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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

jueves, 13 de marzo de 2014

"Casino Royale", desastrosa parodia de James Bond.


 


Con bastante retraso (pido disculpas por ello) retomo hoy el especial dedicado a la carrera de Woody Allen. Lamentablemente, volvemos a él con un film mediocre que seguramente el actor, escritor y director estadounidense estaría encantado de borrar de su filmografía. A mí desde luego no me ha gustado nada tener que volver a verlo, pero considero necesario comentarlo aquí porque, al igual que los dos títulos anteriores —‘¿Qué pasa, pussycat?’ (‘What´s New, Pussycat’, Clive Donner, 1965), ‘Que pasa Tiger Lily’ (‘What´s Up, Tiger Lily?’, 1966’)—, fueron experiencias importantes para Allen, especialmente porque le llevaron a dar el salto a la dirección.

Ese primer trabajo tras las cámaras que fue ‘Toma el dinero y corre’ (‘Take the Money and Run’, 1969) no se habría producido si el neoyorquino no hubiera quedado frustrado al descubrir las miserias del negocio del cine. Convertido en una célebre figura cómica, apareciendo regularmente en televisión, tuvo la oportunidad de demostrar su talento en la gran pantalla. Le pagaron muy bien y aumentó su fama, pero para un apasionado del séptimo arte como él, esos primeros trabajos le dejaron un sabor sumamente amargo. Tras ver cómo destrozaban su guion para ‘¿Qué tal, pussycat?’ y perder el control creativo de la broma ‘Lily la tigresa’, Woody Allen aceptó intervenir por motivos puramente económicos en una peculiar producción plagada de estrellas, la primera película basada en la novela ‘Casino Royale’ de Ian Fleming, el mismo material del que partió Martin Campbell para renovar la saga 007 con Daniel Craig.

Es curiosa la historia de este proyecto. En 1955, el productor Gregory Ratoff aprovechó que Fleming necesitaba dinero y pagó apenas seis mil dólares los derechos del libro —publicado en 1953, es la primera aventura literaria de James Bond— con la idea de iniciar una serie cinematográfica, pero nadie vio el potencial del proyecto. En 1961, la viuda de Ratoff vendió los derechos por 75.000$ al también productor Charles K. Feldman, quien quiso sumarse al éxito cosechado por la primera película sobre el personaje, ‘Agente 007 contra el doctor No’ (‘Dr. No’, Terence Young, 1962). Tras fracasar un acuerdo con los productores de la saga 007 y el fichaje de Sean Connery, Feldman rechazó una oferta de medio millón de dólares por la adaptación del libro y optó por seguir adelante… a su manera.

En lugar de trasladar a la gran pantalla de un modo convencional la trama de ‘Casino Royale’, y como alternativa a la franquicia oficial, Feldman decidió partir del texto de Fleming para producir una parodia de James Bond y las historias de espías, una comedia absurda y chispeante llena de bellezas y celebridades, en la línea de otra de sus producciones, ‘¿Qué tal, pussycat?’. Para ello contrató a seis directores —John Huston, Val Guest, Kenneth Hughes, Joseph McGrath, Robert Parrish y Richard Talmadge (quien no aparece en los créditos)—, una larga lista de guionistas, la mayoría sin acreditar —cabe destacar a Billy Wilder y Woody Allen— y un impresionante reparto encabezado por David Niven, Peter Sellers, Orson Welles, Deborah Kerr, Ursula Andress, Jacqueline Bisset, Charles Boyer, William Holden, Jean-Paul Belmondo y Allen, entre muchos otros.

Hay muy poco de la novela en la película. Apenas los personajes y la partida de cartas. Pero ése no es el problema de ‘Casino Royale’, al contrario, lo que se quería hacer era una idea estupenda, una deconstrucción humorística del agente secreto. El film arranca con los jefes de los departamentos de espionaje más importantes del mundo visitando a Sir James Bond —interpretado por Niven, la primera opción de Fleming para el personaje—, que vive retirado en una escondida mansión en Escocia, para pedirle que acepte una nueva misión. Bond se ve obligado a aceptar cuando descubre que una misteriosa organización criminal, compuesta solo por mujeres hermosas, está liquidando a todos los agentes secretos, encontrándose él también en el punto de mira.

Por desgracia, solo la premisa tiene interés. La película es un aburrido desastre, un puzle de secuencias encajadas a la fuerza donde queda patente que no había orden alguno y se daba por válida la improvisación más ocurrente. Los segmentos van por libre, no hay nada que contar, los diálogos carecen de chispa, las situaciones se alargan hasta perder la gracia y ninguna de las estrellas del reparto se muestra inspirada, quedando en pantalla la peor versión de muchos de ellos; destaca en especial las lamentables aportaciones de Kerr y Welles, lo desaprovechado que está Sellers y la plana interpretación de Niven. Woody Allen se las apaña para intervenir en las escenas más divertidas de ‘Casino Royale’ —dentro del ruinoso conjunto— con su papel de Jimmy Bond, el sobrino del héroe. Aparte de diseñar uno de los planes más hilarantes de la historia del cine, su breve participación apenas arranca un par de sonrisas.

La producción de ‘Casino Royale’ fue un caos. El presupuesto inicial de seis millones de dólares se disparó hasta los doce —Allen recuerda que se pasó una semana en lujoso hotel sin que le llamaran para nada— y el rodaje se tuvo que prolongar varios meses más de lo previsto, entre otras razones por el problemático comportamiento de Sellers, quien fue despedido antes de que se rodaran todas sus escenas —de ahí el brusco desenlace de su personaje—. Aun así, ‘Casino Royale’ fue un éxito comercial, terminando el año como el tercer título más taquillero en EE.UU., a muy poca distancia de una entrega oficial de 007 que casualmente se estrenó también en 1967, ‘Sólo se vive dos veces (‘You Only Live Twice’, Lewis Gilbert). Una prueba más de que la recaudación no tiene nada que ver con la calidad. La única manera en la que recomiendo ver este film es con alguna copa de más y en compañía de amigos de risa fácil, de lo contrario puede ser un suplicio.
 
 
 
 
Casino Royale
Ficha técnica
Dirección
ProducciónJerry Bresler
Charles K. Feldman
GuionWolf Mankowitz
John Law
Michael Sayers
MúsicaBurt Bacharach
SonidoSash Fisher
Chris Greenham
Richard Langford
John W. Mitchell
James Shields
Bob Jones
MaquillajeJohn O'Gorman
Joan Smallwood
Neville Smallwood
FotografíaJack Hildyard y Nicolas Roeg
VestuarioJulie Harris
Guy Laroche
Paco Rabanne
ProtagonistasDavid Niven
Deborah Kerr
Orson Welles
Peter Sellers
Barbara Bouchet
Geoffrey Bayldon
Ursula Andress
William Holden
Charles Boyer
Peter O'Toole
John Huston
Jean-Paul Belmondo
Woody Allen
Billy Wilder
Jacqueline Bisset
Ver todos los créditos (IMDb)
Datos y cifras
País(es)Reino Unido
Estados Unidos
Año1967
GéneroComedia
Duración131 min.
Idioma(s)Inglés
Compañías
ProductoraColumbia Pictures
DistribuciónColumbia Pictures
Presupuesto12 millones de dólares

 
 
Fuentes: Blog de Cine.
http://es.wikipedia.org/wiki/Casino_Royale_(1967)
 

miércoles, 5 de marzo de 2014

"A Roma con amor", Woody salvado de nuevo por el surrealismo.



 Por Beatriz Maldivia



En la película anterior de Woody Allen, ‘Midnight in Paris’ (2011), el mejor momento lo ponía un surrealista, Salvador Dalí, encarnado por Adrien Brody. En ‘A Roma con amor’ son los escarceos con el surrealismo del guion lo que salva al film de caer en el tópico y la anodina postal. Es una pena que el neoyorquino no se haya dejado llevar mucho más por la locura y el absurdo que solo apunta.



‘A Roma con amor’ (‘To Rome with Love’, 2012) se compone de varias historias intercaladas, todas ellas situadas en Roma y todas ellas, como indica su título, relacionadas con el asunto romántico. Como es lógico que ocurra en un film de multi-historia, algunas de estas tramas son superiores a otras y siempre queda una que entendemos que funciona de relleno o que se nos olvida con mayor rapidez.

Más surrealista, por favor



Como indicaba al inicio, me decanto por aquella que más se acerca al absurdo surrealista, la que incluye, además a Allen como actor. El cantante de ópera tan particular acapara sin lugar a dudas los mejores lapsos de la cinta y, lo más importante para mí, la escena más sorprendente de todas, aquella que logró que mi actitud hacia ‘A Roma con amor’ cambiase y me hiciese acomodarme mejor en la butaca y meterme en el film con mayor tranquilidad y aceptación.

Allen no es nuevo en el empleo de la fantasía y del humor metalingüístico, como aquellos coros griegos de ‘Poderosa Afrodita’ (‘Mighty Aphrodite’, 2012). No es la primera vez que rompe el realismo un hombre que ha hablado a cámara, que ha introducido muertos parlantes o actores que escapan de la pantalla. Pero el surrealismo, más europeo que norteamericano, puede escapársele o causarle miedo, por mucho que varias de sus fuentes estén en Europa. Por eso, más que una falta de imaginación para convertir a ‘A Roma con amor’ en un puro relato surrealista, introduciendo muchos más elementos como la ducha, lo que creo percibir es una autocontención que le ha impedido seguir por ese camino que, en mi opinión, habría convertido al film en más original y sugerente.

Desiguales historias

La trama que protagoniza Jesse Eisemberg recuerda al Woody Allen de sus mejores épocas, especialmente por el retrato de la mujer seductora, pero dañina, que tantas veces ha protagonizado películas en las que él daba la réplica. Ellen Page es perfecta reflejando las dos vertientes, dándose aires de sabihonda mientras emana sexualidad. Aquí, un Alec Baldwin muy inspirado, pone en palabras la conclusión que durante todos aquellos films, Allen podría haber extraído de las relaciones que perseguía y perdía, y que Baldwin aprende demasiado tarde a través de un imaginado alter ego que lo introduce en un peculiar flashback.

Los otros dos cuentos contienen algunos de los destellos brillantes del film. No obstante, al cabo de un tiempo comienzan a resultar repetitivos y pierden la capacidad de sorprender, por lo que considero que se habrían beneficiado de una depuración mayor, en especial el que cuenta con Roberto Benigni. Los aprendizajes vitales que se pueden extraer de esta fábula están, como sucedía ya en ‘Si la cosa funciona’ (‘Whatever Works ‘, 2009), dichos de manera explícita, cuando lo mejor que puede hacer un autor es tratar de que lleguemos nosotros a esa conclusión.



La historia que menos interés acapara sobre el papel quizá sea la interpretada por Penélope Cruz. Pero la española tiene tanta gracia como actriz que consigue que los encuentros casposos y manidos estén entre las escenas que más carcajadas provocan en la sala –la inevitable referencia al Vaticano nos mete en su bolsillo inmediatamente–.

De turismo por Roma

La banda sonora delata más al Allen turista que los encuadres de las calles más transitadas del Trastevere, la Fontana di Trevi o la Piazza de Spagna. Si su intención es cómica, las canciones están bien elegidas, pero dudo de que se trate de eso en todas las ocasiones. Al ser Roma una ciudad que desde aquí nos queda tan cerca y uno de los destinos turísticos más evidentes, rara será la persona que vea la película y que no haya paseado alguna vez por aquellas calles y, por lo tanto, es fácil sentir cierta identificación observando el film, lo que ayuda a disfrutarlo.

Conclusión

‘A Roma con amor’ me resultó, si no grandiosa ni lograda en todos sus aspectos, más agradable de lo que me esperaba, quizá por las expectativas tan bajas con las que acudí al cine a verla, desalentada por ese tráiler que arranca, como el largo, con el tosco humor que rodea al guardia de tráfico. Eso no impidió que fuese el día siguiente al del estreno –no he tenido tiempo hasta ahora de ponerme con la crítica–, ya que supongo que me pasa como a los que abarrotaban esa sala y las demás: que es cita obligada, por mucho que nos haya decepcionado con sus trabajos anteriores.

Esta nueva entrega contiene momentos de humor y alguna frase grandiosa, casi todas dichas por el personaje al que da vida el propio director y en la línea del neurótico que siempre ha representado. En alguna de las tramas, ‘A Roma con amor’ recuerda al Allen de sus mejores épocas, a ese que tanto estamos añorando y deseando que regrese.

Fuente: Blog de cine.

lunes, 24 de febrero de 2014

Falsa acusación.





Carta de Woody Allen sobre falsa acusación en su contra

by Gerónimo Elortegui



Hace veintiún años, cuando escuché por primera vez que Mia Farrow me había acusado de abuso sexual infantil, encontré la idea tan absurda que no le di importancia. Estábamos en medio de una terrible separación, con gran enemistad entre nosotros y una batalla por la custodia de los niños.

La evidente malevolencia me parecía tan obvia que ni siquiera contraté un abogado para defenderme. Fue mi abogado relacionado con el negocio del espectáculo quien me dijo que Mia estaba llevando la acusación ante la policía y que necesitaría un abogado criminal.
Inocentemente pensé que la acusación sería desestimada porque claro, no había abusado sexualmente de Dylan y cualquier persona racional podría ver el ardid. El sentido común prevalecería. Después de todo, yo era un hombre de 56 años que nunca había sido –y que nunca volvió a ser- acusado de abuso sexual infantil. Había estado con Mia durante 12 años y en ese tiempo ella nunca me sugirió siquiera algo parecido a una falla en mi conducta. De repente, luego de conducir hasta su casa en Connecticut una tarde para visitar a los chicos por unas horas, estando en la casa de mi furiosa adversaria, con una docena de personas presentes y en las primeras etapas felices de una nueva relación con la mujer con la que me iba a casar, elegiría ese momento para embarcarme en una carrera como abusador infantil. Lo ilógico de ese escenario me pareció determinante.
Sin embargo, Mia insistió en que yo había abusado de Dylan y la llevó inmediatamente al doctor para que la examinara. Dylan le dijo al doctor que no había sido abusada. Luego Mia llevó a Dylan a tomar un helado, y cuando volvió la nena había cambiado la historia. La policía empezó la investigación; una posible acusación pesó en la balanza. Por propia voluntad tomé una prueba con un detector de mentiras y la pasé, claro, porque no tenía nada que esconder. Le pedí a Mia que tomara una y no quiso. La semana pasada, una mujer llamada Stacey Nelkin, con quien yo había salido hace muchos años, apareció ante la prensa para decir que cuando habíamos tenido nuestra batalla por la custodia hace 21 años, Mia había querido que ella testificara que era menor de edad cuando salía conmigo, a pesar del hecho de que esto fuera mentira. Stacey se negó. Incluyo esta anécdota para que todos sepamos con qué clase de carácter estamos lidiando. Uno puede imaginar al leer esto por qué no quería tomar la prueba con el detector de mentiras.
Mientras tanto, la policía de Connecticut pidió ayuda a una unidad de investigación especial que se creaba en este tipo de casos, la Clínica de Abuso Sexual Infantil del Hospital Yale-New Heaven. Este grupo de hombres y mujeres imparciales y experimentados a los cuales acudió el fiscal del distrito para buscar orientación así como para procesar, pasó meses haciendo una meticulosa investigación, entrevistando a todos los que estaban involucrados, y verificando cada evidencia.


Finalmente, ellos escribieron su conclusión, la cual cito aquí: "Nuestra opinión experta es que Dylan no fue abusada sexualmente por el señor Allen. Además, creemos que las declaraciones grabadas en cámara y las que dijo ante nosotros durante nuestra evaluación no se refieren a eventos que le hayan ocurrido el 4 de agosto de 1992. Al desarrollar nuestra opinión consideramos tres hipótesis para explicar las declaraciones de Dylan. Primero, que sus declaraciones eran ciertas y que el señor Allen abusó sexualmente de ella; segundo, que las declaraciones de Dylan no eran ciertas y fueron inventadas por una nena emocionalmente vulnerable que quedó en un disturbio familiar y que estaba respondiendo al estrés que había en la familia; y tercero, que Dylan fue instruida o influenciada por su madre, la señora Farrow. Mientras podemos concluir que Dylan no fue abusada sexualmente, no podemos definir si la segunda o la tercera formulación son ciertas. Creemos que lo más probable es que una combinación de estas últimas dos formulaciones expliquen de la mejor forma los alegatos de abuso sexual de Dylan".
¿Podría ser más claro? El señor Allen no abusó de Dylan; es más probable que una nena vulnerable de 7 años haya sido instruida por Mia Farrow. Esta conclusión desilusionó a cierta gente. El fiscal de distrito estaba impaciente por procesar un caso donde la figura fuera una celebridad, el juez de custodia, Elliot Wilk, escribió una opinión muy irresponsable diciendo al respecto del abuso sexual que "probablemente nunca sabremos lo que ocurrió".
Pero sí lo sabíamos porque había sido determinado y porque no había equivocación en el hecho de que no había tenido lugar un abuso. Wilk fue bastante duro conmigo y nunca aprobó mi relación con Soon-Yi, la hija adoptada de Mia, que estaba en sus veintes. Pensó en mí como un hombre mayor que se aprovechaba de una mujer mucho menor, lo cual encolerizó a Mia y le pareció inapropiado a pesar del hecho de que ella había salido con un hombre mucho mayor, Frank Sinatra, cuando tenía 19. Para ser justos con Wilk, el público sintió la misma consternación al respecto de Soon-Yi y yo, pero a pesar de lo que parecía, nuestros sentimientos eran auténticos y hemos estado felizmente casados por 16 años y tenemos dos chicas geniales, ambas adoptadas. (A propósito, hablando de circo mediático y falsas acusaciones, Soon-Yi y yo fuimos extra escudriñados tanto por la agencia de adopción como por el tribunal de adopción y todos apoyaron nuestras adopciones).
Mia obtuvo la custodia de los chicos y nos fuimos por caminos separados.
Yo tenía el corazón roto. Moses estaba enojado conmigo. Con respecto a Ronan, no sabía bien por qué, Mia nunca me dejó acercarme a él desde que nació. Adoraba a Dylan y ella era cercana a mí. Mia llamó a mi hermana en un ataque y le dijo: "Se llevó a mi hija, ahora me llevaré a la suya". Nunca la vi otra vez ni pude hablar con ella, sin importar cuánto lo intenté. Todavía la quería profundamente y sentía culpa de que el haberme enamorado de Soon-Yi la hubiera puesto en la posición de ser usada como un peón de venganza. Soon-Yi y yo hicimos incontables intentos para ver a Dylan pero Mia los bloqueó todos, sabiendo cuánto la queríamos pero totalmente indiferente al dolor y al daño que estaba causando en esa pequeña niña sólo para apaciguar su propio resentimiento.
Aquí cito a Moses Farrow, cuando tenía 14 años: "Mi madre me insistió para que odiara a mi padre por separar la familia y abusar de mi hermana".
Ahora Moses tiene 36 años y es terapeuta familiar de profesión: "Claro que Woody no abusó de mi hermana", dijo. "Ella lo amaba y tenía muchas ganas de verlo cuando él la visitaba. Ella nunca se escondió de él hasta que nuestra madre tuvo éxito en crear una atmósfera de odio y miedo hacia él". Dylan tenía 7, Ronan, 4, y ésta era, según Moses, la narrativa fija a seguir año a año.
Hago una pausa aquí para referirme rápidamente a la situación de Ronan. Él es hijo mío o, como sugiere Mia, el hijo de Frank Sinatra? Otorgo que se parece a Frank con los ojos azules y los rasgos faciales, pero si lo fuera, ¿qué nos dice esto? ¿Que durante todas las audiencias de custodia Mia mintió bajo juramento y falsamente presentó a Ronan como nuestro hijo? Incluso si no es el hijo de Frank, el hecho de que ella sostenga esa posibilidad, indica que estuvo unida íntimamente y en secreto con él durante los años que estuvimos juntos. Sin mencionar todo el dinero que pagué por manutención infantil. ¿Estaba manteniendo al hijo de Frank?. Otra vez, quiero llamar la atención sobre la integridad y honestidad de una persona que conduce su vida de esa forma.
Pasaron 21 años y Dylan aparece con las acusaciones que los expertos en Yale investigaron y encontraron falsas. Más algunas florituras creativas que parecen haber aparecido mágicamente durante nuestro distanciamiento de 21 años.

No es que dude que Dylan no haya llegado a creer que ha sido molestada, pero si desde los 7 años una madre fuerte le enseña a una niña vulnerable a odiar a su padre porque es un monstruo que la abusó, ¿es tan inconcebible pensar que, después de muchos años de este adoctrinamiento, la imagen que Mia quería establecer de mí haya echado raíces? ¿Acaso asombra que los expertos de Yale hayan elegido el adoctrinamiento maternal hace 21 años? Incluso el lugar donde el abuso supuestamente tomó lugar fue pésimamente elegido. Pero es interesante. Mia eligió el ático de nuestra casa en el campo, un lugar al que, debió haberse percatado, nunca habría ido porque es un pequeño, estrecho, cerrado lugar donde uno puede apenas pararse y yo soy un gran claustrofóbico. Las pocas veces que ella me pidió que entrara ahí para buscar algo, lo hice, pero rápidamente tenía que salir. Sin dudas, la idea del ático vino a su mente de la canción de Dory Previn, "With my daddy in the attic" ("Con mi padre en el ático"). Estaba en el mismo cd que la canción que Dory Previn había escrito sobre Mia traicionando su amistad al robar insidiosamente a su marido, André, "Beware of young girls" ("Cuidado con las chicas más jóvenes"). Uno debe preguntarse, ¿Dylan siquiera escribió la carta o fue, como mínimo, guiada por su madre?. ¿Acaso la carta realmente beneficia a Dylan o simplemente adelanta la agenda desgastada de la madre? Esto es para herirme con una difamación. Incluso hay un patético intento para lograr hacerme un daño profesional al incluir a estrellas del espectáculo, lo cual huele mucho más a Mia que a Dylan.
Después de todo, si hablar era realmente una necesidad para Dylan, ella ya había hablado meses atrás en Vanity Fair. Aquí cito a Moses Farrow otra vez: "Sabiendo que mi madre nos usaba seguido como peones, no puedo confiar en nada que haya sido dicho o escrito por nadie de la familia". Finalmente, ¿cree siquiera realmente la propia Mia que yo abusé de su hija? El sentido común debe preguntar: una madre que le enseñó a su hija de 7 años que fue abusada sexualmente (crimen bastante horrible), ¿da consentimiento para que un videoclip de ella sea usado para honrar al abusador en los Golden Globes?
Claro, no abusé de Dylan. La amaba y espero que algún día ella comprenda cómo fue engañada sobre su padre que la quiere y explotada por una madre más interesada en su propia furia que en el bienestar de su hija. Que te enseñen a odiar a tu padre y te hagan creer que abusó de vos ya causó un daño psicológico en esta hermosa y joven mujer y Soon-Yi y yo esperamos que algún día ella entienda quién la ha transformado realmente en una víctima y se reconecte con nosotros, como Moses lo ha hecho, en forma amorosa y productiva. Nadie quiere desalentar a las víctimas de abusos para que hablen sobre lo que les pasa, pero uno debe tener en mente que a veces hay gente que es falsamente acusada y que es algo también terriblemente destructivo.
* Este artículo será mi palabra final en todo este asunto y no voy a responder a ningún comentario sobre el tema. Suficientes personas han sido lastimadas."

Gerónimo Elortegui | febrero 7, 2014 en 10:00 pm | Categorías: Woody Allen Web | URL: http://wp.me/pUxtV-gJ

domingo, 26 de enero de 2014

Woody y la risa, número 12.

Riámonos nuevamente....
 
 


Extraído de Woody Allen, un libro de humor, número 1, Editorial Nueva Imagen, Mexico 1980.

domingo, 29 de diciembre de 2013

¿Qué pasa, Pussycat?, amargo debut cinematográfico.


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Woody Allen es uno de los cineastas más conocidos, imitados, respetados y admirados del planeta. También uno de los más activos, estrenando una película por año, algo digno de elogio teniendo en cuenta su edad (nació el 1 de diciembre de 1935) y que escribe sus propios guiones. Debutó como director en 1969, y lo hizo para evitar que se repitiera la mala experiencia de su primer trabajo en el cine, como guionista y actor en ‘¿Qué pasa, pussycat?’ (‘What´s New, Pussycat’, Clive Donner, 1965).
Me consta que para mucha gente, Allen es uno de esos “autores” (léase con tono despectivo) que cuentan con el apoyo casi incondicional de la crítica y un público intelectual, que de vez en cuando hace algo que también gusta al resto de los mortales; casi por azar, añadirían algunos. Sin embargo, este (desproporcionado) retrato no comenzó a dibujarse hasta el estreno de ‘Interiores’ (‘Interiors’, W. Allen, 1978), con el que el neoyorquino se esforzó por acercarse al estilo de su cineasta favorito, Ingmar Bergman. Era su séptimo largometraje como realizador y trató de hacer algo diferente, distanciándose de la legión de seguidores que fue acumulando durante su etapa cómica.

 
 
Allan Stewart Konigsberg comenzó a ganar dinero ya en su etapa de instituto, enviando chistes a diferentes periódicos de Nueva York con el alias de Woody Allen. Trabajó para una agencia de publicidad escribiendo frases ocurrentes que se ponían en boca de celebridades, fue guionista y cómico invitado en diferentes programas de televisión, grabó discos con sus mejores chistes y realizó giras por diferentes capitales de EE.UU. con sus espectáculos de “stand-up comedy” (o monologuista). Era una estrella cuando le ofrecieron entrar en el mundo del cine. ‘¿Qué pasa, pussycat?’ iba a suponer una estimulante colaboración entre Allen y Warren Beatty, autor de la idea original —y del título, que era su frase para ligar—, pero los productores se apoderaron del proyecto y lo condujeron en la dirección que se les antojó.
Beatty abandonó el barco cuando Allen se vio obligado a reescribir el guion para incluir las sugerencias y exigencias de los señores que ponían la pasta, quedando el papel de sufrido Don Juan en manos de Peter O’Toole, al que se sumó el genial Peter Sellers y un plantel de hermosas actrices encabezado por Romy Schneider, Paula Prentiss, Ursula Andress y Capucine, que por aquel entonces era la novia de uno de los productores. Echando la vista atrás, Allen solo tiene buenas palabras para sus compañeros de reparto, el director y la ciudad de París, donde filmaron —ahí se plantó la semilla para ‘Midnight in Paris’ (2011)—, pero acabó harto de que modificaran y destrozaran su guion para hacer la película más accesible y comercial, llegando a ser la única vez en toda su carrera que insultó a alguien durante un rodaje (al productor Charles K. Feldman).

Capucine, Andress, Schneider, Prentiss
Sellers, O'Toole y Woody
 
Sobre ‘¿Qué pasa, pussycat?’, Allen ha declarado que si se hubieran ceñido a su guion, “sería el doble de divertida y habría recaudado la mitad“. Efectivamente, fue un éxito de taquilla, lo que le ayudó a seguir trabajando en el negocio y optar a nuevas oportunidades, a pesar de que para él había sido una experiencia desagradable (no olvidemos que idolatra el cine europeo, más artístico que el industrial de Hollywood). Estoy convencido de que la película habría sido más ingeniosa conservando el texto de Allen (hay situaciones y diálogos hilarantes donde se nota claramente su firma) y comprendo su rechazo personal hacia el film, pero el resultado final no es ni mucho menos un trabajo despreciable. Y es que solo por las tronchantes escenas donde interviene Sellers (la del poema bajo el balcón es de carcajada) ya merece la pena ver ‘¿Qué pasa, pussycat?’.
La trama no tiene complicación, O’Toole da vida a una versión cómica y elegante de un adicto al sexo, que desea reprimir sus impulsos para poder casarse con la mujer que supuestamente ama. Para ello acude a la consulta del Dr. Fassbender, interpretado por Sellers; el problema es que el psicoanalista es un absoluto perturbado y solo agrava los problemas del protagonista, que a su pesar va acumulando conquistas mientras aparenta formalidad y compromiso hacia su pareja. En cuanto a Allen, se limita con el personaje de Victor a componer el nervioso, cobarde y torpe tipo desafortunado con las mujeres que esperaban de él. La única labor de las actrices es resultar atractivas y mostrar deseo ante las miradas seductoras de O´Toole, así que cumplen. Cabe destacar un divertido cameo de Richard Burton pero si uno pestañea se lo pierde.
Realizada con escasa imaginación, con una puesta en escena enfocada por completo a lucir a los actores, la película cumple su propósito como ligero y simple entretenimiento al alcance de cualquiera, con Sellers y Allen encargados de hacer reír mientras O´Toole y sus “pussycats” se ocupan de que suba la temperatura. Hay que tomársela como lo que es y verla con el ánimo adecuado, porque si esperas que te alegre un mal día o que te mantenga pendiente de la pantalla de principio a fin, te has equivocado de título. Para terminar, a continuación os dejo con un extracto de la descacharrante conversación que mantienen el Dr. Fassbender y Victor en una escena en la que el primero intenta poner en marcha un extravagante suicidio y el segundo (que celebraba un triste 29º cumpleaños, justo el día que los cumplía realmente Allen) lo interrumpe para contarle su gran problema sentimental…
 
 
Woody junto a Romy Schneider y Peter O'Toole
 
 
- Estoy enamorado de una chica y ella no me ama, ama o otro tipo. Y yo estoy en medio.
- Ya veo. Sí, sí…
- ¿Qué cree que debería hacer?
- Bueno, ¿porque no se compra un coche deportivo?
- ¿Un coche deportivo?
- Si, un pequeño y bonito biplaza. Francés, alemán, italiano. Y va por ahí “BROOOM”. Usted sabe, a ellas les encanta. Signo de virilidad masculina. Tal vez necesite dos, quizá.
- No sé conducir.
- Bueno, atropella a unas cuantas personas. Lo principal es que consiga la chica. Eso es lo único que importa.
- ¿Sabe?, para ser doctor, suena terriblemente poco ético.
- ¿Poco ético? ¿Qué demonios me importa la ética? Mi padre, el más querido ginecólogo de Viena, mientras se lo llevaban por exposición indecente en la Sala de Opera Estatal, dijo, y cito: “Por favor no me lleven, no lo volveré a hacer.”
- Brillante cita.
- Era un brillante pervertido.
- Oiga, es mi cumpleaños.
- Eso ya me lo dijo.
- ¿Podemos volver a él?
- ¿Qué pasa con mi funeral?
- Hagamos su funeral primero, luego mi cumpleaños.
 
Fuente: Blog de cine.

 

martes, 19 de noviembre de 2013

Nueva York según Woody Allen, segunda parte.


Woody y Central Park: una historia de amor
El repaso a Manhattan vista a través de los miopes ojos de Allen se adentra en los noventa hasta llegar a hoy. La ciudad cambia pero las historias siguen girando alrededor de los temas que indefectiblemente identificamos con él; la diferencia es que ahora podemos disfrutar de restaurantes y cines que siguen abiertos y tomarle el pulso a cómo funcionan sus neuróticos personajes en entornos que nos son más familiares. 
MARIDOS Y ESPOSAS
Tan devastadora como divertida, la cámara de esta volcánica obra se mueve nerviosa por espacios en los que la realidad y la ficción estaban confundiéndose peligrosamente. Hay pocos exteriores, pero destaca el Dean and Deluca de Prince Strett en el que quedan Judy Davis y Mia Farrow para hablar de sus respectivos matrimonios o la universidad de Columbia a la que acude Juliette Lewis en otro lolitesco papel de su carrera.
MISTERIOSO ASESINATO EN MANHATTAN
“Siempre que escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia”, una de esas frases que el director ha dejado para la historia, se pronuncia en esta película cuando los protagonistas salen de un concierto en el Lincoln Center. El apartamento maravillosamente decorado de los protagonistas (y su homicida –o no- vecino) está en el 200 de la calle 78 (puro Upper East Side), y es en ese mundo adinerado por donde se mueven los protagonistas: la obsesionante idea de que su vecina ha sido asesinada acompaña a Diane Keaton hasta un partido del hockey en el Madison Square Garden, al National Arts Club (desde donde ve a la presunta fallecida a bordo de un autobús) o al club 21, donde ella y su marido Larry llevan a cenar a su hijo y terminan encontrándose con una pletórica Anjelica Huston. El ficticio Hotel Waldron es en realidad el Hotel 17, en cuyo ascensor tiene lugar otra escena clave que también dejó su frase alleniana de rigor: “Claustrofobia y un cadáver, ¡el colmo de un neurótico!”

Misterioso asesinato en Manhattan
Misterioso asesinato en Manhattan
DISPAROS SOBRE BROADWAY
Para rodar esta historia ambientada en los años 20 sobre cómo el talento está en los sitios más inesperados, el director tiró de localizaciones art decó como el Hotel Edison, el teatro Belasco o el New Yorker Hotel; el escénico escenario junto a las vías del tren era el ya desaparecido Commodore, en Williamsburg. Por todos ellos –y obviamente por un Broadway lleno de carteles luminosos- se pasean coristas de voz chillona, mafiosos y divas del teatro sobredimensionadas soltando one-liners lapidarios.


Balas sobre Broadway


PODEROSA AFRODITA
Cómo no adorar una comedia que tras finalizar con la aparición de un Deux ex machina literal junta en su epílogo a los protagonistas en una tienda de juguetes? La tienda no podía ser otra que la FAO Schwarz (archifamosa por albergar el piano de Big), y los protagonistas son Mia Farrow -interpretando a una prostituta de voz de pito y corazón de oro- y Woody Allen –interpretando a Woody Allen una vez más-. Anteriormente les hemos visto en las carreras de caballos de Belmont Park o paseando por Central Park. Y aunque no esté en Nueva York y ni siquiera en el mismo continente, no se puede hablar de esta película sin mencionar el teatro griego de Taormina, donde un coro clásico tiene mucho que decir sobre los peligros de tentar al destino.


TODOS DICEN TE QUIERO

Todo lo demás
Todos dicen te quiero.
Aquí Allen decidió darse el capricho de rodar un musical con sus canciones favoritas y localizarlo en lugares predilectos del mundo –París, Venecia y obviamente NYC-. En la parte neoyorquina es una delicia contemplar Central Park a través de las cuatro estaciones y ver a sus muy pijos personajes de Park Avenue enamorarse a ritmo de números musicales que incluyen uno con gafas y bigote a lo Groucho Marx. Una celebración de la vida cuyo optimismo se extiende a Goldie Hawn colaborando con el Met, a Edward Norton comprando un anillo de compromiso en Harry Winston, a la adolescente Natalie Portman ligando en el E.A.T e incluso hasta un número musical en una sala funeraria en el 1076 de Madison Avenue en el que los muertos nos invitan a disfrutar del tiempo que nos queda.

LOS SECRETOS DE  HARRY
En esta historia de ficciones dentro de una ficción, la escena en la que Robin Williams descubre que es un actor desenfocado tiene lugar durante un rodaje en la Bethseda Terrace de Central Park (sí, de nuevo Central Park).
Si la cosa funciona
Si la cosa funciona

CELEBRITY
Allen se ríe de sí mismo hablando de “esos snobs directores que hacen películas en blanco y negro llenas de flashbacks” en esta reflexión llena de cinismo sobre lo absurdo de la fama y la suerte. Entre flashbacks y tiempo real, vemos el Elaine's Restaurant (ya desaparecido), el cine Ziegfield, el Stanhope Hotel (escenario del subidón de Leonardo di Caprio), la salida del metro de Franklin Street (donde propone una cita Winona Ryder) y a Charlize Theron fumando ante el puente de Queensboro o luciendo peluca al salir de los Cherokee Apartments. En una de las escenas más recordadas, Kenneth Branagh corre hacia el embarcadero de la zona más sur de la ciudad pero llega tarde: el barco ha salido ya y su ex novia arroja el único manuscrito de su novela a la aguas del Hudson.
LADRONES DE MEDIO PELO
La pareja protagonista pasa de vivir en un pisucho de New Jersey a establecerse en un apartamento de Park Avenue decorado como la casa de Juan Antonio Roca gracias a una exitosa tienda de galletas situada en el Upper Manhattan, en la calle 145. El camino hacia el refinamiento que emprende Tracey Ullman de la mano de Hugh Grant pasa por aprender de arte en el Metropolitan (qué mejor lugar para hacerlo) o revisar sus conocimientos literarios en Washington Square. Al personaje de Woody Allen le siguen tirando más calles donde hacer sus chanchullos, como la Doyers de Chinatown, que ya había lucido escaparates años atrás en “Alice”.
  
Granujas de medio pelo
Ladrones de medio pelo.

UN FINAL MADE IN HOLLYWOOD
Es muy meta que el director interpretado por Woody Allen discuta con su equipo de rodaje la idoneidad de la Bethesda Fountain de Central Park cuando el Allen real la ha empleado tantas veces en sus películas. Más juegos entre realidad y ficción se dan cuando el director propone filmar la película en blanco y negro, porque así es como hay que filmar la ciudad (Manhattan, guiño-guiño) en una suite del Hotel Plaza. Se luce también famoso restaurante Balthazar y repite el Café Carlyle, indisoluble ya de la figura del director, con o sin ceguera.
LA VIDA Y TODO LO DEMÁS
Central Park alberga las charlas maestro-alumno entre Woody Allen y Jason Biggs, normalmente sobre Amanda, el personaje interpretado por Christina Ricci que trae de cabeza al joven desde que tuvo un flechazo con ella al salir de Les Pierres Antiques (en la esquina de Bleecker Street y Charles Street). A lo largo de su tumultuoso romance asisten a un concierto de Diana Krall en el Vanguard, van al cine en el Quad, comen en Sant Ambroeus o tienen citas clandestinas con final catastrófico en el Hotel The Warwick. Con todo, la cita con peor final es la que tiene Jason Biggs con Danny de Vito en el Isabella’s. Todo un ejemplo de cómo tomarse mal un despido.
MELINDA Y MELINDA
Para esta ciclotímico experimento sobre la misma historia en versión comedia y en versión drama, el director despliega todo un arsenal de clásicos modernos neoyorquinos: es en una sobremesa en Pastis sonde se cuenta la anécdota que da pie a la historia; Melinda y sus amigas de infancia conversan por el Bow Bridge de Central Park; repiten aparición las carreras de caballos de Belmont; aparecen cafés famosos como el Boulud o el Gitane; los personajes de la parte dramática van al cine en el Town Hall, mientras que los de la comedia prefieren el más informal Cinema Village. Hay que darse prisa para ver otra de sus localizaciones funcionando: Archangel Antiques, donde el personaje de Will Ferrell encuentra una lámpara mágica, cerrará sus puertas en 2014.
SI LA COSA FUNCIONA
Hasta el momento la última (esperamos que la naturaleza sea benigna y haya muchas más) incursión de Woody Allen en su adorada ciudad, esta historia de romance anciano+jovencita tiene una estupenda combinación de sitios trendy con clásicos que nunca fallan, como si el director quisiera resarcirse de los años sin rodar en la ciudad. Larry David se reúne con sus amigos para despotricar sobre el mundo en el Café Vivaldi antes de que irrumpa en su vida Evan Rachel Wood, a la que descubrirá los encantos de la comida judía de Yonah Schimmel y con la que terminará casándose en el Ayuntamiento de la ciudad. Cuando ella recibe la visita de su madre hacen un poco de turismo mainstream a bordo de un autobús turístico, ofreciéndonos tomas del museo de cera, del edificio de la ONU o de Times Square. El café Mogador, los mercadillos callejeros y el Uniqlo son buenos lugares para que la joven flirtee con Henry Cavill a espaldas de Larry David. Pero no hay que temer: el final feliz está a la vuelta de la esquina. *
BLUE JASMINE 
No tenemos el gusto de encontrarnos de nuevo ante una película de Woody Allen ambientada en Nueva York, pero aunque aquí el escenario principal es San Francisco, vemos partes de la ciudad a través de flashbacks de la vida anterior de la protagonista. Y sabemos qué significa eso: Upper East Side y tiendas exclusivas.