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Nació en la ciudad de Lanús, Buenos Aires, Argentina, el 27 de junio de 1956. Desde muy pequeño concurrió al cine, descubriendo a Walt Disney en el viejo Cine Monumental de la ciudad de Bernal. Ya de grande, Román Polanski y su film, “Cul de Sac” fueron los movilizadores hacia el cine de culto. En los años ’70, estudió cine en la EDAC, (Escuela de arte cinematográfico) de la ciudad de Avellaneda. En los ’80 cursó en CECINEMA, (Centro de estudios cinematográficos) dirigido por José Santiso, y asistió al Seminario Introducción al lenguaje cinematográfico, dictado por Simón Feldman. Incursionó en el Cine de Súper 8 y 16 MM. Asociado a UNCIPAR (Unión cineistas en paso reducido), fue cofundador del Biógrafo de la Alondra. Es editor de El Revisionista, Series de antología, y el presente blog. Actualmente trabaja en su primer libro, “Los tiempos del cine”.

martes, 30 de julio de 2013

Allen habla de Medianoche en París.



Por Yenny Nun
Después de su mentada separación de Mia Farrow en 1992 y posterior matrimonio en 1997 con la hija de la actriz, Soon Yi Previn, 36 años menor que él, a Woody Allen le costó conseguir financiamiento para sus películas en Estados Unidos. Acostumbrado a ambientar sus historias en Nueva York, el genio cómico –quien cumple 76 este 2011–, debió cambiar de rumbo para seguir dirigiendo una película por año.
Woody dirige a Owen Wilson.
El primer puerto fue Londres, donde hizo cuatro filmes, incluyendo la celebrada “Match point” junto a su nueva musa, Scarlett Johansson y “Cassandra’s dream” junto a Ewan McGregor y Colin Farrell. Luego enfiló a España, triunfando con “Vicky Cristina Barcelona”. Ahora aterrizó en la capital francesa escribiéndole una “oda de amor”, titulada “Midnight in Paris” y logró reunir un elenco integrado por Owen Wilson, Marion Cotillard, Rachel McAdams, Michael Sheen, Kathy Bates, Adrien Brody y Carla Bruni. La historia gira en torno a dos estadounidenses que viajan a París antes de casarse y se dan cuenta de que no están hechos “el uno para el otro”. El personaje encarnado por Owen Wilson se traslada mágicamente a la Belle Epoque de París, donde encuentra muchas respuestas conversando con los grandes artistas de ese período.
Aunque años atrás al director le era casi imposible viajar por sus muchas fobias que incluyen aracnofobia, cinofobia –miedo a los perros–, acrofobia –a las alturas– y agorafobia –temor a los espacios abiertos–, hoy Woody Allen se traslada sin problemas siempre acompañado de la fiel Soon Yi, “la mejor relación que he tenido en mi vida”. También viajan con ellos los dos hijos adoptados de la pareja Bechet Dumaine y Manzie Tio, de 12 y 11 años, ambos con nombres de famosos músicos de jazz que Allen admira.
¿Cómo creó la trama de “Midnight in Paris”?
Cuando acepté filmar en Francia, no tenía idea de la historia. Finalmente decidí que sería una cinta romántica con el título “Midnight in Paris”; pero durante los meses siguientes no sabía qué hacer. Hasta que se me ocurrió que el protagonista va caminando por la noche, un auto se detiene frente a él, alguien le dice “sube”, y el automóvil lo lleva a esta aventura. Personalmente, nunca me subiría al vehículo, porque me daría miedo terminar en un sótano en Darfur (risas). No soy aventurero, pero cuando escribo me atrevo a todo.
¿Cuál es su lugar favorito en París?
Las calles. No soy alguien al que le guste llegar a una ciudad en el extranjero e ir a los museos a ver pinturas. Prefiero pasear por las calles y, en París, ver las casas y conocer los boulevards. Para mí son verdaderas obras de arte.
¿Por qué contrató a Owen Wilson?
Escribí el personaje para alguien muy parecido a mí. Un hombre de la Costa Este de Estados Unidos, un intelectual. Pero no se me ocurría quién podría interpretarlo (risas). Entonces mi directora de casting, Juliet Taylor, me propuso a Owen Wilson y le contesté: “Owen Wilson  es un típico chico de la playa con su tabla de surf al hombro”. Pero luego lo medité, reescribí el rol, lo hice oriundo de California y le di problemas de la Costa Oeste. Owen es un actor muy talentoso y divertido. Le envié el libreto y aceptó. El no es como yo, es muy relajado, muy californiano. Pero su parte funcionó muy bien.
¿Escribe comedias románticas para escapar de la realidad?
Totalmente. Siempre he sido un opositor a la realidad. Creo que vivimos una existencia muy terrible y cruel, ¡por lo que estoy a favor de cualquier oportunidad de escapar! Pero es muy difícil lograrlo. En “The purple rose of Cairo” a Mia Farrow se le presenta una oportunidad para escapar, pero si uno sigue ese camino, encuentra la locura. Por eso, si estamos obligados a seguir en la realidad, lo mejor es distraerse.
La película transcurre en parte en los años 20 durante la “Belle Epoque” de París, ¿le habría gustado vivir en esa época?
Uno cree que le gustaría retroceder en el tiempo, porque idealiza la situación. Cuando piensa en la Belle Epoque, se imagina carruajes, caballos y hermosas mujeres. Pero ni se nos ocurre que cuando la gente tenía hora al dentista, no existía la novocaína ni el aire acondicionado ni los antibióticos. Para mí, habría sido una pesadilla vivir en esos años. Me gustaría regresar por un día o dos, una visita corta y listo.
De todos los personajes que presenta, ¿a quién le habría gustado conocer?
No a Hemingway. He leído mucho acerca de él y era un hombre muy difícil. Picasso también era demasiado complejo, usaba a las mujeres sólo para sexo o para pintarlas. Creo que probablemente habría disfrutado conversando con Buñuel, a quien considero un genio. Scott Fitzgerald era un poco loco y su mujer era loca total. Por lo que me quedaría con Buñuel o con Cole Porter, ambos eran muy creativos y sanos mentalmente.
¿Quién es su ídolo?
Groucho Marx era una persona a quien yo había encumbrado durante muchos años, lo amaba. Pero cuando lo conocí, me recordó a uno de mis tíos chistosos, de ésos que hacen bromas en los matrimonios. Luego de esta experiencia, nunca más quise conocer a nadie a quien admiro; porque no quiero que mis ídolos se conviertan en gente común y corriente que se aburre, tiene hambre y le da dolor de cabeza.
¿Por qué ya no trabaja en Nueva York?
Es una ciudad donde es muy caro filmar una película y mi presupuesto no alcanza. Dispongo de cantidades limitadas de dinero que me permiten filmar en Europa, pero no en Nueva York.
Su próxima película será en Roma…
Es una comedia muy divertida, la mitad de la cinta será en inglés y la otra en italiano. Me inspiré en el cine que me fascinaba de joven: Antonioni, De Sica y Fellini.
Usted actuará después de algunos años. ¿Qué lo decidió a volver?
Que hay un rol para mí. No podría haber interpretado el rol de Owen Wilson porque ya no soy joven. Pero Jerry tiene mi edad, comparte mi sensibilidad; por eso tomé el papel y no se lo mandé a otro actor.
¿Echa de menos la actuación?
Estoy feliz cuando aparezco en mis películas y feliz cuando no lo hago. Ahora estoy pensando que cuando filmemos en Roma será verano y hará mucho calor. Y deberé levantarme temprano por las mañanas, afeitarme y colocarme la ropa de mi personaje. Entonces me preguntaré, ¿para qué hice esto? Pero el rol era demasiado bueno para no interpretarlo.
Sus películas son intelectuales y en esta última usted revive a Luis Buñuel, Gertrude Stein y otros artistas. ¿Cree que el público en general los conoce?
Mis películas siempre han tenido un público limitado. Siempre he hecho cine para personas cultas. Siento que mi público sabe lo mismo que yo; pero no soy un intelectual. No terminé la universidad. Asumo que existen millones de personas en el mundo que son educadas y desean entretención que no apele al más bajo común denominador; que no quiere choques de automóviles ni bromas de baño, que existe un público que desea algo más sofisticado.
¿Qué siente cuando lo critican?
No escucho a las personas que me critican ni tampoco a las que me dicen que soy un genio cómico. No me preocupa hacerme rico ni lo que dice la gente. Me enfoco en mi trabajo de la misma manera que un fundamentalista musulmán se enfoca en la religión. Si tuviera que darle consejo a los jóvenes, les diría que no escuchen nada ni lean lo que escriben de ellos, enfóquense sólo en su trabajo.
¿Sus hijos comparten sus ideas?
No, soy un fracaso. Trato de que escuchen música de Cole Porter y jazz de Charlie Parker, pero no quieren. Prefieren a Justin Bieber y a Lady Gaga. Sienten que soy antiguo, que no sé nada y los avergüenzo como papá. No hay nada que pueda hacer. Tengo amigos que escuchan música clásica en sus casas para influir a sus hijos, pero nada. A ellos les gusta lo que les gusta, lo que les agrada a sus amigos. No importa, yo soy el que está pasado de moda.
El mayor auge de sus películas en Estados Unidos fue en la década del 70…
Porque las compañías de cine aunque eran codiciosas y filisteas, permitían hacer un par de películas de cierta calidad al año, para salvar su propia conciencia y sus egos. Por eso financiaban algunas buenas cintas y se mostraban contentos con tener ganancias pequeñas. Si ganaban entre cinco, 10 y 15 millones, estaban felices. Ahora si ganan menos de 70, se desilusionan. Yo tuve mucha suerte. Trabajaba para Artistas Unidos quienes apoyaban mis filmes sin leer mis guiones ni hacer preguntas. Tenía corte final en todos mis proyectos.
¿Y ahora?
La dinámica es muy diferente, porque las compañías de cine descubrieron que pueden gastar 100 millones de dólares en una película para ganar 300 millones. Apuestan por lo grande y les importa un bledo hacer películas de calidad, sólo les interesan las ganancias. Por supuesto mi cine queda fuera; pero los europeos tienen otra visión y me las financian.
¿Le afecta el paso de los años?
No hay nada bueno con envejecer, nada. Se gana un par de cosas, algo de sabiduría en los fracasos amorosos y otras desilusiones. Pero lo que se pierde es catastrófico por donde se lo mire.
¿Qué lo impulsa a escribir?
Es algo que siempre he hecho, comencé a escribir antes de aprender a leer. Desde niño, era capaz de crear historias y escribirlas. Es como tener buen oído. Y cuando se tiene la habilidad para hacer algo, es necesario expresarlo. Si nadie me contratara y tuviese que lavar platos para ganarme la vida, volvería a mi casa en la noche y escribiría, porque me produce placer. Es mi hobby. Es algo muy natural.

Fuente: Portal Woody Allen Web, http://woodyallenweb.wordpress.com/declaraciones/

lunes, 29 de julio de 2013

Woody Allen, escritor y cineasta.


En su último libro Jorge Fonte analiza la faceta literaria de Woody Allen.
  
Coincidiendo con la 6ª edición de su libro sobre Woody Allen con la Editorial Cátedra Jorge Fonte saca al mercado una nueva aproximación al cineasta neoyorquino.
Como es bien sabido por todos Woody Allen es –tal vez- el cineasta más inteligente de los últimos años. Un hombre con una verdadera necesidad de auto alimentarse culturalmente un lector empedernido cuya curiosidad intelectual no tiene límites. Intentar plasmar toda esa erudición en un libro se nos antojaba una empresa harto complicada (y puede que en más de una ocasión algo engorrosa para el lector). De ahí que la idea de este trabajo no sea indagar en las influencias literarias que encontramos en los textos y en las películas de Allen sino más bien la presencia, las referencias directas a autores, poemas, novelas o dramas teatrales que hay en sus obras (ya sea para la gran pantalla como para un escenario de Broadway).
   
Y para ello lo hemos dividido en tres partes: una primera biográfica-introductoria donde analizamos su formación como escritor y sus gustos literarios; una segunda en la que nos adentramos ya en su obra propiamente dicha primero en sus relatos cortos y después en sus obras de teatro y, por último, cerramos el libro con el capítulo que, a nuestro entender, es el más interesante ya que en él nos detenemos a contar con detalle, una por una, todas las citas literarias que aparecen en sus películas, así como a analizar su contexto y reproducir, en la medida de lo posible, la obra original y una pequeña biografía del autor citado.

Jorge Fonte (S/C de Tenerife, 1967) es un versátil autor que en catorce años ha publicado casi una docena de libros sobre cine: Woody Allen (Ed. Cátedra, 1998. Sexta edición 2012), Walt Disney. El universo animado de los largometrajes (1937-1967) Vol. I (T&B Editores, 2000. Segunda edición 2005), Walt Disney. El hombre, el mito (T&B Editores, 2001), Walt Disney. El universo animado de los largometrajes (1970-2001) Vol. II (T&B Editores, 2001), Todo empezó con un ratón (T&B Editores, 2004), Steven Spielberg. En busca de la película perfecta (Ediciones Jaguar, 2008), Oliver Stone (Ed. Cátedra, 2008), Robert Zemeckis (Ed. Cátedra, 2012) y Russ Meyer. El indiscutible rey del cine erótico (Ediciones JC, 2012). 


Fuente: jfonte@cip.es

miércoles, 3 de julio de 2013

"El Alce" por Woody Allen.


          
Les voy a contar una historia que les parecerá increíble. Una vez cacé un alce. Me fuí de cacería a los bosques de Nueva York y cacé un alce. Así que lo aseguré sobre el parachoques de mi automóvil y emprendí el regreso a casa por la carretera oeste. Pero lo que yo no sabía era que la bala no le había penetrado en la cabeza; sólo le había rozado el cráneo y lo había dejado inconsciente.

Justo cuando estaba cruzando el túnel el alce se despertó. Así que estaba conduciendo con un alce vivo en el parachoques, y el alce hizo señal de girar. Y en el estado de New York hay una ley que prohíbe llevar un alce vivo en el parachoques los martes, jueves y sábados. Me entró un miedo tremendo…

De pronto recordé que unos amigos celebraban una fiesta de disfraces. Iré allí, me dije. Llevaré el alce y me desprenderé de él en la fiesta. Ya no sería responsabilidad mía. Así que me dirigí a la casa de la fiesta y llamé a la puerta.

El alce estaba tranquilo a mi lado. Cuando el anfitrión abrió lo saludé: “Hola, ya conoces a los Solomon”. Entramos. El alce se incorporó a la fiesta. Le fue muy bien. Ligó y todo. Otro tipo se pasó hora y media tratando de venderle un seguro.

Dieron las doce de la noche y empezaron a repartir los premios a los mejores disfraces. El primer premio fue para los Berkowitz, un matrimonio disfrazado de alce. El alce quedó segundo. ¡Eso le sentó fatal! El alce y los Berkowitz cruzaron sus astas en la sala de estar y quedaron todos inconscientes.

Yo me dije: Ésta es la mía. Me llevé al alce, lo até sobre el parachoques y salí rápidamente hacia el bosque. Pero… me había llevado a los Berkowitz. Así que estaba conduciendo con una pareja de judíos en el parachoques. Y en el estado de Nueva York hay una ley que los martes, los jueves y muy especialmente los sábados…

A la mañana siguiente, los Berkowitz despertaron en medio del bosque disfrazados de alce. Al señor Berkowitz lo cazaron, lo disecaron y lo colocaron como trofeo en el Jockey club de Nueva York. Pero les salió el tiro por la culata, porque es un club en donde no se admiten judíos.

Caricatura Woody Allen: Dominic Philibert


lunes, 1 de julio de 2013

Barcelona es como Manhattan, pero con más políticos.

 

Allen y la ministra
Allen y la Ministra
 
La ministra española de Cultura, Carmen Calvo, y tres consejeros de la Generalitat (gobierno autónomo catalán), los de Cultura, Innovación, Empresas y Universidades y Medio Ambiente, arroparon en la tarde de este lunes al guionista, realizador y actor Woody Allen en la presentación del rodaje de su nueva película, que tendrá como marco la ciudad de Barcelona, la cual espera describir a todo el mundo "de la misma forma que hice con Manhattan, a través de mi mirada", según dijo el genial artista neoyorquino.

En ausencia de sus estelares protagonistas, Scarlett Johansson, Javier Bardem y Penélope Cruz, y como suele ser frecuente aún sin título oficial, poco de nuevo se contó en torno a este guion, que costará 20 millones de euros en ser trasladado a imágenes, en parte aportados por las instituciones tan altamente representadas en el acto.

Allen, de 71 años y últimamente muy familiarizado con España a través de sus viajes a Oviedo (Donde recibió el Premio Príncipe de Asturias) y Barcelona (para promocionar sus películas, recibir un doctorado Honoris Causa y preparar esta filmación), explicó que la que se conoce como "Woody Allen Spanish Summer 07 Project" será "mi carta de amor a Barcelona, así como el de Barcelona al resto del mundo". Por ello, el autor de "Annie Hall" y "Scoop" confesó sentirse "muy excitado por hacer esto, especialmente en un país que no es el mío y con una lengua que desconozco".

En esta mezcla de rueda de prensa promocional y acto inaugural protocolario, aparte de Allen y el productor catalán Jaume Roures (MediaPro), hablaron la ministra de Cultura, Carmen Calvo, y tres consellers de la Generalitat de Cataluña, Joan Manuel Tresserras (Cultura), Josep Huguet (Innovación, Universidades y Empresas) y Francesc Baltasar (Medio Ambiente y Vivienda), quienes se felicitaron de la presencia del cineasta y del efecto que para la imagen de la ciudad condal tendrá la película en todo el mundo.

Emocionada y nerviosa, la ministra se fotografió con Allen y definió al realizador, guionista y actor como "uno de los grandes talentos de nuestra época, alguien que hace filosofía con el cine, regalando una verdadera reflexión sobre la vida". También citó su paralelismo con el español Pedro Almodóvar, ya que ambos "han realizado obras muy profundas, aunque puedan parecer ligeras".

Extraído de © abc guionistas, El portal del guión.

sábado, 15 de junio de 2013

Woody y la risa número 10.

Risas, risas, muchas risas.




Extraído de Woody Allen, un libro de humor, número 1, Editorial Nueva Imagen, Mexico 1980.


martes, 4 de junio de 2013

Tributo a Diane Keaton.




Film Society of Lincoln Center

Woody presentó a la genial Diane con estas palabras: “En todos los filmes que he hecho con Keaton, siempre he escrito todas las bromas y las partes buenas para mí… Pero cuándo la película está lista ella es la graciosa, ella recibe todos los elogios. Entonces, ustedes saben, es para ponerse furioso…”

Al evento asistieron Candice Bergen, Steve Martin, Meryl Streep, Sarah Jessica Parker, Lisa Kudrow, Martin Short y Nancy Meyers entre otros.




Allen también dijo a la audiencia que trató de que Keaton no fuera honrada tan públicamente: “¿Para qué quieres ser honrada?” El público presente estalló en risas. “Realmente no sé que más decir de ella, excepto que es puntual, nada complicada y tiene una hermosa escritura a mano. Ah sí, ella es una de las dos o tres más grandes comediantes que el mundo haya visto.”

Diane estuvo muy bien vestida con una larga falda negra y una blusa blanca y su rubor la hacía ver aún más bella. Dijo que su hijo de seis años le había dicho: “Realmente me gusta como tienes el pelo, mamá. Pero yo le digo eso a todas las chicas.”

Cuando le tocó el turno a la homenajeada improvisó una pequeña parte de “Seems like old times”, que interpretó en Annie Hall y se le escaparon unas lágrimas. “La parte maravillosa de actuar en el cine es que no lo tengo que hacer frente a una audiencia. -expresó luego- Lo puedo hacer en secreto con una pequeña familia llamada equipo. En nuestro mundo un logro es transformar un momento en el tiempo con la esperanza de que viva en el corazón y la mente de la gente. Eso es grandioso, ¿pero acaso no es parte de lo que es la actuación?”.

“Yo aún me siento como la pequeña Diane que quería ser una estrella de cine. Todavía soy esa niña de cara triste, toda tiesa y con lágrimas que corre del escenario para revivir el miedo de actuar, una y otra vez. Creo que la razón por la que lo sigo haciendo es que algunas veces después del miedo alcanzas un bello escenario… Descubres un momento que sientes vivirá por siempre.”

11 de abril de 2007

lunes, 20 de mayo de 2013

Si la cosa funciona, Allen como pez en el agua.






Ya decían mis compañeros Beatriz Maldivia y Juan Luis Caviaro en sus respectivas críticas sobre ‘Si la cosa funciona’, que todos los años es un verdadero placer asistir a la cita que nos propone desde hace mucho tiempo ese excelente director que es Woody Allen. Un ritual al que no puede faltar ningún cinéfilo, y que para muchos de nosotros se ha convertido en cita obligada. El director neoyorkino es como ese viejo amigo que regresa cada cierto tiempo para ponernos al día de todo, comprobando que a pesar del transcurso de los años, algunas cosas, las más importantes, siguen estando vigentes.

‘Si la cosa funciona’ —confusa traducción de ‘Whatever works‘— es la vuelta de nuestro querido Allen a territorios de sobra conocidos por los habituales de su cine, caminos ya recorridos por el cineasta en ocasiones anteriores, y no por ello menos geniales. Una gran sorpresa si tenemos en cuenta la enorme decepción sufrida con ese espanto titulado ‘Vicky Cristina Barcelona’, en la que Allen jugaba sin demasiado sentido a ser Eric Rhomer, mientras el sufrido espectador deseaba despertar de la pesadilla de ver como Allen era capaz de hacer no ya un film menor, sino uno deplorable.



‘Si la cosa funciona’ narra la triste o alegre —depende siempre de cómo se mire— existencia de un excéntrico y solitario hombre de Nueva York —Boris—, que odia prácticamente a todo el mundo, el cual no le ha dado más que decepciones. Aislado en un pequeño apartamento de Nueva York, intenta no tener lazos estrechos con nadie, hasta que conoce a una chica del sur, a partir de lo cual se sucederán una serie de situaciones comprometidas, en las que los sentimientos serán lo más importante. Una historia que Allen tenía escrita desde los años 70, década en la que estuvo a punto de realizar esta película con Zero Mostel, pero la muerte del actor hizo que Allen dejase apartada la historia, hasta recuperarla ahora, y haciéndole los oportunos cambios, ofreciendo el personaje central a Larry David, actor muy de moda gracias a la serie ‘Crumb Your Enthusiasm’, de la que servidor aún no ha visto ni un sólo episodio, pero ha oído verdaderas maravillas.

Woody Allen ha vuelto a su querida Nueva York, y con ello regresa también a ciertos temas de sobra conocidos en su extensa filmografía. Hasta cierto punto ‘Si la cosa funciona’ representa una especie de autohomenaje a sí mismo por parte de su director, una especie de resumen de su forma de ver la vida, tantas veces representada en films como ‘Annie Hall’ (1977), ‘Manhattan’ (1979), o en las muy parecidas a la presente ‘La rosa púrpura del Cairo’ (‘The Purple Rose of Cairo’, 1985)y ‘Todos dicen te quiero’ (‘Everyone Says I Love You’, 1996). De las primeras coge ese tipo de personajes tan conocidos en su cine, y de los que Boris Yelnikoff es una perfecta extensión de ellos. Del film protagonizado por Mia Farrow adopta el querer unir realidad y ficción, y en este caso la complicidad del público se ve apoyada por la insistencia de Boris en hacernos partícipes de su mundo, siendo algo más que meros testigos. Y de su musical hereda cierto punto de vista esperanzador sobre la amargura que suele vestir casi todas sus historias fuera del ámbito de la comedia. Y si hurgamos un poco más en el film, encontraremos sin duda más referencias a otros trabajos del cineasta. Haciendo un símil con otro veterano realizador, ‘Si la cosa funciona’ es en la carrera de Allen lo que ‘Gran Torino’ en la carrera de Clint Eastwood.



Por ese retorno a lugares familiares, creo que se ha tildado erróneamente a ‘Si la cosa funciona’ como un film menor dentro de la filmografía de Allen. ¿Cuál es el problema cuando un director sigue siendo fiel a sí mismo durante tanto tiempo, y lo hace tan estupendamente como hace años? El repetirse no tiene nada de malo, si Allen sigue mostrando una buena mano para la dirección de actores, para los diálogos ingeniosos y llenos de chispa, para el gag verbal, o para llegar hasta nuestro interior con la descripción de unos personajes tan odiosos algunos de ellos, como encantadores. A estas alturas, el director de ‘Bananas’ no necesita demostrar nada a nadie, es esa clase de director que se ha ganado su lugar en la historia del cine, y a pesar de sus altibajos, es un placer comprobar que no ha perdido nada de su ingenio. Eso sí, se nota esta vez una completa despreocupación por lo que cuenta, que parece simular una actitud de rebeldía ante el público, quien es muy libre de aceptar o no el juego propuesto por el cineasta.

Larry David aguanta a la perfección todo el peso de la película, sin que desmerezca ni uno sólo de sus compañeros de reparto, sobre todo una entregada Evan Rachel Wood —a la que también podemos ver encarnando a una peligrosa vampira en la delirante ‘True Blood‘—, en uno de esos personajes femeninos tan característicos del cine de Allen, y que recuerda, entre otros, a los de Mira Sorvino’ en ‘Poderosa Afrodita’ (‘Mighty Aphrodite’, 1995) o Samantha Morton en ‘Dulce y melancolico’ (‘Sweet and Lowdown’, 1999). Aún así, es David quien capta toda nuestra atención, y no precisamente por dirigirse a nosotros en un par de ocasiones, sino por la riqueza de un personaje al que parece que conocemos desde hace tiempo. Alter ego del propio director, con las manías que todos le conocemos, y que a lo largo de los años se ha encargado de recordarnos una y otra vez. Misántropo, harto del mundo y maleducado, representa ese yo que todos quisiéramos sacar a menudo. Al mismo tiempo le asigna cierta mirada esperanzadora en medio del caos existencial que baña el film. Al final, las cosas son mucho más sencillas de lo que parecen —y es que en ciertos temas el ser humano se complica demasiado la vida—, hay que agarrarse a cualquier oportunidad de ser feliz. ‘Si la cosa funciona’ funciona a la perfección, a pesar de poseer un guión algo basado en las coincidencias —prácticamente parece hecho adrede—, y es otra magnífica demostración del talento de un excelente director. Ni más ni menos.

 
 
Fuente: Blog de cine.