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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 24 de abril de 2014

Woody Allen: A Documentary







El film del director norteamericano Robert Weide nos ofrece la oportunidad única de conocer los espacios más íntimos de Woody Allen y sus colaboradores.

Este 14 de noviembre se estreno el destacado film “Woody Allen: El Documental”, del director norteamericano Robert Weide.

La película ofrece una mirada intima sobre la vida, la carrera y el proceso creativo del director más prolífico de los EE UU, desde su infancia en Brooklyn hasta el estreno de su ante última película "Medianoche en Paris".

Además, Allen hará un repaso de su trayectoria, desde sus comienzos como cómico y guionista de televisión, hasta la actualidad.

Josh Brolin, Penélope Cruz, John Cusack, Larry David, Scarlett Johansson, Julie Kavner, Diane Keaton, Martin Landau, Sean Penn, Chris Rock, Mira Sorvino y Naomi Watts son sólo algunos de los personajes que podemos observar en el espacio íntimo de Allen.

La tarea de Weide no ha sido nada fácil, ya que durante veinte años ha estado proponiéndole esta idea a Woody Allen y siempre se había encontrado con una negativa como respuesta...

http://www.centroartealameda.cl/cine/1070-woody-allen-el-documental.html



viernes, 18 de abril de 2014

Septiembre, el tiempo suspendido.



Escribe: Julio Diz


Septiembre, accidentado film que, tras ser integramente vuelto a rodar, con cambio de actores incluido, propone una visita a esa cara oculta que en la filmografía de Allen, se alterna, tal vez sin gran exito hasta la fecha, con sus comedias brillantes e ironicas: el film de camara, que transcurre siempre en los limites del drama, si no directamente en los propios terrenos de este.

Septiembre es, justamente, eso que una parte de la crítica suele considerar un "film serio" del realizador neoyorkino, negando de paso el estatuto de seriedad a películas como "Dos extraños amantes", "Zelig" o "Hannah y sus hermanas", sin ir mas lejos. Como en "Zelig", la historia es el origen de la anecdota; como en "Interiores", los personajes se mueven en un universo cerrado fisica y temporalmente. pero también psicologicamente asfixiante.

Toda la poca acción de Septiembre se condensa en una casa de campo y en las horas finales de los ultimos dias de vacaciones. Seis personas, con una vida claramente situada al margen del espacio físico que comparten en ese estival agosto, esperan, entre la angustia y el flirteo, el fin de un período que , como siempre ocurre con las vacaciones, resulta un parentesis abierto. Cuatro de ellas mantienen intereses distintos entre sí. Mientras el profesor de frances Denholm Elliott suspira de amor por la insegura Mia Farrow, esta está enamorada de Sam Waterston, quien a su vez ama a Dianne Wiest, amiga de la Farrow. En el medio, una pareja de viejos dichosos, Elaine Stritch y Jack Warden, estan aparentemente a salvo de los devaneos de Eros, aunque casi desde un principio se comienza a dibujar un polo de tensión entre Stritch y Farrow, madre e hija respectivamente. Así planteada, la película se diría una amable revisitación del universo privado de, por ejemplo. Ingmar Bergman, y de hecho lo es. Hay la misma mirada tierna y ansiosa que contempla el verano que huye (como en "Juegos de verano"), el mismo amor no exento de ironia y hasta, por momentos, distanciamento, que suele mostrar Bergman por sus criaturas y un igual respeto por la forma y los interpretes. Y, como en tantas películas del sueco, también hay aquí un interes casi entomologico por analizar los comportamientos de unos seres que, en el fondo, son solo víctimas de sus debilidades, su mediocridad o sus temores.

A pesar de que la camara de Allen contempla a sus personajes desde un terreno aparentemente neutral, el espectador no tarda en apreciar algunos de los elementos que hacen de Septiembre una de las películas mas medidas y certeras de la amplia filmografía de su autor: un guión sabiamente construido, en el cual destaca el cuidado por los diálogos y la maestría con la cual el realizador-guionista reparte el protagonismo entre sus seis personajes; una capacidad para la adaptación visual del matiz que estaba ausente desde hace tiempo en el cine de Allen (vease la magnífica y pudorosa elipsis visual sobre el primer beso entre Waterston y Wiest: mientras la camara se detiene, en plano fijo, los personajes salen del encuadre y conceden un protagonismo de primer orden a un siempre presente fuera de campo, o el juego de miradas que los personajes establecen entre sí, y que como en el caso de Wiest-Waterston, cobra una dimensión narrativa insospechada), y un cuidado formal irreprochable (empezando por la fotografía de Carlo Di Palma). Todo ello para construir una parábola que se explica en el propio diálogo entre el fisico Warden y el frustrado escritor e historiador Waterston; la misma relativización del tiempo y del caracter fortuito de la historia se hace carne en los microdramas de los personajes, cuya debilidad mayór radica en el extravío de sus deseos amatorios, en sus falsas opciones respecto al objeto de su amor y, en definitiva, en su absoluto desamparo respecto a un universo cuyo principal atributo es la violencia.

En este contexto, la explosión pasional del drama psicologico que la Farrow, antigua asesina, ex-reclusa y convalenciente de un intento de suicidio (que es la excusa misma de la trama) esconde desde hace años, y que atribuye a su madre, queda un poco como el pretexto argumental, o tal vez como el resto de un guión primitivo que, como ya dijimos, fue rehecho para otros actores. Probablemente, la mayor debilidad del guión sea esa atribución inequívoca de historicidad a dos de sus interpretes, caracter que no tiene mayor trascendencia en el resultado final de la película. Bergman ya contó, y mejor, un drama parecido, y mucho más desgarrado y brutal, en su injustamente valorada "Sonata de otoño", vale decir, el enfrentamiento entre una madre egoista que ha sacrificado el amor filial en aras a su arte, y una hija que, andando el tiempo, ha ido acumulando un rencor profundo y sin solución contra su madre. El final de ambos films avala una interpretación en el sentido de un homenaje de Allen a su maestro Bergman.

Ficha tecnica:

Septiembre 1987 (September)

Productora: Orion Pictures
Producción: Jack Rollins y Charles Joffe
Guión y Dirección: Woody Allen
Fotografía: Carlo Di Palma
Montaje: Susan Morse
Reparto: Juliet Taylor
Camara: Dick Mingalone
Dirección artística: Speed Hopkins
Sonido: Dan Sable

Interpretes:
Mia Farrow (lane)
Elaine Stritch (Diane)
Denholm Elliot (Lloyd)
Dianne Wiest (Stephanie)
Sam Waterston (Peter)
Jack Warden
Ira Wheeler
Jane Cecil
Rosemary Murphy
 
 

jueves, 10 de abril de 2014

Woody y la sonrisas, número 13.

Ja ja ja ja ja, riámonos mas...

 
 
 
Fuente: Extraído de Woody Allen, un libro de humor, número 1, Editorial Nueva Imagen, Mexico 1980.

lunes, 7 de abril de 2014

Disparos sobre Broadway, el musical.

Woody Allen, enfrentado con los actores del musical «Disparos sobre Broadway»



Woody Allen y varios actores del reparto de «Disparos sobre Broadway», el musical basado en la película del cineasta neoyorquino, se encuentran enfrentados. El motivo, el número final, «Yes! We Have No Bananas»; según el New York Daily News, varios miembros del elenco consideran que ese número estropea el espectáculo. «La canción no tiene ningún sentido -ha dicho uno de los intérpretes-; confunde a los espectadores». Woody Allen, por su parte, se niega a que el número se retire del montaje.

«Disparos sobre Broadway» se encuentra ahora en los previos; su estreno oficial será el próximo 10 de abril. Basado en la película de Woody Allen de 1994, el musical cuenta con libreto del propio cineasta; la dirección es de Susan Stroman («Los productores») e incluye una serie de canciones de los años veinte y treinta del siglo pasado. El propio Allen, en unas declaraciones recogidas por la revista New Yorker, aseguró que el espectáculo era en un 95 por ciento de Susan Stroman, reconociendo su participación en el musical más allá de la creación del libreto.
Precisamente, el guión de «Balas sobre Broadway» cuenta las injerencias y las exigencias del productor de una obra de teatro que ha colocado a su amante en el reparto con un importante papel. Woody Allen no participa en la producción, pero sí ha dejado claras, según la publicación, sus condiciones para el estreno de la pieza.

domingo, 6 de abril de 2014

Woody en Buenos Aires.



Una muestra en Buenos Aires venera a Woody Allen en medio de la controversia


Por: Agustina Ordoqui aordoqui@infobae.com


El cineasta vive momentos de gloria y, en simultáneo, de rechazo mundial.
Nominado a los Oscar, su figura fue salpicada por acusaciones de abuso sexual.
En el Centro Cultural Borges, el artista Hugo Echarri enseña su mejor faceta






Oportuna –o inoportuna -, la muestra Queremos tanto a Woody, del artista argentino Hugo Echarri, desembarcó en el Centro Cultural Borges en un momento excepcional. Llega cuando el mundo de cine reconoce, una vez más, la trayectoria de Allen con un Globo de Oro y una nominación a los premios Oscar. Abre sus puertas también cuando se desata un intenso debate mundial acerca de la inocencia o culpabilidad del director por el supuesto abuso sexual de su hija adoptiva.A principio de mes, Dylan Farrow relató habría sido violada por su padre a los 7 años. Si bien el caso había sido desechado en los tribunales, nunca antes se había escuchado el testimonio en primera persona de la joven, que hoytiene 28 años. Allen no tardó en responder y acusar a su ex pareja, Mia Farrow, de conspirar en su contra.

La controversia, sin embargo, no parece haber calado demasiado hondo en los seguidores del cineasta: la exhibición inaugurada el pasado 6 de febrero ya recibió alrededor de 10.000 visitantes.

"Lo único que realmente está probado de Woody es su obra", explica Echarri en diálogo con Infobae.

Curada por Diana Saiegh con la colaboración de Virginia Fabri, la exposición está compuesta por 25 pinturas y videoinstalaciones; todas ellas, basadas en la filmografía de Woody Allen. Para confeccionarla, Echarri seleccionó una veintena de películas –como Bananas, Annie Hall y Manhattan- y extrajo fotogramas digitalmente.Luego, los pasó con óleo o acuarela a papel, tela o PET, una plancha de acrílico que permite que la pieza se pueda ver de ambos lados. El sello personal de Echarri se distingue por la intensidad de los colores que eligió para reconvertir los films en cuadros artísticos. En el caso del material audiovisual, Echarri agregó su propia música como condimento extra.






"Soy un gran admirador de él. Quise hacer un homenaje al cine y elegí a Woody por su larga trayectoria", afirma este artista recordado por Plegarias del Gauchito Gil, una muestra pop del ícono popular que se inauguró también en el Borges en 2013.

-En esa extensa carrera, Woody Allen tuvo sus altibajos; películas que gustaron más o menos que otras, ¿cuáles son sus favoritas, las que más lo marcaron a la hora de hacer esta exposición?

-Woody es un director que hace cantidad mezclando con calidad. Si tengo que elegir,Manhattan, La rosa púrpura del Cairo, Annie Hall, Hannah y sus hermUna muestra en Buenos Aires venera aWoody Allen en medio de la controversiaanos y la más reciente Blue Jasmine, que me pareció muy
interesante y profunda porque bucea en la caracterología psicológica de los personajes dentro de un medio ambiente político y social.

-¿Tuvo la oportunidad de mostrarle su trabajo?

-Es algo que me gustaría y estoy estableciendo el contacto. Quisiera llevar, además, la colección a Nueva York, que es la aldea que Woody nos pinta en su obra. Ya estamos en las primeras etapas de negociación.

-¿Las acusaciones de abuso sexual contra Allen cambiaron su imagen sobre él?

-No; siento simpatía por él, como la siento por cualquier músico, artista, poeta o director de cine que nos regala su trabajo. El hecho desde el punto de vista judicial no está probado, pero lo que sí está probado es su obra.





Queremos tanto a Woody se puede visitar en el Centro Cultural Borges, de forma gratuita, hasta el 6 de marzo. La muestra llegará al interior del país durante este año.


Fuente: http://www.infobae.com/2014/02/15/1543625-una-muestra

jueves, 13 de marzo de 2014

"Casino Royale", desastrosa parodia de James Bond.


 


Con bastante retraso (pido disculpas por ello) retomo hoy el especial dedicado a la carrera de Woody Allen. Lamentablemente, volvemos a él con un film mediocre que seguramente el actor, escritor y director estadounidense estaría encantado de borrar de su filmografía. A mí desde luego no me ha gustado nada tener que volver a verlo, pero considero necesario comentarlo aquí porque, al igual que los dos títulos anteriores —‘¿Qué pasa, pussycat?’ (‘What´s New, Pussycat’, Clive Donner, 1965), ‘Que pasa Tiger Lily’ (‘What´s Up, Tiger Lily?’, 1966’)—, fueron experiencias importantes para Allen, especialmente porque le llevaron a dar el salto a la dirección.

Ese primer trabajo tras las cámaras que fue ‘Toma el dinero y corre’ (‘Take the Money and Run’, 1969) no se habría producido si el neoyorquino no hubiera quedado frustrado al descubrir las miserias del negocio del cine. Convertido en una célebre figura cómica, apareciendo regularmente en televisión, tuvo la oportunidad de demostrar su talento en la gran pantalla. Le pagaron muy bien y aumentó su fama, pero para un apasionado del séptimo arte como él, esos primeros trabajos le dejaron un sabor sumamente amargo. Tras ver cómo destrozaban su guion para ‘¿Qué tal, pussycat?’ y perder el control creativo de la broma ‘Lily la tigresa’, Woody Allen aceptó intervenir por motivos puramente económicos en una peculiar producción plagada de estrellas, la primera película basada en la novela ‘Casino Royale’ de Ian Fleming, el mismo material del que partió Martin Campbell para renovar la saga 007 con Daniel Craig.

Es curiosa la historia de este proyecto. En 1955, el productor Gregory Ratoff aprovechó que Fleming necesitaba dinero y pagó apenas seis mil dólares los derechos del libro —publicado en 1953, es la primera aventura literaria de James Bond— con la idea de iniciar una serie cinematográfica, pero nadie vio el potencial del proyecto. En 1961, la viuda de Ratoff vendió los derechos por 75.000$ al también productor Charles K. Feldman, quien quiso sumarse al éxito cosechado por la primera película sobre el personaje, ‘Agente 007 contra el doctor No’ (‘Dr. No’, Terence Young, 1962). Tras fracasar un acuerdo con los productores de la saga 007 y el fichaje de Sean Connery, Feldman rechazó una oferta de medio millón de dólares por la adaptación del libro y optó por seguir adelante… a su manera.

En lugar de trasladar a la gran pantalla de un modo convencional la trama de ‘Casino Royale’, y como alternativa a la franquicia oficial, Feldman decidió partir del texto de Fleming para producir una parodia de James Bond y las historias de espías, una comedia absurda y chispeante llena de bellezas y celebridades, en la línea de otra de sus producciones, ‘¿Qué tal, pussycat?’. Para ello contrató a seis directores —John Huston, Val Guest, Kenneth Hughes, Joseph McGrath, Robert Parrish y Richard Talmadge (quien no aparece en los créditos)—, una larga lista de guionistas, la mayoría sin acreditar —cabe destacar a Billy Wilder y Woody Allen— y un impresionante reparto encabezado por David Niven, Peter Sellers, Orson Welles, Deborah Kerr, Ursula Andress, Jacqueline Bisset, Charles Boyer, William Holden, Jean-Paul Belmondo y Allen, entre muchos otros.

Hay muy poco de la novela en la película. Apenas los personajes y la partida de cartas. Pero ése no es el problema de ‘Casino Royale’, al contrario, lo que se quería hacer era una idea estupenda, una deconstrucción humorística del agente secreto. El film arranca con los jefes de los departamentos de espionaje más importantes del mundo visitando a Sir James Bond —interpretado por Niven, la primera opción de Fleming para el personaje—, que vive retirado en una escondida mansión en Escocia, para pedirle que acepte una nueva misión. Bond se ve obligado a aceptar cuando descubre que una misteriosa organización criminal, compuesta solo por mujeres hermosas, está liquidando a todos los agentes secretos, encontrándose él también en el punto de mira.

Por desgracia, solo la premisa tiene interés. La película es un aburrido desastre, un puzle de secuencias encajadas a la fuerza donde queda patente que no había orden alguno y se daba por válida la improvisación más ocurrente. Los segmentos van por libre, no hay nada que contar, los diálogos carecen de chispa, las situaciones se alargan hasta perder la gracia y ninguna de las estrellas del reparto se muestra inspirada, quedando en pantalla la peor versión de muchos de ellos; destaca en especial las lamentables aportaciones de Kerr y Welles, lo desaprovechado que está Sellers y la plana interpretación de Niven. Woody Allen se las apaña para intervenir en las escenas más divertidas de ‘Casino Royale’ —dentro del ruinoso conjunto— con su papel de Jimmy Bond, el sobrino del héroe. Aparte de diseñar uno de los planes más hilarantes de la historia del cine, su breve participación apenas arranca un par de sonrisas.

La producción de ‘Casino Royale’ fue un caos. El presupuesto inicial de seis millones de dólares se disparó hasta los doce —Allen recuerda que se pasó una semana en lujoso hotel sin que le llamaran para nada— y el rodaje se tuvo que prolongar varios meses más de lo previsto, entre otras razones por el problemático comportamiento de Sellers, quien fue despedido antes de que se rodaran todas sus escenas —de ahí el brusco desenlace de su personaje—. Aun así, ‘Casino Royale’ fue un éxito comercial, terminando el año como el tercer título más taquillero en EE.UU., a muy poca distancia de una entrega oficial de 007 que casualmente se estrenó también en 1967, ‘Sólo se vive dos veces (‘You Only Live Twice’, Lewis Gilbert). Una prueba más de que la recaudación no tiene nada que ver con la calidad. La única manera en la que recomiendo ver este film es con alguna copa de más y en compañía de amigos de risa fácil, de lo contrario puede ser un suplicio.
 
 
 
 
Casino Royale
Ficha técnica
Dirección
ProducciónJerry Bresler
Charles K. Feldman
GuionWolf Mankowitz
John Law
Michael Sayers
MúsicaBurt Bacharach
SonidoSash Fisher
Chris Greenham
Richard Langford
John W. Mitchell
James Shields
Bob Jones
MaquillajeJohn O'Gorman
Joan Smallwood
Neville Smallwood
FotografíaJack Hildyard y Nicolas Roeg
VestuarioJulie Harris
Guy Laroche
Paco Rabanne
ProtagonistasDavid Niven
Deborah Kerr
Orson Welles
Peter Sellers
Barbara Bouchet
Geoffrey Bayldon
Ursula Andress
William Holden
Charles Boyer
Peter O'Toole
John Huston
Jean-Paul Belmondo
Woody Allen
Billy Wilder
Jacqueline Bisset
Ver todos los créditos (IMDb)
Datos y cifras
País(es)Reino Unido
Estados Unidos
Año1967
GéneroComedia
Duración131 min.
Idioma(s)Inglés
Compañías
ProductoraColumbia Pictures
DistribuciónColumbia Pictures
Presupuesto12 millones de dólares

 
 
Fuentes: Blog de Cine.
http://es.wikipedia.org/wiki/Casino_Royale_(1967)
 

miércoles, 5 de marzo de 2014

"A Roma con amor", Woody salvado de nuevo por el surrealismo.



 Por Beatriz Maldivia



En la película anterior de Woody Allen, ‘Midnight in Paris’ (2011), el mejor momento lo ponía un surrealista, Salvador Dalí, encarnado por Adrien Brody. En ‘A Roma con amor’ son los escarceos con el surrealismo del guion lo que salva al film de caer en el tópico y la anodina postal. Es una pena que el neoyorquino no se haya dejado llevar mucho más por la locura y el absurdo que solo apunta.



‘A Roma con amor’ (‘To Rome with Love’, 2012) se compone de varias historias intercaladas, todas ellas situadas en Roma y todas ellas, como indica su título, relacionadas con el asunto romántico. Como es lógico que ocurra en un film de multi-historia, algunas de estas tramas son superiores a otras y siempre queda una que entendemos que funciona de relleno o que se nos olvida con mayor rapidez.

Más surrealista, por favor



Como indicaba al inicio, me decanto por aquella que más se acerca al absurdo surrealista, la que incluye, además a Allen como actor. El cantante de ópera tan particular acapara sin lugar a dudas los mejores lapsos de la cinta y, lo más importante para mí, la escena más sorprendente de todas, aquella que logró que mi actitud hacia ‘A Roma con amor’ cambiase y me hiciese acomodarme mejor en la butaca y meterme en el film con mayor tranquilidad y aceptación.

Allen no es nuevo en el empleo de la fantasía y del humor metalingüístico, como aquellos coros griegos de ‘Poderosa Afrodita’ (‘Mighty Aphrodite’, 2012). No es la primera vez que rompe el realismo un hombre que ha hablado a cámara, que ha introducido muertos parlantes o actores que escapan de la pantalla. Pero el surrealismo, más europeo que norteamericano, puede escapársele o causarle miedo, por mucho que varias de sus fuentes estén en Europa. Por eso, más que una falta de imaginación para convertir a ‘A Roma con amor’ en un puro relato surrealista, introduciendo muchos más elementos como la ducha, lo que creo percibir es una autocontención que le ha impedido seguir por ese camino que, en mi opinión, habría convertido al film en más original y sugerente.

Desiguales historias

La trama que protagoniza Jesse Eisemberg recuerda al Woody Allen de sus mejores épocas, especialmente por el retrato de la mujer seductora, pero dañina, que tantas veces ha protagonizado películas en las que él daba la réplica. Ellen Page es perfecta reflejando las dos vertientes, dándose aires de sabihonda mientras emana sexualidad. Aquí, un Alec Baldwin muy inspirado, pone en palabras la conclusión que durante todos aquellos films, Allen podría haber extraído de las relaciones que perseguía y perdía, y que Baldwin aprende demasiado tarde a través de un imaginado alter ego que lo introduce en un peculiar flashback.

Los otros dos cuentos contienen algunos de los destellos brillantes del film. No obstante, al cabo de un tiempo comienzan a resultar repetitivos y pierden la capacidad de sorprender, por lo que considero que se habrían beneficiado de una depuración mayor, en especial el que cuenta con Roberto Benigni. Los aprendizajes vitales que se pueden extraer de esta fábula están, como sucedía ya en ‘Si la cosa funciona’ (‘Whatever Works ‘, 2009), dichos de manera explícita, cuando lo mejor que puede hacer un autor es tratar de que lleguemos nosotros a esa conclusión.



La historia que menos interés acapara sobre el papel quizá sea la interpretada por Penélope Cruz. Pero la española tiene tanta gracia como actriz que consigue que los encuentros casposos y manidos estén entre las escenas que más carcajadas provocan en la sala –la inevitable referencia al Vaticano nos mete en su bolsillo inmediatamente–.

De turismo por Roma

La banda sonora delata más al Allen turista que los encuadres de las calles más transitadas del Trastevere, la Fontana di Trevi o la Piazza de Spagna. Si su intención es cómica, las canciones están bien elegidas, pero dudo de que se trate de eso en todas las ocasiones. Al ser Roma una ciudad que desde aquí nos queda tan cerca y uno de los destinos turísticos más evidentes, rara será la persona que vea la película y que no haya paseado alguna vez por aquellas calles y, por lo tanto, es fácil sentir cierta identificación observando el film, lo que ayuda a disfrutarlo.

Conclusión

‘A Roma con amor’ me resultó, si no grandiosa ni lograda en todos sus aspectos, más agradable de lo que me esperaba, quizá por las expectativas tan bajas con las que acudí al cine a verla, desalentada por ese tráiler que arranca, como el largo, con el tosco humor que rodea al guardia de tráfico. Eso no impidió que fuese el día siguiente al del estreno –no he tenido tiempo hasta ahora de ponerme con la crítica–, ya que supongo que me pasa como a los que abarrotaban esa sala y las demás: que es cita obligada, por mucho que nos haya decepcionado con sus trabajos anteriores.

Esta nueva entrega contiene momentos de humor y alguna frase grandiosa, casi todas dichas por el personaje al que da vida el propio director y en la línea del neurótico que siempre ha representado. En alguna de las tramas, ‘A Roma con amor’ recuerda al Allen de sus mejores épocas, a ese que tanto estamos añorando y deseando que regrese.

Fuente: Blog de cine.