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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 16 de junio de 2015

En la vida solo tiene sentido distraer a la gente.



FESTIVAL DE CANNES

El director estadounidense presenta fuera de concurso ‘Irrational man’

Por GREGORIO BELINCHÓN  Cannes  15 MAY 2015 -  






Woody Allen durante la presentación de 'Irrational Man'. / A. POUJOULAT (AFP)


El próximo 1 de diciembre Allen Stewart Konigsberg, es decir, Woody Allen, cumplirá 80 años. Al cineasta neoyorquino no parece que le importe mucho el cambio de década, es más, en Cannes ha asegurado esta mañana que no va a cambiar de estilo, no abandonará el humor para entrar en profundas disquisiciones. “Otros artistas y mucha gente en general lo ha hecho, porque con la edad cambia la perspectiva. Pero no va a ser en mi caso, no me voy a poner serio, en plan Bergman. Mi talento está en el humor, nadie me dará dinero por rodar dramas. Ya me puse serio en mi juventud: di entrevistas aburridas e hice películas plúmbeas”, contaba con su media sonrisa en la presentación a la prensa de Irrational man. El protagonista de este film noir es un profesor de filosofía, Abe Lucas (Joaquin Phoenix) tan carismático como devastado emocionalmente, que siente que haga lo haga (enseñar, activismo político, viajes en ayuda humanitaria) no hay grandes diferencias. Ni mudándose a un pequeño college, donde empieza a combinar dos relaciones: con una profesora –Parker Posey- encallada en un matrimonio frustrante y con su alumna más brillante –Emma Stone-). De repente, al escuchar una conversación en un restaurante, Lucas encuentra de repente una motivación, un impulso vital que le cambia por repente, y le da fuerzas… aunque ese estímulo le lleve al crimen.

Como profesor de filosofía, Lucas habla sobre Kant, los existencialistas, Kierkegaard y –obviamente hablando de crímenes- hay una referencia a Hannah Arendt y la “banalidad del mal”. Allen considera que él no ha aportado nada nuevo a la filosofía, sino que su cine es producto de los filósofos que ha leído. Sin embargo, sí ha reflexionado ampliamente en Cannes sobre la importancia de las decisiones y de las creencias en la vida del ser humano. “No creo que haya dado espacio en este filme a la irracionalidad, sino que todos en la vida tenemos elegir, un hecho que suele ocurrir repentinamente. Si la elección es la correcta, bien. Pero en el caso de mi personaje Lucas se decanta por lo irracional. Creo que el ser humano necesita creer, de ahí las religiones”. Y ahondó: “Leí a Primo Levi, y posteriormente a otros supervivientes de campos de concentración, y me di cuenta de que si había salido vivo de aquel horror fue por su ferviente comunismo. Tenían una motivación. Da igual que luego el comunismo se mostrara como un sistema fracasado. A ellos les funcionó, les dio un estímulo. No importa si la creencia es cierto o no, sino que la tengas, porque hará tu vida mejor”.



Entonces, ¿en qué cree Woody Allen?¿Qué sentido tiene para él la vida? “La vida pasa, nosotros la solemos cabalgar en mala posición… Debemos afrontarla de forma positiva. Al final, no hay ningún significado ni sentido ulterior. Todo lo creado se desvanece. Las grandes obras de Shakespeare, Beethoven… Puff, se van. Para mí, lo único que tiene sentido a la vida es distraer a la gente. Cuando hago cine, primero me distraigo a mí mismo, y luego se lo hago al público. Durante hora y media se olvidan de malos humores, la muerte… Es halagador ver a la gente reír con tu trabajo, y en mi caso es agradable mantenerme ocupado y no encarar la realidad”. Solo con estas respuestas estuvo el cineasta animoso. El resto de la rueda de prensa Allen miraba al infinito –en un par de ocasiones los periodistas le preguntaron si estaba allí, a lo que parecía despertar repentinamente- antes de filosofar sobre su trabajo o posibles crisis morales en el siglo XXI. “No, hoy en día no vivimos una falta de valores mayor que la de hace siglos. En cada rincón del mundo pasan cosas horribles, hay crisis morales. Pero es que así ha funcionado siempre. De eso se ha alimentado el cine, el teatro –y el gran ejemplo es Shakespeare- las novelas… Las infidelidades, los triángulos amorosos, el crimen son semillas del arte”. Y por eso, sin ser muy explícito, defendió el final de su película, un último plano algo ambiguo: “Lo que ha vivido la estudiante es una lección de vida, y la vida es ambigua. Con el tiempo estoy seguro que entenderá la ambivalencia porque 50 o 60 años la perspectiva vital cambia”

A su lado, las actrices Parker Posey y Emma Stone hablaron sobre la sencillez de los rodajes de Allen, el disfrute que supone participar en uno de ellos y de cómo, en caso de duda, el cineasta les decía: “Es una película, no lo pienses tanto”.



Sobre sus próximos proyectos, no hizo referencia ni a su siguiente rodaje, que protagonizarán Kristen Stewart, Blake Lively, Jesse Eisenberg y Bruce Willis, ni al museo sobre su obra que la productora Mediapro planea montar en Barcelona en el edificio de la antigua Escuela de Artes y Oficios (por cierto, en Irrational man, se habla de “la romántica España”), pero sí sobre su futura serie de televisión para Amazon: “Estoy bregando con ello, y espero no decepcionarles, pero está siendo una lucha… Una catástrofe. Me he metido en esto de las seis horas y media… Estoy escribiendo. No sé aún el resultado. Me da una vergüenza haber aceptado…”. Y echó a reír. Como un niño.