al ama de casa perfecta. “Creo que a ella le hubiera gustado ser intérprete”. En su vida adulta, Keaton ha desarrollado facetas clave de sus padres. Incansable usuaria de Instagram, ha editado cuatro libros de fotografía.

También le gusta escribir. Ha blogueado para Huffington Post; ha vendido más de 225.000 copias de Ahora y siempre, su primer libro de memorias. Y es autora de dos libros de arquitectura y diseño. Otra de sus pasiones. Forma parte del equipo directivo de Los Angeles Conservancy, organización que trata de preservar el legado arquitectónico de la ciudad. Y es una redomada compradora de casas que rediseña y luego pone a la venta. Una de ellas, una especie de hacienda deconstruida, llegó hasta la portada de la revista Architectural Digest en 2003. Allí la vio la cantante Madonna. Decidió comprársela.

Esta faceta es una evolución del oficio de su padre. “Solo que él compraba sabiamente”, comenta. “Yo compro el sueño. El invertía en la casa más fea de la calle, que era la que más se revalorizaba al poco; yo, en cambio, compraba una de Lloyd Wright porque era de Lloyd Wright. Él era un hombre práctico; yo, no”.

Pero a estas alturas tiene muy claro lo que desea: “Ser una persona moderadamente buena. Si consigo eso, será suficiente”.


Extraído de http://elpais.com/elpais/2014/10/07/eps/1412682692_886078.html

lunes, 15 de diciembre de 2014

La película secreta de Woody.




El cortometraje 'Men of crisis: The Harvey Wallinger story', sátira de la era de Nixon.

Por CARLES GÁMEZ


 Woody Allen, en el cortometraje.


Como otros grandes creadores Woody Allen también tiene su película oculta, esa obra que ha quedado olvidada y de la que todo el mundo habla pero pocos han visto. En este caso se trata de un cortometraje de 30 minutos que el director realizó por encargo de la cadena pública PBS y que nunca vio la luz. Después de Robó, huyó y lo pescaron  (1969) y antes de su primer gran éxito como actor y guionista con Sueños de seductor (Herbert Ross, 1972) Woody Allen concibió un ingenioso producto, Men of crisis: The Harvey Wallinger story, a medio camino entre el falso documental y la ficción, un vehículo expresivo que años más tarde desarrollaría con éxito y gran elogio en Zelig (1983), ahora ya como largometraje.




Men of crisis: The Harvey Wallinger story es una feroz parodia de los años de gobierno republicano de Richard Nixon y del equipo político que gobernaba la Casa Blanca en aquel momento: el vicepresidente Spiro Agnew; el secretario de Justicia, John N. Mitchell... Nombres que quedarían inmortalizados con la explosión del caso Watergate. Para su sátira sobre el partido conservador en el poder Allen se vale de un alter ego de Henry Kissinger, el todopoderoso consejero que gobernó como un monarca absolutista los años de Nixon y que en la película es bautizado como Harvey Wallinger, que el propio actor se encarga de interpretar y dar vida.

Sexo, política, cultura, Bob Hope, Vietnam y otros elementos protagonistas de la vida estadounidense del momento se suceden y se mezclan sin compasión ni piedad en el retrato biográfico del falso político republicano, todo ello aliñado con la excelente mordacidad que el cómico prodigaba en esos tiempos. Ese humor que se saltaba de entrada toda corrección y censura y que proseguirá en películas como Bananas, Todo lo que quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar, El dormilón... hasta llegar al clasicismo de Annie Hall o Manhattan.

Entre las colaboraciones artísticas, la participación de dos mujeres y musas del director, Louis Lasser y Diane Keaton. Esta última en el papel de mujer divorciada que no ha podido resistir las aventuras extramatrimoniales del político conservador sobre todo cuando el engaño ha sido perpetrado ni más ni menos que con una seguidora del Partido Demócrata.

El pase televisivo de la película coincidió con el arranque de la campaña de reelección del presidente Nixon lo que provocó su retirada ante el temor de la cadena a sufrir algún tipo de censura económica por parte del gobierno. Woody Allen se tomó la frustrada experiencia con bastante resignación. Estaba claro que la televisión no era el medio más adecuado para sus proyectos creativos y la pantalla, por el contrario, le ofrecía mejores oportunidades.

Cuarenta años después Men of crisis: The Harvey Wallinger story sigue guardando las mejores esencias del humor woodyalleniano, esa combinación de inteligencia, descaro y desparpajo, aquí sin apenas destilar, ahora disponible y online.


Extraído de http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/18/actualidad/1405700309_089315.html

jueves, 4 de diciembre de 2014

Los actores de Woody: Tony Roberts.




Tony junto a Woody y Diane

David Anthony "Tony" Roberts (nacido el 22 de octubre 1939) es americano  y actor . Él es mejor conocido por sus papeles en varias peliculasd de Woody Allen, generalmente emitidos como el mejor amigo de Allen.


Primeros años 

Roberts nació en Manhattan , Nueva York , hijo de Norma (née Finkelstein),  y del animador, y locutor de CBS radio, Ken Roberts. Su familia es judía. Tenía una hermana, Nancy, y es el primo del fallecido actor Everett Sloane.  Roberts asistió a la Universidad de Northwestern y se dirigió a Broadway para su debut en 1962, con un papel en la obra algo acerca de un soldado .



 Cine

Roberts es mejor conocido por sus colaboraciones con Woody Allen . En Annie Hall , que retrató el mejor amigo de Alvy. En otras películas en las que interpreta junto a Allen incluyen tanto obra teatral y  película de las  versiones de Play It Again, Sam (dirigida por Herbert Ross ), Días de radio , Recuerdos , Hannah y sus hermanas, Comedia sexual de una noche de verano, y segmento Historias de Nueva York .


Roberts memorablemente retrató al vicealcalde Warren LaSalle en Asalto al Pelham Uno Dos Tres. También apareció en los films de Sidney Lumet Serpico y Dime lo que quieres. Roberts interpretó en 1983 la película de terror Amityville 3-D que retrata a John Baxter, el dueño de la casa poseída.



En "Dias de radio" con Diane Wiest

Teatro 

Roberts incluye entre sus creditos de Broadway:  Descalzos en el parque ; Cómo ahora, Dow Jones , Asesinato en el Howard Johnson ; Promises, Promises ; Azúcar (la versión musical de la película Dos Evas y un Adan); The Sisters Rosensweig ; Están tocando nuestra canción ; Victor / Victoria , El Cuento de la Esposa del alergista ; Cabaret . En 1998 Roberts interpretó el papel de "Buddy Plummer" Locuras de Stephen Sondheim en la Paper Mill Playhouse en Nueva Jersey. En mayo de 2007, Roberts regresó a Broadway en el musical Xanadu .



Junto a Woody y Diane Keaton

Televisión y radio 

En televisión ha aparecido en numerosas series como The Carol Burnett ShowMatlock , y Ley y orden . En 1977, protagonizó la efímera serie Rosetti y Ryan con Squire Fridell . En 1978 fue estrella invitada en The Love Boat , donde él y el director de cruceros, Julie McCoy, se enamoraron, pero no siguieron una relación. En la radio era un ejecutante regular en el radioteatro Mystery CBS Radio. Roberts también ofrece la narración en muchos, si no todos, de los libros de audio en las novelas de Piedra Barrington escrito por Stuart Woods.





Tony Roberts y sus reglas.


schlesinger roberts Roberts Rules His RoostDe pie cerca del paragüero fuera de la puerta del apartamento del actor Tony Roberts en Park Avenue, el suspenso iba en aumento. ¿Sería como si estuviera en las películas de Woody Allen? La puerta se abrió, y él era exactamente como si estuviera en las películas de Woody Allen.

Venga a tomar un tour con Tony
"Hel-lo, adelante", dijo Roberts en esa gran voz. Él no estaba en una chaqueta de safari con un poco de cinta, y su pelo rizado es plateado en lugar de marrón porque él es ahora de 67 años, y Woody Allen no se retorcía a su lado, pero todavía no era el hombre alto, guapo (la normal en contraposición a la neurótica), indolentes, las manos en los bolsillos, la mirada directa, con la cabeza hacia abajo y afuera, la forma en que un hombre alto hace gracia a los poco más corto para que pudiera entender y disfrutar de todo lo que se estaba diciendo. Todo el mundo probablemente piensa que vive en un apartamento con Diane Keaton y una ensaladera de madera, y de hecho su amplio apartamento no es amueblado a diferencia de Woody Allen en una de las primeras películas de 1980: luz ámbar de las lámparas, muebles de madera, tela escocesa, cómodas sillas. "Me gustaría tener una terraza, una vista del parque", dijo Roberts. Pero: "Tengo un escritorio, un lugar para comer. Esto es lo que es. Me gusta. Es suficiente".




El actor ha vivido en el apartamento por casi 30 años, se mueve en la espalda cuando fue controlado por el alquiler. "Tuve suerte", dijo. "Tuve que engrasar la palma de alguien. Yo estaba en Están tocando nuestra canción. Necesitaba un apartamento más grande. Mi hija estaba creciendo y que necesitaba su propio cuarto. "Su matrimonio de cuatro años, la ex bailarina Jennifer Lyons, terminó en 1975. "Soborné a mi casero para sacarme algo más grande. Me dijo: 'Ahora puedo tener entradas estreno?' "Mr. Roberts compró el lugar en 1988. Él vive allí solo, dijo, aunque el ama de llaves llegó con una botella de spray.
Se crió en Nueva York, tomaba el autobús número 3, asistiendo a la Escuela Superior de Música y Arte. "La familia de mi padre era muy pobre, Lower East Side, luego se mudaron al Bronx. El padre de mi madre estaba en la calle 19, entonces de moda. Su fortuna se vino abajo con el accidente ". El padre del Sr. Roberts, Ken Roberts, se hizo famoso en los días de radio, otro mundo Woody Allen. "Él fue el maestro de ceremonias de algunos de los más grandes éxitos", dijo Roberts, mencionando Rápido como un rayo en el Ed Sullivan Theater en Times Square, ahora la portada gótica sucia que se abre a The Late Show With David Letterman. La gente escucha pistas. "Cuando ellos pensaban que sabían la respuesta, sonaba el timbre." (Oh, por aquel entonces averiguar una pista fue lo único que importaba!) "Mi padre conocía los altibajos del negocio", dijo el Sr. Roberts . "Es un corto plazo, incluso cuando se trata de un largo plazo. El momento más feliz para un actor es cuando está trabajando. De lo contrario, podría terminar siendo un camarero para el resto de su vida. Porque le gusta el teatro, usted toma esa oportunidad para su vida. Usted simplemente no puede hacerlo solo. Usted no puede conseguir sus Jollies haciendo monólogos en el apartamento ".

Sr. Roberts ha conocido más altas que bajas. Tal vez mejor conocido por Annie Hall, Sueños de seductor  y Comedia sexuade una noche de verano, él también ha aparecido en Serpico, Amityville, Victor / Victoria, Promesas, promesas e incluso Borde de la noche. Las mujeres en la década de 1950 lo iban a tirar a un lado en el sótano de Macy y gritaban: "Eres Lee. Te he visto en mi albornoz. "Estaba Neil Simon y había muchas comedias musicales. Ahora toca Zeus en el musical Xanadu bajo intermitente de color rosa y luces verdes. "Es un partido", dijo un contraste decidido, por ejemplo, de jugar Hamm en Fin de partida, jugando a ciegas, con los ojos cerrados todo el tiempo. "Tan negro, tan oscuro, tan sombrío. Echaba de menos ver a los otros actores. Era muy solo ahí ".
En sus horas libres, el Sr. Roberts trabaja en sus memorias, aunque le preocupa que no será tan dramática como su amigo Donna McKechnie. "Seamos realistas, yo no era un estibador", dijo. "He tenido una vida de ensueño." Le gusta caminar por Central Park con su iPod- "con la confusión sobre lo que estoy sorprendido", dijo, y toma una clase de baile estiramiento impartido por Luigi Facciuto, ahora de 82 años, en la calle 68. "Luigi enseñó a todos los que bailaron en Broadway. Fue compañero de Gene Kelly en las películas. Hay entre 20 y 30 personas en la clase a veces, Lisa Minnelli, Ben Vereen, Donna McKechnie. Es un régimen muy saludable ".
Sr. Roberts era dueño de una casa en Amagansett, pero la vendió hace cinco años. "Yo no podía pagarlo", dijo.
"Las fortunas de los actores cambian. Me cansé de tener miedo durante los tiempos muertos, al ver que el césped se corta correctamente entre los espectáculos ".
Aún ve y habla con el Sr. Allen. "Éramos amigos y tuvo réplicas de identificación", dijo de sus colaboraciones. "Cuando ven a la intimidad, era real."
Hablando con el Sr. Roberts, un icono indeleble de principios del período de Woody Allen, despertado sentimientos de un mundo que ha pasado, cuando las personas gastan enormes cantidades de tiempo pensando en el rendimiento sexual y que toman Darvons.
Filmografía 


  • La Semana Mayor (2012)
  • Fin de la inocencia (2005)
  • Esposa de mi mejor amigo (2001)
  • Historias de Nueva York : "Suena a partir de un Amo Town" (2001)
  • Dead Broke (1998)
  • Disculpas a Buñuel (1996)
  • Interruptor (1991)
  • Popcorn (1991)
  • Luchador Fist (1989)
  • 18 otra vez! (1988)
  • Días de radio (1987)
  • Seize the Day (1986)
  • Hannah y sus hermanas (1986)
  • Key Exchange (1985)
  • Amityville 3-D (1983)
  • Comedia sexual de una noche de verano (1982)
  • Recuerdos (1980)
  • Dime lo que quieres (1980)
  • Annie Hall (1977)
  • Le Sauvage (1975)
  • Asalto al tren Pelham Uno Dos Tres (1974) 
  • Serpico (1973)
  • Sueños de un seductor (1972)
  • Star Spangled Chica (1971)
  • The Million Dollar Duck (1971)

Extraído de http://en.wikipedia.org/wiki/Tony_Roberts_(actor)
http://observer.com/2007/07/roberts-rules-his-roost/#ixzz3KuCwXbDA 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Imagen de Woody.






Invitación al Café Carlyle presentando la banda de Woody con Eddy Davis y la New Orleans Jazz Band.
 

 
Extraído de Woody Allen Web.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Un balance sobre su carrera.


Woody Allen: "No tengo la dedicación necesaria para ser un gran artista"

A punto de estrenar su film número 47, el cineasta hace un balance sobre su carrera y sus obsesiones
Por   | Para LA NACION




 
PARÍS.- No hay gente de prensa a su alrededor durante la entrevista. Nadie pide, como suele suceder con otras estrellas, que no se hable de ciertos temas. Woody Allen (Brooklyn, 1935) recibe a LA NACION en una habitación del hotel Le Bristol, de la capital francesa, para presentar su última película, Magia a la luz de la luna, con Emma Stone y Colin Firth , que fue filmada en la Provenza francesa, y llegará a las salas locales el próximo jueves.
Allen está vestido con su ya clásica combinación de pantalón y camisa color kaki que hace que se confunda con el sillón beige en el que está sentado a la manera de Zelig, el personaje camaleónico de su película de 1983. A los 78 años, tras dirigir 47 películas, recibir 27 nominaciones al Oscar, ganar 5 y continuar con su metódico récord de estrenar una película por año, está aceitado en esto de las entrevistas. Responde con facilidad y sin interrupciones en un tono de voz monocorde. Sus expresiones no se alteran en ningún momento durante el encuentro. Es difícil imaginarlo gritando o enojado.
Escribió chistes para otros en diarios y revistas, así como monólogos y talk shows; dirigió películas humorísticas -y "más triviales" según él mismo las califica-, se interesó por la condición humana y eternizó reflexiones brillantes. Manhattan tuvo un rol excluyente en sus films, a la que mostró en todos sus aspectos, hasta que aparecieron Londres, Barcelona, París, Roma, San Francisco y, próximamente, Rhode Island. En estos últimos años, para algunos se reinventó, para otros comenzó a repetirse. Él prefiere pensar que, si sigue filmando, en algún momento saldrá una buena película.
-¿Qué sabe sobre la Argentina?
-Sé que allí vivió Jorge Luis Borges, porque yo era miembro de la Borges Society. Sé que cuando aquí es verano, ustedes están en invierno; que una mujer dirige el país, que tienen grandes problemas económicos y financieros. Supuestamente tienen muy buena carne. No puedo imaginar que sea mejor que la de Nueva York, pero no lo sé. Y son famosos por tener gauchos. Sé también que tienen una gran población de psicoanalistas.
-¿Hace terapia?
-Vuelvo de vez en cuando para darles ánimo a mis labios.
-Sabe bastante sobre la Argentina, casi podría hacer una película..
-Estuve muy cerca de hacer una película en Buenos Aires. Lo hablamos muy seriamente. Mi hermana Letty Aronson, que es también una de mis productoras, junto a otro de mis productores fueron a Buenos Aires para ver las posibilidades. Busqué una idea que fuera buena para Buenos Aires, pero no la encontraba, y después las conversaciones se fueron apagando. Fue un poco mi culpa: si hubiera dicho "Sí, tengo esta idea, hagamos rápido los contratos", podría haber sido distinto. Quizás algún día la haga, me dijeron que me va a gustar Buenos Aires, que es muy lindo, que es como París.
-En Magia a la luz de la luna, Colin Firth es un escéptico que no cree en el espiritismo ni en el ocultismo ¿Es quien mejor representa al Woody Allen actual?
-Sí, él habla por mí. Creo que lo que ves es lo que hay. No hay cosas súper especiales en ningún lado, no hay un Dios escondido, ni tampoco un lugar mágico. No hay una razón por encima de todo, no hay una explicación teológica. Pero en la película, Colin Firth dice que desearía estar equivocado, que le probaran que está equivocado. A mí también me gustaría despertarme una mañana y que me dijeran: "¿Escuchaste que ahora la gente puede predecir el futuro?"
-Sus últimas películas fueron filmadas en diferentes ciudades, ya no sólo en Manhattan, y parecen menos introspectivas, menos enfocadas en la exploración de la condición humana ¿Este giro refleja un cambio personal?
-No lo creo, pero desearía que así fuera. Me gustaría cambiar mi personalidad. No me gusta mucho. Creo que simplemente me vienen ideas. Una de ellas fue Blue Jasmine, luego vino Magia a la luz de la luna y, después, la que acabo de terminar de filmar en Newport, Rhode Island (nuevamente con Emma Stone, ahora acompañada por Joaquin Phoenix). Es sólo una cuestión de suerte, como el universo.
-¿Por qué no está contento con su personalidad?
-Desearía ser menos tímido y más feliz. Que mi actitud frente a la vida fuera más feliz. Mirar el lado luminoso, más místico, de las cosas cuando ocurren. Tener una comprensión más positiva de las cosas que observo y no siempre la visión negativa. Me veo con una pequeño atisbo de depresión. No es el tipo de depresión que no te permite salir de la cama: soy activo porque, si no, pienso, y cuando pienso me deprimo, así que de esa manera no pienso tanto. Pero siempre está ese pequeño atisbo de depresión.
-¿Pero hubo algún momento de su vida en que fue diferente?
-No. Hay momentos esporádicos en el día en los que me olvido de ello porque me distraigo, por ejemplo cuando voy a ver partidos de básquetbol, que son muy excitantes y hacen que todo parezca genial. Pero esos momentos se terminan. Cuando era chico solía ir a ver películas todo el tiempo. Dos, tres, cuatro y hasta cinco veces por semana. Veía a Humphrey Bogart y Katharine Hepburn y me olvidaba de todo, era genial. Pero cuando salía y veía brillar el sol, me chocaba de nuevo con el mundo real.
-Alguna vez dijo que no sentía haber hecho aún la "gran" película. ¿Hay en usted algo de esa "insatisfacción crónica" que evoca Penélope Cruz en Vicky Cristina Barcelona?
-No estoy satisfecho porque siempre estoy intentando hacer ese gran film. Lo voy a formular de esta manera: soy realista. No creo que mis películas sean malas. Creo que algunas, no todas, son buenas. Pero si se organizara un festival con películas como Rashomon, Ladrones de bicicletas y El ciudadano, y me llamaran a ver si tengo una película para sumar a ese festival, diría que no, no para ese festival. No hice una película de la que podría estar orgulloso como para que esté al lado de La gran ilusión o alguna de Buñuel. No odio mis films, pero no puedo señalar alguno de ellos y decir "¡Qué gran película!" Creo que soy correcto y objetivo. No me miento. No puedo.
-¿No se siente un gran artista?
-No tengo la concentración ni la dedicación necesarias para ser un gran artista. Esas personas hacen películas y viven en Nueva York o en California y de repente se van a África, se quedan un año, cada detalle es importante, gastan dinero. Yo no hago eso: me gusta filmar en Nueva York o en París, en lugares donde es agradable vivir, y no me gusta trabajar hasta las ocho de la noche. Me gusta volver a casa a las cinco o seis de la tarde, cenar, ir a la cama y mirar los partidos de béisbol. Las películas no son todo lo que hay en la vida. Me metí en el mundo del espectáculo para conocer mujeres. Conocí lindas mujeres en mi vida, y eso está bien. Hace años, cuando empecé, me encontré trabajando y trabajando sin parar. Me decían que no podía volver a casa a ver partidos de básquet porque estaba trabajando. Y recuerdo haber pensado: "¿Para qué trabajo en esto?" Trabajo en una película para tener el dinero para poder comprarme la entrada para ver un partido de básquet. ¡Algo está mal aquí! Esto no es el fin, esto es un medio para lograr un fin. Así que no me considero demasiado artísticamente. Creo que hago las mejores películas que puedo hacer, sobre y para la clase media.
-¿Le importa cómo el público reaccione frente a sus obras?
-Sí. Cuando hago una comedia y quiero que el público ría, me molesta si descubro que no produce gracia. Cuando les muestro a mis amigos una escena en la que deberían reír y no lo hacen, entonces la cambio, la recorto, la tiro a la basura [N. de la R.: alude a su manera habitual de trabajar sus guiones: escribe en una vieja máquina de escribir y recorta y pega literalmente los cambios sobre las páginas] y vuelvo a empezar. Si quiero que ellos rían, los tengo que hacer reír. Si no, es un desastre total.
-¿Cómo ve el cine de su país?
-Creo que hay algunas buenas películas cada año, pero no son muchas. La mayoría de las propuestas son lucrativas para los estudios pero una pérdida de tiempo para los espectadores. Es por eso que gran parte del público inteligente va a ver sólo esos buenos films en los cines y si no los encuentran ven televisión, donde hay propuestas más inteligentes que en el cine.
-¿Cómo le afectaron las últimas acusaciones sobre su vida privada? [N. de la R.: Su hija adoptiva Dylan Farrow, de 28 años, publicó una carta abierta en The New York Times en donde contó con detalles cómo su padre habría abusado sexualmente de ella en 1992, cuando tenía 7 años].
-Nada me afecta. Yo trabajo y nada más. Nunca leo las críticas de mis películas, nunca leo las entrevistas que me hacen, nunca miro mis películas después de realizadas. Hice Take the Money and Run en 1967 o 68 [Robó, huyó y lo pescaron, el primer film que dirigió en solitario, en 1969] y nunca más volví a verla. Sólo me concentro en hacer mis películas, nada más. Nada me afecta, y tampoco voy a recibir premios. No me importan.
-Pero va a festivales como el de Cannes...
-Sí, porque los distribuidores me piden ir, y no tengo problema en hacerlo si es para ayudar a publicitar mis películas.
-Jamás pensó que podría tener un éxito comercial como Medianoche en París, pero sucedió. ¿Cambió en algo su manera de concebir las siguientes películas?
-No. Medianoche en París fue muy exitosa comercialmente, pero ni un solo estudio me llamó diciéndome que les gustaría financiar mi próxima película. No hizo ninguna diferencia. Fue como si nadie hubiera ido a verla. Como si las luces de la proyección se hubieran prendido y no hubiera nadie en la sala.