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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 13 de agosto de 2015

También él.



No he vuelto a 
ver las series norteamericanas 
que exhibían los televisores en 
blanco y negro 
de mi infancia, 
muchas de ellas dobladas en 
Puerto Rico 
con 
expresiones y 
giros lingüísticos entre el exotismo y la comicidad. Además de las aventuras y el 
suspense que te esperaba cuando aparecían los prohibitivos rombos y debías ingeniártelas para verlas desde la clandestinidad y los lugares más 
impensables, recuerdo como adictivas aquellas series. Imagino que lo más probable si decidiera revisarlas es que me parecieran polvorientas, tópicas, 
de una calidad dudosa o inexistente. Es mejor que estén guardadas con mimo y 
sin sentido crítico en un rincón de la memoria. Les debo momentos felices.
Hubo una brillante generación de directores en el cine norteamericano (Ritt, Lumet, Frankenheimer y otros) que empezaron su carrera trabajando en 
las series televisivas. 
Pero siempre tuvieron claro que ese camino iniciático era circunstancial, que su 
vocación era dirigir películas, que la auténtica medida de su talento se la 
ofrecería el cine.
La televisión podía otorgar popularidad y dinero pero el prestigio pertenecía 
al cine, el sueño de los que narraban con imágenes se centraba en crear para 
la gran pantalla, su paso por la televisión les servía como aprendizaje o era un 
trabajo exclusivamente alimenticio.

Con el nuevo siglo se ha producido el milagro de que artistas incuestionables del cine consideren un honor que su nombre aparezca en los créditos de las series de televisión, como creadores, productores ejecutivos, dirigiendo algunos capítulos. 
Estoy hablando de luminarias de Hollywood como Martin Scorsese, Steven Spielberg, David Fincher y Michael Mann.










Aunque el pavor a morirse o a vegetar en su mansión induzca al ya anciano Woody Allen a rodar todos los años una película, a mantener en activo su inagotable creatividad, también él ha accedido a la 
oferta de Amazon para rodar una serie. Y es un motivo de gozo para la cinefilia que la inteligencia, la imaginación y la gracia de este hombre se pongan al servicio de un medio que desconoce y que está viviendo su edad de oro. 
Afirma Allen: “No sé cómo me he metido en esto, no tengo ninguna idea y no estoy seguro por dónde empezar”. Pero podemos apostar a que va a meter la risa en nuestras casas.

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/01/17/television/1421518467_799906.html