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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Woody convierte a Elena Anaya...


...en la protagonista de la nueva comedia romántica que rodara en San Sebastián este 
verano.

El neoyorquino pasará julio y agosto en España rodeado de un equipo en el que también se han incluido nombres como Sergi López, Louis Garrel o Christoph Waltz.


POR CLAUDIO M. DE PRADO

¡Pues claro que Woody Allen tiene un cariño especial hacia España! ¿Cómo no tenerlo después de lo bien que le ha tratado siempre este país? Incluso en los momentos más difíciles nunca le ha fallado. Lo decimos porque mientras que en otros territorios es imposible saber cuando se estrenará Día de lluvia en Nueva York, filme que le produjo Amazon en 2017 y que la compañía se niega a exhibir hasta que se aclaren las acusaciones de supuesto abuso por parte de su hija adoptiva Dylan Farrow; aquí ya se ha confirmado el 4 de octubre como la fecha en la que los seguidores del director podrán ver en pantalla grande esta cinta inédita protagonizada por Timothée Chalamet y Selena Gomez.

Aunque no es solo eso por lo que Allen ama nuestro país. A parte de concederle premios tan importantes como el Príncipe de Asturias, de aquí también ha salido el dinero gracias al que ha podido rodar películas como Vicky, Cristina, Barcelona, gracias al cual Penélope Cruz consiguió por fin su tan deseado Oscar.

Una proeza para la estrella española que, quién sabe, ojalá pueda repetir en breve otra compañera suya: Elena Anaya. Más que nada porque, según acaba de anunciarse, ella será la protagonista de la nueva película que en breves semanas Woody Allen rodará en San Sebastián del 10 de julio al 23 de agosto.

Se trata de la cinta número 51 en la filmografía del neoyorquino, cuyo título todavía no está elegido y que, además de Anaya o Sergi Lopez, tendrá en su reparto a actores internacionales como Louis Garrel, Christoph Waltz o Wally Shawn.

Lo que sí se ha confirmado es su argumento, que narrará la historia de un matrimonio estadounidense que acude al Festival de Cine de San Sebastián y que, una vez allí, quedará prendada del festival y de la belleza de la ciudad. Además ella tendrá un affaire con un brillante director de cine francés, mientras que él se enamora de una bella española.

Ojalá esta vez Allen logre salir de los tópicos que mostró cuando rodó en Barcelona, que salvo por las apariciones de Penélope y Javier Bardem; parecía un vídeo promocional de la capital catalana con mucha postal pero muy poca chicha.


Fuente: https://www.revistavanityfair.es

lunes, 15 de julio de 2019

Ironías y absurdo para las peripecias de un antihéroe.

Napoleón y Tolstoi en manos del desopilante Woody Allen.






Escribe Agustín Mahieu

Uno de los peros que suelen esgrimirse contra el excelente cómico Woody Allen es que sus ideas -y consecuentemente sus historias cinematográficas- son brillantes pero sueltas, sin un desarrollo que podría darles unidad y mayor fuerza. Este carácter episódico permanece en "La última noche de Boris Gruschenko" (poco feliz traducción del original Love and Death, "Amor y muerte") pero no lo afecta demasiado. Tal vez porque sus gags y sus escenas son casi siempre notables; pero también porque esta vez su relato consigue una efectiva progresión imaginativa.

Ubicada en la época de la invasión napoleónica a Rusia, la historia del pacifico, esmirriado y filosófico Boris Gruschenko es una parodica y muy libre evocación de "La guerra y la paz", de Tolstoi. Tratándose de Woody Allen, naturalmente, su visión es bastante distinta. Curiosamente coinciden en un punto: las guerras son episodios históricamente enigmáticos, cuyo desarrollo es tan confuso como para despistar a mariscales y soldados y arrastrar a sus personajes a situaciones imprevisibles.





Como el fuerte de Woody Allen es la sátira y el absurdo impasible, el centro de la historia es la odisea de Boris, que parte a la guerra y trata por todos los medios de escapar, incluso escondiéndose en un cañón. Este peligroso refugio lo convierte en héroe por casualidad, cargado de condecoraciones. Este episodio no cambia su carácter. pero lo arrastra a una loca conjura (imaginada por su prima Sonia) para asesinar a Napoleón.

La conspiración fracasa, envuelta, en delirantes circunstancias, y Boris es condenado a muerte. Más allá de este hilo argumental, importa como siempre el personaje absorbente de Woody Allen, serio, apocado, desatado a veces como Harpo Marx en súbitas explosiones de erotismo. Pero como otro de los famosos hermanos, Groucho (al cual se ha dicho que este film contiene un homenaje), muchas de sus características se transmiten en una pirotecnia verbal. Son monólogos o diálogos incesantes, como las increíbles conversaciónes filosóficas con su prima Sonia, que mezclan con aparente solemnidad frases de Hegel, Kant, o ensaladas desopilantes de la terminologia existencial o estructuralista.





Reaparece en su nuevo personaje, asimismo, el humor judío, la obsesión por el sexo, la constante autoironia respecto de su físico desventajoso, o su timidez convertida en sarcasmo de la cobardía. Es, al fin, una figura completa y sutil, de un humor personalísimo, a veces irregular y desordenado, pero siempre brillante.

Sin convertirse nunca en un "pastiche", la historia patética y mordaz de Boris acude a ciertas citas artísticas y literarias ("homenajes", se ha dicho) que se revelan en diálogos alusivos a Dostoievsky, recuerden al Eisenstein de "Alexander Nevsky" mediante el uso constante de la música escrita para ese film por Prokofieff, o reflejan actitudes que transforman en clave satírica el mundo de Tolstoi o Chejov.



La ambientación, las ironías sobre el amor por su prima Sonia (que lo "quiere como un hermano") y la vasta reflexión sobre la guerra y sus absurdos, que incluye una insólita presencia de la muerte, hacen que esta obra de Woody Allen pueda considerarse mucho más ambiciosa que las anteriores. Sus alegorías (la muerte, la paz, el sexo, la antisolemnidad) son más elaboradas y sutiles. Pero su seriedad escondida no excluye la diversión y, el humor, más ácido cuando más revela la habitual locura de los hombre serios.


Fuente: Diario La Opinión, martes 24 de febrero de 1976.

miércoles, 26 de junio de 2019

Woody Allen dirigirá ópera de Puccini en La Scala





El director general de La Scala Alexander Pereira dijo que él mismo aparecerá en "Die Tote Stadt" de Erich Wolfgang Korngold, en un papel con diálogo que bromeó que no será remunerado. 

La temporada del próximo año incluirá 15 óperas, en su mayoría italianas y nuevas producciones. "Attila" será el segundo estreno de gala dedicado a las composiciones más joviales de Verdi, después de "Giovanna d'Arco" en 2015. 

Allen ya dirigió "Gianni Schicchi" para la Ópera de Los Ángeles. El espectáculo se presentará junto a una nueva producción de La Scala de "Prima La Musica Poi Le Parole" de Antonio Salieri.



Extraído de www.ciudad.com.ar

miércoles, 19 de junio de 2019

Woody Allen, por Miles Palmer.

La ocurrencia impresa

A quien no conociera las recopilaciones escritas "Geeting Even" (Como acabar de una vez por todas con la cultura) y "Without Feathers" (Sin plumas), le seria fácil relegar a Allen y colocarle en algún casillero menor dentro de las capas inferiores de la comedia americana; pero ante tan brillantes parodias y tan fantasiosos vuelos por cielos inesperados es preciso situarle junto a Kaufman, Perelman y Charles Marowitz. 1977.



En casa con sus fantasias


El señor Marowitz es un destacado critico teatral que también se ha desempeñado bien como director de escena. No obstante, aquí he de discrepar con él. Woody Allen no es un escritor. Cierto que entre los cómicos más celebrados se destaca por ser más culto y serio; pero eso no le convierte en gran escritor humoristico. Allen sólo es un cómico capaz de escribir cortos artículos graciosos.

La gran ficción en prosa no es lo suyo. ¿Qué debiera hacer? ¿Encerrarse en una habitación durante cinco años y ver si puede escribir una novela mejor que "Catch 22"? No es esa su especialidad, sino la narración ocurrente y breve. Es eso, Allen resulta imbatible. La novela no puede fundarse en una ocurrencia. No es una rápida corrida, sino una maratón. No creo que Woody sea un fondista.

Woody ventila en sus escritos situaciones referidas a complejos de inferioridad en materia intelectual y también física. En eso alcanza extraordinaria altura. El tema del hombre abrumado y sometido por la astucia femenina vuelve una y otra vez. En "Desquitarse", primera de sus colecciones de cuentos, uno de los personajes, Weinstein, dice: "No digo que mi mujer no sea estupenda. Cuidado. Pero no se puede hablar de la poesía de Ezra Pound con ella. Ni de la obra de Eliot. Ignoraba eso cuando me casé. Yo necesito una mujer que sea mentalmente estimulante, amigo Kaiser. Y estoy dispuesto a pagar por ella. No quiero relaciones durables, sino una experiencia intelectual rápida. Una vez alcanzada, que la chica desaparezca, Kaiser, yo soy un hombre casado y feliz".

También narra que llegó a constituirse en la víctima de un equipo de cultas prostitutas acaudilladas por cierta Madame Flossie, a las cuales visitara en busca de estímulos intelectuales. Una de ellas le hace chantaje: está en posesión de una cinta grabada en la cual ambos discuten los méritos de "tierra baldía" en una habitación de motel. La chica quiere diez de los grandes. Si no los recibe, entregará la cinta a la esposa.

Kaiser acepta el caso. Telefonea a Madame Flosie y solicita que se le envié una muchacha a cierta habitación del Plaza Hotel para hablar de Melville con ella. No tarda en presentarse Sherry, "una joven pelirroja metida en sus pantalones como si sus piernas fuesen dos cucharadas de helado de vainilla". Charlan y él le asigna una mala calificación. De inmediato agita su placa ante ella y le dice que es detective. Ella deja entonces de fingir y confiesa ser una estudiante con problemas económicos, que necesita el dinero para completar su tesis:

Todo salió a la luz. Toda la historia. Su educación en un buen barrio de Nueva York, la concurrencia a los campamentos socialistas. Brandeis. En el fondo ella era la mujer respetable que uno ve haciendo cola ante la taquilla del Elgin o del Thalia y que, al leer, escribe las palabras "si, si, muy cierto" junto a una frase de Kant. Pero había sucedido que a cierta altura de su vida, la muchacha había jugado mal sus cartas.

Había sido arrestada ya dos veces. Una por leer el "Commentary" en un aparcamiento. Duro pero comprensivo, Kaiser se apiada y la deja ir. Visita la librería que es la pantalla del prostíbulo y en rápida sucesión de golpes que llevan al desenlace desarma a Flossie -que resulta ser un hombre- llama a la policía y resuelve el caso.

"La prostituta de Mensa" es una obra original, medida, elegante y graciosa. Considerada bajo cualquier ángulo es una excelente muestra de literatura humoristica. Tal vez pueda afirmarse que es la más ocurrente y sustanciosa de las contenidas en cualquier colección. Tiene la exacta duración, porque no es tan corta como para privarnos antes de tiempo de un escenario que merece ser saboreado, ni tan larga como para permitirnos sospechar que Woody se regodea con su propia ingeniosidad, aunque se le pueda imaginar, si, sonriendo muy contento detrás de su máquina de escribir. Ojalá todas las partes del libro fuesen tan brillantes.

Hay que decir que su prosa no se parece en nada a la de S.J.Perelman. El literato Woody es tenso, moderno, periodístico, nunca recargado. Si Perelman parece un genio orquestal que dirige una sinfonía de palabras, se diría que Woody es un violinista callejero que se sabe algunas buenas tonadillas. Si Perelman es el Nabokov del cuento corto humoristico. Woody es el Ed McBain. El estilo del primero se distingue por el virtuosismo en el arte de agregar, el del segundo por la habilidad de quitar.

El sinfónico Sid desenvuelve una prosa de fantástica hermosura, que hace bailar mágicamente a las palabras en inspiradas y deslumbrantes disgresiones. Se extasia ante la fertilidad de su propia imaginación y el alcance amplísimo de sus posibles referencias. En cambio las frases que Woody usa parecen recortadas con un hacha y guardan parecido con la prosa procesal empleada por la policía del 87º Distrito. Hoy Woody reconoce que su primeros escritos fueron muy influenciados por Perelman. Un cuento típico de Perelman a menudo comienza con una frase muy larga; y hasta en sus más medidas introducciones pueden apreciarse atisbos de la elegante locuacidad que se avecina. Este, por ejemplo, es el inicio de una obra maestra de Perelman: "Crazie like a Fox" (Chiflado como un zorro):


Siempre recibe uno su choque de sorpresa cuando, al acercarse a un kiosco de revistas especializado en publicaciones comerciales, ve el "Boletín del corsé y de la ropa interior" junto al "Boletín de la abeja americana". Sin embargo en los kiosco se producen extraños maridajes, como bien lo sabe quien ha pasado una noche con un kiosco. Si piensa usted un poco en el asunto (en lugar de quedarse ahí medio dormido y con la boca abierta) verá que la proximidad no tiene por qué ser tan sólo alfabética. Cierto que tanto el Boletín del corsé y de la ropa interior como el Boletín de la abeja americana tienen que ver con la miel; pero yo soy lo bastante bestia como para preferir una fotografía de una suculenta ninfa con liguero de raso Lastex y sujetador Plus a la más espectacular instantánea de una apiario. Cada cosa tiene su lugar en mi plan.

Entre los humoristas, Perelman hace figura de arrogante aristócrata que paladea su propio genia y lo pone de manifiesto, haciendo sentir al lector su superioridad. Su tono  es altanero. Woody es a menudo tan fantasioso como él; pero su estilo es mucho más modesto y prosaico. Su inicio más perelmanesco se encuentra en "Yes, but Cant the SteamEngine Do This? (Si, pero ¿puede hacer esto la máquina a vapor?).

Hojeaba una revista mientras esperaba a Joseph K., un amigo, que estaba en su regular visita de cincuenta minutos con cierto terapeuta de Park Avenue -un veterinario seguidor de Jung que por cincuenta dólares la sesión batalla laboriosamente para convencerle de que una quijada prominente no tiene porqué constituir una desventaja en el mundo- cuando me detuve ante una frase situada al pie de la página que retuvo mi vista como si de un anuncio de sobregiro se tratara.

El estilo, a medida que la acción progresa, se va haciendo más sencillo. El narrador deja libre su fantasía, la cual termina por revelar la asombrosa noticia de que el sandwich fue realmente inventado por el conde de Sandwich. Woody reconstruye episodios destacados de la vida de este mal valorado innovador, como en este pasaje:

1741: Afincado en el campo merced a una pequeña herencia, el conde trabaja día y noche, saltándose a veces las horas de las comidas a fin de ahorrar dinero para alimentarse. Su primera obra completa -una loncha de pan, otra loncha de pan y una loncha de pavo encima de aquellas dos -fracasa estruendosamente. Muy desalentado, con amargura, vuelve a su gabinete para comenzar de nuevo.

Otro pasaje culminante de "Desquitarse" tiene que ver con el ajedrez postal y se institula "Los papeles de Gossage-Vanderbian. Está escrito en estilo epistolar y consta de nueve cartas entre ambos. En su primera carta, Gossage sostiene que uno de sus caballos, eliminado veintitrés jugadas antes, lo fue porque un movimiento suyo se perdió en el correo. A partir de ahí la correspondencia se inflama con las mentiras, las trampas y los sarcasmos más descarados. Ambos contendientes están claramente locos. He de admitir que este pasaje no puede aspirar a una amplia acogida, pues llega a resultar incomprensible para la gente que no juega al ajedrez. Pero la audiencia de Woody tiende a quedar constituida por personas que juegan un poco al ajedrez y algo saben de jazz, de literatura y de cine extranjero.

A Twenties Memory (Recuerdo o memoria de la década de los veinte) implica una vuelta a otra obsesión de Allen: la intelligentsia, los faros brillantes y cerebrales, a menudo más ridículos por la intensidad con que se toman a si mismos en serio. Está lleno de lineas inteligentes y de insensatez inspirada: Picasso era un hombre pequeñito que tenia la cómica costumbre de andar colocando un pie delante del otro hasta que obtenía lo que el llamaba "pasos"; y Dalí decidió hacer un show en solitario, que se transformó en gran éxito sólo cuando apareció él.

Woody es un comediante culto, pero no un especialista académico. Precisamente por no serlo y porque sabía que no es preciso ser estudiante para leer buenos libros dejó la universidad, pasando a escribir chistes para diversos actores cómicos. Este autodidacta frívolo por naturaleza y profesión tenía que reírse inevitablemente de los intelectuales y de lo que a éstos preocupa. En My Philosophy (Mi filosofía) cuenta cómo comenzó a leer los más grandes pensadores de Occidente durante un mes de convalescencia en un hospital, a donde fue a parar a causa de un accidente doméstico: su mujer dejó una cucharada de souflé que estaba cocinando, sobre uno de sus pies.

Dentro de las tradiciones del humor judío Woody ha delimitado su propio o sus propios territorios. Hace bromas con la suerte de cosas que nadie osa tomar como motivo de broma. Pocos podrían haber escrito: Había sido un niño precoz. Un intelectual. A los doce había traducido los poemas de T.S. Elliot al inglés luego que algunos vándalos, introduciéndose por la fuerza en la biblioteca, los habían traducido al francés.

A veces su estilo escrito se parece curiosamente al de la palabra hablada.

En este caso, por ejemplo:
De nada valía. Ríen á´faire, ríen á faire. Weinstein se marchó y fue hasta Union Square. De pronto las lágrimas brotaron impetuosas. Cálidas y saladas lágrimas contenidas durante tantos años, corrieron por su rostro en una franca ola de emoción. Pero algo iba mal, porque le salían de los oídos. Vaya, se dijo; ni siquiera soy capaz de llorar como Dios manda. Se secó las orejas con un Kleenex y se marchó a casa.

Esta prosa se parece mucho a la palabra hablada: tiene parecido ritmo y la misma estructura de frase que las historias narradas por Woody. El lector puede casi escuchar su voz.

Otros fragmentos no son prosa, sino pequeñas obras teatrales, como God a play (Dios, pieza de teatro) y Death, a play (La muerte, pieza de teatro), obras ambas que tienen que ver con las Grandes Preguntas, que son (sorpresa, sorpresa) la Muerte y Dios. En otra pieza corta llamada Death Knocks (Golpes mortales) Nat Ackerman, un anciano fabricante de prendas de vestir, es visitado por la Muerte a medianoche. La visita acepta jugar con él a la canasta. Si la Muerte gana, Nat ha de acompañarla de inmediato, pero si ganada Nat, podrá vivir una día más. Gana, naturalmente, y la Muerte ha de retornar a la noche siguiente.

Como ya se sabe, Woody es famoso por sus frases breves. Las observaciones agudas y cortas son en general más graciosas oídas que leídas. Cuando dos o más personas hablan, el observador breve puede colocar una frase, interrumpir, sorprender con disparos verbales surgidos en el momento. Pero desarrollar una observación breve e incisiva en frases que se transforman en párrafos que cubren paginas que se convierten en cuentos humorísticos es otro asunto. Algunos de los relatos de Allen son meras sucesiones de fragmentos, series de párrafos desvinculados que contienen observaciones o reflexiones sobre esto o lo otros.

La salud es frecuente tema de los cómicos, y Woody es, o quiere hacernos creer que es, un hipocondríaco imaginario. En una vivaz narración llamada A Little Louder, Please (Un poquito más alto, por favor) encarna a un crítico y comentarista de la cultura:

Todo comenzó un día del último enero. Yo estaba de pie ante la barra del McGinnis, en Broadway, devorando una tajada del budín de queso más rico del mundo y sufriendo la alucinación culpable y colesterolosa de rigor. De pronto pude oír a mi aorta que se congelaba y transformaba en un puck de hockey.

Más adelante, en el mismo relato, hay un ejemplo clásico de viñeta que fue pasaje culminante en las actuaciones públicas de Woody. Dentro de su actuación la dejaba caer como al descuido, precedida acaso por la última observacion sobre el tópico de las proezas con las mujeres. El narrador (que es el personaje encarnado por Woody) acaba de recibir de regalo dos entradas para una velada en el teatro "off-Broadway".

No me fue posible invitar a nadie con sólo seis semanas de anticipación , de modo que dí la entrada que no iba a usar a Lars, el limpiaventanas, a manera de propina. Pero es un tío lentísimo y su sensibilidad sólo puede compararse al Muro de Berlín. Al principio creyó que el trocito de cartón anaranjado era para comer. Cuando le expliqué que valía para gozar de una velada de pantomimas -único espectáculo, con excepción de un incendio, que estaba en condiciones de entender- me agradeció calurosamente el gesto.

Resulta poco frecuente que un escritor de chistes y cómico profesional publique relatos humoristicos de calidad; y que los incluya "The New Yorker"  en sus páginas, es cosa notable. Once de los diecisiete relatos incluidos en "Getting Even"  vieron primeramente la luz en el New Yorker, revista celebrada por su escrupulosidad y considerada desde hace muchos años como la celadora de ciertas tradiciones en materia de chistes dibujados, crítica y ficción. Para ella la palabra escrita significa cosa sagrada. Es el bastión de la sofisticación literaria metropolitana.

Una colosal galería de inmortales ha engalanado sus páginas: Dorothy Parker, Irwin Shaw, Nabokov, Thurber, O'Hara, Salinger, Cheever, Updike, Capote. Cierta vez confesó Updike: "Desde que cumplí doce años, fecha en que mi tía me regaló una suscripción de Navidad, el New Yorker me parecía la mejor de las revistas. Cuando, en 1954, me aceptaron un poema y un relato, sentí que irrumpía realmente en la vida literaria. Ese instante sigue siendo el más importante de mi carrera. El cuidado que se derrocha en editar la revista y la gratitud con que acepta un trabajo que le interesa son incomparables".

Para Woody Allen ha de haber sido prodigioso. Hete aquí que entre columnas de escritura flanqueadas por anuncios de cristales Waterford, relojes suizos de seis mil dólares, licores importados de Escandinavia, abrigos de piel de zorro, vacaciones lujosas en lugares famosos por sus pistas de tenis y despertadores Bulova para viajes, el hijo de un chofer de taxi de Brooklin se dirigía a los más cultos, inteligentes y civilizados lectores de revistas de los Estados Unidos.



Extraído de Woody Allen, biografía ilustrada, por Miles Palmer, Los libros de Plon, Barcelona, Septiembre 1981.

sábado, 13 de abril de 2019

Análisis de películas: “Medianoche en París”



Obra de Stuka Racuda

Midnight in Paris” (“Medianoche en París”), la última película de Woody Allen, con Owen Wilson, Marion Cotillard y Rachel McAdams entre otros, se ha convertido en una de las sorpresas de la taquilla de esta primavera. Ha conseguido además poner de acuerdo a (gran parte del) público y (una mayor parte aún de la) crítica. Posiblemente desde “Match Point” Allen no conocía un éxito así.


Vamos con el análisis de la película desde el punto de vista del guión. Si lo leéis, no os garantizo que encontréis muchos sentido común pero sí una buena cosecha de spoilers.

Breve resumen

Gil, siguiendo el ejemplo de la Generación Perdida de la que es un gran admirador, quiere ser un novelista bohemio en París. Inez, su prometida, no comparte estos planes. De manera sorprendente, Gil consigue vivir en el París de los años 20. Pero esto le alejará cada vez más de Inez.





Pequeño análisis de la estructura
Detonante de la acción:

Gil y su novia Inez viajan juntos a París poco antes de su boda.

Primer acto:
La visita a la ciudad, las cenas con los padres de Inez y los encuentros con una pareja amiga van mostrando cada vez con mayor claridad las diferencias entre la pareja protagonista.
Mientras él sueña con vivir en París (ciudad que tiene idealizada por su glorioso pasado) y escribir una novela protagonizada por un tipo nostálgico, Inez pretende que se establezcan en Estados Unidos y que Gil siga siendo guionista de películas malas y comerciales.
Primer punto de giro: Gil se pierde de camino al hotel. A medianoche, un vehículo se detiene junto a él. Gil sube y…  es trasladado a los años 20. (Minuto 18)

Segundo acto:
Gil se encuentra en su salsa en los años 20. Hace varios viajes nocturnos a la época y conoce a muchos artistas que le inspiran para su obra (Picasso, Hemingway, Dalí, Fitzgerald, Gertrude Stein…). También encuentra a la adorable Adriana, una musa de este grupo.
Mientras, la relación de Gil e Inez se va enrareciendo: él prefiere vivir en el pasado y ella no tiene interés alguno en sus extrañas excursiones nocturnas. Cada vez pasan más tiempo separados pero ninguno de los dos parece sufrir por ello: Gil escribe a buen ritmo inspirado por sus nuevos amigos mientras Inez dedica el tiempo a salir a bailar con Paul, al que ella, inexplicablemente, no encuentra pedante.
Gracias a unos diarios que compra a un librero de viejo en el tiempo presente, Gil se entera de que la fascinante y algo elusiva Adriana está(ba) enamorada de él.
Gil vuelve al pasado con un regalo para declarar su amor a Adriana. No le confiesa su secreto (que viene del siglo XXI) y parece decidido a quedarse en los años 20 con ella. Adriana se conmueve y besa a Gil. De pronto, llega un coche de caballos.
Segundo punto de giro: El coche lleva a Adriana y Gil a la Belle Époque parisiense. (Min. 74)

Tercer acto: Se ha repetido el fenómeno. Un nuevo salto al pasado. Adriana, fascinada en esa época, decide quedarse en ella, aunque esto le separe de Gil.
Éste vuelve al presente, asumiendo que es su tiempo, que no puede huir de él. Sin embargo, también sabe que existe un amor más auténtico que el que tienen él e Inez. Rompe con ella.  Decide seguir en París y perseguir su sueño de ser escritor.
A medianoche, paseando solo, encuentra a una chica con la que tiene muchos gustos comunes. Se intuye que entre ellos puede surgir el amor.

Protagonista: Gil, guionista de cine con aspiraciones más “artísticas”.
Antagonista: Inez, su novia. Práctica y algo materialista.
Objetivo del protagonista: Vivir una vida de escritor bohemio en un París que ha idealizado. Desarrollar todo su talento.
Aliados: Adriana, Hemingway, Fitzgerald, Gertrude Stein, Dali…
Obstáculos, reveses: Familia de Inez, el pedante Paul, malentendidos, anacronismos, etc.





Mi análisis:
Posiblemente “Midnight in Paris” sea, de las que he analizado aquí, la película de estructura más clara. Aunque hay opiniones para todos los gustos, yo diría que cualquier espectador mínimamente atento coincidiría en que los dos saltos en el tiempo son los dos puntos de giro de la trama, los dos momentos en que todo cambia de manera inesperada.
Evidentemente, que una estructura sea sencilla no quiere decir, ni mucho menos, que la historia sea poco interesante. En este caso pasa, en mi opinión, todo lo contrario.
Tratando de escribir el resumen de esta película me he dado cuenta de que el primer acto es especialmente escaso en hechos dramáticamente importantes. Suele ser un acto de presentación pero… en este caso eso se cumple a rajatabla. Consiste básicamente en una serie de secuencias que nos proporcionan la siguiente información: Gil es un guionista de éxito que sueña con vivir en París e imitar a los  novelistas norteamericanos que se instalaron en esa ciudad en los 20. Inez, su novia, no comparte ninguna de esas ilusiones. Lo mismo ocurre con todos los demás personajes del entorno de la pareja, que parecen ver a Gil como un bicho raro, nostálgico y poco práctico.
Cuando suenan las campanas de la medianoche, como en algunos cuentos, se hace realidad el sueño de Gil: viaja a los años 20 y se codea con los artistas que idolatra.

El segundo acto es, principalmente, el sueño de Gil hecho realidad. Rodeado de artistas que aprecian su trabajo y de una maravillosa mujer que le quiere, Gil parece decidido a huir hacia atrás en el tiempo. Pese a parecer imposible, su objetivo, vivir como un escritor de los años 20 en París está a punto de hacerse realidad. Aún sin romper explícitamente, Gil parece decidirse por abandonar a Inez. Opta por Adriana.
Todo parece positivo para Gil en este instante. Sin embargo, llega un nuevo giro: el salto a la Belle Époque, el periodo histórico preferido por Adriana hace que ésta opte por permanecer en esta época.
En la escena clave del Moulin Rouge, Gil se da cuenta de algo que siempre había preferido ignorar: la vida es siempre insatisfactoria, cualquier periodo de tiempo es triste o aburrido si lo comparamos con los mundos irreales que forja nuestra imaginación. Su tiempo es el siglo XXI, por prosaico que le parezca.







Abandonado por Adriana, resgresa a su siglo, pero ya no es el mismo Gil. Por primera vez en la película, toma la iniciativa, de manera valiente y adulta: deja a Inez (decisión facilitada por la infidelidad de ella) y decide quedarse en la ciudad. Intentará ser escritor. Seguramente seguirá admirando a los autores del pasado pero ya no deseará ingenuamente vivir en su época.

En cierto modo, la película, como muchas otras, podría verse como la historia de una persona que, finalmente, acaba por tomar las riendas de su vida. Hasta el instante, Gil se ha comportado como un niño soñador y pasivo, arrastrado a una vida que no le gusta por complacer a los demás. En lugar de responder a esas presiones y tratar de establecer su propio espacio de autonomía, Gil se ha refugiado en un mundo nostálgico e ilusivo y, (como casi todos los mundos irreales), perfecto. La realización de su supuesto sueño le hace ser consciente de la falacia de la nostalgia. Al final de la película, Gil tomará decisiones de manera madura, sin engañarse sobre sus consecuencias.

En mi opinión, el guión de “Midnight in Paris” contiene unas cuantas ideas simplemente geniales. El primer giro, siendo divertido, no resulta especialmente original. Todos hemos visto docenas de películas en las que un personaje salta al pasado. Además, el encuentro casual con personajes históricos es siempre fuente de buenos gags.

Los momentos más geniales de la trama, en mi opinión, son otros dos. El primero, cuando, casualmente, entre los libros de un anticuario, el protagonista encuentra una declaración de amor escrita por Adriana. Esa confesión llegada a través de ochenta años de historia surte el efecto de una gran revelación que, además, orienta la acción del protagonista en el presente (hacia el pasado).


El segundo momento, para mí el más genial de la película, es cuando el coche de caballos en el que viajan Adriana y Gil, enamorados, les conduce hasta la Belle Époque. De pronto, con la misma ligereza (y ausencia de justificación dramática, por cierto) con la que se introdujo un giro fantástico que resultaba positivo para el protagonista, se produce uno que le resulta negativo.

Este giro sitúa a Gil ante su propia contradicción. Al tratar de convencer a Adriana para que no se quede en la Belle Époque, el protagonista se da cuenta de lo absurda que era su nostalgia de una época que sólo conoce superficialmente.

Por otra parte, el guión está escrito de una manera muy hábil y aparentemente sencilla. Allen no dedica ni un segundo a explicar la manera en que se realiza el viaje al pasado (nadie dedica una frase al asunto). Basta una simple secuencia muda (la de la tienda de lavadoras o lavandería) para explicar cómo el pasado se desvanece una vez que uno sale de él.

Con la misma sencillez se enuncian los conflictos (las primeras réplicas de la película sirven ya para mostrar el entusiasmo de Gil por París y su pasado y contrastarlo con las reservas de su prometida).

También con sencillez se describe a los personajes. Una réplica sobre un rinoceronte describe a Dalí, un par de explicaciones pedantes, al “amigo” Paul, unos párrafos sobre el valor y la caza, a Hemingway, algunos comentarios nacionalistas, al padre de Inez… Lo esencial, lo diferente, de cada uno de los personajes queda inmediatamente a la vista.


Siento escribir como un hooligan incondicional, pero me resulta difícil encontrar defectos al guión de esta película. Lo voy a intentar en los dos próximos párrafos.

Mis únicas pegas a la historia tienen que ver con los personajes que se oponen a los deseos de Gil. La difícil relación entre el protagonista y su novia, el conflicto principal de la historia, está enunciada de manera muy expresa desde la primera frase de la película. En mi opinión, las diferencias entre ellos están tan marcadas y repetidas que casi resulta imposible verlos como una pareja que está a punto de casarse. Apenas hay gestos de cariño o complicidad. Algo similar ocurre con los padres de Inez, tan opuestos a Gil que llegan a parecer caricaturas y no siempre muy graciosas.

Por otro lado, también es posible que el segundo acto tenga un desarrollo excesivamente superficial, con una sucesión de imposibles cameos de artistas gloriosos. Además, personalmente, nunca acabé de sentir que la historia entre Adriana y Gil tuviera una gran intensidad ni desarrollo. Por esto mismo, la escena del Moulin Rouge me pareció más conmovedora por lo que revelaba sobre Gil que como desgarradora despedida de amantes separados por décadas de historia y preferencias artísticas.

Pese a estas pequeñas pegas, “Midnight in Paris” me parece una maravillosa película y un maravilloso guión. Un ejemplo de escritura ligera pero, a la vez, muy sabia. Una muestra de que la profundidad no implica aburrimiento, de que el humor no obliga a la superficialidad. De que público y crítica no siempre se llevan la contraria. Un ejemplo de lo que sólo puede conseguir un guionista (y director) con mucho oficio y todavía mucho más genio.



Fuente: bloguionistas.wordpress.com/2011/06/26/analisis-de-peliculas-midnight-in-paris-spoilers/

martes, 2 de abril de 2019

Woody Allen, a Jorge Lanata: "Es injusto que me acusen de abusador"



Jorge Lanata entrevistó al cineasta en Nueva York y tuvo la oportunidad de ver con él la película favorita de Allen, El ladrón de bicicletas.




En la noche del superdomingo, Jorge Lanata compitió con la entrega de los Premios Martín Fierro con una entrevista a Woody Allen . En el encuentro, que fue grabado en Nueva York, el cineasta habló de su profesión y, también, sobre la acusación de abuso que recibió de su hija adoptiva, Dylan Farrow, lo que Allen negó rotundamente.

"¿Usted abusó de ella?", preguntó el periodista. "Por supuesto que no", respondió enfático el director. "Es todo tan loco. Esto es algo que fue analizado minuciosamente veinticinco años atrás por todas las autoridades y todos llegaron a la conclusión de que no era cierto", afirmó el director en la entrevista, que Periodismo para Todos tituló Woody X Lanata.

Allen dijo que el caso se cerró entonces y pudo continuar con su vida, pero "vuelve ahora". "Dios mío, es terrible acusar a una persona de algo así. Soy un hombre con una familia y con hijos, es triste", lanzó.

Sobre por qué la hija adoptiva de Mia Farrow lo acusó de abuso ahora, y ante la pregunta de qué motivos pueden llevar a sembrar el odio en una familia, Allen respondió que "cualquier cosa". "Me siento mal porque me acusan de algo terrible. Me duele, y le duele a mi familia. Algo que fue juzgado hace veinticinco años, investigado por dos fuentes diferentes y que resultó ser completamente falso, ahora regresa. Es terrible ser acusado de algo tan terrible cuando te han investigado y encontrado completamente inocente", matizó.





"Todo el mundo quiere justicia", dijo, y explicó que él es "un gran defensor" del movimiento #MeToo. "Me conmuevo cuando encuentran a personas que acosan a mujeres y a hombres inocentes; es bueno que los expongan, pero yo, yo debería ser la cara en los afiches del movimiento, porque he trabajado en películas durante cincuenta años con cientos de actrices y ni una sola (grandes, famosas, principiantes), nunca, nunca nadie ha sugerido ningún tipo de indecencia mía en absoluto", expresó, y siguió: "Hay quienes han sido denunciados por veinte mujeres, por cincuenta, por sesenta. Yo fui acusado una sola vez por una mujer y en un caso de custodia de menores que fue analizado, y del que se demostró que era falso; aun así me agrupan con esta gente".

Allen dijo que siempre tuvo "un comportamiento maravilloso" para con las mujeres con las que trabajó, y añadió que creó papeles "maravillosos" para muchas de ellas. "Hubo setenta y cinco nominaciones a premios para mujeres que trabajaron en mis películas y he empleado a cientos de trabajadoras en los equipos de mis filmes y siempre les hemos pagado los mismos salarios que a los hombres. Tenemos un historial maravilloso. Estoy de su lado y en su lugar y me siento parte de eso, en principios y en espíritu estoy completamente a favor de que lleven ante la justicia a verdaderos abusadores, pero si alguien es inocente y es puesto en la misma bolsa, eso es muy triste e injusto".

En relación a si su romance con Soon-Yi contribuyó a que la denuncia de Farrow tomara cuerpo, el director habló de su historia de amor con su pareja. "No lo sé, no puedo especular sobre eso. Soon-Yi y yo nos enamoramos hace veinticinco años y ha sido una relación maravillosa para los dos. Nos casamos y todos dijeron: eres mucho mayor que ella, pero ha sido un matrimonio maravilloso y hemos sido muy felices y tenemos dos hijas maravillosas. Hemos tenido una relación con mucho amor y ninguno de los dos cambiaría ni un solo momento de ella. Ha sido una delicia".

El cineasta neoyorquino contó al periodista que Hollywood siempre le trató bien y le confesó haber tenido mucha suerte a lo largo de su carrera.

Lanata salió en defensa de Allen y dijo que cree su versión de los hechos. "Creo personalmente y se los voy a mostrar acá con datos que Woody Allen se está comiendo un garrón con este tema, que realmente no hizo lo que dice Mia Farrow que hizo".

La relación con Hollywood

En relación a si lo que le pasó a Allen pudo deberse a la posibilidad de que Hollywood le estuviese pasando factura por su "independencia" como creador,el cineasta lo negó y dijo que el gigante de la industria cinematográfica siempre "fue muy generoso" con él. "Yo siempre viví en Nueva York y nunca me uní a la academia ni fui a esos eventos ni nada, pero aun así siempre me trataron igual que al resto y me nominaron cuando pensaron que hice un buen trabajo".

Allen dice que el hecho de que ironizara sobre Hollywood en sus películas, como en Annie Hall, no significa que la meca del cine no le guste. "Yo no viviría allí, pero eso es algo diferente. No me gusta el sol, ni tener que usar un automóvil para tener que ir a todos lados, pero tengo muchos amigos allí y disfruto de ir por una semana o dos. Mi relación siempre ha sido buena y estoy muy agradecido por cómo me han tratado en Hollywood; trabajé con varios estudios", dijo.

"Todo el mundo piensa que soy un adicto al trabajo, pero no es verdad: voy a los partidos de básquet, disfruto de ver a mis hijos crecer, toco jazz todo el tiempo, camino, voy al cine, veo a amigos, no trabajo todo el tiempo. Pero si trabajas un poco todos los días (siempre escribo por las mañanas), haces mucho", reveló.

Allen también dijo que, hasta la fecha, tuvo la suerte de hacer todas las películas que se propuso, y aclaró que terminará en un mes la grabación de Un día lluvioso en New York, película producida por Amazon que se vio retrasada por el escándalo en que está envuelto.

"¿Usted se considera un genio?", le preguntó Lanata. "No, Leonardo da Vinci fue un genio, o Mozart. Genio es una palabra que dicen todos los días en el mundo del espectáculo. Yo no lo soy, yo soy solo una persona que tiene el talento para divertir. Me gusta hacer películas que sean cómicas. Para mí, el humor siempre surgió de manera natural".


Extraído de www.lanacion.com.ar/espectáculos/woody-allen-por-lanata

Los ensayos de juventud.


Ofrecemos algunos de los ensayos de juventud de Woody Allen. No existen ensayos de madurez, porque se le agotaron las ideas. Tal vez al envejecer Allen comprenda mejor la vida y se decida a recoger sus experiencias por escrito, para luego retirarse a su dormitorio y permanecer allí indefinidamente. Al igual que los ensayos de Bacon, los de Allen son breves y están llenos de pragmática sabiduría, aunque razones de espacio impiden incluir aquí su más profunda manifestación. "Mirando el lado bueno de las cosas".




Sobre la imagen de un árbol en verano.

De todas las maravillas de la naturaleza, un árbol en verano es quizá la más notable, con la posible excepción de un alce con botines que cante "Abril en París". Considerad las hojas, tan verdes y frondosas (si no lo son, es que algo anda mal). Ved cómo las ramas se yerguen hacia el cielo como si dijeran: "Aunque no soy más que una rama, me gustaría cobrar Seguridad Social!". ¡Y las especies! ¿Es ese árbol un abeto o un chopo? ¿O una sequoia gigante? No, me temo que es un olmo majestuoso y que una vez más has hecho el asno. Naturalmente, reconocerías todos los árboles en un momento si fueses una criatura de la naturaleza como el pájaro carpintero, pero entonces sería demasiado tarde y no conseguirías poner en marcha el coche.

Pero ¿por qué un árbol resulta más deleitable que, digamos, un riachuelo murmurador? ¿O cualquier cosa que murmure, en cuanto tal? Porque su magnifica existencia es testimonio mudo de una inteligencia infinitamente mayor que ninguna otra cosa de la tierra, ciertamente en la actual Administración. Como el poeta dice "Sólo Dios puede crear un árbol"... probablemente porque se hace muy cuesta arriba imaginar cómo se le podría poner la corteza.

En cierta ocasión un leñador se disponía a cortar un árbol, cuando descubrió un corazón grabado en la corteza, con dos nombres en el interior. Tirando el hacha, aserro el tronco en cambio. El quid de esta historia se me escapa, aunque seis meses más tarde el leñador fue multado por enseñarle la numeración romana a un liliputiense. 




Sobre la juventud y la vejez.

La medida auténtica de la madurez no reside en la edad de una persona, sino en cómo reacciona a la primavera en la zona media de sus calzoncillos. ¿Que importancia tienen los años, sobre todo si tu apartamento es de renta limitada? Lo que hay que tener presente es que cada época de la vida ofrece sus propias satisfacciones, mientras que si estás muerto es difícil encontrar el interruptor de la luz. El problema principal que plantea la muerte, inherentemente, es el temor de que pueda no haber otra vida... un pensamiento deprimente, en particular para aquellos que se han molestado en afeitarse. Asimismo, puede darse el temor de que exista otra vida, pero que nadie sepa dónde se ha metido. En el aspecto positivo, la muerte es una de las pocas cosas que pueden efectuarse estando cómodamente tumbado.

Consideremos, pues: ¿es realmente tan terrible la ancianidad? ¡No. si te has cepillado los dientes con energía! ¿Y por qué no hay tope en el furioso asalto de los años? ¿O un buen hotel por el centro de Indianápolis? Oh, vamos.

En resumen, lo mejor que se puede hacer es comportarse de modo acorde con la propia edad. Si tienes dieciséis años o menos, procura no quedarte calvo. En el extremo opuesto, si pasas de los ochenta, no hay nada tan bueno para mantenerse en forma como bajar la calle arrastrando los pies con una bolsa de papel marrón y murmurar "El Kaiser me robará el string". Recordadlo, todo es relativo... o debiera serlo. Si no lo es, tendremos que empezar de nuevo.




Sobre la frugalidad.

Mientras uno pasa por la vida, es extremadamente importante conservar el capital, y no se debe gastar el dinero en simplezas, como licor de pera o un sombrero de oro macizo. El dinero no lo es todo, pero es mejor que la salud. A fin de cuentas, no se puede ir a la carnicería y decirle al carnicero: "Mira qué moreno estoy, y además no me resfrió nunca", y suponer que va a regalarte su mercancía. (A menos, naturalmente, que el carnicero sea un idiota.) El dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones financieras. No es que con él se pueda comprar la felicidad. Tomad el caso de la hormiga y la cigarra: la cigarra se divirtió todo el verano, mientras que la hormiga trabajaba y ahorraba. Cuando llegó el invierno, la cigarra no tenía nada, pero la hormiga se quejaba de dolores en el pecho. La vida es dura para los insectos. Y no creáis que los ratones se lo pasan muy bien tampoco. La cuestión es que todos necesitamos un nido en el que refugiarnos, pero no mientras se lleve un traje bueno.

Para terminar, tengamos presente que es más fácil gastar dos dólares que ahorrar uno. Y por el amor de Dios no invirtáis dinero con ninguna agencia de bolsa en la que uno de los socios se llame Casanova.




Sobre el amor.

¿Es mejor ser el amante que el amado? Ninguna de las dos cosas, si tu índice de colesterol sobrepasa de 600. Por amor, naturalmente, entiendo el amor romántico... el amor entre el hombre y la mujer, antes que el que existe entre madre e hijo, o entre un niño y su perro, o entre dos jefes de personal.

Lo asombroso es que cuando uno está enamorado experimente un impulso de cantar. Hay que resistirlo a toda costa, y debe procurarse también que el macho ardiente no "recite" las letras de las canciones. Ser amado, ciertamente, es distinto de ser admirado, como se puede admirar a uno de lejos, pero para amar realmente a alguien resulta esencial estar en la misma habitación con la persona, abrazándose debajo de las sábanas.

Para ser un amante realmente bueno, por lo tanto, uno tiene que ser fuerte y, sin embargo, suave, ¿Fuerte hasta qué punto? Supongo que con ser capaz de levantar veinte kilos basta. Téngase presente también que para el amante la amada es siempre el más bello objeto imaginable, si bien para un extraño resultará indistinguible de cualquier variedad de salmónidos. La belleza está en el ojo del observador. En el caso de que el observador sea corto de vista, deberá preguntar a la persona más cercana qué chicas son bien parecidas. (De hecho, las más lindas resultan casi siempre las más aburridas, y ese es el porqué de que ciertas personas no crean en Dios.)

"Las alegrías del amor sólo un instante duran", cantó el trovador, "pero las penas del amor siempre perduran". Esta fue casi una canción del verano, pero la melodía se parece demasiado a la de "Yankee Doodle Dandy".




Sobre retozar por los arbustos y recoger violetas.

Eso no tiene nada de divertido y recomendaría cualquier otro tipo de actividad. Procura visitar a un amigo enfermo. En el caso de que sea imposible, vé un espectáculo o metete en una bañera caliente para leer. Cualquier cosa es mejor que retozar por los arbustos con una de esas sonrisas estúpidas y metiendo flores en una cesta. Cuando te quieras dar cuenta, estarás dando brincos de un lado para otro. ¿Y en cualquier caso, qué vas a hacer con las violetas una vez recogidas? "Bueno, ponerlas en un florero", me dirás. Vaya una respuesta tonta. En lo sucesivo llamas a la florista y las encargas por teléfono. Que retoce ella por los arbustos, para eso se le paga. De este modo, si estalla una tormenta eléctrica o rueda por el suelo un panal de abejas, será la florista la que sea arrastrada al monte Sinai.

De lo anterior no deduzcas, consecuentemente, que soy insensible a los goces de la naturaleza, aunque he llegado a la conclusión de que como puro esparcimiento no hay nada como pasar cuarenta y ocho horas en la Ciudad de Gomaespuma Foam a mitad de agosto. Pero esto ya es otra historia.


Extraído de "Sin plumas" de Woody Allen, Cuadernos ínfimos 71, Editorial Tusquets, octubre 1978.