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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Imagen de Woody.






Invitación al Café Carlyle presentando la banda de Woody con Eddy Davis y la New Orleans Jazz Band.
 

 
Extraído de Woody Allen Web.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Un balance sobre su carrera.


Woody Allen: "No tengo la dedicación necesaria para ser un gran artista"

A punto de estrenar su film número 47, el cineasta hace un balance sobre su carrera y sus obsesiones
Por   | Para LA NACION




 
PARÍS.- No hay gente de prensa a su alrededor durante la entrevista. Nadie pide, como suele suceder con otras estrellas, que no se hable de ciertos temas. Woody Allen (Brooklyn, 1935) recibe a LA NACION en una habitación del hotel Le Bristol, de la capital francesa, para presentar su última película, Magia a la luz de la luna, con Emma Stone y Colin Firth , que fue filmada en la Provenza francesa, y llegará a las salas locales el próximo jueves.
Allen está vestido con su ya clásica combinación de pantalón y camisa color kaki que hace que se confunda con el sillón beige en el que está sentado a la manera de Zelig, el personaje camaleónico de su película de 1983. A los 78 años, tras dirigir 47 películas, recibir 27 nominaciones al Oscar, ganar 5 y continuar con su metódico récord de estrenar una película por año, está aceitado en esto de las entrevistas. Responde con facilidad y sin interrupciones en un tono de voz monocorde. Sus expresiones no se alteran en ningún momento durante el encuentro. Es difícil imaginarlo gritando o enojado.
Escribió chistes para otros en diarios y revistas, así como monólogos y talk shows; dirigió películas humorísticas -y "más triviales" según él mismo las califica-, se interesó por la condición humana y eternizó reflexiones brillantes. Manhattan tuvo un rol excluyente en sus films, a la que mostró en todos sus aspectos, hasta que aparecieron Londres, Barcelona, París, Roma, San Francisco y, próximamente, Rhode Island. En estos últimos años, para algunos se reinventó, para otros comenzó a repetirse. Él prefiere pensar que, si sigue filmando, en algún momento saldrá una buena película.
-¿Qué sabe sobre la Argentina?
-Sé que allí vivió Jorge Luis Borges, porque yo era miembro de la Borges Society. Sé que cuando aquí es verano, ustedes están en invierno; que una mujer dirige el país, que tienen grandes problemas económicos y financieros. Supuestamente tienen muy buena carne. No puedo imaginar que sea mejor que la de Nueva York, pero no lo sé. Y son famosos por tener gauchos. Sé también que tienen una gran población de psicoanalistas.
-¿Hace terapia?
-Vuelvo de vez en cuando para darles ánimo a mis labios.
-Sabe bastante sobre la Argentina, casi podría hacer una película..
-Estuve muy cerca de hacer una película en Buenos Aires. Lo hablamos muy seriamente. Mi hermana Letty Aronson, que es también una de mis productoras, junto a otro de mis productores fueron a Buenos Aires para ver las posibilidades. Busqué una idea que fuera buena para Buenos Aires, pero no la encontraba, y después las conversaciones se fueron apagando. Fue un poco mi culpa: si hubiera dicho "Sí, tengo esta idea, hagamos rápido los contratos", podría haber sido distinto. Quizás algún día la haga, me dijeron que me va a gustar Buenos Aires, que es muy lindo, que es como París.
-En Magia a la luz de la luna, Colin Firth es un escéptico que no cree en el espiritismo ni en el ocultismo ¿Es quien mejor representa al Woody Allen actual?
-Sí, él habla por mí. Creo que lo que ves es lo que hay. No hay cosas súper especiales en ningún lado, no hay un Dios escondido, ni tampoco un lugar mágico. No hay una razón por encima de todo, no hay una explicación teológica. Pero en la película, Colin Firth dice que desearía estar equivocado, que le probaran que está equivocado. A mí también me gustaría despertarme una mañana y que me dijeran: "¿Escuchaste que ahora la gente puede predecir el futuro?"
-Sus últimas películas fueron filmadas en diferentes ciudades, ya no sólo en Manhattan, y parecen menos introspectivas, menos enfocadas en la exploración de la condición humana ¿Este giro refleja un cambio personal?
-No lo creo, pero desearía que así fuera. Me gustaría cambiar mi personalidad. No me gusta mucho. Creo que simplemente me vienen ideas. Una de ellas fue Blue Jasmine, luego vino Magia a la luz de la luna y, después, la que acabo de terminar de filmar en Newport, Rhode Island (nuevamente con Emma Stone, ahora acompañada por Joaquin Phoenix). Es sólo una cuestión de suerte, como el universo.
-¿Por qué no está contento con su personalidad?
-Desearía ser menos tímido y más feliz. Que mi actitud frente a la vida fuera más feliz. Mirar el lado luminoso, más místico, de las cosas cuando ocurren. Tener una comprensión más positiva de las cosas que observo y no siempre la visión negativa. Me veo con una pequeño atisbo de depresión. No es el tipo de depresión que no te permite salir de la cama: soy activo porque, si no, pienso, y cuando pienso me deprimo, así que de esa manera no pienso tanto. Pero siempre está ese pequeño atisbo de depresión.
-¿Pero hubo algún momento de su vida en que fue diferente?
-No. Hay momentos esporádicos en el día en los que me olvido de ello porque me distraigo, por ejemplo cuando voy a ver partidos de básquetbol, que son muy excitantes y hacen que todo parezca genial. Pero esos momentos se terminan. Cuando era chico solía ir a ver películas todo el tiempo. Dos, tres, cuatro y hasta cinco veces por semana. Veía a Humphrey Bogart y Katharine Hepburn y me olvidaba de todo, era genial. Pero cuando salía y veía brillar el sol, me chocaba de nuevo con el mundo real.
-Alguna vez dijo que no sentía haber hecho aún la "gran" película. ¿Hay en usted algo de esa "insatisfacción crónica" que evoca Penélope Cruz en Vicky Cristina Barcelona?
-No estoy satisfecho porque siempre estoy intentando hacer ese gran film. Lo voy a formular de esta manera: soy realista. No creo que mis películas sean malas. Creo que algunas, no todas, son buenas. Pero si se organizara un festival con películas como Rashomon, Ladrones de bicicletas y El ciudadano, y me llamaran a ver si tengo una película para sumar a ese festival, diría que no, no para ese festival. No hice una película de la que podría estar orgulloso como para que esté al lado de La gran ilusión o alguna de Buñuel. No odio mis films, pero no puedo señalar alguno de ellos y decir "¡Qué gran película!" Creo que soy correcto y objetivo. No me miento. No puedo.
-¿No se siente un gran artista?
-No tengo la concentración ni la dedicación necesarias para ser un gran artista. Esas personas hacen películas y viven en Nueva York o en California y de repente se van a África, se quedan un año, cada detalle es importante, gastan dinero. Yo no hago eso: me gusta filmar en Nueva York o en París, en lugares donde es agradable vivir, y no me gusta trabajar hasta las ocho de la noche. Me gusta volver a casa a las cinco o seis de la tarde, cenar, ir a la cama y mirar los partidos de béisbol. Las películas no son todo lo que hay en la vida. Me metí en el mundo del espectáculo para conocer mujeres. Conocí lindas mujeres en mi vida, y eso está bien. Hace años, cuando empecé, me encontré trabajando y trabajando sin parar. Me decían que no podía volver a casa a ver partidos de básquet porque estaba trabajando. Y recuerdo haber pensado: "¿Para qué trabajo en esto?" Trabajo en una película para tener el dinero para poder comprarme la entrada para ver un partido de básquet. ¡Algo está mal aquí! Esto no es el fin, esto es un medio para lograr un fin. Así que no me considero demasiado artísticamente. Creo que hago las mejores películas que puedo hacer, sobre y para la clase media.
-¿Le importa cómo el público reaccione frente a sus obras?
-Sí. Cuando hago una comedia y quiero que el público ría, me molesta si descubro que no produce gracia. Cuando les muestro a mis amigos una escena en la que deberían reír y no lo hacen, entonces la cambio, la recorto, la tiro a la basura [N. de la R.: alude a su manera habitual de trabajar sus guiones: escribe en una vieja máquina de escribir y recorta y pega literalmente los cambios sobre las páginas] y vuelvo a empezar. Si quiero que ellos rían, los tengo que hacer reír. Si no, es un desastre total.
-¿Cómo ve el cine de su país?
-Creo que hay algunas buenas películas cada año, pero no son muchas. La mayoría de las propuestas son lucrativas para los estudios pero una pérdida de tiempo para los espectadores. Es por eso que gran parte del público inteligente va a ver sólo esos buenos films en los cines y si no los encuentran ven televisión, donde hay propuestas más inteligentes que en el cine.
-¿Cómo le afectaron las últimas acusaciones sobre su vida privada? [N. de la R.: Su hija adoptiva Dylan Farrow, de 28 años, publicó una carta abierta en The New York Times en donde contó con detalles cómo su padre habría abusado sexualmente de ella en 1992, cuando tenía 7 años].
-Nada me afecta. Yo trabajo y nada más. Nunca leo las críticas de mis películas, nunca leo las entrevistas que me hacen, nunca miro mis películas después de realizadas. Hice Take the Money and Run en 1967 o 68 [Robó, huyó y lo pescaron, el primer film que dirigió en solitario, en 1969] y nunca más volví a verla. Sólo me concentro en hacer mis películas, nada más. Nada me afecta, y tampoco voy a recibir premios. No me importan.
-Pero va a festivales como el de Cannes...
-Sí, porque los distribuidores me piden ir, y no tengo problema en hacerlo si es para ayudar a publicitar mis películas.
-Jamás pensó que podría tener un éxito comercial como Medianoche en París, pero sucedió. ¿Cambió en algo su manera de concebir las siguientes películas?
-No. Medianoche en París fue muy exitosa comercialmente, pero ni un solo estudio me llamó diciéndome que les gustaría financiar mi próxima película. No hizo ninguna diferencia. Fue como si nadie hubiera ido a verla. Como si las luces de la proyección se hubieran prendido y no hubiera nadie en la sala.

martes, 4 de noviembre de 2014

Chicos poco luminosos.


por Sara Vilkomerson


“Diane Keaton siempre me decía, ‘Soy terrible, soy terrible, no puedo hacerlo, debes conseguir a alguien más. Y ella siempre fue brillante. Bueno, Larry es así”, dice Woody Allen a través del teléfono de su departamento en el Upper East Side de New York. El director nos habla de su nueva película “Whatever works” (“Si la cosa funciona”), que protagoniza Larry David, y abrió el Festival de Cine de Tribeca el 22 de abril para estrenarse el mes que viene.”Yo siempre había sido su fan. Le pregunté si quería hacerlo, y dijo: ‘Pero yo no puedo actuar. Sólo puedo hacer lo que hago, no soy un actor, te decepcionaré'”, afirma Allen. “Ya sabes, esos son los que siempre pueden hacerlo. Los que te digan cuan grandes son nunca lo harán”. “Larry es todo, ‘No puedo hacerlo. No puedo hacerlo’, pero cuando llegó el momento de actuar, de sacarlo todo afuera, lo hizo. Y no sólo la comedia, que yo esperaba, sino todas las otras cosas que tenía que hacer, las que requieren actuar y tocar emociones, también.”

Woody con Larry David
“Ni siquiera sabía que estaba en la mira de su radar, a decir verdad”, dice Larry David, con la máxima seriedad, hablando desde Los Angeles un par de días más tarde. “Estoy muy sorprendido por eso. Cuando escuché que Woody Allen es un fan mío… (pausa) Es sorprendente”.

“Le di todas las oportunidades para que encontrara otra persona. Estaba incómodo. Fuera de mi zona de confort “, afirma. Entonces ríe. “Por supuesto, mi zona de confort no es muy grande. Hago un paso a la derecha y estoy fuera de ella”.
Analizando, una nueva película de Woody Allen protagonizada por Larry David filmada aquí, en la ciudad de New York. ¿Podría haber una más radical muestra de talento, comedia y neurosis? Para la mayoría de nosotros, Woody Allen es como la quintaesencia de Nueva York, como el edificio Chrysler. Muchos neoyorquinos se criaron con una visión de esta ciudad que es la suma de “Annie Hall” más “Manhattan” y “Hannah y sus hermanas”, donde en el horizonte siempre se tuerce y el romance acecha en cada esquina, entre sesudos y nerviosos hombres y jóvenes, encantadoras, ingenuas y hermosas mujeres en grandes departamentos, donde hay países con langostas para cazar los fines de semana y siempre, siempre, un amor encontrado y fallido. Y está Larry David, otro chico bueno de Brooklyn, co-creador y escritor de la serie Seinfeld, que definió New York de nuevo en los años 90, con su exquisitez, un sinfín de exámenes y la sudoración de las pequeñas cosas, maestro de los garages y de las camisas holgadas. Desde su especial de 1999 en HBO Larry David: Curb your entusiasm, y esa serie que siguió y se sigue transmitiendo, ha realizado obras maestras de las situaciones insoportables. La noticia de que iba a protagonizar la última de Allen había dejado a algunos frotándose las manos con deleite de antemano y a otros afilando sus cuchillos, todos ansiosos por ver si David podría salir de ésta como un paradigma del Woody misantrópico. Cosa que es más difícil de lo que podría parecer… ¿Recuerdan la desastrosa actuación de Jason Biggs en “La vida y todo lo demás” o de Kenneth Branagh en “Celebrity”?
Pero vamos a seguir adelante y decir que: "Si la cosa funciona” es Woody Allen exactamente como usted desea a su Woody Allen. Es ingenioso, oscuro, emotivo, cómico y divertido, y presenta una New York filtrada a través de su lente como nunca la hemos visto antes. Es decir, olvidemos el Upper East Side. Esta película se arrastra a través de las torcidas y estrechas calles del Lower East Side y Chinatown. Y David sale bien parado.
El título hace referencia a una filosofía pragmática cuando se trata de nuestros traidores corazones humanos, a saber, que si encuentras algo o alguien en tu vida que te hace feliz, vayas hacia ello. Independientemente de si a primera vista parece que está todo mal. “Yo creo firmemente en ello,” afirma Allen. “Mientras no esté perjudicando a nadie … o causando algún daño o lastimando a alguien, o algo horrible, que lo que funcione (whatever works, en inglés) para conseguir sobreponerse y continuar con tu vida está bien. Todas las tonterías sobre lo que uno debe y no debe hacer y lo que es apropiado, entre comillas, de acuerdo a lo que yo llamo la “policía de lo apropiado”, es absurdo. Es la dura pelea por la vida”, continúa. “Una situación trágica. Cualquier cosa que ayude a salir adelante en la medida en que no haga daño a nadie, está bien”.
“Si la cosa funciona” tiene su parte justa de rincones oscuros, pero el público puede ser sorprendido agradablemente en última instancia, con un mensaje soleado. “Creo que mi filosofía ha sido coherente a lo largo de los años, y puede que sea persuasiva o idiota en función de cómo la película es de buena”, dice. “Si hago una película y la película en sí funciona, entonces creo que la gente dice: ‘Caramba, aquí la filosofía tiene sentido’. Y si hago una película en la que me he atascado, he hecho malas elecciones artísticas y no es buena, entonces piensan, ‘Sus ideas son estúpidas, narcisistas e irrelevantes’. Pero en realidad las ideas han sido siempre las mismas… Es sólo que he fallado artísticamente”.
El concepto de cosas que parecen correctas enfrentado al de estar en lo correcto, ha aparecido en las películas de Allen antes. “Esto sucede todo el tiempo”, dice Allen. “Conoces a alguien y tienes una relación con esa persona y, en los papeles, parece una relación totalmente lógica y correcta y lo es. Sin embargo, por algún motivo inexplicable, te acercas hacia la persona que está mal para ti, y hace de tu vida un infierno. Y eso te atrae aún más. Y así has resuelto para la persona que era justa en los papeles, que ella no habría sido feliz”.
De regreso en Los Ángeles, Larry David considera que la filosofía de “lo que funcione” puede aplicarse a él (de hecho, tomó una noche para pensarlo antes de estar de nuevo en el teléfono con sus pensamientos sobre el tema).
“Aunque podría ser algo justo sobre el papel, no significa necesariamente que va a funcionar”, dice. “Considerando que algo muy extraño en los hechos puede ser perfecto, si hay algo acerca de esa persona que te hace sentir bien, eso es lo más importante. Pero generalmente esas son las primeras personas a las que rechazo. Las que me hacen sentir bien. ¿Por qué debo sentirme bien cuando hay mujeres que no pueden estar conmigo y de quienes no puedo estar cerca? Esas son las que quiero”.
Este tipo de sentimiento es exactamente lo que era de esperarse de David que en Curb Your entusiasm desempeña una versión bizarra de sí mismo. Pero considere esto: si la persona que creemos conocer de la serie, está ahora en “Si la cosa funciona”, jugando una nueva versión cinematográfica de Woody Allen, estamos realmente perdidos en altos niveles de confusión cuando se trata de distinguir la línea entre el artista y la realidad. ¿Dónde estamos ubicados? ¿Es Boris, con sus aplastantes inquietudes y asco para con la raza humana, una representación del propio director?
“No conozco tanto a Woody bien, pero es bastante obvio de que Boris es por lo menos alguna de las facetas de Woody,” dice David. “Aunque debe haber visto algo en mí para hacerme un pasable doble suyo”. David llevó recientemente a su casa “Annie Hall” para que la viera su hija de 14 años. “Ella no pudo soportarla debido a que (el personaje de Woody) le recuerda demasiado a mí. Y no puede verme tampoco… Por lo que sé, somos las únicas dos personas de las que dice eso”.
Uno podría pasar horas con la lista de las similitudes entre Allen y David (ambos nacidos en Nueva York en barrio judío, plumas fuertes, importante capacidad verborrágica), pero las diferencias son más interesantes. Por ejemplo, aunque los dos pueden ser llamados pesimistas, las formas en la que lo son se encuentran en lugares opuestos.
“Creo que Woody es probablemente más un pesimista sobre el panorama general,” afirma David. “La desesperanza, la falta de todo sentido, la negrura de la eternidad; esa clase de preguntas. Sospecho que yo soy probablemente más pesimista acerca de cosas más pequeñas: la relación que no funciona, Obama pierde, los Yankees también, cosas así. La gente no puede ver deportes conmigo porque soy muy pesimista. No soy divertido”.
¿Pero qué ocurre cuando Obama gana? “¡Lo sé! Mi mundo va patas arriba. Y todavía no puedo creerlo”.
Respuesta de Allen a lo que quizá se vea como un final feliz. “Soy siempre tan didáctico en todo lo que hago, y así de firme, quería que quede claro que, a pesar de que fue un final feliz, todos siguen viviendo en esta trágica situación, y con una vida trágica, y que la historia termina con un cierto grado de felicidad sólo temporal,” dice. ¿Um, realmente? “Quería retratar Larry asumiendo la vida más cerca de la realidad que otras personas. Él puede parecer un quejoso, un descontento, un misántropo, un cínico, o un nihilista. Pero independientemente de las palabras con que desees describirlo, hay una enorme y triste realidad en su percepción. Y yo quería que quedara muy claro al final de la película”.
Larry David rió cuando le conté después lo que dijo el director. “Creo que en general hay momentos de alegría, pero al final todo es negativo,” afirma. “Entonces hay una gran piscina, que es lo negativo, en la que vives sumergido y de vez en cuando se puede nadar a la superficie como un delfín y obtener alguna alegría y, a continuación, volver abajo”.
“Tengo lo que yo llamo, lo que yo percibiría como una visión muy realista de la vida. Mientras otras personas me critican todo el tiempo por ser, ya sabes, cínico, nihilista y misántropo”, dice Allen. “Y sabes, no creo que esto sea así. Aunque es posible que lo sea y tengo un punto ciego. Pero no lo creo. Creo que mi percepción es correcta y que un acontecimiento trágico requiere de verdadera improvisación, suerte y trabajo para sobreponerse a él”.
El rodaje de “Whatever works” fue agradable en todos los sentidos. Allen dirige largas, difíciles tomas, pero mantiene horarios civilizados, y para los nativos de New York como Patricia Clarkson, fue una oportunidad de caminar a casa del trabajo. Michael McKean, quien interpreta a uno de los pocos amigos de Boris, había trabajado con Allen en 2004 en la producción del teatro Atlantic, Secondhand memory, afirma que Allen estaba especialmente enérgico y feliz. “Parecía estar de buen humor. Tuvo una gran relación con su director de fotografía y el resto del equipo. Él sabe lo que quiere y eso es clave. Y fue un buen grupo”. McKean continúa diciendo que el director llevaba a David y Evan Rachel Wood (recomendada para el papel por Soon-yi Previn) a Katz deli para un corned beef de medianoche.
“Él escribe esas notas realmente hermosas”, comenta por su lado Clarkson, sobre recibir su segundo guión de Woody Allen. “Con ‘Whatever works’ fue algo gracioso como: ‘Si usted tiene algo mejor que hacer, la entenderé’. Y, a continuación, abrir el guión y descubrir este papel divino”.
Y cuando dice notas, quiere decir notas. Nada de e-mails para Woody Allen. “Me sobrepasa”, es su comentario sobre la era de Internet. “No tengo un ordenador, no tengo un procesador de textos o cualquiera de esas cosas. Nunca he sido capaz de trabajar con esos instrumentos. No tengo todos esas herramientas. Tengo una máquina de escribir y aún, después de todos estos años, tengo grandes problemas para cambiar su cinta”. Relata. “Sé que me estoy perdiendo algo. Que los amigos buscan en Google información instantánea o cosas”. El mantiene un diccionario Webster siempre a su lado. “Es sólo que a mí me sigue pareciendo tan futurista… Todavía me esfuerzo y lo hago de la otra manera. No digo que con orgullo, o que sea una buena cosa. No creo que lo sea. Simplemente nunca he sido capaz de hacer la transición”.
Allen dice que él siempre le dice a sus actores que improvisen. “Si vas a pedir el divorcio, pide el divorcio. Y hazlo con tus propias palabras”. David, un excelente improvisador por naturaleza, quiso ceñirse al guión, aunque tuvo el impulso en el inicio del rodaje de intentar cambiar las cosas. “He estado diciendo mis propias palabras toda mi vida”, dice David. “Puede ser refrescante tener las palabras de alguien más en mi boca.”
¿Se acostumbró? le preguntamos. ¿Cuándo se comenzó a sentir cómodo en su papel protagónico? “Tal vez el penúltimo día,” se rió. “Sí, el último día. Estaba como ‘¿Sabes qué?, Pienso que esto es muy fácil'”.
Allen afirma que ahora que ha terminado su película, que ha hecho las copias para el exterior y está terminando las correcciones de color en DVD, nunca va a verla de nuevo.
“Hice ‘Robó, huyó y lo pescaron’ en 1968 y nunca la he visto, igual que a cualquiera de las demás”. Allen asiste a los estrenos pero nunca ve la película. “Voy, camino por la alfombra roja … una sonrisa… responder a las preguntas y continuación, me siento en la sala y al segundo que las luces comienzan a bajar, estoy fuera. Estoy en un restaurante con mi esposa cenando. Y luego a ir a la fiesta y cambio nuevamente a modo de falso tono social para el intercambio de enormes mentiras… Han odiado la película, pero están diciendo, ‘Cielos, gran película. Gran film'”.
Se puede esperar este tipo de comentario de Boris, pero no de Woody Allen…
“Puedo decir que nunca he sido feliz con mis películas”, dice tranquilamente. “Es siempre la misma historia: me puse a hacerlas y me había propuesto hacer, ya sabes, lo más grande que jamás se ha realizado. ‘Othello’ o ‘Citizen Kane’. Pero para el momento que he finalizado, cuando está terminado, y lo he estropeado artísticamente, no pude conseguir aquel actor y no tenía dinero suficiente para ello e imaginé mal esta broma… Cuando armé la película, he pasado de estar seguro de que iba a hacer la próxima gran obra maestra a rezar porque sólo no sea una vergüenza”. Suspira. “Así que me encuentro en la sala de montaje tomando un momento de aquí y pegandolo allí. Poniendo un fragmento de música aquí y emparchando algo allá, con la esperanza de respirar y sobrevivir. Y ya he abandonado toda esperanza de integridad y de una obra maestra sin concesiones”.
Al tener a Larry David en “Si la cosa funciona”, Woody Allen ha añadido algo a su canon al que él nunca podría haber llegado por su cuenta. Contrató al único comediante que ha puesto filo cortante en la usual simpatía del intérprete de Woody Allen. “Si la cosa funciona” puede no ser una obra maestra sin concesiones, pero es la sorprendente colaboración de dos maestros de la comedia intransigente de la psique romántica y torturada de New York.
Y funciona.

jueves, 23 de octubre de 2014

Woody Allen a favor de la construcción de mezquita en zona cero.

Allen respalda los planes de construir un centro cultural islámico, con mezquita incluida, en las proximidades de la Zona Cero de New York, aunque defiende el derecho a opinar de los afectados por los atentados del 11-S, según informó el diario Daily News. “Por supuesto que creo que deben construir la mezquita”, declaró el cineasta neoyorquino en declaraciones al rotativo a la entrada de una fiesta con motivo del estreno de su última cinta.
Allen agregó que las únicas personas que tienen derecho a opinar sobre esta polémica “son la gente con una implicación personal en el 11-S”. “La gente que perdió amigos o familiares tienen todo el derecho de protestar y decir lo que quieran”, insistió el director de cine, de 74 años, para quien el resto de las personas que se han pronunciado sobre este asunto tienen motivaciones “políticas” y “explotadoras”.
Sobre estas últimas, opinó que “esa gente debería callarse y dejar que sean los personalmente afectados quienes expongan sus argumentos”. Allen dijo que si conversara con quienes protestan de manera “legítima” por la construcción del centro islámico les trataría de convencer de que el proyecto supone un avance en los esfuerzos por eliminar la posibilidad de que sucedan otros atentados como los del 11 de septiembre de 2001, que causaron 2.752 muertos. “Impedir que se construya la mezquita no es un paso en la dirección correcta”, agregó.
Los planes de construir un centro cultural islámico que ocupará un edificio entero en el sur de Manhattan, a dos manzanas de la zona cero, ha generado una intensa polémica en New York y en todo Estados Unidos. Los responsables de la llamada Casa Córdoba, que dirige el imán Faisal Abdul Rauf, afirman que su intención es mejorar el entendimiento entre religiones, mientras sus oponentes le reprochan que haya decidido construirlo tan cerca de donde ocurrieron los atentados contra las Torres Gemelas.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Woody, Infiel a Nueva York.

Woody Allen, infiel por un amor de Verano en Europa


El Central Park, el hotel Chelsea, el Moma y el Gugenheim son puntos de referencia en Nueva York y no podían faltar en las películas de Allen.

Julia Roberts y Woody en Venecia
Madrid, España.- Durante décadas millones de espectadores de todo el mundo vivieron el Nueva York de los años 70, 80 y 90 a través de las películas de Woody Allen, el mejor cicerone de la fascinante urbe en el cine. Sin embargo en los últimos años el cineasta ha decidido pasar los veranos en Europa, aprovechando así las buenas temperaturas para rodar sus comedias.

El director neoyorquino convirtió Manhattan en un personaje más de sus películas en una época en la que la Guerra Fría todavía incitaba prejuicios culturales. Pero Allen, que siempre mantuvo las distancias (física y artística) con Hollywood, quedó al margen de esas consideraciones con sus comedias de personajes neuróticos y líos amorosos de gran calado vital, que constituyen todo un compendio filosófico.

Tras rodar unas cuantas comedias en las que brillaba sobre todo su inagotable y genial sentido del humor, Allen fue refinando sus historias y también sus ambientes. "Annie Hall" (1977), considerada por muchos como una de sus mejores películas (y con la que ganó tres Oscar), recorre la parte alta y baja de Manhattan con sus interminables calles y sus rascacielos de telón de fondo, así como sus inconfundibles taxis amarillos. El director incluso se pasea por su barrio de la infancia, Brooklyn.

"Manhattan" (1979) es además el título de otra de sus películas más conocidas y mítica es la foto en blanco y negro de Allen y Diane Keaton sentados junto a uno de los puentes que unen esa lengua de tierra en la que asienta la trepidante ciudad. La escena fue rodada en Riverview Terrace en Sutton Square, en las inmediaciones de la calle 59, pero a los fans que visiten el lugar para ver la puesta de sol de Allen y Keaton hay que advertirles que ya no encontrarán el banco de madera en el que se rodó la escena, pues ha sido retirado.

El Central Park, el hotel Chelsea, el Moma y el Gugenheim son puntos de referencia en Nueva York y no podían faltar en las películas de Allen, donde también palpita la vida bohemia en el barrio Greenwich Village, el ahora floreciente East Village e incluso Chinatown, entre muchos otros rincones de la ciudad.

"Nunca me preocupó mostrar la ciudad de forma naturalista. Siempre procuré mostrarla del modo en el que yo la sentía", dijo Allen en una entrevista. "Siempre me atrajo el Nueva York irreal. Tipos como Martin Scorsese y Spike Lee muestran muy a menudo un Nueva York muy real. Muy, muy bonito y muy correcto. Pero yo no. El Nueva York que yo he ido mostrando durante todos estos años es el yo vi en las películas de Hollywood", explicó.

"Podría hacer otras 50 películas en la ciudad y no me cansaría, pero no me lo puedo permitir", añadió el cineasta antes de comenzar a rodar al otro lado del Atlántico.

Durante años Allen fue incondicionalmente fiel a la ciudad que ha sido su hogar y su fuente de inspiración hasta que a mitad de los 90 se atrevió a dar un salto hasta la mítica Venecia con el musical "Todos dicen te quiero".Allen todavía protagonizaba sus películas y corría junto a los canales y los puentes de la ciudad persiguiendo a Julia Roberts, que hacía footing por Dorsoduro y en las inmediaciones de Campo Santo Stefano, hasta que ambos se encuentran en Campiello Barbaro.

La romántica ciudad italiana, donde varios años estrenó sus películas en el certamen internacional que allí se celebra, guarda además un significado especial para el realizador, pues fue allí donde se casó en 1997, un año después de estrenar el musical, con Soon Yi Previn, 35 años más joven. Esta relación dio numerosos titulares al tratarse ella de la hija adoptiva de Mia Farrow, la anterior pareja sentimental del director.

El breve salto a Venecia se consideraba una excepción en su filmografía hasta que llegaron las dificultades económicas y Allen se vio "obligado" a emigrar. "Me encantaría poder permitirme estar ahí siempre, pero (Nueva York) es una ciudad muy cara para trabajar. Y cada vez es peor para mí", dijo el realizador antes de encarar su primer rodaje en Londres. La experiencia con "Match Point", su primera colaboración con Scarlett Johansson, no pudo haber funcionado mejor, pues este thriller negro recibió buenas críticas y el respaldo del público.

La oficina de turismo de la capital británica se frotaba las manos con la excelente publicidad que la película reportó. El estiloso barrio de Notting Hill muestra sus encantadores rincones en esta cinta en la que los protagonistas viven en mansiones modernas con vistas al Támesis, acuden al legendario club de tenis The Queen's Club o a la Royal Opera House, un Londres actual que sin mostrar sus grandes monumentos aunaba la esencia de la capital.

"Match Point" (2005) fue la primera película que rodó por completo fuera de Nueva York y se hizo en verano, aprovechando las vacaciones escolares de los hijos de Allen. Desde entonces, el cineasta repitió la experiencia con "Scoop" y "El sueño de Cassandra", en las que las críticas no acompañaron, y una tercera, "Conoceras a un extraño", que funcionó mejor.

El magnetismo de la vida lujosa que se vive en sus producciones británicas se repite en "Vicky Cristina Barcelona", la película que muestra una Barcelona de postal pero en las antípodas de cualquier bolsillo modesto. Aparecen algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad catalana como la Sagrada Familia, La Pedrera, pero también varios centros de arte como la Fundación Miró, la Fundación Tàpies, el MACBA o el MNAC. Penélope Cruz ganó un Oscar con la película y la ciudad de Barcelona, la más visitada de España, recibió más turistas.

Este año el director ha estrenado "Medianoche en  Paris", una ciudad que a través de su mirada resulta tremendamente romántica. Para la capital gala el cineasta concibió una historia de amor en la que pasea por el puente Alexandre III, la ribera de Sena, los jardines de las Tullerías o el mercado de pulgas.

Además, hizo lo que casi ningún director en este mundo se puede permitir: hacer un cameo con quien quiera y en este caso con la primera dama francesa, Carla Bruni, que aparece en una breve escena como guía del museo.

En la presentación de esta película en Cannes, el director dijo que rueda en el extranjero porque a su mujer le encanta viajar y así aprovecha los veranos, cuando sus dos hijos tienen vacaciones. En el fondo, confiesa, prefería estar en su casa, dormir en su propia cama y poder bañarse en su ducha. Además, también lamenta perderse la temporada de béisbol, deporte del que junto con el baloncesto es un gran fan. Pero al final el cine manda.

A sus más de 75 años y a un ritmo de película por año, Woody Allen se está convirtiendo en el embajador por excelencia de todas las ciudades que toca con su varita cinematográfica. Estos días el realizador rueda en Roma "Bop Decameron", con algunas escenas en el Trastevere, un barrio de encantadoras callejuelas. El año que viene se podrá ver en la gran pantalla su visión de la capital italiana.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Anthony Hopkins y su papel en Conoceras al hombre de tu sueños.

El último filme de Woody Allen se estrena en Estados Unidos con un soberano reparto en el que aparece Sir Anthony Hopkins, quien ardía en deseos de trabajar con el cineasta neoyorquino. “Es mi actor favorito”, admitió el británico en un encuentro con distintos medios de prensa, entre ellos Efe. “Es un genio y ha sido un enorme placer trabajar con él”, añadió. Alfie, el personaje en el filme del mítico intérprete galés, es un recién divorciado sumido en una grave crisis existencial, a la cual decide hacer frente apostando por una relación con una explosiva prostituta.
El propio Hopkins superó una crisis personal que le llevó a anunciar una retirada del cine que realmente nunca se materializó. Y aunque ha retomado con ilusión esta nueva etapa profesional, es consciente de que el mundo, y en concreto la industria que le rodea, no le entusiasma. “Mi mujer no deja de ver el programa de Access Hollywood (que hace un seguimiento a las celebridades) y a mí me aburre soberanamente. Como los Oscar. Salen todas esas chicas preguntando: ‘Estás preciosa. ¿Qué llevas puesto?’ Pues será divertido, pero… ¡Dios, me alegro de no ser joven!”, dijo el actor, hastiado de los grandes eventos de Hollywood y el “glamour” que desprende.
En eso tiene mucho que ver con Allen, que nunca ha pisado la alfombra roja de los Óscar y se ha mostrado esquivo con los fastos de la gran industria del cine. Ambos se conocieron en 1994. Hopkins decidió viajar desde Los Ángeles a Nueva York en tren para reunión en torno a un posible papel, y cuando le dijo a Allen cómo había llegado hasta allí, éste “se volvió loco”. “¿En tren? ¿No te dio claustrofobia?”, recordó Hopkins que le preguntó un hipocondríaco Allen. Sin embargo, no fue hasta el año pasado cuando finalmente sellaron su primera colaboración. “Me mandó el guión junto a una carta y tras leerlo no lo dudé”, dijo.
Hopkins comentó que el cineasta, famoso por su timidez, dirige de forma “directa y franca, con tres o cuatro tomas para cada escena”, y comparó su estatus en la industria con el de Clint Eastwood. “Son parte fundamental de la cultura americana”, expuso. “Cuando Woody entra en una habitación todo el mundo se calla y se le queda mirando. Es esa figura legendaria, enfrascada en un tipo pequeño pero extremadamente divertido. No le gusta estar en la primera plana, y a mí tampoco. Pero es alguien único”, comentó Hopkins, que en diciembre cumplirá 73 años, lo que le da pie a reflexionar sobre la senectud.
Con voz nerviosa y atropellada, imita la gestualidad y el tono de Allen: “Envejecer cada día resulta peor. Se te caen los dientes… y después te mueres”. Tras provocar las risas en la sala con su comentario, el actor no dudó en hacer un repaso a su carrera, algo que, según reconoció, nunca suele hacer. “No tengo un personaje favorito. Hannibal Lecter (el inolvidable malvado de ‘El silencio de los inocentes’ fue divertido, aunque hace mucho de aquello. La verdad es que no suelo echar la vista atrás. No vivo en el pasado”, declaró.
El ganador del Oscar por ese trabajo del realizador Jonathan Demme, reveló que de joven soñaba con sentarse algún día, de mayor, a revisar todas sus películas. “Ahora me echaría a dormir si lo hiciera”, agregó. Hopkins encuentra estos días la alegría de vivir en su tercera esposa, Stella Arroyave, de 54 años. “Es más joven que yo y quiere que viva mucho tiempo, así que no paro de hacer ejercicio físico”, apuntó entre risas el protagonista de títulos como “La mansión Howard”, “Bram Stoker’s Dracula”, “Nixon” o “Sobreviviendo a Picasso”. “He tenido una gran carrera. Pero ahora me he vuelto más filosófico y me encuentro en paz conmigo mismo”, finalizó.

martes, 7 de octubre de 2014

Woody Allen participa en documental sobre Luis Quintanilla.

Memoria y testimonio. Arte y compromiso. Rescate y reivindicación. El largometraje documental “Los otros Guernicas”, de Iñaki Pinedo y Daniel Álvarez, una recuperación de la huella artística, vital y simbólica del pintor santanderino Luis Quintanilla, se estrenó el domingo por la noche en Santander (España).

A través de los testimonios de una veintena de personas, entre ellos Woody Allen, 
el filme recorre el rastro histórico, el exilio y el olvido que cierra la Trilogía de la memoria de los realizadores a la que pertenecen también “El hombre que murió dos veces” y “La escuela fusilada”. La cinta, proyectada en la Sala Pereda del Palacio de Festivales, cierra a su vez un largo ciclo de revalorización histórica en torno a los recuperados frescos de Quintanilla.

El filme pretende reflejar la «enorme pérdida cultural» que supuso el éxodo de artistas e intelectuales que sufrió España como consecuencia de la Guerra Civil. Dos años de trabajo, de documentación y grabación de entrevistas, el filme tras su paso por el Festival de Cine de Toulouse, se estrenó en la comunidad. La iconografía de los frescos Dolor, Destrucción, Soldados, Huida y Hambre, que tras aparecer en Long Island fueron restaurados por la UC con el mecenazgo del Santander, se completa con este itinerario audiovisual, del que nos habla Pinedo.
¿Qué perfil de Luis Quintanilla se desprende del documental?
El de un artista comprometido con el tiempo que le tocó vivir, que mantuvo la coherencia y una actitud rebelde, y divertida, hasta el final de su vida.
Más allá de sus valores artísticos, el pintor cántabro ¿podría llegar a ser un símbolo de la República, del exilio y de la memoria cultural?
Luis Quintanilla es muy representativo de una generación de artistas comprometidos con la República, por los valores democráticos y modernizadores que planteaba para la sociedad española. El compromiso en su caso, y en el de muchos otros, llegó hasta poner su vida en riesgo, y algunos de sus amigos la perdieron, en defensa de sus ideales. Engrosó el exilio, que para la gran mayoría de los artistas españoles supuso el olvido y curiosamente se ha convertido en uno de los repescados, es uno de ‘Los otros Guernicas’ que han emergido del silencio.
Supongo que un documental como este es tan importante como las fosas que quedan por excavar…
Para poder reparar todas las injusticias que se cometieron durante y después de la Guerra Civil primero hay que conocerlas. En el tema de la recuperación de la memoria histórica, expresión muy manida pero que en nuestro país todos entendemos, España tiene una asignatura pendiente y lo demuestra continuamente. Creo que tenemos que ser valientes y mirar de frente y con actitud crítica a nuestra historia reciente para conocernos mejor y para entender muchas de las cosas que nos pasan actualmente. Nosotros intentamos aportar un granito de arena a este debate.
¿De los testimonios de la cinta puedes elegir tres o cuatro diferentes por sus valores y aportaciones?
Esther López aporta su gran conocimiento de la figura de Luis. Su sobrino Joaquín F. Quintanilla aporta una visión muy humana del pintor y también un agradable toque mundano. Dentro del contexto de la narración personalmente me emociona, como ya lo hizo en la entrevista en Brooklyn, el testimonio del brigadista internacional Matti Mattson.
Al margen de lo mediático, ¿qué aporta Woody Allen?
Woody Allen nos ayuda a situar a Quintanilla en el ambiente que el pintor frecuentó durante los 20 años de su exilio en Nueva York. En el Village neoyorquino tenía su estudio y su casa familiar y era la zona de NY en la que vivían muchos de sus amigos. También representa al espectador accidental de los frescos en su ‘olvido cinematográfico’.
Habría que decir que los cinco frescos de Quintanilla como tantas otras cosas, ¿fueron sepultados realmente por Franco y la dictadura?
Sin duda. La mayor parte de los historiadores coinciden en la pérdida que supuso para la cultura de nuestro país el gran éxodo de artistas, escritores, científicos, como consecuencia de la Guerra Civil y de la dictadura. Como dice Santiago Carrillo, «Si se hubiesen quedado los habrían asesinado a todos».
Le pido una definición sintética de ‘la trilogía de la memoria’.
Un soporte de ‘Memoria Viva’ que pretende participar en el análisis crítico de nuestra historia reciente.
Por Guillermo Balbona