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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 14 de julio de 2015

"La nostalgia es una trampa"

  • Dave Itzkoff

El cineasta habla de “Magia a la luz de la luna”, comedia romántica en la que Colin Firth es un ilusionista cuya creencia en el mundo empírico se pone a prueba por el personaje de Emma Stone, que dice ser una médium.



Este café de la calle Westminster, en Providence, en el estado de Rhode Island, que fue escenario para una próxima película de Woody Allen, parecía una extravagante ilusión escénica, rodeado de grandes pantallas que apuntaban su luz hacia el restaurante a la vez que ocultaban cualquier acción en su interior de los observadores de afuera.
Con el tiempo, Allen levantará el telón sobre ese acto en particular, protagonizado por Emma Stone y Joaquin Phoenix. Pero por el momento el prestidigitador lo mantiene escondido, y sale de sus barreras protectoras sólo para hablar de otro filme, Magia a la luz de la luna, que se estrena hoy en la Argentina.
Escrita y dirigida por Allen, esta comedia cuenta la historia de un mago de la década de 1920 (interpretado por Colin Firth), cuya seria creencia en el mundo empírico es puesta a prueba radicalmente por una atractiva mujer más joven que él (Stone), que dice ser una médium.
Artificios e incertidumbre han sido constantes en la obra y la vida de Allen.
Magia a la luz de la luna es la más reciente de sus películas que muestra su fascinación por los comienzos del siglo XX y propone un campo filosófico donde las fuerzas de la racionalidad y la espiritualidad pueden presentar batalla entre sí, si bien no es ningún secreto a favor de qué lado está el autor.
“Soy como Blanche DuBois”, dice Allen, de 78 años, sentado sobre una conservadora de hielo en una playa de estacionamiento fuera del café, aludiendo al personaje de Un tranvía llamado Deseo. “Espero que haya cierta cantidad de magia en la vida. Desafortunadamente, no hay suficiente. Hay pocas cosas, esporádicas, que uno podría considerar mágicas. Pero la mayor parte es realidad gris.” Esos comentarios pueden simplemente reflejar el escepticismo cómicamente abrumador de Allen, dueño de un gran poder para manejar sus palabras, ficcionales y de las otras.
Pero las opiniones también pueden aplicarse al alboroto de los meses recientes, en los que el realizador hizo frente a acusaciones que él podía haber supuesto terminadas; y a la realidad que Magia a la luz de la luna podrá comprobar en cuanto a que el público de Allen haya o no desaparecido.
La magia -forma que ha trabajado a favor de él- ha aparecido en sus películas con diversos pretextos, ya sea abiertamente, en películas como Scoop (el filme de 2006 en el que interpretaba a un inseguro aspirante a Houdini), o de manera indirecta, como en la comedia La rosa púrpura de El Cairo (en la que el personaje de una película sale de la pantalla para entrar en la vida real).
Allen cuenta que en su adolescencia la magia lo obsesionaba y que aprendía trucos con cartas, hacía prestidigitación e incluso llevaba todo eso a cabo ante públicos reducidos. Pero, dado lo que él llama “mi personalidad criminal innata”, aclara que “me interesaba ser apostador, embaucador con cartas, embaucador con dados”.
“Apuntaba a una vida al borde del crimen”, agrega.
Letty Aronson, hermana de Allen y productora de larga trayectoria, dijo en el set que el interés precoz de su hermano en la prestidigitación era un signo de que era “muy, muy observador de las pequeñas cosas que pasan en la vida cotidiana”.
Pero también había un lado travieso en el acto de magia de Allen. Aronson recuerda que cuando le preguntó el secreto de un truco determinado con un cuchillo, “él me dijo: ‘si me das 5 dólares, te lo vendo’. Así que le di los 5 dólares. Nunca me dio el cuchillo y todavía no sé cómo lo hacía.” Como cineasta, Allen ha sido un escéptico manifiesto acerca del mundo más allá de lo perceptible, tan seguro de que no hay fundamento alguno para eso como lo está de que semejante fe no podría nunca arraigar en él, aunque conserva cierta fascinación por quienes la tienen.
“Pero si sos ese tipo de persona a quien le resulta difícil decepcionarse -aun cuando sea tentador creer lo otro-, entonces estás destinado a eso -explica-. Hay una cantidad abrumadora de lógica y evidencias de que todos somos víctimas de un trato desfavorable.” También cierta vena escapista podría explicar el frecuente retorno de Allen a representaciones agradables de las décadas previas a la Segunda Guerra Mundial, ambientación no solamente de Magia a la luz de la luna sino también de Días de radioDisparos sobre Broadway (la película y también el musical de Broadway), Zelig y otras. Allen dice que esa aparente preferencia era más bien pragmatismo -la época más lógica para que ocurrieran esas historias- y también que no era una persona nostálgica. “La nostalgia es una trampa”, agrega. “Es una sustancia placentera, pegajosa, como la miel, en la que caés.” Aronson, la hermana, afirma que Woody no tenía deseos de vivir en el pasado. “Créanme, no podría vivir en aquellos días sin aire acondicionado”.
A Allen no se le ocurre la idea de concluir su carrera, que describe como una obra que mezcla fantasía con vacaciones.
“Llegás, a la mañana, y hay mujeres como Scarlett Johansson y Emma Stone con las cuales te pasás meses enteros”, dice. “Son encantadoras, son hermosas, son talentosas. Los tipos, como Colin, como Joaquin, son grandes a más no poder. Son fascinantes.” Si algún día simplemente se quedara sin ideas, Woody Allen comenta que todavía podría apoyarse en su vieja habilidad como prestidigitador.
“Probablemente pudiera trampear a algunas viejas para quitarles su pensión, si tuviera que hacerlo”, finaliza.
Traducción: Román García Azcárate

http://www.clarin.com/extrashow/cine/nostalgia-trampa_0_1226877468.html

miércoles, 1 de julio de 2015

Woody felicitó a Damián Szifron, por Relatos Salvajes.




Relatos Salvajes no para de cosechar elogios y esta vez fue de una voz más que autorizada para opinar de cine. El mismísimo Woody Allen felicitó a Damián Szifrón por el film que compitió al Oscar en la categoría a mejor película extranjera al que consideró excelente.




 "Quiero que sepas que le di una copia de Relatos Salvajes al representante de Woody Allen. Woody vio el film y pensó que fue excelente: él nos dijo que realmente la disfrutó. Sólo quiero que lo sepas", dice el mail que recibió Szifrón, quien además lo felicita por el contrato que el argentino firmó con TriStar. Orgulloso, Szifrón compartió el mensaje en su perfil de Facebook. "Comparto el mail que recibí anoche", sintetizó el director. 





El contrato con TriStar  

Las felicitaciones de Allen llegaron luego de que se confirmara que Szifrón firmó un acuerdo por el cual el próximo film del director de Relatos salvajes será un thriller hablado en inglés que se rodará en Hollywood. El argumento se mantiene en el más estricto silencio y no se conocen aún ni el título ni la conformación del elenco.


Extraído de http://personajes.lanacion.com.ar/1774646-woody-allen-felicito-a-damian-szifron-por-relatos-salvajes  


martes, 16 de junio de 2015

En la vida solo tiene sentido distraer a la gente.



FESTIVAL DE CANNES

El director estadounidense presenta fuera de concurso ‘Irrational man’

Por GREGORIO BELINCHÓN  Cannes  15 MAY 2015 -  






Woody Allen durante la presentación de 'Irrational Man'. / A. POUJOULAT (AFP)


El próximo 1 de diciembre Allen Stewart Konigsberg, es decir, Woody Allen, cumplirá 80 años. Al cineasta neoyorquino no parece que le importe mucho el cambio de década, es más, en Cannes ha asegurado esta mañana que no va a cambiar de estilo, no abandonará el humor para entrar en profundas disquisiciones. “Otros artistas y mucha gente en general lo ha hecho, porque con la edad cambia la perspectiva. Pero no va a ser en mi caso, no me voy a poner serio, en plan Bergman. Mi talento está en el humor, nadie me dará dinero por rodar dramas. Ya me puse serio en mi juventud: di entrevistas aburridas e hice películas plúmbeas”, contaba con su media sonrisa en la presentación a la prensa de Irrational man. El protagonista de este film noir es un profesor de filosofía, Abe Lucas (Joaquin Phoenix) tan carismático como devastado emocionalmente, que siente que haga lo haga (enseñar, activismo político, viajes en ayuda humanitaria) no hay grandes diferencias. Ni mudándose a un pequeño college, donde empieza a combinar dos relaciones: con una profesora –Parker Posey- encallada en un matrimonio frustrante y con su alumna más brillante –Emma Stone-). De repente, al escuchar una conversación en un restaurante, Lucas encuentra de repente una motivación, un impulso vital que le cambia por repente, y le da fuerzas… aunque ese estímulo le lleve al crimen.

Como profesor de filosofía, Lucas habla sobre Kant, los existencialistas, Kierkegaard y –obviamente hablando de crímenes- hay una referencia a Hannah Arendt y la “banalidad del mal”. Allen considera que él no ha aportado nada nuevo a la filosofía, sino que su cine es producto de los filósofos que ha leído. Sin embargo, sí ha reflexionado ampliamente en Cannes sobre la importancia de las decisiones y de las creencias en la vida del ser humano. “No creo que haya dado espacio en este filme a la irracionalidad, sino que todos en la vida tenemos elegir, un hecho que suele ocurrir repentinamente. Si la elección es la correcta, bien. Pero en el caso de mi personaje Lucas se decanta por lo irracional. Creo que el ser humano necesita creer, de ahí las religiones”. Y ahondó: “Leí a Primo Levi, y posteriormente a otros supervivientes de campos de concentración, y me di cuenta de que si había salido vivo de aquel horror fue por su ferviente comunismo. Tenían una motivación. Da igual que luego el comunismo se mostrara como un sistema fracasado. A ellos les funcionó, les dio un estímulo. No importa si la creencia es cierto o no, sino que la tengas, porque hará tu vida mejor”.



Entonces, ¿en qué cree Woody Allen?¿Qué sentido tiene para él la vida? “La vida pasa, nosotros la solemos cabalgar en mala posición… Debemos afrontarla de forma positiva. Al final, no hay ningún significado ni sentido ulterior. Todo lo creado se desvanece. Las grandes obras de Shakespeare, Beethoven… Puff, se van. Para mí, lo único que tiene sentido a la vida es distraer a la gente. Cuando hago cine, primero me distraigo a mí mismo, y luego se lo hago al público. Durante hora y media se olvidan de malos humores, la muerte… Es halagador ver a la gente reír con tu trabajo, y en mi caso es agradable mantenerme ocupado y no encarar la realidad”. Solo con estas respuestas estuvo el cineasta animoso. El resto de la rueda de prensa Allen miraba al infinito –en un par de ocasiones los periodistas le preguntaron si estaba allí, a lo que parecía despertar repentinamente- antes de filosofar sobre su trabajo o posibles crisis morales en el siglo XXI. “No, hoy en día no vivimos una falta de valores mayor que la de hace siglos. En cada rincón del mundo pasan cosas horribles, hay crisis morales. Pero es que así ha funcionado siempre. De eso se ha alimentado el cine, el teatro –y el gran ejemplo es Shakespeare- las novelas… Las infidelidades, los triángulos amorosos, el crimen son semillas del arte”. Y por eso, sin ser muy explícito, defendió el final de su película, un último plano algo ambiguo: “Lo que ha vivido la estudiante es una lección de vida, y la vida es ambigua. Con el tiempo estoy seguro que entenderá la ambivalencia porque 50 o 60 años la perspectiva vital cambia”

A su lado, las actrices Parker Posey y Emma Stone hablaron sobre la sencillez de los rodajes de Allen, el disfrute que supone participar en uno de ellos y de cómo, en caso de duda, el cineasta les decía: “Es una película, no lo pienses tanto”.



Sobre sus próximos proyectos, no hizo referencia ni a su siguiente rodaje, que protagonizarán Kristen Stewart, Blake Lively, Jesse Eisenberg y Bruce Willis, ni al museo sobre su obra que la productora Mediapro planea montar en Barcelona en el edificio de la antigua Escuela de Artes y Oficios (por cierto, en Irrational man, se habla de “la romántica España”), pero sí sobre su futura serie de televisión para Amazon: “Estoy bregando con ello, y espero no decepcionarles, pero está siendo una lucha… Una catástrofe. Me he metido en esto de las seis horas y media… Estoy escribiendo. No sé aún el resultado. Me da una vergüenza haber aceptado…”. Y echó a reír. Como un niño.


lunes, 15 de junio de 2015

Los actores de Woody: Sam Waterston.




Nacido como Samuel Atkinson Waterston,  el 15 de noviembre de 1940 en Cambridge, Massachusetts, Sam Waterston ha forjado una carrera como actor en el escenario y en las pantallas grandes y pequeñas. Ha aparecido en varias películas de Woody Allen, incluyendo Hannah y sus hermanas y Septiembre , y se ganó una nominación al Oscar por su papel en The Killing Fields . También actuó en la serie de televisión La Ley y orden , y Me iré volando . Más recientemente, Waterston ha aparecido en The Newsroom y Gracia y Frankie .

Vida Temprana

Sam Waterston creció en Nueva Inglaterra con sus tres hermanos y padres. Su padre, George Chychele, emigró de Inglaterra y fue un maestro en semántica y el lenguaje en North Andover, Massachusetts. La madre de Waterston, Alice Atkinson, fue una pintora de paisajes. Cuando era niño, él actuó en producciones escolares y en obras de teatro dirigidas por su padre, un dramaturgo aficionado. Waterston hizo su primera aparición en el escenario a los 7 años como Creonte en Antigona de Jean Anouilh, dirigida por su padre.

Antes de ir a la universidad, Waterston asistió a la Escuela Groton en Groton, Massachusetts, una escuela preparatoria de prestigio, donde continuó actuando. En la Universidad de Yale, estudió francés e historia, pero no pudo mantenerse alejado del teatro. Se incorporó a la Universidad de Yale Dramat, sociedad dramática de la universidad y ha actuado en muchas producciones, incluyendo Edipo Rey y . Esperando a Godot. Durante la producción de Esperando a Godot , Waterston dijo que tenía una epifanía - que debe convertirse en un actor profesional.

Pero Waterston no persiguió su sueño de inmediato. Durante su tercer año de secundaria, estudió en el extranjero en la Universidad de París e incluso trató de renunciar a actuar en conjunto. Fue sólo un par de semanas antes de que rindió y comenzó a tomar clases en un taller de actuación, organizado por John Berry, el director americano expatriado, que enseñó teoría basada en las técnicas de Stanislavsky y Chéjov.



Teatro

Waterston se graduó en Yale en 1962 y pasó varios meses en Clinton (Connecticut) Playhouse, donde nuevamente apareció en Esperando a Godot. Luego se mudó a la ciudad de Nueva York y continuó entrenando profesionalmente. Hizo su debut en Nueva York en el Teatro Phoenix a finales de 1962 en Oh Dad, Poor Dad, Hung de mamá, Usted en el armario y estoy Feelin 'So Sad. Se fue en una gira nacional con el espectáculo, y en agosto de 1963 se trasladó a Broadway.


En la próxima década, Waterston apareció en muchas obras de teatro, incluyendo Cardo en mi cama, Colin, The Knack, de Maxime Furland obra de un acto, Fitz, el estreno mundial de Sam Shepard La Turista, y La posteridad en venta. En Broadway, Waterston acumuló otra lista de créditos, incluyendo el hijo hippie de un general cascarrabias Inglés en La mitad del árbol, el portavoz indio Juan Hierba en Indios de Arthur Kopit, y el hijo en la comedia de Noel Coward Fiebre del heno.de 1925. Especialmente alto elogios de la crítica, Waterston ha recibido por su papel de Thomas Lewis en el drama judicial escalofriante El ensayo del Catonsville Nine, que se trasladó al Teatro Liceo en junio de 1971 después de varios meses con entradas agotadas off Broadway.





A mediados de 1972, Waterston asumió las funciones de Laertes en Hamlet y Benedicto en Mucho ruido y pocas nueces en el Festival Shakespeare de Nueva York. Aunque su interpretación de Laertes enfrentó críticas, que no le impidió estar lejos de Shakespeare. De hecho, en 1975, asumió el papel de Hamlet para el Festival Shakespeare de Nueva York. Al principio, su Hamlet no fue calurosamente bien recibido, pero por el momento la producción se trasladó al interior, al Vivian Beaumont Teatro en el retrato de Lincoln y estaba siendo alabado. Waterston pasó a desempeñar un Próspero no convencional en La tempestad y Vincentio en Medida por medida . Tenía el éxito más importante, sin embargo, en el año 1972 por su Benedicto en la producción de A.J. Antoon de Mucho ruido y pocas nueces en el Teatro Delacorte en Central Park, que se trasladó a Broadway más tarde ese año. Por su papel, Waterston ganó un Premio Drama Desk, un Premio del Círculo de Nueva York Drama Critics y un Obie.


Hannah y sus hermanas.

TV y Cine

Waterston pasó a repetir el papel de Benedicto en una versión televisada de Mucho ruido y pocas nueces . También interpreto a Tom Wingfield en una producción televisiva de Tennessee Williams " El zoo de cristal, protagonizada por Katharine Hepburn. Para ese papel Waterston fue nominado a un Emmy a mejor actor. Él ya había aparecido en varios programas de televisión, entre ellos Dr. Kildare, Policía de Nueva York, y el halcón, y el specials The Good teniente y la Casa de mi madre. Más notablemente Waterston retrató el carácter del título en siete partes de la BBC Oppenheimer en 1981. Por su interpretación de J. Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, Waterston fue nominado por la Academia Británica de Cine y Televisión al mejor actor. También es bien conocido por su papel como un padre soltero para hacer frente a un cambio social dramático en la década de 1950 de la serie críticamente bien recibida Me iré volando (1991-1993).

En cine, Waterston ha aparecido en Tres (1969), Cover Me, Babe (1970) y ¿Quién mató a María Whats'ername? (1971), así como en Savages de James Ivory (1972). Cuando interpretaba a  Nick Carraway en El gran Gatsby en 1973, Waterston era uno de los únicos actores de la película (incluyendo Mia Farrow y Robert Redford) que recibía críticas positivas. Waterston llegó a aparecer en las películas Rancho Deluxe (1975), Dandy, el All-American Girl (1976), y Interiores (1978), así como Guillermo dulce (1982), Capricornio Uno (1978), La puerta del cielo (1980 ) y Hopscotch (1980).



Interiores.


Waterston volvió a los escenarios en 1975 para interpretar a Torvald Helmer en Casa de muñecas de Ibsen y Vershinin en la estadificación del Manhattan Theatre Club y en Las Tres Hermanas de Chejov 1982. También apareció en las comedias La hora del almuerzo, Gardenia , y Los viajeros en la oscuridad . Transmitir una suave intensidad aún por determinar, Waterston también interpreto a Abraham Lincoln en un renacimiento de 1993 de Abe Lincoln en Illinois , recreando un papel que había desempeñado anteriormente en la película para televisión, Lincoln de Gore Vidal (1988). Larga y distinguida es la carrera de teatro, cine, y televisión de Waterston que llegó a un punto crítico cuando protagonizó la película de gran éxito The Killing Fields en 1984. Fue nominado para un Premio de la Academia al mejor actor.



Septiembre

Años Recientes

Waterston se unió a otra inteligente serie de televisión dramática en 1994. Reemplazó a Michael Moriarty como el ayudante del fiscal del distrito ejecutivo residente en el largo drama de  La Ley y el Orden . Su personaje, Jack McCoy, se levantó a las filas en los últimos años, llegando a ser fiscal de distrito de la ciudad. Waterston recibió tres nominaciones a los premios Emmy por su trabajo en el programa. Interpreto a McCoy hasta el final de la serie en 2010. 

Después de su éxito en la Ley y orden , Waterston pronto negoció casos judiciales de noticias de la televisión. Interpreto al director de noticias Charlie Skinner en la serie de Aaron Sorkin The Newsroom , protagonizada por Jeff Daniels y Emily Mortimer. El show salió al aire desde 2012 hasta 2014. En 2015, Waterston se unió al elenco de estrellas de la serie de Netflix Gracia y Frankie . Él y Martin Sheen interpretaron a los maridos de Lily Tomlin y Jane Fonda que dejan a sus esposos el uno al otro. 
Waterston vive en Connecticut. Él y su esposa, Lynn Louisa Woodruff, una modelo, se casaron el 26 de enero de 1976. Tiene cuatro hijos: Elisabeth, Graham, Katherine y James, que interpreto al hijo en Oppenheimer, es hijo del primer matrimonio de Waterston, con Barbara Johnson.


Filmografía



  • The Plastic Dome of Norma Jean (1965) - Andy
  • Fitzwilly (1967) - Oliver
  • Generation (1969) - Desmond
  • Three (1969) - Taylor
  • Cover Me Babe (1970) - Cameraman
  • Who Killed Mary What's 'Er Name? (1971) - Alex
  • Mahoney's Estate (1972) - Felix
  • Savages (1972) - James, the Limping Man
  • The Great Gatsby (1974) - Nick Carraway
  • Rancho Deluxe (1975) - Cecil Colson
  • Journey into Fear (1975) - Mr. Graham
  • Sweet Revenge (1976) - Le Clerq
  • Capricorn One (1978) - Lt. Col. Peter Willis
  • Interiores (1978) - Mike
  • Eagle's Wing (1979) - White Bull
  • Sweet William (1980) - William
  • Hopscotch (1980) - Joe Cutter
  • La puerta del cielo (1980) - Frank Canton
  • Oppenheimer (1982) - J. Robert Oppenheimer
  • Q.E.D. (1982) Professor Quentin Everett Deverill
  • The Killing Fields (1984) - Sydney Schanberg
  • The Boy Who Loved Trolls (1984) - Ofoeti
  • Warning Sign (1985) - Cal Morse
  • Hannah y sus hermanas (1986) - David 
  • Just Between Friends (1986) - Harry Crandall
  • Flagrant désir (1986) - Gerry Morrison
  • Devil's Paradise (1987) - Mr. Jones
  • Septiembre (1987) - Peter
  • Lincoln (1988) - Abraham Lincoln
  • Welcome Home (1989) - Woody
  • Crimenes y pecados (1989) - Ben
  • A Captive in the Land (1990) - Royce
  • Mindwalk (1990) - Jack Edwards
  • The Man in the Moon (1991) - Matthew Trant
  • Serial Mom (1994) - Eugene Sutphin, D.D.S.
  • The Enemy Within (1994) - President William Foster
  • The Journey of August King (1995) - Mooney Wright, Producer
  • Nixon (1995) - Richard Helms (scenes deleted)
  • The Proprietor (1996) - Harry Bancroft
  • Shadow Conspiracy (1997) - The President
  • The Matthew Shepard Story (2002) - Dennis Shepard
  • Le Divorce (2003) - Chester Walker
  • The Commission (2003) - J. Lee Rankin
  • The Newsroom (2012) - Charlie Skinner



Extraído de http://www.biography.com/people/sam-waterston-9542268#recent-years

https://es.wikipedia.org/wiki/Sam_Waterston

miércoles, 10 de junio de 2015

Woody y la risa, número 17.

 
 
 
 
Fuente: Extraído de Woody Allen, un libro de humor, número 1, Editorial Nueva Imagen, Mexico 1980.
 
 
 

lunes, 1 de junio de 2015

Dos dramas del Allen tardío.

Por Pablo Muñoz


 

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Reviso 'Blue Jasmine' (id, 2013) la fábula de crisis de Woody Allen. En su habitual cruzada contra Allen, Jonathan Rosenbaum escribe que es su película más honesta al colocar las ansiedades de clase en el centro. Rosenbaum ejerce una posición de justiciero que a veces me irrita, aunque sea una inteligencia adulta y compleja, que expone sus limitaciones y, a diferencia de otros críticos, pone en cuestión sus juicios.

Pero usar esta película para contar sus frustraciones con el reconocimiento que ha tenido en su país Jerry Lewis (o para lanzar sus conjeturas sociológicas, pedestres) me deja fuera de lo que debería ser un examen de la película. Releo entonces mis severos juicios contra la película y la reviso sabiendo que me generó un disgusto un tanto exagerado.

Pienso todavía que 'Blue Jasmine' es una película esbozada antes que terminada. Hay escenas inconclusas. No sabemos demasiado de Alec Baldwin, se aparta en la película y su persoanje es interesante. Pero pienso también en que Allen en su vejez es siempre inteligente, incluso en esta película.

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'Match Point' y la ansiedades de clase


Significativamente, 'Match Point' (id, 2005) y 'Blue Jasmine' (id, 2013) son sus dos películas mejores, más interesantes, en un mar de comedias de variado encanto. Ambas son fábulas de arribismo contadas desde puntos de vista diferentes.: una desde el que trepa, otra desde la que cae. ¿Será este tal vez el asunto central del Allen tardío? ¿La naturaleza deseable del dinero en grados directos y confortables?

Sus miradas a la clase alta no parecen complacientes y su ironía es precisamente escasa.
La interpretación de Blanchett me vuelve a parecer extraordinaria y su capacidad para llenar de matices la pantalla algo inusual. Normalmente, parecemos disfrutar de actores de Hollywood descubriendo una faceta o una emoción, por lisiada que esté. Blanchett usa con generosidad un repetorio de dos o tres, siendo, en esencia, una persona rota y probablemente irrecuperable.

Pero lo que más me interesa de 'Blue Jasmine' es lo que irrita al viejo Rosenbaum: las ansiedades de clase. Hay una escena donde el dentista, interpretado por Michael Stuhlbarg, pretende a la Jasmine blanchettiana. Señala que adora lo bien que viste y luego la intenta besar. Allen, normalmente hacedor de improbables maridajes entre el patoso y nerviosón tipo bajito y la mujer bella, está despiadado: él está enamorado del aura (ausente) de su viejo status y de su belleza y ella lo desprecia porque él no le es recíproco.

Vergüenza y necesidad



En la siguiente subtrama amorosa, particularmente dolorosa, será un político con aspiraciones, interpretado por Peter Sarsgaard, el que termine por dejar en evidencia lo que Jasmine no está dispuesta a aceptar: que ya no hay posibilidad de ascenso. Más que una fábula sobre la ansiedad de clase, y es aquí donde comprendo que Rosenbaum está demasiado cansado para atender a este viejo Allen, de lo que se habla es de lo contrario.: de vergüenza de clase.

La compañera de la trama es la hermanastra de Jasmine, interpretada por Sally Hawkins. Pero en su mundo hay humor, ternura, perdones y una vulgaridad que hábilmente conecta esos ecos de Williams con la estética post-Jersey Shore. Allen no da espacio a ningún tipo de amabilidad con la clase alta pero tampoco acude a la ternura para narrar las diferencias con la baja. Ni al cinismo, pues no los iguala en moral o en actitudes. Los diferencia en maneras, y también en principios de realidad. Nos basta eso para entrar en la película.

La vergüenza de clase de Jasmine la destruye pero también es lo que guía al frío e impávido asesino que encarna Jonathan Rhys-Meyers en la impresionante Match Point. El pisito estrecho donde hace el amor con Scarlett Johansson es el lugar del asesinato, demostrando que Allen tenía un par de sorpresas a quienes lo juzgaron predecible.



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En estas dos fábulas hay algo persistente: las conductas aceptables solamente se ven a según qué luces y bajo unas determinadas condiciones de posibilidad material. En ese sentido, Allen es un pesimista, pero también un cineasta adulto y genuinamente dramático. No he visto en ningún ejemplar directo del cine post-crisis ('El lobo de Wall Street' es el otro ejemplo de contemporáneo a Allen que trata de fabular con el problema) que trate el asunto desde este ángulo que, entre otras cosas, pone en un aprieto al espectador que quiera moralizar con facilidad.
Así que hay algo en este Allen viejo, cansado y maestro que no solamente no ha muerto si no que permanece intacto y logrado.

Extraído de http://www.blogdecine.com/reflexiones-de-cine/dos-dramas-del-allen-tardío
 

domingo, 31 de mayo de 2015

¡Vamos! Tócala de nuevo, Woody.


Por Thomas A. Sancton

El Michael’s Pub está atestado. Los manteles a cuadros verdes y blancos tan encimados que los mozos, a duras penas, pueden escurrirse entre ellos, y los clientes chocan las rodillas con sus compañeros de mesa. No importa. Vinieron de todos los rumos –Japón, Italia, Francia, Escandinavia, Sudamérica- para saborear este momento. La azarosa Babel de cien conversaciones se convierte, repentinamente, en excitado murmullo cuando un hombre de cabellos color arena, vestido con pantalones de corderoy y camisa blanca de cuello abierto, aparece en el lugar y se dirige a una mesa desocupada. Negligentemente abre un castigado estuche del que extrae las secciones de un antiguo clarinete que comienza a ensamblar. Mirando a través de sus familiares anteojos de marco negro salta al palco de la banda y ocupa el lugar habitual, junto al piano. El trompetista castañetea dos veces los dedos y repentinamente todo el salón reverbera con la melodía de un éxito del año 1905, A la sombra
 del viejo manzano.

Durante los últimos 18 años, con pocas excepciones, Woody Allen pasó todas las noches de los lunes en este palco. Inclusive dejó de acudir a la entrega de los premios de la Academia, en 1978, oportunidad en que ganó un Oscar por Annie Hall “Dos extraños amantes”, para cumplir con su actuación regular en Manhattan. ¿Por qué un hombre con una carrera tan exitosa como escritor, actor, comediante y cineasta siente la compulsión de tocar el clarinete una vez a la semana? Ciertamente no es por dinero: rehúsa aceptar un solo centavo por hacerlo. Tampoco es por autopromoción, ya que insiste en que sus apariciones no sean publicitadas y, reiteradamente, rechaza ofertas muy ventajosas para grabar.

El hecho es que Woody, según propia confesión, está “obsesionado” por el jazz. No por el dixieland, el swing y definidamente no por el bebop. Es un devoto del puro estilo New Orleans, desarrollado a principios de siglo y grabado por su panteón de héroes del clarinete: Sidney Bechet, Johnny Dodds, Jimmie Noone y George Lewis: a los que se refiere con la reverencia que acuerda solamente al puñado de los héroes de su formación cultural, que comprende a Willie Mays, Groucho Marx e Ingmar Bergman.

Lewis, que falleció en 1968, pasó la mayor parte de su vida tocando en oscuros antros y festividades de Nueva Orleans, hasta su “descubrimiento”, a mediados de la década del ’40. Pero siempre tuvo algo que emocionaba a la gente de todo el mundo. Allí donde se conseguían sus discos los músicos jóvenes trataban de imitar su sonido. Woody se encontró por primera vez con este fenómeno en 1971, al acudir al New Orleans Jazz and Heritage Festival y participar de jazz sessions en el barrio Francés. Había un George Lewis japonés y un George Lewis británico, y un George Lewis judío. La cosa era realmente desopilante.




Woody recuerda ese viaje, junto con dos excursiones previas al Crescent City, como puntos altos de su vida. Acompañado por Diane Keaton, merodeó por el barrio Francés con el clarinete bajo el brazo, mirando, oyendo y alternando con jazzmen locales. “Era como haber admirado toda la vida a Willie Mays y, de repente, encontrarse con él”, recuerda Woody. El productor del Festival, George Wein, le habló para que actuara en uno de los conciertos oficiales.

Esa aparición fuera de programa impulsó al crítico musical del Times. John S. Wilson, a calificar la ejecución de Woody como “una de la evidencias más estimulantes y reconfortantes de la continuidad de la tradición del jazz de Nueva Orleans”.

Aunque considera al jazz su hobby lo aborda con absoluta seriedad. Practica religiosamente dos horas diarias, generalmente en el dormitorio de su penthouse de dos pisos de la Quinta Avenida. Pero aun cuando trabaja lejos de su casa destina tiempo al instrumento. “A veces filmaba el día entero y no volvía al hotel hasta las 10.30 de la noche. Me metía en la cama, con el clarinete, y practicaba con la frazada sobre la cabeza, para no molestar a los vecinos.” Perder un solo día de práctica, dice Woody, hace que se sienta “absolutamente" consumido por la culpa. Saben, es como cuando alguien viola su dieta o algo parecido."

Woody, que no sabe leer ni escribir música, es el primero en admitir sus limitaciones técnicas. “No creo tener talento musical. Tengo amor, entusiasmo y obsesión por la música. Pero no nací con lo que hay que tener para ser un artista. Quiero decir que soy totalmente ecléctico y derivativo de los tipos que oí y admiro.” La ventaja que tiene para tocar las obras al viejo estilo New Orleans radica en que “soy genuinamente tosco”. Otra de sus ventajas es la capacidad de reproducir el tono potente y plañidero de los primeros jazzmen. El mayor cumplido que recibió, según Woody, le fue prodigado en Nueva Orleans, tocando con músicos de esa ciudad que le dijeron cuan “indígena” era su estilo. Sin embargo, Kenny Davern, clarinetista de jazz, opina que: “Woody trató de captar ese sonido llorón de Nueva Orleans, y realmente lo logró”. Procura este sonido mediante dos recursos. Primeramente, emplea una boquilla abierta y una caña muy dura “Rico Royale Nº 5”,que produce mucho sonido, pero requiere labios de acero. (Benny Goodman tomó una vez el clarinete de Woody y tuvo que afeitar la caña con un cuchillo de cocina, antes de poder extraerle un mínimo sonido.)

En segundo término toca un clarinete Sistema Albert anticuado y con digitación virtualmente obsoleta. ¿Por qué Sistema Albert? “Porque todos los tipos que me gustan tocaban el Albert”, dice Woody.




El instrumento utilizado por Woody es un “Rampone” “rejuntado”, de doce llaves, fabricado en 1890. Al igual que muchos de los clarinetes de su colección, le fue provisto por el músico Kenny Davern, quien lo encontró en una casa de empeños de Nueva York. El mismo Davern ofreció una vez prestarle el instrumento que tocaba Albert Burbank, gran músico de Nueva Orleans y uno de los ídolos de Woody. Este vaciló: “¿Qué pasa si me lo roban?” “No te hagas problemas”, replicó Davern. “Es que probablemente me lo roben mientras esté tocando”,murmuró Woody.

Esta salida es inusual en un hombre que separa escrupulosamente al clarinetista del comediante y jamás hace un chiste en el palco de la orquesta, pese a que le ocurrieron cosas divertidas en relación con la música. Cuando él y su “New Orleans Funeral & Ragtime Orchestra” se reunieron por primera vez, a comienzos del decenio de 1970, fueron sumariamente expulsados de los primeros clubes en que actuaron, porque su música era claramente no comercial. En uno de los establecimientos los despidieron en medio de la ejecución de un spiritual particularmente lúgubre, después que el hijito del dueño tironeó de la manga al trompetista, John Bucher, y le rogó “por favor, míster, no toque más”.

Michael’s Pub donde la banda aterrizó para actuaciones regulares en 1971, fue escenario de muchos buenos momentos. Cuando los Mets (beisbol) estaban en la Serie Mundial de 1986, el “hincha” Woody apareció con un pequeño televisor a transistores y lo colocó en el atril para ver el juego mientras tocaba. El trombonista Dick Dreiwitz y su esposa Bárbara, ejecutante de tuba, refieren una sorpresiva visita de Groucho Marx. “Después de uno de los solos de Woody”, dice Bárbara, “Groucho se puso de pie y le dio algunas monedas como propina”. El psiquiatra Ron Brady, amigo de Woody, recuerda la ocasión en que un hombre, que pretendía ser biólogo, llegó a lo de Michael’s y pidió a Woody una muestra de piel, afirmando que estaba trabajando en un clon.




La mayoría de los fanáticos, sin embargo, no llegan a aproximarse a su héroe. Gil Wiest, dueño de Michael’s Pub, lo custodia agresivamente, y esto agrada a Woody que no hace un misterio del hecho de estar allí por su propio gusto y no para comunicarse con el público. “No soy alguien que sonríe y hace reverencias. Estoy aquí para tocar, estrictamente y nada más.” Claro que muchos esperan algo distinto. “Se molestan porque no habla o hace chistes, dice el banjoísta Eddie Davis. Pero después de algunas melodías quedan atrapados por la música.”

La reservada actitud de Allen hacia el público se refleja en sus relaciones con los demás miembros de la banda. Aunque muchos de ellos tocan con él desde hace ya veinte años, Woody no hace vida social con ellos ni se queda a hablar después de las actuaciones.

En un esfuerzo por aproximarse aún más a la música que ama, Woody ensaya, con otro grupo de músicos, más orientados al estilo New Orleans. No es preciso en cuanto a los planes que tiene con este grupo, pero el banjoísta Davis afirma que hay conversaciones para actuar una vez a la semana en un club de jazz, y hubo tanteos para actuar en varios festivales europeos. Los carretes de grabación giran durante los ensayos y esto hace pensar en la probabilidad de que, finalmente, aparezca algo que Woody siempre resistió: una grabación con él al clarinete.

Ocurra o no esto, la música ya dejó un surco profundo en los logros artísticos de Woody. Nadie que haya visto sus films puede dejar de apreciar cuán efectivamente se vale de partituras para reforzar el transcurrir visual –desde los temas de Gershwin en Manhattan hasta las baladas de Django Reinhardt y Louis Armstrong en Recuerdos… y los temas de Schubert de Crímenes y pecados-. Para la banda sonora de El dormilón Woody llegó a ir a Nueva Orleans, en 1973, y grabó personalmente con la Preserva tión Hall Jazz Band. (Los viejos músicos de allí no habían oído hablar de las películas de Woody.) Entre sus proyectos figura el de dedicar una película al nacimiento del jazz.

Sería un error considerar la obsesión de Woody Allen por el clarinete como un hobby excéntrico o una rareza psicológica. De manera directa o indirecta, concreta o espiritual, su oído e instinto de músico lo ayudaron a convertirse en un artista destacado en otros terrenos. “El jazz es la música perfecta para él”, dice Eric Lax, quien escribió un libro sobre Allen “Odia la autoridad, es un individuo quisquilloso que requiere gran disciplina para funcionar correctamente. La música es lo que necesita, de modo que ¡tócala de nuevo, Woody!”.

Fuente: Revista Noticias, 12 de noviembre de 1989