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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 5 de mayo de 2016

Woody: "Soy un dinosaurio"


Cerca de cumplir 80 años, el director norteamericano continúa filmando una película por año y, por estos días, sumó una serie para Amazon; el jueves llega a la Argentina Hombre irracional, su película número 45.


Diego Batlle
PARA LA NACION

Woody Allen, un director tan prolífico como agudo
Un director tan prolífico como agudo (Foto: Archivo)
Si Woody Allen construyó, tanto dentro como fuera de la pantalla, un estilo de persona(je) bastante fóbico y torturado, ya es tiempo de desmitificar esa imagen. En la entrevista a solas con La Nación en una suite del tradicional y lujoso Hotel Martinez de Cannes, el director, guionista y actor neoyorquino ratificó que es un verdadero experto en las relaciones públicas y que, con casi 80 años, es capaz de sostener la sucesión de reportajes con un profesionalismo, simpatía y dedicación que muchos jóvenes colegas envidiarían.
 

Cuando recibe a este cronista (es nuestro cuarto encuentro en Cannes) ya tiene su speech introductorio preparado: "Quiero decirle que la mejor película extranjera que vi en el último año es argentina: Wild Tales (Relatos salvajes). No sólo es una notable muestra de talento narrativo sino que además rompe con los estereotipos que los norteamericano tenemos respecto del cine de Argentina o Brasil, que debería ser seductor, pintoresco, romántico. No hay tango, ni escenarios llenos de colores ni ninguno de esos clichés ligados al exotismo. Sé que Buenos Aires en varios sentidos es más europea que latinoamericana y esa fuerza cosmopolita se percibe en algunos de los episodios urbanos del film de Szifron, a quien he felicitado públicamente cuando estuvo nominado al Oscar".

Tras ese prólogo pensado para un medio argentino, Woody propone pasar, claro, a su obra y, más precisamente, a Hombre irracional, su 45º largometraje y 13º que estrenó en el Festival de Cannes desde que en 1979 presentara allí Manhattan. El film -que el próximo jueves 1º de octubre se lanzará en los cines locales- reunió a Allen con Emma Stone y Parker Posey y significó su primer trabajo con Joaquin Phoenix como protagonista.


Hombre irracional es de esas películas en apariencia ligeras, pero con un sustrato decididamente oscuro y pesimista. Debajo de la gracia de sus gags, del tono liviano con que se retrata la dinámica de un campus universitario, de la sonrisa encantadora de Stone o la locura salvaje de Posey y de los hermosos paisajes de Newport fotografiados en pantalla ancha por el talentoso Darius Khondji, se esconde una película ácida y perturbadora sobre la condición humana y el sentido de la vida.


Plagada de referencias intelectuales (desde Heidegger hasta Dostoievsky, pasando por Kant, Freud y la dupla Sartre-De Beauvoir), Hombre irracional tiene como perfecto antihéroe a Abe Lucas (Phoenix), un profesor de filosofía alcohólico, traumado, depresivo y en plena crisis creativa que llega a una universidad de Rhode Island, donde no tardará en despertar un interés cercano a la obsesión por parte de una de sus alumnas (Stone) y de una colega casada (Posey).

Hombre irracional arranca como una previsible comedia de enredos amorosos, pero da una decisiva vuelta de tuerca cuando trabaja sobre una de las cuestiones favoritas de Allen: el crimen perfecto.


Stone y Phoenix reciben órdenes del director durante el rodaje de Hombre irracional
Stone y Phoenix reciben ordenes en "Hombre irracional".


"Mis héroes de siempre eran grandes escritores como Eugene O'Neill, Tennessee Williams o incluso Ingmar Bergman, pero a nadie le interesó cuando traté de seguir esa línea. Nunca quise ser comediante, pero me fueron empujando y nunca más pude salir", dice el prolífico realizador.


-Nunca se muestra demasiado eufórico con los resultados de sus películas ¿Por qué es tan exigente consigo mismo?

-En verdad soy bastante haragán cuando trabajo. Estoy muy lejos del perfeccionismo de (Martin) Scorsese o (Steven) Spielberg. Uno siempre quiere hacer El ciudadano o Ladron de bicicletas, pero eso nunca ocurre. Ya no quiero frustrarme más. Me conformo con tener continuidad de trabajo porque filmar sigue siendo una opción bastante mejor que otros oficios. Con Match Point estuve bastante cerca de conseguir lo que quería, y lo mismo ocurrió con Crímenes y pecados, que justo son dos películas con claras conexiones con Hombre irracional en la exploración de los dilemas morales, la muerte o la culpa.

-¿Cómo es su dinámica de trabajo para mantener este nivel de productividad con casi 80 años?

-Mantengo una rutina que me cierra. En principio vivo anotando ideas todo el tiempo. A veces mientras almuerzo se me ocurre algo y la escribo en una servilleta. Todas mis anotaciones van a parar a un cajón y cuando tengo que escribir un guión reviso ese material acumulado. Como la plata de los inversores siempre está no tengo que preocuparme por eso. En invierno escribo y filmo en verano porque los chicos no van a la escuela y pueden venir con nosotros a París, a Barcelona o a otra ciudad de Estados Unidos. En el medio preparo, edito o promociono las películas. Es como una rueda que no para nunca.

-¿Y el proceso de elección de los intérpretes cómo es?

-Mi directora de casting, Juliet Taylor, lee el guión y dos días después me trae una lista de 5, 10 o 20 intérpretes para cada papel. Me dice: "El protagonista podría ser Joaquin Phoenix". Yo no tengo idea quién es, pero me trae los videos de Paul Thomas Anderson, los veo y luego apruebo o rechazo. En este caso, me gustó. Y cuando me llevo bien con alguien suelo repetir, como ocurrió con Scarlett Johansson o ahora con Emma Stone, que es como una nueva Diane Keaton con una impronta de estrella clásica. A veces escribo el guión con el actor o la actriz ya en mente, que es lo mejor, pero muy pocas veces ocurre.

-Usted dijo alguna vez que el mayor logro de su carrera es que jamás le mostró un guión a un financista ¿Se siente entonces como el director más independiente del mundo?

-Es así. Siempre digo que lo único que me separa de la genialidad soy yo mismo. Nadie me dice qué hacer. Nadie lee los guiones. Nadie me dice quién tiene que trabajar en cada película. Si yo esta noche decidiera hacer una película en blanco y negro sobre maestros rusos, podría filmarla sin problemas. Conmigo jamás van a perder fortunas como en esos proyectos carísimos y delirantes de Hollywood. Confían en que hago películas de presupuesto bajo, las entrego en tiempo y forma, ayudo a promocionarlas. No genero demasiado riesgo. Algunas son mejores, otras peores, pero generalmente dan ganancia. Si alguna pierde, es un monto insignificante para los cánones actuales. Cuando alguien por ejemplo de Argentina compra una película mía a veces ni siquiera la ha visto: compra mi nombre. Soy una marca. Por suerte ya no tengo que ir a los estudios. Cuando empecé trabajé con United Artists u Orion me respetaron. Pero desde hace años me manejo con inversores privados. Pongo todas las condiciones. Algunos aceptan y otro no porque quieren opinar en las decisiones artísticas y no ser sólo banqueros.

-Su próximo film será el primero que hará íntegramente con tecnología digital ¿Cómo se siente frente a semejante cambio?

-Soy un dinosaurio. No cambio fácilmente. Piense que uso la misma máquina de escribir de toda la vida para redactar mis guiones. Pero el director de fotografía de mi nueva película, el italiano Vittorio Storaro, me convenció. El tiempo ha llegado, no tiene sentido resistir más, no podés ir contra el futuro, que en verdad ya es el presente. Hace tiempo acepté abandonar la moviola y editar en la computadora, lo que me permitió montar una película en apenas 6 o 7 días. También me di cuenta de que la proyección digital es muy linda, casi igual que en 35mm. Pero nunca filmé en digital. En la próxima entrevista le cuento cómo me fue con Jesse Eisenberg y Kristen Stewart.

-Se lo nota incansable ¿Piensa a veces en dejar de dirigir?

-Por el momento no, mientras tenga lucidez seguiré. Mis padres vivieron hasta muy viejos, pero no hay garantías. Disfruto el proceso, sigo teniendo ideas -no todas originales- que justifican un film. No pienso parar hasta que mi salud indique lo contrario o dejen de darme plata para filmar. Y si ya no hay productores en cine, puedo pedirle más dinero a Amazon. O a Netflix. (risas).
Entra la asistente de Woody, espera a que termine la frase y dice que el tiempo acordado para la entrevista ha expirado. Pero Allen se extiende para una reflexión más: "No me interesa en absoluto cómo es la industria del cine hoy con sus blockbusters de acción, sus sagas, secuelas y remakes, adaptaciones de comics, acumulación de superhéroes y esa obsesión enfermiza por la taquilla. Para mí el cine es el que me legaron maestros europeos como Truffaut, Godard, De Sica o Fellini. Un arte hecho con amor. No una actividad industrial y mercantil. Ojalá alguna vez vuelvan aquellos tiempos esplendorosos".
Ahora sí ese mito viviente que es el director de Annie Hall, Zelig y Blue Jasmine extiende la mano y se despide con una sonrisa y la amabilidad de siempre. La simpleza y la generosidad de los verdaderamente grandes.

"No uso computadora y no sé lo que es un streaming"

Cuando Woody Allen anunció hace unos meses que haría una (mini)serie para Amazon toda la industria se sorprendió ¿Ver a Woody en una tablet? El director se comprometió a escribir y dirigir seis episodios de media hora cada uno y ahora -admite- se siente bastante perdido.
"Acepté porque era una propuesta muy lucrativa y me dejé tentar. Creía que iba a ser fácil, pero me está costando mucho terminar de escribir la serie. No son capítulos independientes sino una única historia dividida en seis partes con una continuidad. Tienen un inicio, un desarrollo y un final, así que veo difícil que haya una temporada dos o tres", dice entre risas.
"No veo series, no uso computadora y no sé cómo se maneja el streaming. Sólo sé que para una laptop o una TV no necesito conseguir imágenes tan bellas como en cine. No voy a usar un lente anamórfico porque nunca se verá en una sala. Tengo que lograr que se vea bien y listo. Espero no decepcionar a la gente de Amazon".


Extraído de la pagina oficial del Diario La Nación de Argentina: http://www.lanacion.com.ar/1831199-woody-allen-soy-un-dinosaurio